La bitácora se muda

Posted in Generalidades on 19 julio, 2011 by bitacoradegalileo

La bitácora sigue sus andanzas en el nuevo servidor.

Todos los artículos, comentarios, páginas y demás han sido trasladados también a la nueva bitácora, que será el sitio en el que se publiquen las nuevas entradas.

Os esperamos aquí:

La bitácora de Galileo

Alpha Centauri, la estrella más cercana

Posted in Estrellas with tags , on 9 julio, 2011 by bitacoradegalileo

Situado en la Constelación del Centauro, el sistema estelar de Alpha Centauri es el más cercano a nuestro Sistema Solar. Todas las demás estrellas están a mayor distancia. Esta particularidad, por sí sola, la hace muy interesante, pero además concurren otras circunstancias que la convierten en una de las más atrayentes del cielo nocturno. Resulta ser, en su conjunto, la tercera estrella más brillante de todas, y junto con Hadar (Beta Centauri), las dos en la imagen de la derecha, es una muy importante y útil referencia para la localización de la Cruz del Sur. Además, y como se trata de una estrella triple, Alpha Centauri A, la componente principal, se constituye en una buena candidata para la búsqueda de planetas del mismo tipo que la Tierra, capaces de albergar vida en la forma en que la conocemos en caso de que existan.

La Constelación del Centauro es una de las más extensas y conocidas del cielo. Con una declinación claramente meridional, que la hace pertenecer casi en exclusiva a los cielos australes, contiene destacados objetos de cielo profundo, entre los que hay que destacar el cúmulo globular Omega Centauri, que es el más notable de la Vía Láctea entre los de su clase, y la galaxia lenticular gigante Centauro A (en la fotografía de la izquierda), que es además una importante fuente de radiación. Sus dos principales estrellas son Alpha Centauri, llamada Tolimán, y Beta Centauri, también conocida como Hadar. No son visibles desde Europa, y sólo pueden admirarse desde latitudes más al sur del paralelo +30º, a pesar de lo cual Alpha Centauri es una de las estrellas más famosas del cielo, rivalizando con Sirio y la Estrella Polar.

Su posición es tan decididamente austral que incluso los residentes en Wellington, Camberra, Johannesburgo, Buenos Aires o Santiago de Chile también tienen que mirar hacia el sur para encontrarlas. Algo parecido a lo que ocurre con la Osa Mayor en el Hemisferio Norte.

Las dos estrellas, Alpha y Beta Centauri, son llamadas las apuntadoras de la Cruz del Sur, porque uniendo ambas con una imaginaria línea recta, y prolongándola hacia el oeste, llegaremos a la estrella Gamma de Crux, Rubídea. Es éste un recurso ampliamente utilizado no sólo para la localización de esta importante constelación, sino también para evitar confundirla con la llamada Falsa Cruz, que se encuentra más al oeste, entre las constelaciones de Vela y Carina.

Alpha Centauri recibe también otros nombres alternativos, como Rigel Centaurus o Rigil Kentaurus (el Pie del Centauro), y con menos frecuencia el de Toliman. Considerada desde la Antigüedad como una sola estrella, su magnitud conjunta de -0.27 la erige como la tercera más brillante del cielo nocturno, sólo superada por Sirio y Canopus. Hoy sabemos, sin embargo, que Arturo la supera, si consideramos el brillo de sus componentes individuales.

Es, claramente, la estrella más cercana al Sol, aunque su distancia esté en torno a los 40 billones (un 4 seguido por 13 ceros) de kilómetros, unos 4.35 años-luz. La tercera componente, no obstante, se encuentra algo más cercana, pues orbita a las otras dos y ahora se sitúa a unos 4.22 años-luz. Es llamada por eso Próxima Centauri. Ésta sí es, sin excepciones ni matices, la estrella que está más cerca de nuestro Sol.

El primero en avistar la duplicidad de Alpha Centauri fue el Padre Richaud de Pondichery quien, en el año 1.689 pudo observar a la segunda componente desde la India, cuando estudiaba la trayectoria de un cometa. La tercera componente, llamada Próxima Centauri, no fue descubiera hasta el año 1.915, cuando el astrónomo británico Robert Thornburn Innes la avistó desde Suráfrica.

Es interesante anotar la posición del Sol cuando se observa desde aquellos lares. Nuestra estrella aparece como una brillante componente de la Constelación de Casiopea, con magnitud visual de +0.5. En cambio, desde Próxima, sus compañeras A y B se proyectan sobre la Constelación de Hércules, muy cercanas a M13, el Gran Cúmulo de Hércules.

La componente principal del sistema, Alpha Centauri A (magnitud visual -0.01), es una enana amarilla de tipo espectral G2V, el mismo que el del Sol, y con un extraordinario parecido a nuestra estrella, no sólo en cuanto al color, sino también por su tamaño (radio = 1.23 veces el del Sol), su masa (un 10 % mayor) y su temperatura (entre 5.790 y 5.850 ºK, frente a los 5.780 del Sol). Tampoco su luminosidad es excesivamente mayor: sólo una vez y media más que la de nuestra estrella. Enseguida veremos la importancia que todo esto tiene.

Separada por sólo 23 Unidades Astronómicas de la anterior, un poco más de la distancia entre Urano y el Sol, Alpha Centauri B es una enana anaranjada (tipo espectral K1V) de magnitud visual +1.35, algo más pequeña, menos masiva y más fría (entre 5.260 y 5.320 ºK) que el Sol. Las dos estrellas, A y B, orbitan entre sí con un periodo de 80 años. Individualmente considerada, es la estrella número 21 en el orden de brillo entre todas las existentes. Tiene, en cambio, sólo un 50 % de la luminosidad solar.

Alpha Centauri C, más conocida como Próxima Centauri, o simplemente Próxima, está mucho más separada, y es la más tenue y fría de las tres. Ni siquiera es seguro que esté ligada a las otras dos gravitacionalmente. En el caso en que sí lo estuviera, su órbita habrá de tener una duración superior al medio millón de años, probablemente un millón. En estos momentos transita por un lugar más cercano al Sistema Solar que las otras dos. Es una enana roja, tipo espectral M5V, cuya masa es una octava parte la del Sol y su radio la séptima parte, lo que unido a su baja temperatura de 3.040 ºK la hacen brillar con undécima magnitud, y se necesitan potentes telescopios para avistarla, a pesar de ser la más cercana entre los millones y millones de estrellas de la Galaxia. Desde A y B, Próxima brilla con 5ª magnitud, apenas visible para el ojo humano.

La rara similitud entre el Sol y Alpha Centauri A, ya apuntada más arriba, ha disparado las especulaciones sobre la posibilidada de que esta estrella pudiera tener planetas tipo terrestre en su zona de habitabilidad, capaces por lo tanto de albergar algún tipo de vida, incluso inteligente. En efecto, las propiedades de la estrella parecen permitirlo, y por eso los investigadores se afanan en la búsqueda de algún astro de ese tipo, que habría de situarse a un máximo de 2 UA (Unidades Astronómicas, la distancia media Tierra-Sol), pues B llega a acercarse a 11 UA. Dentro de esos límites están, con respecto al Sol, cuatro planetas: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, cuya distancia al Sol es de sólo 1.5 UA.

El descubrimiento en el año 2.001 de que Alpha Centauri A sufre pulsaciones cada 7 minutos, no disminuye un ápice tal posibilidad, en orden a la estabilidad térmica de la estrella, pues el Sol también experimenta tales variaciones, y lo hace con sólo 5 minutos de periodo. La pequeña diferencia en cuanto a la temperatura, tampoco sería un inconveniente, si el planeta “candidato” se situara a unas 1.25 UA de la estrella. Además. Alpha Centauri A tiene una edad adecuada (es algo más vieja que el Sol), lo que le ha permitido contar en su composición química con la suficiente cantidad de elementos más pesados que el helio (que los astrónomos llaman metales), como para dar el sí a esta ilusionante posibilidad. Incluso Alpha Centauri B tiene alguna oportunidad, pero… ¡cuidado!, sólo es una posibilidad. Aún no sabemos si realmente desde allí nos está mirando alguien.

Mitología

Los centauros eran criaturas mitológicas, mitad hombre mitad caballo, con fama de huraños y violentos. Eran considerados inhóspitos e ignorantes, salvajes y nada amantes de las artes. Pero hay una excepción honrosa en la figura de Quirón, un centauro amable, sensible y de buen carácter, amante de la música y la poesía, que educó en éstas y en otras disciplinas a Aquiles, Heracles (Hércules), Jasón y Teseo, entre otros. La imagen de la derecha es una pintura del artista flamenco Pedro Pablo Rubens.

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La Constelación de Cygnus (el Cisne)

Posted in Constelaciones with tags , , , , , on 30 junio, 2011 by bitacoradegalileo

La espectacular Constelación del Cisne, llamada también en ocasiones La Cruz del Norte, es una de las más hermosas regiones de todo el cielo. Brillantes estrellas, entre las que hallamos la supergigante blanca Deneb, que es uno de los vértices del famoso Triángulo de Verano (junto con Vega en la Constelación de Lyra y Altair en la del Águila), y también la bellísima Albireo, a mi entender la estrella doble más bonita de todas cuantas podemos admirar.

Sorprendentes nebulosas, entre las que destacan la Nebulosa Norteamérica, la del Pelícano, la de la Mariposa y la del Velo (que es el resto de una antiquísima supernova), entre otras, ricos campos estelares con multitud de estrellas jóvenes, muy calientes, cúmulos abiertos pertenecientes al Catálogo Messier, como M29 y M39, o una intensa fuente de radiación, el llamado Cygnus X-1, completan un paisaje que merece no una, sino muchas noches de observación y deleite, en una zona del cielo surcada por el Brazo de Orión de la Vía Láctea, que es una región externa, en dirección contraria al centro galáctico, donde se encuentra Sagitario.

El nombre oficial de la constelación es Cygnus, y su genitivo Cygni, así es que las dos estrellas citadas se denotan como Alpha Cygni (Deneb) y Beta Cygni (Albireo); la abreviatura es Cyg, de forma que también puede escribirse α Cyg y β Cyg respectivamente. Ambas estrellas son la cola y el pico del ave, que se representa en vuelo, y no posada sobre un plácido lago, como yo erróneamente imaginaba cuando comencé a estudiar la cosa esta de las constelaciones. Curiosamente, la cola del cisne (Deneb) se corresponde con el cabecero de la cruz, y viceversa, Albireo está en la cabeza del ave, pero es el pie de la cruz. Otras tres estrellas, Gamma, Delta y Epsilon, completan el asterismo de la cruz, la primera en el crucero y las otras constituyen los extremos del travesaño, y también las alas del ave, que vuela en dirección sur. Las cinco estrellas tienen un brillo suficiente como para ser avistadas con relativa facilidad.

La abundancia de nebulosas y de campos estelares se debe a la presencia en la región de la Vía Láctea, que confiere un tono lechoso al “cuerpo” del ave, y que está dividida en dos a lo largo por una zona oscura, llamada Hendidura del Cisne, conocida también como Saco de Carbón Boreal, por analogía con la nebulosa oscura del mismo nombre en la constelación de la Cruz del Sur.

Aunque puede observarse desde mucho antes y hasta mucho después, Cygnus alcanza su tránsito en la medianoche entre los meses de julio y agosto, y se muestra muy alta en el Hemisferio Norte, pues está cruzada por el paralelo +40º. Desde la primavera y hasta bien entrado el otoño es posible verla desde latitudes septentrionales. En el Hemisferio Sur se podrá ver durante el invierno austral. Para su localización, sólo hay que buscar al Triángulo de Verano, un conjunto de tres brillantísimas estrellas, una de las cuales es Deneb, y las otras dos Vega, que es la quinta estrella más luminosa de todo el cielo nocturno, y Altair, la más brillante componente de la Constelación del Águila. Albireo, el pico del Cisne, se sitúa entre Vega y Altair, pero dentro de los límites del Triángulo, ocupando su baricentro.

En el Hemisferio Sur, aparece bastante baja sobre el horizonte norte, aunque todavía puede vislumbrarse. En la ciudad de Santiago de Chile (situada a 33º27′ de latitud sur), Deneb aún alcanza unos 11º sobre el suelo, y es posible disfrutar de toda la constelación, a pesar de su condición claramente septentrional. A finales del mes de agosto alcanzará su máxima altitud alrededor de las 22:30 hora local. Antes de esas fechas lo hará un poco después; en fechas posteriores, un poco antes.

Principales estrellas

La Constelación de Cygnus cuenta con más (bastante más) de un centenar de estrellas con magnitud inferior a +6.00, es decir, en el límite de la visibilidad a ojo desnudo cuando los cielos ofrecen una buena calidad de observación. Así pues, son muchas las que merecerían una detallada visita, pues el catálogo de estrellas interesantes es copioso. Estrellas dobles, triples y múltiples, así como variables de todo tipo tienen aquí una amplia representación.

En un artículo como éste, pues, no es posible rendir la atención adecuada a cada una de ellas, así es que me he limitado a presentarles las cinco más brillantes, que forman el asterismo de la constelación, y que permitirá, a posteriori, un estudio más detallado por parte del aficionado más interesado.

Deneb (Alpha Cygni) es la más brillante de toda la constelación, y una de las más notables del cielo nocturno, la decimonovena en el orden de brillo entre todas ellas, con una magnitud visual de +1.25. Para los residentes australes que no puedan alcanzar a verla debido a su latitud, la intensidad de su brillo es prácticamente igual a la de Mimosa, la estrella Beta de la Cruz del Sur, a pesar de que ésta se encuentra cuatro veces más cerca de nosotros. Deneb es un astro magnífico, una hipergigante blanca, de tipo espectral A2I unas 110 veces mayor que el Sol y 70.000 veces más luminosa. Baste decir que es una de las estrellas más notables, a pesar de hallarse a una colosal distancia que, aunque es incierta, todos aceptan cifrarla en un mínimo de 1.400 años-luz. Algunos amplían esta valoración hasta 3.200 años-luz.

Los observadores que dispongan de cielos oscuros y de buenas aperturas en sus telescopios harán bien en entretenerse un buen rato por la región de Deneb, pues en sus proximidades se toparán con fascinantes nebulosas y campos estelares. En la imagen superior aparecen a la izquierda de Deneb las nebulosas Norteamérica y del Pelícano. El nombre Deneb es un vocablo procedente del árabe que significa cola, y que también encontramos en otras estrellas como Deneb Algenib (Capricornio), Deneb Kaitos (Cetus), Deneb al Okab (el Águila) y Denébola (Leo).

Sadr es la segunda estrella más brillante de la constelación, a pesar de llevar la denominación de Bayer Gamma Cygni o γ Cyg, con magnitud visual de +2.20. Ocupa el centro del asterismo de la Cruz del Norte, o el pecho del Cisne, que es precisamente el significado del vocablo árabe del cual procede el nombre. Es una supergigante blanco-amarillenta, tipo espectral F8I, distante unos 1.500 años-luz, pero 65.000 veces más luminosa que el Sol, y unas 225 veces más grande.

Es engañosa la sensación de estar rodeada por la nebulosa que parece envolverla (IC 1318), pues ésta se encuentra mucho más alejada aunque en la misma línea visual. En sus proximidades encontraremos al cúmulo abierto NGC 6910 (arriba) y a la Nebulosa de la Mariposa (izquierda).

Gienah o Giennah (Epsilon Cygni o ε Cyg) es la tercera estrella más brillante del Cisne. Su nombre, que significa “ala” en árabe, designa también a la estrella gamma de la constelación de Corvus (El Cuervo), así es que en ocasiones se distingue entre Gienah Corvi y Gienah Cygni. Es una estrella doble, con magnitud conjunta de +2.46 distante unos 72 años-luz del Sistema Solar. La componente principal, Gienah A, es una gigante anaranjada de tipo espectral K0III, 12 veces mayor y 61 veces más luminosa que nuestro Sol. Gienah B, su acompañante, es una enana roja bastante más tenue, pues alcanza la duodécima magnitud, y aparece con una separación de 78 segundos de arco con respecto a Gienah A. Desde ésta, según Jim Kaler, su acompañante se ve con un brillo equivalente al que a nosotros nos ofrece Júpiter, y sin embargo desde Gienah B, su compañera brilla dos veces con más intensidad de lo que lo hace la Luna llena para nosotros. En sus proximidades se encuentra la Nebulosa del Velo.

Delta Cygni es la cuarta estrella, en el orden de brillo, de la Constelación del Cisne. A pesar de mostrar una magnitud visual de +2.87, no tiene nombre propio, y sólo es conocida por su designación de Bayer. Se trata de un sistema triple cuya componente principal tiene un tipo espectral B9.5IV, es decir, una subgigante casi igual que Vega en cuanto a su color, blanco. Tiene una compañera muy próxima de sexta magnitud y otra más alejada mucho más tenue, de duodécima magnitud. El sistema se sitúa a 171 años-luz de nosotros, y visualmente podemos encontrarlo ya muy cerca de M56, de la Constelación de Lyra, que aparece en la fotografía superior, a la derecha. Dentro de unos 9.000 años, Delta Cygni será una aceptable Estrella Polar.

Esto es Albireo. Que síii, que existe, que yo la he visto y no ha salido de la inspiración de ningún gran artista ni de ningún cuento maravilloso, sino que es real y puede verse en la cabeza del Cisne, o si lo prefieren, en la base de la Cruz del Norte. Muchos opinan que es la estrella doble más bonita de todo el cielo, pero yo afirmo que es la estrella más bonita, incluyendo a dobles, triples, múltiples y solitarias, pues no hay otra más sencilla, discreta y a la vez elegante visión en todo el firmamento. A continuación les pongo el enlace al artículo que dediqué a esta delicia:

Albireo, una binaria inolvidable

A pesar de su denominación de Bayer Beta Cygni, sólo es la quinta más brillante de la constelación, así es que es la última, de las que forman la Cruz, en mostrarse cuando nuestros ojos se van acostumbrando a la oscuridad y nos van apareciendo cada vez más estrellas. El par está compuesto por una estrella amarilla de magnitud +3.05 y su acompañante, separada por 35 segundos de arco, es azul y brilla con magnitud visual de +5.12. Se resuelven fácilmente con ayuda de unos binoculares. El conjunto se sitúa a 385 años-luz de distancia, pero les aseguro que es muy difícil separarse del ocular cuando en él está la hermosa Albireo.

Cielo Profundo

Toda la región está infestada de nebulosas y cúmulos estelares, aunque es deficiente en galaxias y cúmulos globulares, al situarse en el plano de la Vía Láctea. Caprichosas formas originan innumerables estructuras entre las que es necesario hacer una selección, pues de lo contrario se haría interminable.

Así, me limitaré a citar a las nebulosas llamadas Creciente y Tulipán. Sí nos detendremos en la Mariposa y en la del Velo, mientras que las denominadas Norteamérica y Pelícano (en la fotografía superior) ya fueron objeto de un artículo monográfico en estas mismas páginas. A continuación, el enlace al informe citado:

Las nebulosas Norteamérica y del Pelícano

Baste recordar aquí, respecto a estas nebulosas, que se trata de dos ingentes masas de polvo y gas hidrógeno, de 50 y 30 años-luz de diámetro, respectivamente, que albergan zonas de creación de estrellas jóvenes (guarderías estelares), y que se sitúan muy cerca al este de Deneb vistas desde la Tierra, aunque están mucho más alejadas que la estrella.

Otro tanto hay que apuntar sobre la infinidad de cúmulos estelares que se reparten por la costelación, profusos y bellos campos de estrellas, entre los que he seleccionado los dos objetos Messier presentes en la región: M29 y M39. Pero hay muchos más. Por último, haremos una breve referencia a Cygnus X-1.

IC 1318, conocida como Nebulosa de la Mariposa y también como Nebulosa de Gamma Cygni, es uno de los objetos de su tipo más grandes y masivos que se conocen. Perteneciente al complejo molecular nebuloso del Cisne, está atravesada por una zona oscura, que la divide en dos, y le confiere esa forma que recuerda a las alas de una mariposa. Está situada junto a Sadr, la estrella central en el asterismo de la Cruz del Norte, aunque la estrella se encuentra mucho más cerca de nosotros y no está ligada a la nebulosa.

La espectacular Nebulosa del Velo es una estructura de aspecto filamentoso, remanente de una supernova que estalló hace al menos 20.000 años, y que se sigue expandiendo aún en la actualidad. Es una intensa fuente de radio cuyas emisiones revelan la presencia de oxígeno, azufre e hidrógeno, de unos 70 años-luz de diámetro que se sitúa a 1.500 años-luz de distancia. No se deja ver fácilmente, a no ser en fotografías de larga exposición tomadas por telescopios de al menos 8 pulgadas de abertura y con ayuda de filtros nebulares del tipo OIII. Particularmente atractiva es la porción oeste de la nebulosa, que ha sido llamada La Escoba de bruja, por su evidente parecido con tal objeto.

El cúmulo abierto M29, o Messier 29, situado a 4.000 años-luz de distancia del Sistema Solar, se localiza a sólo 1.5º al sur de Sadr (Gamma Cygni). Está compuesto por unas 50 estrellas, 5 de ellas más brillantes de las que 4 forman un cuadrado característico, que facilita su identificación. Se podrán observar con ayuda de binoculares. Su magnitud visual es de +6.60 y ocupa en el cielo un arco de 7′ de grado de diámetro. El cúmulo se aproxima a nosotros a la velocidad de 28 km/seg. Otras denominaciones que ostenta son Cr 422 y NGC 6913.

Bastante más grande y brillante que el anterior, aunque menos poblado, M39 o Messier 39 se localiza a 800 años-luz de distancia de nuestra posición. Consta de unas 30 estrellas, media docena de ellas de séptima magnitud. Ocupa en el cielo un arco de 32′ de grado, equivalente al tamaño de la Luna llena, y que corresponde a un tamaño real de 7 años-luz de diámetro. Su magnitud visual es de +4.60.

Para su lozalización, puede partirse de Deneb (Alpha Cygni) y desplazarse primero 3.2º hacia el norte, para después ir hacia el este, y a 9º estará M39. Llamativo con prismáticos, su espectacularidad decrece de forma considerable en el ocular de un telescopio.

Por último, y como curiosidad, citaré el objeto Cygnus X-1. Se trata de una intensa fuente de emisión de rayos X, descubierta en el año 1.965, y que se sitúa a 10.000 años-luz de distancia. Las fluctuaciones de tales radiaciones, del orden de una milésima de segundo, hacen pensar que se trata de un objeto extraordinariamente compacto y muy masivo, y es el mejor candidato para ser considerado el primer agujero negro del que conocemos su ubicación. Se sitúa a sólo 23 minutos de arco al norte-noreste de Eta Cygni (η Cyg), que es una estrella que la podemos encontrar a medio camino entre Sadr (Gamma Cygni) y Albireo (Beta Cygni). La imagen superior muestra las radiaciones de Cygnus X-1 captadas por el Telescopio de Rayos X en órbita Chandra. La inferior es una concepción artística.

Mitología

Leda, reina de Esparta, se bañaba desnuda en las aguas del río Eurotas cuando el gran Zeus, conocido por su promiscuidad, y que regresaba de su aventura con Némesis, se prendó de la augusta dama. Para seducirla, cambió su figura y se transformó en cisne, y de esta manera pudo poseer a Leda. Ésta, habiendo quedado encinta, puso dos huevos (pues nadie me hubiera creído si les cuento que parió, habiendo yacido con un pato). De uno de los huevos nacieron gemelos, Cástor y Pólux, que dan nombre a las dos principales estrellas de la Constelación de Géminis, y del otro nació Helena, una joven que tras ser raptada por Paris, fue causante de que griegos y troyanos se liaran a guantazos en la famosa trifulca de la Guerra de Troya.

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M7: El Cúmulo de Ptolomeo

Posted in Cielo Profundo with tags , , on 19 junio, 2011 by bitacoradegalileo

Aunque inmerso en densos campos estelares y situado en el corazón mismo de la Vía Láctea, entre las estrellas de la famosa Tetera de Sagitario y el Aguijón de Escorpio, el cúmulo abierto Messier 7, o M7, llamado con frecuencia Cúmulo de Ptolomeo, es uno de los más notables objetos de su clase de todo el cielo nocturno. Se trata de un cúmulo grande y luminoso, conocido desde la Antigüedad, pues puede detectarse a ojo desnudo con relativa facilidad, y que también ha sido catalogado como NGC 6475. El campo de estrellas sobre el que se sitúa, muy rico, junto con una cierta dispersión de las estrellas del cúmulo, le resta sin embargo efecto de contraste a pesar de su brillo.

La primera noticia que tenemos de M7 nos la proporciona el astrónomo greco-egipcio Claudio Ptolomeo, quien en su obra Almagesto lo describió hacia el año 130 de nuestra era como “la nebulosidad que sigue a la cola de Scorpius”, aunque no está claro que Ptolomeo hablara sólo de M7, o en su descripción incluyera también al vecino M6, el Cúmulo de la Mariposa. Giovanni Battista Hodierna es quien primero lo resuelve en estrellas, contando 30, probablemente antes de 1.654. Lacaille lo inscribió en su catálogo de objetos australes como Lac II.14, dada su declinación de casi 35º sur, el más austral de todos los objetos del Catálogo Messier, quien lo incluyó el 23 de mayo de 1.764, con la siguiente descripción:

“Amas d’étoiles plus considérable que le précédent (M6); cet amas paroît a la vue simple comme une nébulosité, il est peu éloigné du précedént, placé entre l’arc du Sagittaire & la queue du Scorpion.” “Cúmulo de estrellas considerablemente mayor que el anterior (M6); este cúmulo aparece a simple vista como una nebulosidad, está a poca distancia del precedente, situado entre el arco de Sagitario y la cola del Escorpión.”

Más tarde, John Herschel (hijo de William Herschel, el descubridor de Urano) pudo observarlo desde el Cabo de Buena Esperanza y su descripción se incluyó en el NGC (New General Catalogue). También es mencionado por Edmundo Halley, el descubridor del famoso cometa.

M7, el Cúmulo de Ptolomeo, se puede localizar con facilidad, incluso cuando está a muy baja altitud, pues hay que recordar su declinación de -34º49′; esta posición, al sur del ecuador celeste, hace que en el norte de Europa y en la mayor parte de Canadá nunca aparezca sobre el horizonte, pero en el Hemisferio Sur se ve muy alto, y es uno de los cúmulos más brillantes de todo el cielo.

Desde Cádiz es importante esperar a su tránsito justo en el sur, pues es cuando alcanzará una mejor visibilidad, elevándose casi 18º sobre el suelo. En estas fechas (segunda mitad de junio), eso ocurre hacia las 2 am. Dentro de un mes, en la medianoche.

Su identificación viene facilitada por el hecho de estar flanqueado por dos brillantes estrellas: Al este encontraremos a Kaus Australis (ε Sgr), la estrella más notable de Sagitario, y al suroeste se ubica Shaula (λ Sco), que es la más brillante de la cola de Escorpio. Otro cúmulo muy luminoso, M6, o Cúmulo de la Mariposa, lo encontraremos al noroeste.

En mi opinión, cuando no se divise directamente a causa de la contaminación, lo mejor es partir de Kaus Australis, y desde allí sólo hay que desplazarse unos 7º hacia el oeste para toparse directamente con el Cúmulo de Ptolomeo, sin necesidad de mover el eje de declinación.

En cielos rurales e incluso en el extrarradio de las pequeñas ciudades, M7 se deja ver con facilidad a ojo desnudo, aunque sólo apreciaremos una pequeña mancha de aspecto nebuloso, con magnitud visual +3.3. Con ayuda de unos pequeños binoculares, ya es posible distinguir más de una docena de estrellas, con un precioso aspecto, que se verán incrementadas hasta una treintena con un telescopio de 50 mm. Apreciaremos entonces dos formaciones de estrellas en dirección este-oeste, complementadas por otras estrellas brillantes entre ambas alineaciones, hasta asemejar una letra H acostada. Con un reflector de 4 pulgadas ya se ven más de 80 astros en un campo que abarca un grado y 20 minutos de arco.

El par de estrellas del centro son blanco-azuladas, de 6ª y 7ª magnitud, y en el extremo suroeste aparece una estrella amarillo-anaranjada, la más brillante del cúmulo, de magnitud +5.6, que es doble y que parece encontrarse algo más cerca que el resto de las integrantes del cúmulo, aunque no he podido confirmar esta apreciación.

El Cúmulo de Ptolomeo se encuentra a una distancia estimada entre 800 y 1.000 años-luz del Sistema Solar, y el arco que ocupa en el espacio difiere bastante según las fuentes, entre 30′ y 80′, debido a que sus confines se confunden sobre un fondo estelar muy rico y luminoso, lo que provoca que tampoco haya acuerdo en cuanto a las dimensiones reales del cúmulo, que se ha estimado entre 18 y 25 años-luz de diámetro. La mayoría de sus estrellas son azules, lo cual demuestra que se trata de un cúmulo bastante joven; su edad se ha estimado en unos 220 millones de años. Se aproxima a nosotros a una velocidad de 14 km/s.

Claudio Ptolomeo, astrónomo greco-egipcio que vivió en el siglo II de nuestra era, es una de las figuras más importantes en la Historia de la Astronomía. Autor del catálogo de 48 constelaciones clásicas, su concepción del Universo y del Sistema Solar, aunque errónea, fue capaz de ofrecer una explicación plausible del movimiento retrógrado de los planetas, si bien insistía en la concepción geocéntrica, ignorando el heliocentrismo que había propugnado Aristarco. Su Almagesto, transmitido por los árabes, es uno de los más importantes legados de la ciencia de la Antigüedad.

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15 de junio: Las fotos del eclipse

Posted in Generalidades, Luna on 16 junio, 2011 by bitacoradegalileo

No aparecía por ningún sitio. A la hora convenida, la Luna parecía haber faltado a su palabra, y no ofrecía su faz enrojecida. Parecíase como si, realmente azorada, no se atreviera a mostrar su lado más íntimo, y se ocultara tras las brumas que, a esas horas, invadieron el horizonte del este.

No sólo Lucía y Helena (sí, con hache), las dos pequeñas que nos acompañaban, empezaban a mostrar su decepción, sino que también los mayores se asomaban insistentemente a la azotea del edificio (gracias, Anita y Antonio), en busca de algún rastro de la imagen prometida. Por fin, entre la bruma, pudimos divisar al satélite, totalmente eclipsado, y muy bajo en el horizonte. Sabíamos que estaba, y no podíamos verlo, y fue esto lo único que falló en un anochecer que habíamos previsto al minuto y al milímetro.

Menos mal que nuestro amigo Umbriel ha acudido al rescate, y nos envía esta estupenda fotografía, la primera de todas que encabeza este informe de urgencia, muy poquitos minutos después de que la Luna hiciera su aparición sobre el horizonte de levante.

Todos habían colaborado en la preparación del equipo. Las maniobras de nivelado, orientación, montaje y equilibrado fueron esta vez una tarea colectiva y entusiasta, en la que reinaba la ilusión; Pepi y Natalia se afanaban en ello, aunque con la aportación de todos los demás. Así, el pequeño Vincenzo, un Meade de 70 mm con montura altazimutal, pronto fue dominado por los que venían por vez primera. Los más veteranos enseñaban las curiosidades que el cielo nos iba mostrando, conforme el crepúsculo avanzaba. Loli, Miguel y Bienvenido, los nuevos fichajes, observaban entusiasmados.

Yo, por mi parte, me encargué del refractor de 6 pulgadas, cuya montura ecuatorial no es adecuada para el manejo de los principiantes, y también del equipo fotográfico. Fue difícil encontrar el foco adecuado, y no siempre lo conseguí. En mi descargo, he de alegar que la bruma insistía en impedírmelo. Mientras tanto Chica, la perrita, dormitaba tranquila después de haberse agotado jugando tras la pelota.

Una vez divisada, la Luna ya no nos abandonó. Diríase que perdió su temor, y permaneció entre nosotros hasta el final de la sesión. Nos agasajó con todos los colores y luminosidades que habíamos previsto, y resultó un espectáculo único que nos dejó a todos alegría en el espíritu y sonrisa en los labios.

Cuando por fin volvió a iluminarse, comenzamos el desmontaje y la despedida. Cari se notaba satisfecha, Natalia entusiasmada, Pepi contenta y Anita feliz aunque cansada. Aún tuve tiempo de guiñar un ojo al Escorpión, disimuladamente, sin que nadie nos viera, pues sólo él y yo sabemos que muy pronto volveremos a vernos.

“No es que la Luna tenga luz de plata
como nos dicen algunos poetas,
es que de noche se baña en las aguas
de nuestra típica y bella Caleta”

Paco Alba

Anexo

En su comentario, Iridum pregunta por el reflejo que aparece en la parte inferior derecha de esta última fotografía, que resulta ser un paraselene. A continuación incluyo otra imagen, tomada el mismo día, donde se aprecia mucho mejor:

En la respuesta a dicho comentario, he redactado una pequeña explicación sobre este fenómeno.

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15 de Junio de 2011: Eclipse Total de Luna

Posted in Generalidades, Luna on 9 junio, 2011 by bitacoradegalileo

En pleno corazón de la Vía Láctea, entre Ophiuco y Sagitario, muy cerca del Escorpión y brillando en su máximo esplendor, de pronto… se apagará. La Reina de la noche, por una vez, cede su testigo a la oscuridad, con la salvedad extraña del rojo resplandor que le prestan los reflejos de la atmósfera terrestre, que le priva, sin embargo, de la luz solar.

Esto es lo que ocurrirá el próximo día 15 de este mes de junio de 2.011; la Tierra se interpondrá entre el Sol y la Luna, interceptando los rayos que deberían iluminar al satélite, quien por el contrario se verá inmerso en el haz de sombras que nuestro planeta arrojará en forma de cono, e impidiendo con ello que Selene brille como lo hace normalmente. Es un Eclipse Total de Luna. Desde España no se podrá ver la totalidad del evento, y cuando la Luna aparezca sobre el horizonte, lo hará ya eclipsada. Además, como veremos, no alcanzará demasiada altitud sobre el horizonte.

Publiqué, en esta misma bitácora, un extenso informe sobre la naturaleza y características de los eclipses con ocasión del de Luna que tuvo lugar el pasado 21 de diciembre, y remito a los lectores a dicho artículo para ahondar en este interesante fenómeno:

Cuando la Luna se apaga: Eclipses

En este trabajo, y con ocasión del que se producirá el próximo miércoles día 15, me limitaré a recordar algunos aspectos fundamentales, y a relatar cómo, cuándo y en qué circunstancias se producirá la efeméride que se avecina.

Un eclipse lunar se produce, como ya se ha expuesto, cuando el satélite se sumerge en el cono de sombra que la Tierra proyecta en dirección contraria a la que se encuentra el Sol. Pero hay una zona en la que los rayos del Sol sólo son bloqueados parcialmente, y no en su totalidad, porque la estrella es mucho más grande que nuestro planeta. Es el mismo fenómeno que se puede observar en la fotografía de la derecha, en la que la sombra de la mano (y la del antebrazo) tiene dos zonas claramente definidas: Una más oscura, que es la umbra, y otra periférica en la que la luminosidad del foco no ha sido anulada totalmente. Es una parte que aparece algo más clara, y a esa zona es a lo que se llama penumbra.

La Luna, forzosamente, habrá de pasar por la penumbra antes de ingresar en la umbra, la región más oscura. Hablaremos pues de un eclipse penumbral, y otro umbral. Éste último podrá ser también parcial, cuando la Luna no se sumerge totalmente en el cono de sombra, y total, cuando ocurre lo contrario.

La órbita de la Luna tiene una inclinación de unos 5º con respecto al plano de la eclíptica, que es el que determina la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Ambas trayectorias se cruzan en dos puntos, llamados nodos, uno ascendente y otro descendente, según la dirección en la que la Luna se esté moviendo en ese momento.

En los nodos, naturalmente, es mucho más fácil la alineación de los tres astros en línea recta, y esto es lo que provocará el eclipse; de otro modo, la Luna podría pasar por encima o por debajo de la sombra.

Pero en esta ocasión, la Luna estará en el nodo ascendente, por lo que el satélite cruzará por el mismo centro de la sombra producida por la Tierra. Concretamente, la desviación del centro de la Luna con respecto al eje de la sombra apenas será de 5.3 minutos de arco, sólo una sexta parte del diámetro de la Luna. Por eso la fase de totalidad (el eclipse total) durará 100 minutos, un tiempo inusual por su extensión. Esta ligera desviación será favorable al norte selenita, así es que en las regiones boreales del satélite debería producirse una mayor luminosidad.

La lógica nos dicta que en esta fase de totalidad, el satélite debería volverse invisible, pero esto no es así, pues la refracción de los rayos solares en la atmósfera de nuestro propio planeta se ve reflejada en la superficie de la Luna, apareciendo de un color rojizo, que puede tornarse grisáceo dependiendo de las condiciones en las que se encuentre nuestra atmósfera. En este caso, las erupciones de los últimos volcanes, en Islandia, México y Chile, deberían provocar que el astro se presente ligeramente oscurecido, probablemente con tonos parduzcos.

Un observador situado en ese momento sobre la superficie de la Luna, tendría la impresión de que la Tierra está envuelta en llamas, pues estaría asistiendo a un eclipse de Sol causado por nuestro planeta.

Es importante detenerse en la declinación que presentará la Luna en ese momento. Es ésta una magnitud similar a la latitud terrestre, y nos da una idea de la altitud que tendrá con respecto al horizonte. En este caso, el satélite se situará a unos -23º, que equivale, aproximadamente, a la altitud que presenta la Constelación de Escorpio, es decir, estará bastante baja para los observadores boreales, y en todo lo alto para los australes. Para los residentes en la isla de Madagascar, se situará prácticamente sobre sus cabezas (en el cénit).

A continuación he incluido el horario, en tiempo universal, en que comenzará cada una de las fases del eclipse. Usted deberá adaptarlos a su hora local. Por ejemplo, los residentes en Cádiz (y en toda la España peninsular), tienen que sumar dos horas (UTC+2).

Contactos UT
Inicio del eclipse penumbral 17:25
Inicio del eclipse parcial 18:23
Inicio del eclipse total 19:22
Medio del eclipse total 20:13
Final del eclipse total 21:03
Final del eclipse parcial 22:02
Final del eclipse 23:01

Duración del eclipse penumbral: 5 h 36 m 12 s
Duración del eclipse umbral…..: 3 h 39 m 19 s
Duración del eclipse total……..: 1 h 40 m 13 s

Éste es el comienzo del eclipse, en su fase penumbral (17:25 UT). La Luna disminuirá su brillo de forma casi imperceptible, pues comenzará a sumergirse en la penumbra. Desde la Península Ibérica no podrá observarse, pues el satélite aún estará bajo el horizonte y todavía será pleno día. Repare en la posición austral de la Luna, que hará que aparezca bastante baja sobre el horizonte del Hemisferio Norte.

Se inicia el eclipse parcial (18:23 UT). En este momento es cuando la mayoría de los observadores podrán notar los primeros efectos del eclipse, pues ya el satélite comienza a oscurecerse del todo por su limbo occidental. En España y en la totalidad del continente americano aún es de día y la Luna sigue sin aparecer por el este. En pocos minutos (18:31 UT) la sombra de la Tierra sobre la Luna alcanzará al cráter Aristarco, oscureciéndolo totalmente. A las 18:40 alcanzará a Copérnico, y 10 minutos después a Tycho y Platón.

Ahora, la Luna ya está totalmente oscurecida y comienza el eclipse total (19:22 UT). En estos momentos, nuestro satélite, ya eclipsado, aparece sobre el horizonte en la costa más oriental de la Península Ibérica (región de Barcelona). En Japón y en el este de Asia está amaneciendo, y la Luna se marcha por el oeste; para ellos ha terminado la función. En América, es de día.

A las 20:13 UT, la Luna alcanza el punto medio del eclipse, al llegar justo al centro del cono de sombra que proyecta la Tierra. Ahora sí, en toda la Península Ibérica podrá verse, pues ya habrá efectuado su orto por el este, aunque muy baja, y para observarla tendremos que buscar paisajes desprovistos de obstáculos visuales hacia el sureste. La Luna está en el cénit de los habitantes de la Isla Reunión y de la Isla Mauricio, todavía en el Océano Índico. En Londres y en las costas más orientales de Brasil está anocheciendo, y también comienza a vislumbrarse el satélite. Por el contrario en Nueva Zelanda se hace de día, y también dejan de ver el fenómeno.

21:03 UT: Se ha terminado el eclipse total, y la Luna empieza a aparecer parcialmente iluminada otra vez, poco a poco, cada vez más. Aristarco reaparecerá a las 21:08, Copérnico a las 21:20 y Tycho y Platón a las 21:29 UT. Ya ha anochecido en toda la costa atlántica del cono sur americano, y por el contrario en el norte de Escocia y de la Península Escandinava aún es de día, y se han perdido la fase de totalidad. Amanece en el oriente de Australia.

Ahora la Luna ya está otra vez iluminada por completo, aunque con su brillo ligeramente disminuido, de forma imperceptible. Son las 22:02 UT, y ha terminado el eclipse parcial, aunque la Luna aún sigue en la penumbra, es decir, está en un eclipse penumbral. En la mayor parte del continente americano aún es de día y en España, a pesar de haber sobrepasado la medianoche (00:02 del día 16, hora local), la Luna aún no ha alcanzado su tránsito por el sur.

Por fin, ésta será la situación al final del eclipse (23:01 UT). La Luna habrá abandonado la sombra y recuperará todo su esplendor, pues no olvidemos que está en fase de Luna llena. Los observadores del continente africano, Oriente Medio y Asia Central son los que en esta ocasión han tenido más suerte. Al contrario, los residentes en Centro y Norteamérica, y parte de Sudamérica, han sido los menos afortunados. A partir de ahora, el astro entrará en cuarto menguante, hasta que el día 1 de julio, ya en fase de Luna nueva, eclipse al Sol parcialmente.

Antes y después del eclipse, la Luna llena brillará hasta el punto de deslumbrarnos e impedirnos la visión de las estrellas de la región por la que transita. Pero una vez eclipsada, podremos comprobar que se encuentra en la mejor de las ubicaciones por cuanto se separa muy poquitos grados del centro galáctico, y está en plena Vía Láctea, a los pies de Ophiuco, entre las constelaciones de Sagitario y Escorpio. A sólo 15º de distancia, en dirección oeste, encontraremos a Antares, la supergigante roja del Escorpión. Shaula estará a 14º, hacia el sur, y a sólo 8º al sureste, podremos encontrar las brillantes nebulosas de Sagitario, como la Trífida y la de la Laguna. Altair estará a 46º hacia el nordeste.

Hay que anotar, por último, que la observación de un eclipse de Luna no reviste ningún tipo de peligro. Podemos disfrutar de él a nuestro antojo, a simple vista, con prismáticos o con telescopios, sin temor alguno. No ocurre así con el eclipse de Sol, con el que hay que extremar las precauciones, para no dañar seriamente y de forma irreversible a nuestros ojos.

¡Que disfruten de cielos despejados y de una feliz observación!

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El cúmulo de la Percha (Collinder 399)

Posted in Cielo Profundo on 2 junio, 2011 by bitacoradegalileo

En la pequeña y semidesconocida Constelación de Vulpecula (La Zorra) nos encontramos con una de las formaciones estelares más curiosas de todo el cielo nocturno, catalogada como Collinder 399, aunque es más conocida como La Percha, y que también recibe las denominaciones de Cúmulo de Brocchi y de Cúmulo de Al Sufí. Veremos como no siempre los astrónomos estuvieron de acuerdo sobre la naturaleza y el status que debe corresponder a este grupo de estrellas, pues no se trata de un cúmulo sino de un asterismo, es decir, una proyección fortuita que aparenta constituir un grupo de estrellas muy próximas y ligadas gravitacionalmente entre ellas, pero que en realidad distan mucho las unas de las otras, y sólo coinciden en nuestra línea visual. Desde cualquier otro punto del espacio, las veríamos separadas y sin ninguna relación.

El cielo está jalonado de múltiples casos en los que esto ocurre. Uno de los más llamativos se da entre Aldebarán y las Hyades. En efecto, la estrella se encuentra a medio camino, entre nosotros y el cúmulo, pero se interpone en nuestra visión, y da la impresión de ser un miembro más del grupo. Otro tanto ocurre con las estrellas dobles ópticas, o falsas binarias, que no tienen ninguna relación, encontrándose una mucho más alejada que la otra, y sin embargo parecen vecinas desde nuestra perspectiva. Sidus Ludoviciana, una estrella de octava magnitud entre Mizar y Alcor, es un buen ejemplo, pues aparenta formar un sistema triple con las otras dos, y sin embargo, se sitúa cinco veces más allá. Desde un supuesto planeta en órbita alrededor de esta estrella, veríamos al Sol interpuesto entre Mizar y Alcor, apareciendo como una falsa estrella triple. Esto mismo ocurre con las estrellas de Collinder 399.

Vulpecula, donde se sitúa nuestro asterismo, es una tenue constelación boreal, atravesada de lleno por la Vía Láctea pues está muy próxima al ecuador galáctico, y que por eso aparece rica en campos estelares, aunque exenta de estrellas brillantes. El miembro más destacado es Alpha Vulpeculae, una gigante roja conocida como Anser, en referencia al antiguo nombre de la constelación, Vulpecula cum Ansere (La zorra con el ánsar), y cuya magnitud no excede de +4.44. Se comprende así que ninguna de sus estrellas sea objeto de una atención especial por parte de los aficionados. Sí lo es, en cambio, M27, una nebulosa planetaria, la primera de esta clase en ser descubierta, conocida como Nebulosa Dumbbell,que es el único objeto del Catálogo Messier en La Zorra. Este objeto, junto a Collinder 399, es el más famoso en esta tímida constelación.

Fue el astrónomo persa Abd Al-Rahman Al Sufí quien, en su Libro de las Estrellas Fijas, publicado en el año 964 de nuestra era, nos ofrece la primera noticia sobre este bonito asterismo, aunque él lo anota como una pequeña mancha nubosa, razón por la que también se conoce a Collinder 399 como Nebulosa de Al Sufí. Fue posteriormente redescubierto en 1.654 por Giovan Battista Hodierna, alumno de la escuela galileana, aunque luego el objeto fue ignorado por Messier, los Herschel y el catálogo NGC, hasta que el astrónomo aficionado Dalmero Francis Brocchi, en la década de 1.920, hizo un mapa del entonces pretendido cúmulo, con el objeto de calibrar los fotómetros de la Asociación Americana de Observadores de Estrellas Variables (AAVSO). Desde entonces, al asterismo se le conoce con el nombre oficioso de Cúmulo de Brocchi. En 1.931, Per Collinder, astrónomo sueco, lo incluyó en su catálogo de 471 cúmulos abiertos, con el número 399, y ése es su nombre oficial, Collinder 399, abreviado Cr 399.

A pesar de su inclusión en este catálogo, compuesto por cúmulos abiertos, ha existido cierta controversia con respecto a la verdadera naturaleza de La Percha, pues hubo quien pensó que se trata de estrellas con un origen común, que se formaron al mismo tiempo y que están unidas por fuerzas gravitatorias, es decir, formando un verdadero cúmulo, y sin embargo, otros han defendido que se trata de una alineación fortuita, o sea, un asterismo cuyos componentes están realmente muy separados y no tienen relación alguna entre ellos. En 1.970 se observó que seis de las estrellas más brillantes podrían tener un movimiento propio común, por lo que deberían estar asociadas. Además, a finales de los ochenta Pavlovskaya y Filipova encontraron un movimiento común entre Cr 399 y otros cúmulos estelares, las Pléyades entre ellos, resultando que el Cúmulo de Brocchi parecía aproximarse a nosotros a una velocidad de 18 km/sg.

Pero las mediciones posteriores del satélite Hipparcos, de la Agencia Espacial Europea, analizando los ángulos de posición de las estrellas del grupo en distintos momentos de la órbita de la Tierra (el eje de la órbita es de unos 300 millones de kilómetros), técnica conocida como paralaje estelar*, mostraron significativas variaciones demostrando así que se encuentran a distancias muy diversas. Hoy sabemos que su distancia a nosotros varía entre unos 200 años-luz la más próxima y cerca de 1.000 años-luz la más lejana.

* La ilustración de la izquierda servirá para aclarar este concepto. En ella, aunque el árbol y las montañas están inmóviles, al cambiar la posición del observador, también varía la posición relativa del primero, más cercano, con respecto a las segundas, mucho más alejadas. Ahora, suponga que el árbol es una estrella relativamente próxima a nosotros, las montañas son el fondo de estrellas alejadas, y las dos personas son las dos posiciones de la Tierra, con la máxima separación posible entre los dos puntos más alejados de su órbita. En esto consiste la técnica del paralaje, y es muy útil para determinar la distancia de las estrellas más cercanas, pues cuando más lejos esté la estrella (nuestro árbol), menor será su paralaje o desplazamiento aparente contra el fondo de estrellas lejanas (las montañas).

Como quiera que Collinder 399 tiene una declinación de 20ºN, relativamente cercano al ecuador celeste, es visible casi desde todo el orbe, si bien desde las localidades más australes del cono sur americano, se observará cada vez más baja sobre el horizonte del norte. Aún así, repare en la carta de arriba, donde se aprecia a una altitud considerable de 29º sobre el suelo, en la localidad argentina de San Carlos de Bariloche (41ºS), a unos 1.500 kilómetros al sur de Buenos Aires. El Triángulo de Verano (compuesto por Vega, Deneb y Altair) aún se puede divisar completo desde esta ciudad.

Naturalmente, y como se aprecia en esta captura de Stellarium, centrada en la ciudad de Cádiz, en el Hemisferio Norte no hay ningún problema para divisarlo desde el mes de junio, aunque de madrugada puede observarse desde mucho antes, apareciendo junto con el Triángulo de Verano sobre el horizonte del este.

Para localizar a este curioso asterismo se recomienda, usualmente, trazar una línea imaginaria que una a las brillantísimas estrellas Altair (Alpha Aquilae) con Vega (Alpha Lyrae), y a una tercera parte de la distancia entre ambas, se podrá encontrar sin dificultad.

En cambio, yo prefiero otro método. La única razón es que siempre procuro simplificar la búsqueda eliminando uno de los ejes de la montura, así es que parto de Albireo (Alpha Cygni), cuya ascensión recta es muy aproximada a la del cúmulo, y además en el camino encontraré a Anser (Alpha Vulpeculae).

En efecto, y según puede observarse en las dos cartas de arriba, confeccionadas con ayuda de Cartes du Ciel, Anser se encuentra a sólo 3º al sur de Albireo y, al llegar a esa estrella, corrigiendo levemente la posición hacia derecha o izquierda (depende del diseño de su telescopio), se continúa otros 5º más, hasta darse en las narices con el mismísimo Collinder 399. Sólo son necesarios pequeñísimos ajustes en el eje de Ascensión Recta.

En condiciones ideales de observación, Collinder 399 puede verse sin ayuda óptica, pues nos ofrece una magnitud visual integrada de +3.6, y se percibirá como una pequeña mancha nubosa entre las constelaciones de Vulpecula y Sagitta. Bien entendido que ha de ser desde un lugar totalmente oscuro, y en ausencia de brumas, vientos o perturbaciones en la atmósfera. Eso justamente es lo que vio Al-Sufí.

Con unos simples prismáticos podrá verse totalmente resuelto, con las diez estrellas más brillantes formando la percha, sobre un fondo de otra quincena de estrellas más débiles. Los residentes del Hemisferio Norte verán la percha invertida, esto es, con el gancho hacia abajo. El asterismo ocupará un arco de un grado, bastante mayor que la Luna llena, y aún podrá discernirse con la presencia de ésta.

La forma de la percha la constituyen un total de 10 coloridas y llamativas estrellas, 6 de ellas perfectamente alineadas de este a oeste complementadas por otras cuatro, en dirección sur, que conforman el gancho.

Las seis estrellas del soporte son de sexta y séptima magnitud, todas ellas blancas o blanco-azuladas, exceptuando la más occidental, que es la más tenue, de color anaranjado. En el extremo opuesto, el oriental, hay un pequeño cúmulo abierto, con unas 50 estrellas de 13ª magnitud, catalogado como NGC 6802.

Las cuatro estrellas que forman el gancho son las más brillantes, y entre ellas encontramos a una gigante anaranjada de magnitud +5.14, que es la más notable del asterismo, acompañada por otra gigante, esta vez roja, también de 5ª magnitud y dos estrellas blancas de quinta y séptima magnitud.

Una última recomendación se refiere a los aumentos a emplear. Con un telescopio, utilice focales largas que le proporcionen el campo de visión aparente suficiente para no perder parte de la estructura de este precioso asterismo. Que tengan cielos despejados y una feliz observación.

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