El Sistema Solar

Pudiera parecer pretencioso redactar y publicar un artículo sobre el Sistema Solar, si el objetivo fuera abordar todos y cada uno de los interesantísimos aspectos que este tema abarca. No es ésa la intención de este trabajo, sino mostrar una pequeña aproximación al mundo planetario, el más cercano a nosotros después del selenita, integrante también, por otra parte, del mismo Sistema. Nos asomaremos así a la ubicación del Sol, y con él de su sistema, dentro de la Vía Láctea, Galaxia a la que pertenece, al proceso que originó su formación, y a los aspectos más generales de sus más notables integrantes: los planetas. Postergaremos aspectos más concretos y profundos para artículos sucesivos, que oportunamente trataremos de incluir en esta página.

La Vía Láctea

El Sistema Solar es un sistema planetario inmerso en la Vía Láctea, una galaxia espiral barrada. Este tipo de galaxias toman su nombre de una barra central que atraviesa su núcleo, y de cuyos extremos nacen los brazos de la espiral. El Sol se sitúa en uno de estos brazos, en las afueras de la Galaxia, llamado Brazo de Orión. Gracias a esta situación alejada del centro galáctico, podemos ver la senda blanquecina (en realidad millones de estrellas) que marca el ecuador de la Vía Láctea en noches despejadas y con suficiente oscuridad ambiental. En dirección a la constelación de Sagitario es cuando se hace más ostensible el núcleo de la Galaxia.

Origen y formación del Sistema Solar

La teoría más comúnmente aceptada respecto a la procedencia de nuestro Sistema es la de la Nebulosa Solar: Una enorme masa de gas y polvo a altas temperaturas colapsaría sobre sí misma, por efecto de la gravitación, aumentando con ello la presión y la temperatura en su centro, hasta alcanzar las condiciones necesarias para la formación de una protoestrella. El movimiento giratorio adquirido como consecuencia de estas altas temperaturas daría lugar a un disco de acreción a la vez que originaría círculos concéntricos de material orbitante, que finalmente formarían los planetas. En el centro quedaría una estrella muy caliente (el Sol), y todo el conjunto rotaría por efectos de la inercia.

El Sol, los planetas… y mucho más.

Cuando se habla del Sistema Solar, es inevitable pensar, en primer lugar, en una serie de planetas que orbitan alrededor de una estrella central. Siendo esto cierto, la lista de objetos que pertenecen al conjunto no termina aquí, sino que es necesario completarla con otros astros: Satélites como nuestra Luna, los asteroides que forman el cinturón entre las órbitas de Marte y Júpiter, los espectaculares cometas como el famoso Halley, y los planetas enanos, tan de moda desde el “affaire Plutón“, por el que la IAU (Unión Astronómica Internacional) degradó a este astro de categoría. Espero tener ocasión de centrar diversos artículos en cada uno de esos interesantes objetos, pero ahora no parece ser el momento, a no ser que se quiera hacer un artículo extenso en demasía. Parece oportuno, por lo tanto, dirigir la mirada hacia esos ocho planetas principales. Para ello, veamos antes la trayectoria que describen.

La eclíptica

Los ocho planetas se mueven en órbitas concéntricas alrededor del Sol, en forma elíptica y sobre un mismo plano. Esta circunstancia define la trayectoria que siguen en nuestra línea visual tanto el Sol y la Luna como todos los planetas, protagonizando por esto frecuentes “conjunciones” o acercamientos entre ellos según la perspectiva que a nosotros se nos ofrece desde la Tierra. Recorren así en su transitar catorce zonas, correspondientes a otras tantas constelaciones, y no doce según es aceptado: Las doce tradicionales del zodíaco, pero también Ophiuco (algo más de 18 días, después de Scorpio y antes de Sagitario), a la que cabría añadir Cetus (la Ballena), donde el Sol permanece durante 12 horas al año en el mes de marzo. Por eso vemos con frecuencia a la Luna en las Pléyades (Tauro) o a Marte en el Pesebre (Cáncer), como recientemente tuvimos ocasión.

Los planetas del Sistema Solar

Distinguiremos dos grupos de planetas, diferentes en cuanto a tamaño y características. En primer lugar, y comenzando por el más cercano al Sol, están los planetas de menor tamaño, que son Mercurio, Venus, nuestra Tierra y Marte. Estos astros tienen superficie sólida, por lo que son conocidos como planetas rocosos, y están todos ellos más cerca del Sol que el cinturón de asteroides. Brillan con la fuerza suficiente como para ser distinguidos a simple vista sin problemas, aunque con las salvedades que a continuación se expondrán para cada uno de ellos. Mercurio y Venus son los llamados planetas interiores, por estar más cerca del Sol que la Tierra. Más allá de la órbita ocupada por los asteróides, están los planetas gigantes gaseosos, a saber: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, por este orden según su proximidad al Sol, centro del Sistema. Son llamados también planetas jovianos, y los dos primeros son conocidos desde la antigüedad, pues se divisan fácilmente a ojo desnudo.

Mercurio es el primero de los planetas, según su proximidad al Sol. Tan es así, que se hace complicado su avistamiento, a no ser que presente una elongación suficiente. Con este término denotamos la separación angular de un astro con respecto al Sol, según lo vemos desde la Tierra. Su proximidad es tal que el planeta no supera nunca los 90 minutos en seguir al Sol bajo el horizonte, o en precederlo en su orto por el este. Por estas especiales circunstancias muchos aficionados lo conocen como “el huidizo”. No obstante, el planeta tiene una magnitud visual variable entre -2.0 y +5.0, pues presenta fases a semejanza de la Luna. Con pequeños telescopios no se observan detalles de su superficie, aunque sí se pueden estudiar sus fases. Hasta 6 pulgadas de apertura, no pasa de ser un pequeño punto de luz, pues su tamaño aparente oscila entre 4.5 y 11 segundos de arco, según su cercanía o lejanía a la Tierra. Como siempre se observa muy cerca del horizonte, lo vemos de un color anaranjado, debido a las partículas de polvo en suspensión de la atmósfera terrestre. No tiene ningún satélite.

El siguiente planeta, según nos alejamos del Sol, es Venus. Se trata de un astro de brillo extraordinario, pues es el más notable de todo el cielo, sólo superado por el Sol y la Luna, pues su magnitud visual alcanza a ser de -4.40, siendo en ocasiones visible incluso de día. De ahí su sobrenombre de “lucero del alba”, al divisarse en no pocas ocasiones al amanecer. Sin embargo, su superficie no es visible desde la Tierra, al estar cubierto por una densa capa de nubes. Presenta también fases, ya observadas por Galileo, y llega a ocupar un ángulo en el cielo superior al minuto de arco en su perigeo (máximo acercamiento a la Tierra). Muy interesantes resultan los tránsitos del planeta a través del disco solar, el último de los cuales tuvo lugar en 2004. En el año 2012 habrá ocasión de volverlo a ver, como un disco negruzco sobre el fondo solar. Tampoco tiene satélites. Hasta Pitágoras, se creía que se trataba de dos astros distintos, pues unas veces aparece por el este al amanecer, y otras por el oeste en el crepúsculo vespertino. El famoso matemático y filósofo griego fue el primero en darse cuenta de que se trataba del mismo planeta.

Marte es el primero de los planetas que está más lejos del Sol que la Tierra. Conocido como el planeta rojo, es por tanto el cuarto del Sistema Solar, tras Mercurio, Venus y la propia Tierra. Su magnitud aparente llega a ser de -2.9, y ocupa un ángulo en el cielo entre 3.5 y 25.7 segundos de arco. Visto al telescopio, aparece como un punto de marcado color rojizo, y se puede distinguir uno de los casquetes polares, pero no se distingue mucho más, aunque se utilicen aparatos potentes. Casi todo lo que sabemos de Marte se debe a las sondas que han orbitado al planeta, que han revelado la existencia de cráteres a semejanza de la Luna. En Marte está el Mons Olimpus, que es el mayor volcán de todo el Sistema Solar, con sus 25 km de altura (tres veces el Monte Everest) y 550 km de diámetro (el tamaño de la Meseta Central en la Península Ibérica). Posee dos satélites muy irregulares, cuya más que probable procedencia sea el relativamente cercano cinturón de asteroides, del cual la fuerza gravitacional marciana debió capturar. Se llaman Fobos y Deimos. Desde Marte pueden observarse los tránsitos de la Tierra por el disco solar; el próximo, en 2084. Allí les espero.

A finales del siglo XVIII, la ley de Bode (en realidad Titius-Bode) estableció una relación simple que predecía las órbitas de los distintos planetas. Los planetas clásicos, Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno, conocidos entonces, cumplían la nueva norma sin problema, pero faltaba un planeta, que debía encontrarse a la distancia de 2.8 UA (1 U.A. o Unidad Astronómica = Distancia Tierra-Sol), entre las órbitas de Marte y Júpiter. El descubrimiento en 1801 de un pequeño astro, al que se impuso el nombre de Ceres, vino a confirmar la teoría. Pero a éste le siguió Pallas en 1802, a una distancia similar, y luego Juno y Vesta en los siguientes años. Hoy sabemos que existen más de medio millón de estos cuerpos, denominados genéricamente asteroides, y que están repartidos en una estrecha franja denominada Cinturón de Asteroides. La mayoría son de ínfimo tamaño, de sólo unos pocos kilómetros de diámetro, pero Ceres, el primero en ser descubierto, tiene unos 1000 km, y Pallas y Vesta miden 500 km. Ceres y Vesta pueden ser observados en ocasiones a simple vista, pero no los demás, cuya localización no resulta fácil.

Heredero del Zeus griego, Júpiter era, en la mitología de la antigua Roma, el rey de todos los demás dioses. Es natural, por tanto, que ése sea el nombre que ostente el mayor de los planetas del Sistema Solar. Efectivamente, Júpiter es mucho mayor que cualquiera de los anteriores planetas descritos, y bastante superior en tamaño al siguiente, Saturno, llegándose incluso a calificar como “jovianos” a los planetas similares en cuanto a su morfología y tamaño. Se trata, como decimos, de un planeta gigante, gaseoso a diferencia de los cuatro planetas descritos con anterioridad. El diámetro del planeta es once veces mayor que el de la Tierra y su masa supera al doble de la de todos los demás planetas juntos, y sin embargo no supera la milésima parte de la masa del Sol. Es un inconfundible astro que llega a alcanzar una magnitud visual de -2.9 y casi 50″ de arco de tamaño aparente en el cielo. Con un pequeño telescopio se observan sus bandas horizontales, así como una gran mancha, “La gran mancha Roja”, que aparece y desaparece debido a la rotación del planeta. Repartidos en las proximidades de su plano ecuatorial, se vislumbran sin dificultan cuatro puntos muy brillantes, que cambian de posición constantemente: los satélites descubiertos por Galileo Galilei en 1610 (400 años atrás), y llamados por ello “satélites galileanos”. Éstos son Europa, Ganímede, Io y Calisto, éste último descubierto un día después. Conocemos un total de 63 satélites de Júpiter. La sonda Voyager 1 descubrió la existencia de un tenue anillo circundante, pero que es invisible desde la Tierra. Arriba, en la fotografía, Io proyecta su sombra sobre el planeta. A su izquierda, la mancha roja.

El sexto planeta, ordenados según su proximidad al Sol, es Saturno, “el señor de los anillos”. Es el segundo mayor del Sistema Solar, superado sólo por Júpiter, y el más hermoso, sin ninguna duda. Brilla con magnitud visual de +0.4 y llega a ocupar en el cielo un tamaño aparente de 20″ de arco. Su espectacular sistema de anillos, descubierto por Galileo (“He descubiero un planeta con orejas”), es visible con telescopios de muy baja potencia, exceptuando cuando la Tierra y el Sol se sitúan en el mismo plano que los anillos. Esto ocurrió durante el 2009, y no volverá a ocurrir hasta el año 2025, por lo que hay tiempo suficiente para estudiarlos en profundidad. Los anillos se aprecian nítidos y claros, bien diferenciados del cuerpo del planeta, incluso con 20 aumentos, por lo que también serán útiles binoculares para su observación. Algo más de potencia se necesita para discernir la propia estructura del sistema, pues consta de dos partes bien separadas por lo que se llama “división de Cassini”. El número de satélites es incierto, por el gran número de objetos que orbitan alrededor de él, aunque de todas formas sabemos que es superior a 60. Entre todos ellos destaca Titán, de 5.150 km de diámetro, que es visible sin problemas con ayuda de un pequeño telescopio, muy brillante cerca del planeta. Rhea, Dione y Tethys superan también los 1000 km de diámetro. Asímismo, merecen ser citados Enceladus y Mimas. En la imagen pueden compararse los tamaños de Saturno y la Tierra.

El séptimo planeta del Sistema Solar es Urano, llamado “el planeta esmeralda”. Es el primero de los descubiertos en la modernidad. Previamente, John Flamsteed lo había incluído en su catálogo de estrellas, como la número 32 de la constelación de Tauro (32 Tauri). William Herschel fue quien reveló su existencia en 1781, pensando inicialmente que se trataba de un cometa. Cuando por fin se convenció de que se trataba de un planeta, propuso para el nuevo astro el nombre de Georgium Sidus (la estrella de Jorge), en honor a su patrón, el rey de Inglaterra Jorge III, pero prevaleció la propuesta de los astrónomos europeos, de continuar con la tradición de imponer nombres relacionados con la mitología. Así, Júpiter es el padre de Marte. Saturno lo es de Júpiter. Por tanto, lo pertinente era llamar al nuevo planeta con el nombre del padre de Saturno (el Cronos griego): Urano. El planeta es un gigante gaseoso, con un sistema de anillos descubierto muy recientemente: 1977, y tiene una bestial inclinación de 90º, que podría haber sido causada por la colisión con un asteroide de grandes dimensiones. Se ofrece a nuestro estudio con una magnitud visual de +5.32, en el límite de la contemplación a simple vista, e imposible vislumbrarlo en entornos urbanos sin ayuda óptica. Por ende, sólo ocupa en el cielo un ángulo de 4″ de arco, por lo que se ve como un punto de color verde esmeralda, sin posibilidad de discernir detalles. Titania y Oberón son los nombres de dos de sus 27 satélites.

Tras el descubrimiento de Urano, durante el siglo XIX, los astrónomos observaron discrepancias en las posiciones del planeta con las predichas según su órbita. El astrónomo francés Leverrier, y el inglés Adams, trabajando independientemente, estudiaron estas perturbaciones y predijeron la existencia de otro planeta más allá de la órbita de Urano, cuya atracción gravitatoria causaba las anomalías. Galle, en Berlín, con los datos de Leverrier, pudo por fin encontrar a Neptuno en 1846. Los trabajos de Adams, en cambio, no obtuvieron respaldo en su país, pero no por ello sería justo olvidar su aportación. Se trata del más alejado de los gigantes gaseosos, el octavo de los planetas del Sistema Solar. Desde la Tierra, Neptuno se observa como un pequeño disco verdoso, ocupando un ángulo en el cielo de sólo 2.4″ de arco, provisto de tenues anillos, con magnitud visual de 7.8, visible por tanto sólo con telescopios, aunque se localiza sin dificultad. Imágenes de la sonde Voyager 2 mostraron partículas de polvo en esos anillos, que resultaron ser al menos 5. De entre sus 13 satélites, hay que destacar a Nereida, y sobre todo a Tritón (en la fotografía de arriba, tomada por la sonda Voyager 2), un satélite volcánico que muestra cráteres, picos, largas fisuras y grietas, resultando de todo ello un paisaje espectacular.

Plutón, de planeta a planeta enano

La XXVI Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional, en agosto de 2.006, decidió redefinir el concepto de planeta, y degradar con ello a Plutón, hasta entonces considerado el noveno planeta del Sistema Solar, a la categoría de “planeta enano”, junto con Ceres y 2003UB313. La inclusión del astro en la misma categoría que los otros ocho nunca había sido aceptada totalmente, y por varias razones: su tamaño, mucho menor, y su órbita, con una inclinación de 17º con respecto a la de la Tierra, y una excentricidad que le hace invadir otras trayectorias más cercanas al Sol, ya lo hacían diferente. Pero cuando empezaron a descubrirse los objetos llamados “transneptunianos”, más allá de la órbita de Neptuno, y se vio que incluso alguno (Eris) superaba en tamaño a Plutón, la IAU ya no tuvo dudas: no estaba dispuesta a originar una interminable lista de planetas, para incluir a todos los astros que se iban descubriendo, y que constituirán lo que se conoce como Cinturón de Kuiper. Desde entonces, Plutón es considerado un planeta enano.

Mitología

Sólo una pequeña referencia mitológica a cada uno de los ocho planetas:
Mercurio: Es el Hermes griego. Dios del comercio en Roma.
Venus: Es la diosa del amor y la belleza en la mitología romana. Equivale a Afrodita.
La Tierra: Representada por Gea, la Diosa Madre en la mitología griega.
Marte: Dios de la guerra, hijo de Júpiter y Juno. Equivale a Ares en Grecia.
Júpiter: Es el dios principal, el equivalente a Zeus.
Saturno: Dios de la Agricultura. Cronos en Grecia.
Urano: No es un dios romano, sino griego. Es la principal deidad de los cielos.
Neptuno: Heredero del Poseidón griego, es el dios de los mares.

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4 comentarios to “El Sistema Solar”

  1. Cada planeta y cada luna de estos planetas son muy interesantes; los descubrimientos recientes de la sonda cassiny huygens en el planeta saturno y su luna titan.
    Solo una pregunta si urano es visible a simple vista en que parte de cielo puedo localizarlo en estas fechas? es el unico planeta que no he podido nunca localizar ya que mercurio aunque en raras ocaciones lo logro ver, venus año con año de noche y de dia, marte tambien aparece con frecuencia, jupiter ni se diga, saturno apenas logre localizarlo en el 2009.
    Saludos y como siempre muy interesante su pagina….

    • De momento no puedo darle buenas noticias, amigo Ángel, pues Urano actualmente transita por la constelación de Piscis, muy cerca del Sol, y por lo tanto es difícil verlo en estas fechas. Sólo durante unos pocos minutos al amanecer se deja ver por el este. Tenga paciencia, y en poco tiempo podrá observarlo. Le recomendaré un software gratuíto, de fácil descarga: Planetary, lunar and Stellar Visibility, de Alcyone. Ahí encontrará de forma gráfica y sencilla las efemérides de todos los planetas y de las estrellas más brillantes.

  2. De nuevo en mi pagina favorita, y de nuevo inpresionada por tan fantástico trabajo. Sabemos que estamos de paso por la vida, pero al conocer un poquito de estos planetas, que pequeña me siento.
    Siempre he oído hablar del lucero del alba, pero no sabia que era venus, pregunta ¿es el que vemos ahora al atardecer?
    Maravilloso saturno,con sus inmenso anillos y que pequeñita la tierra a su lado,marte el planeta rojo,el favorito de muchos..y así todos y cada uno de ellos.
    Animo para seguir.

    • Marte y Saturno transitan en estos días alrededor de la estrella Régulus, que estudiamos en el artículo sobre Leo. Marte lo antecede unos grados, a la derecha de Régulus cuando se mira hacia el sur, y Saturno lo sigue, entre esta estrella y Spica.
      Venus, efectivamente, nos regala ahora su brillo en su ocaso por el oeste, poniéndose al filo de la medianoche. Es una visión maravillosa y exquisita. Un verdadero regalo de los cielos.
      Cari, tú no te has mirado bien, porque si no te habrías dado cuenta de que eres grande. Muy grande. Besos.

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