Archive for the Estrellas Category

Alpha Centauri, la estrella más cercana

Posted in Estrellas with tags , on 9 julio, 2011 by bitacoradegalileo

Situado en la Constelación del Centauro, el sistema estelar de Alpha Centauri es el más cercano a nuestro Sistema Solar. Todas las demás estrellas están a mayor distancia. Esta particularidad, por sí sola, la hace muy interesante, pero además concurren otras circunstancias que la convierten en una de las más atrayentes del cielo nocturno. Resulta ser, en su conjunto, la tercera estrella más brillante de todas, y junto con Hadar (Beta Centauri), las dos en la imagen de la derecha, es una muy importante y útil referencia para la localización de la Cruz del Sur. Además, y como se trata de una estrella triple, Alpha Centauri A, la componente principal, se constituye en una buena candidata para la búsqueda de planetas del mismo tipo que la Tierra, capaces de albergar vida en la forma en que la conocemos en caso de que existan.

La Constelación del Centauro es una de las más extensas y conocidas del cielo. Con una declinación claramente meridional, que la hace pertenecer casi en exclusiva a los cielos australes, contiene destacados objetos de cielo profundo, entre los que hay que destacar el cúmulo globular Omega Centauri, que es el más notable de la Vía Láctea entre los de su clase, y la galaxia lenticular gigante Centauro A (en la fotografía de la izquierda), que es además una importante fuente de radiación. Sus dos principales estrellas son Alpha Centauri, llamada Tolimán, y Beta Centauri, también conocida como Hadar. No son visibles desde Europa, y sólo pueden admirarse desde latitudes más al sur del paralelo +30º, a pesar de lo cual Alpha Centauri es una de las estrellas más famosas del cielo, rivalizando con Sirio y la Estrella Polar.

Su posición es tan decididamente austral que incluso los residentes en Wellington, Camberra, Johannesburgo, Buenos Aires o Santiago de Chile también tienen que mirar hacia el sur para encontrarlas. Algo parecido a lo que ocurre con la Osa Mayor en el Hemisferio Norte.

Las dos estrellas, Alpha y Beta Centauri, son llamadas las apuntadoras de la Cruz del Sur, porque uniendo ambas con una imaginaria línea recta, y prolongándola hacia el oeste, llegaremos a la estrella Gamma de Crux, Rubídea. Es éste un recurso ampliamente utilizado no sólo para la localización de esta importante constelación, sino también para evitar confundirla con la llamada Falsa Cruz, que se encuentra más al oeste, entre las constelaciones de Vela y Carina.

Alpha Centauri recibe también otros nombres alternativos, como Rigel Centaurus o Rigil Kentaurus (el Pie del Centauro), y con menos frecuencia el de Toliman. Considerada desde la Antigüedad como una sola estrella, su magnitud conjunta de -0.27 la erige como la tercera más brillante del cielo nocturno, sólo superada por Sirio y Canopus. Hoy sabemos, sin embargo, que Arturo la supera, si consideramos el brillo de sus componentes individuales.

Es, claramente, la estrella más cercana al Sol, aunque su distancia esté en torno a los 40 billones (un 4 seguido por 13 ceros) de kilómetros, unos 4.35 años-luz. La tercera componente, no obstante, se encuentra algo más cercana, pues orbita a las otras dos y ahora se sitúa a unos 4.22 años-luz. Es llamada por eso Próxima Centauri. Ésta sí es, sin excepciones ni matices, la estrella que está más cerca de nuestro Sol.

El primero en avistar la duplicidad de Alpha Centauri fue el Padre Richaud de Pondichery quien, en el año 1.689 pudo observar a la segunda componente desde la India, cuando estudiaba la trayectoria de un cometa. La tercera componente, llamada Próxima Centauri, no fue descubiera hasta el año 1.915, cuando el astrónomo británico Robert Thornburn Innes la avistó desde Suráfrica.

Es interesante anotar la posición del Sol cuando se observa desde aquellos lares. Nuestra estrella aparece como una brillante componente de la Constelación de Casiopea, con magnitud visual de +0.5. En cambio, desde Próxima, sus compañeras A y B se proyectan sobre la Constelación de Hércules, muy cercanas a M13, el Gran Cúmulo de Hércules.

La componente principal del sistema, Alpha Centauri A (magnitud visual -0.01), es una enana amarilla de tipo espectral G2V, el mismo que el del Sol, y con un extraordinario parecido a nuestra estrella, no sólo en cuanto al color, sino también por su tamaño (radio = 1.23 veces el del Sol), su masa (un 10 % mayor) y su temperatura (entre 5.790 y 5.850 ºK, frente a los 5.780 del Sol). Tampoco su luminosidad es excesivamente mayor: sólo una vez y media más que la de nuestra estrella. Enseguida veremos la importancia que todo esto tiene.

Separada por sólo 23 Unidades Astronómicas de la anterior, un poco más de la distancia entre Urano y el Sol, Alpha Centauri B es una enana anaranjada (tipo espectral K1V) de magnitud visual +1.35, algo más pequeña, menos masiva y más fría (entre 5.260 y 5.320 ºK) que el Sol. Las dos estrellas, A y B, orbitan entre sí con un periodo de 80 años. Individualmente considerada, es la estrella número 21 en el orden de brillo entre todas las existentes. Tiene, en cambio, sólo un 50 % de la luminosidad solar.

Alpha Centauri C, más conocida como Próxima Centauri, o simplemente Próxima, está mucho más separada, y es la más tenue y fría de las tres. Ni siquiera es seguro que esté ligada a las otras dos gravitacionalmente. En el caso en que sí lo estuviera, su órbita habrá de tener una duración superior al medio millón de años, probablemente un millón. En estos momentos transita por un lugar más cercano al Sistema Solar que las otras dos. Es una enana roja, tipo espectral M5V, cuya masa es una octava parte la del Sol y su radio la séptima parte, lo que unido a su baja temperatura de 3.040 ºK la hacen brillar con undécima magnitud, y se necesitan potentes telescopios para avistarla, a pesar de ser la más cercana entre los millones y millones de estrellas de la Galaxia. Desde A y B, Próxima brilla con 5ª magnitud, apenas visible para el ojo humano.

La rara similitud entre el Sol y Alpha Centauri A, ya apuntada más arriba, ha disparado las especulaciones sobre la posibilidada de que esta estrella pudiera tener planetas tipo terrestre en su zona de habitabilidad, capaces por lo tanto de albergar algún tipo de vida, incluso inteligente. En efecto, las propiedades de la estrella parecen permitirlo, y por eso los investigadores se afanan en la búsqueda de algún astro de ese tipo, que habría de situarse a un máximo de 2 UA (Unidades Astronómicas, la distancia media Tierra-Sol), pues B llega a acercarse a 11 UA. Dentro de esos límites están, con respecto al Sol, cuatro planetas: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, cuya distancia al Sol es de sólo 1.5 UA.

El descubrimiento en el año 2.001 de que Alpha Centauri A sufre pulsaciones cada 7 minutos, no disminuye un ápice tal posibilidad, en orden a la estabilidad térmica de la estrella, pues el Sol también experimenta tales variaciones, y lo hace con sólo 5 minutos de periodo. La pequeña diferencia en cuanto a la temperatura, tampoco sería un inconveniente, si el planeta “candidato” se situara a unas 1.25 UA de la estrella. Además. Alpha Centauri A tiene una edad adecuada (es algo más vieja que el Sol), lo que le ha permitido contar en su composición química con la suficiente cantidad de elementos más pesados que el helio (que los astrónomos llaman metales), como para dar el sí a esta ilusionante posibilidad. Incluso Alpha Centauri B tiene alguna oportunidad, pero… ¡cuidado!, sólo es una posibilidad. Aún no sabemos si realmente desde allí nos está mirando alguien.

Mitología

Los centauros eran criaturas mitológicas, mitad hombre mitad caballo, con fama de huraños y violentos. Eran considerados inhóspitos e ignorantes, salvajes y nada amantes de las artes. Pero hay una excepción honrosa en la figura de Quirón, un centauro amable, sensible y de buen carácter, amante de la música y la poesía, que educó en éstas y en otras disciplinas a Aquiles, Heracles (Hércules), Jasón y Teseo, entre otros. La imagen de la derecha es una pintura del artista flamenco Pedro Pablo Rubens.

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Arturo, el Guardián de la Osa

Posted in Estrellas on 10 mayo, 2011 by bitacoradegalileo

Con un suave y delicado color anaranjado, cuando las nieves poco a poco comienzan a ceder paso a los pastos verdes y Orión se retira a descansar bajo el horizonte del oeste, la estrella más brillante de todo el Hemisferio Norte hace su aparición por el oriente para dominar las agradables noches de la primavera boreal.

Arturo, el Guardián de la Osa, es la cuarta estrella más brillante de todo el cielo nocturno, con una magnitud visual de -0.04. Las tres que la superan pertenecen todas al Hemisferio Sur, aunque Sirio puede verse desde casi todo el orbe. No así Canopus, la segunda, que no es observable desde Europa, ni Alpha Centauri, que es más tenue que Arturo pero que al tratarse de una estrella múltiple su magnitud conjunta resulta superior. Pero individualmente considerada, Alpha Centauri brilla con menor intensidad que Arturo. Así, Arturo es la reina de la primavera septentrional, como Capella dominó al invierno y Vega reinará en el verano. Este triunvirato son las estrellas más brillantes al norte del ecuador celeste.

Perteneciente a la constelación de Bootes (El Boyero), Arturo (Alpha Bootis o α Boo) es fácilmente localizable siguiendo la línea curva que describen las tres estrellas que forman la cola de la Osa Mayor.

Se llegará así a una estrella muy notable, la más importante de una constelación relativamente luminosa, donde abundan las estrellas brillantes, aunque realmente pobre en objetos de cielo profundo. El asterismo de Bootes es una figura predominante en el cielo de la primavera, y de gran parte del verano, en todas las latitudes boreales, y también en casi todos los cielos australes. Arturo, en particular, es visible desde todas las zonas habitadas del planeta, gracias a su declinación de +19º, relativamente cercana al ecuador celeste. Destaca en el Boyero una hermosa estrella doble de segunda magnitud, llamada Izar (ε Boo o Epsilon Bootis), que ha sido llamada Pulcherrima (la más bella). Otra de las joyas irrenunciables de nuestros cielos.

Por otro lado, Arturo es el miembro más destacado de los asterismos típicos de esta época del año: El Triángulo de Primavera, formado además por Spica en Virgo y Denébola en Leo, y el Gran Diamante de Virgo, con las tres citadas más Cor Caroli, en la constelación de Canes Venatici.

Con estas indicaciones, y contando con que estamos hablando de una estrella brillantísima, usted no debería tener problemas para localizarla.

Arturo es una estrella gigante, clasificada como K1,5III. Las estrellas de tipo espectral K muestran un color anaranjado, consecuencia de su temperatura entre 3.500 y 5.000 ºK. Arturo arroja mediciones en torno a 4.290 ºK, unos 1.500 grados menos que nuestro Sol. Son gigantes anaranjadas Alderabán en Tauro, Pólux en Géminis y Hamal en Aries, entre otras. Su diámetro equivale a 26 veces el del Sol. Esto se traduce en una luminosidad unas cien veces más intensa que la de nuestra estrella.

Este tamaño, ciertamente gigantesco, queda en cambio ridiculizado si comparamos ambas estrellas con las grandes hipergigantes como Antares, Betelgeuse o VY Canis Majoris.

Su tamaño es la causa de su brillo, y no su proximidad, como se creyó hasta mediada la centuria de 1.800, cuando los métodos paralácticos establecieron que la estrella se encontraba más allá de los 30 años-luz de distancia. Pero no tanto como los 40 años-luz en que se cuantificó cuando, en 1.933, los organizadores de la Feria Mundial de Chicago eligieron a la estrella para concentrar la energía procedente de ella en células fotoeléctricas que sirvieron para el encendido de las luces que inauguraron el evento. Efectivamente, se quiso así simbolizar la otra gran exposición celebrada en la ciudad en 1.893, 40 años atrás. Arturo, en realidad, se encuentra solamente a 36.7 años-luz del Sistema Solar.

La estrella tiene una masa de 1.5 veces la del Sol y es bastante deficiente en metales, pues su contenido en hierro en relación a la cantidad de hidrógeno es sólo una quinta parte de la del Sol. Parece que la evolución hacia la fase de gigante roja aún no le ha hecho perder demasiada masa, aunque ya ha terminado la fusión del hidrógeno en helio en el núcleo y probablemente éste ya haya comenzado a transformarse en carbono como una segunda fase en su estado evolutivo. Es una estrella vieja y se ha apuntado la atractiva posibilidad de que se trate de un miembro de una antigua galaxia que se fusionó con la nuestra hace al menos 5.000 millones de años.

En cuanto a su movimiento propio, es un caso especial, pues se mueve a razón de 2”28 por año, un arco muy superior al que muestran la inmensa mayoría de las estrellas, de una décima de segundo por año. Edmundo Halley descubrió, en el siglo XVIII, que Arturo se había desplazado desde los tiempos de Ptolomeo un ángulo equivalente a dos veces el tamaño de la Luna llena. Así, hace unos 500.000, la estrella no era visible a simple vista, y ahora está en su momento de máximo acercamiento, de manera que dentro de otros 500.000 años tampoco podrá verse desde la Tierra. Además, este desplazamiento le llevará dentro de unos 30.000 años a traspasar el ecuador celeste, convirtiéndose en una estrella austral.

En la década de 1.990, las observaciones del satélite Hipparcos apuntaron la posibilidad de que existiera una compañera estelar, una supuesta Arturo B. Pero los posteriores análisis del comportamiento del astro relativo sobre todo a las alteraciones en su velocidad radial han desechado tal hipótesis, y parece que se trata de una estrella solitaria.

Es necesario citar a las Cuadrántidas, la lluvia de meteoros más intensa que tiene lugar durante todo el año. Su mayor intensidad puede observarse el 3 de enero, y nos ofrece hasta 120 meteoros por hora. Su nombre se debe a la desaparecida constelación de Cuadrans Muralis, que formaba parte de la actual Bootes.

Mitología

La constelación de Bootes representa a un cazador que pastorea a la Osa Mayor, asistido por sus perros de caza, simbolizados por la vecina constelación de Canes Venatici (Los Lebreles). El nombre de Arturo proviene del griego Αρκτοῦρος (Arcturus), que precisamente significa “El guardián del Oso”.

Para terminar, la siguiente ilustración muestra a Saturno a la izquierda y Arturo a la derecha, fotografiados desde la Patagonia chilena. El centro de la imagen lo ocupa la constelación de Virgo, con Spica como estrella más destacada:

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Eta Carinae (NGC 3372)

Posted in Cielo Profundo, Estrellas with tags , , on 24 febrero, 2011 by bitacoradegalileo

Allí donde la Vía Láctea, en su extremo más meridional, cruza la Constelación de Carina encontramos una de las regiones más brillantes del cielo, sin parangón en ningún lugar del Hemisferio Norte…

…un monstruo todavía más brillante y extenso que la mismísima Nebulosa de Orión, a pesar de situarse seis veces más lejos que ésta, y en cuyo interior se localiza una criatura todavía más monstruosa…

…una estrella que brilla con una luminosidad cinco millones de veces más potente que el Sol y 150 veces más masiva, un astro colosal con brutales variaciones en su brillo a lo largo de la historia, con eyecciones de su materia equivalente a la de tres soles de una sola vez…

…una estrella descomunal, imprevisible, que lejos de mostrarse como una más entre trillones ha merecido el comentario del experto profesor Kris Davidson, de la Universidad de Minesota: Eta Carinae no es sólo una estrella variable… ¡Eta Carinae está loca!.

Carina (La Quilla) es una vasta región del cielo austral que, junto con Puppis (La Popa), Vela y Pyxis (La Brújula) constituyeron la antigua Constelación del Gran Navío Argos (hablaremos de él al final del artículo, en la sección de mitología), antes de que Nicolas Louis de Lacaille las separara en entidades independientes con el objeto de su mejor estudio, pues el total de la zona sumaba unas 300 estrellas.

La presencia de la Vía Láctea hace de Carina una de las constelaciones más notables de todo el cielo, y en ella encontramos a la segunda estrella más brillante, tras Sirio (Alpha Canis Majoris). Se trata de Canopus (Alpha Carinae), una supergigante blanco-amarillenta de -0.7 de magnitud. Esta estrella no llega a alcanzar en Cádiz los dos grados de altitud sobre el horizonte y hay que ir hasta las costas del norte de África para divisarla con garantías. Otras notables e interesantes estrellas son Miaplacidus (Beta Carinae) y Avior (Epsilon Carinae). También, entre innumerables cúmulos, en esta constelación se sitúa IC 2602, un precioso cúmulo estelar conocido como Las Pléyades del Sur, visible a ojo desnudo, pues contiene una estrella de tercera magnitud, Theta Carinae (θ Car) . Como su homónima boreal, ofrece hasta media docena de estrellas a simple vista, y con binoculares o telescopios pequeños el número de éstas se dispara ocupando un área del cielo de un grado de diámetro. Pero, como se ve en la siguiente composición, la zona es inagotable en cuanto a objetos de cielo profundo y hay donde entretenerse durante muchas sesiones de observación. No se vuelvan locos, en esta imagen el sur está arriba y el este a la derecha:

Para los observadores acostumbrados a la contemplación de los cielos australes, la localización de NGC 3372, o Nebulosa Eta Carinae, llamada también Nebulosa de la Quilla, no ofrece dificultad alguna.

Dirigiendo la mirada hacia el conocidísimo asterismo de la Cruz del Sur, se encontrarán rápidamente, a la izquierda de ésta (al este) las dos estrellas apuntadoras, Alpha Centauri y Hadar, y justo al lado contrario de Crux, al oeste, una mancha en el cielo perfectamente visible a ojo desnudo, si los cielos son suficientemente oscuros.

Situada entre tres cruces (Crux al este, la Falsa Cruz al oeste y la Cruz del Diamante al sur), es la más grande nebulosa de emisión en todo el firmamento. Si M42, en Orión, ocupa una superficie aparente de un grado, Eta Carinae se extiende por un área de 2 x 2 grados, esto es, por cuatro grados cuadrados, que corresponde a 260 años-luz de diámetro real (M42 tiene unos 24 años-luz). Y todo ello a pesar de distar del Sistema Solar 7.500 años-luz, seis veces más allá que la Nebulosa de Orión, que “sólo” está a 1.270 años-luz.

Debido a su situación, a partir de 60º S de declinación, su observación no es posible más al norte del paralelo 30º N, e incluso resulta dificultosa a partir de 20º N, pues se encuentra muy baja sobre el horizonte y las perturbaciones atmosféricas distorsionan la visión. Esto excluye a México, el Caribe, Cádiz y todas las ciudades de Europa y Estados Unidos y a la mayor parte de las asiáticas, lugares desde donde no es posible su contemplación. Por el contrario, en latitudes como Bahía Blanca en Argentina o Valdivia en Chile ya es circumpolar.

Compuesta en su mayor parte por hidrógeno y una cuarta parte de helio, con presencia testimonial de elementos metálicos, la nebulosa presenta zonas oscuras que la dividen en tres lóbulos el más brillante de los cuales tiene la forma de un triángulo en cuyo vértice más céntrico se ubica la estrella Eta Carinae, junto a la Nebulosa de la Cerradura.

El interior de la Nebulosa Eta Carinae es todo un mundo de sucesos. Potentes vientos estelares, que acabarán con ella al correr de los tiempos, cúmulos estelares por doquier, poderosas emisiones de rayos X que aún nadie sabe explicar, regiones de formación de estrellas, nebulosas más oscuras con caprichosas formas que se mezclan con estructuras mucho más brillantes, se ofrecen al observador, sobre todo al ocular de los potentes telescopios orbitales que nos revelan multitud de procesos en su seno.

Las imágenes obtenidas por observatorios espaciales como el Spitzer en infrarrojo, o el Chandra en rayos X, además de las del Telescopio Espacial Hubble, nos permiten conocer cada vez mejor esta fascinante nebulosa.

Cerca de la región donde está Eta Carinae se encuentra una mancha oscura que tiene la forma del agujero de una cerradura antigua, y que por eso se llama Nebulosa de la Cerradura. Esta mancha es sólo un hueco, un vacío en el espacio, y no materia oscura que se interponga en el camino como ocurre en otras nebulosas, aunque esta opinión no es unánime, y muchos piensan que se trata de nubes de gases y polvo a muy bajas temperaturas. Muy cerca de ella, otra nebulosa oscura, mucho más pequeña, dibuja la forma de un dedo en gesto obsceno, que ha recibido el nombre de “El Gesto de Dios”, aunque el dedo conocido con el mismo nombre, en la figura que representa a Dios en el fresco de Miguel Ángel , en la Capilla Sixtina, no tiene la misma actitud.

La Nebulosa de la Cerradura aparece escoltada por la estrella Eta Carinae, un astro monstruoso, descomunal, que llegaría hasta la órbita de Júpiter en el lugar que ocupa el Sol, y que con la masa equivalente a la de 150 veces nuestra estrella, ha sido considerada la más masiva hasta el reciente descubrimiento de R136a1, en la constelación del Dorado, en la Nube Grande de Magallanes.

Fue Edmundo Halley quien, en 1.677, la catalogó por vez primera, anotándola como una estrella de cuarta magnitud, pero los observadores notaron continuos cambios en su brillo, llegando a alcanzar la segunda magnitud hacia 1.730. Después de diversos retrocesos y aumentos en su luminosidad, a finales de 1.830 comenzó una falsa conversión en supernova, hasta que en el mes de abril de 1.843 alcanzó la magnitud de -0.8, y en ese momento se erigió en la segunda estrella más brillante del cielo, sólo superada por Sirio, pero ésta se encuentra a poco más de 8 años-luz. Eta Carinae está a 7.500. Erupciones procedentes del núcleo de la estrella provocan este tipo de procesos que hacen calificarla como “supernova impostora”.

Durante esta erupción, a mediados del siglo XIX, Eta Carinae expulsó al espacio circundante una cantidad de materia que equivale a casi 10 soles y superó en brillo a su vecina Canopus. En 1.858, de repente, la estrella volvió a apagarse, y desapareció para el ojo desnudo.

En 1.950, el gran astrónomo argentino Enrique Gaviola (Mendoza, 1.900-1.988) descubrió que Eta Carinae está rodeada por una pequeña nubosidad (de un tamaño equivalente a todo el Sistema Solar) en forma de “8”, a la que él mismo llamó “El Homúnculo”. La Nebulosa del Homúnculo es la impresionante consecuencia de la violenta erupción de 1.843, una estructura bipolar, con dos lóbulos, y un extenso aunque débil disco ecuatorial, que muy bien pudiera ser consecuencia de alguna explosión posterior, probablemente de finales del XIX. Todo este material se aleja de la estrella a la velocidad de 2.4 millones de km/h.

En la actualidad, la nubosidad que envuelve a Eta Carinae parece estar diluyéndose, devolviéndole a la estrella gran parte de su notoriedad, y se intuye que en muy poco tiempo (una década) podría recuperar el brillo de la época de Edmundo Halley, o sea, la cuarta magnitud.

Pero Eta Carinae tiene sus días contados. Una estrella tan supermasiva sólo puede desembocar en una próxima explosión en hipernova, esta vez verdadera, que será el acontecimiento celeste más impresionante jamás observado. Habrá vivido así, solamente, unos 2 ó 3 millones de años, Un suspiro, a escala cósmica, comparado con los 10.000 millones de años que vivirá nuestro Sol.

Mitología

Jasón es el héroe mitológico griego, hijo de un rey destronado, que parte en busca del vellocino de oro para recuperar el reino de su padre. El vellocino es la piel de un carnero oculta en un árbol, en la Cólquida, y custodiada por dos toros que escupían fuego por la boca y que tenían pezuñas de bronce, y por una serpiente gigante que no dormía nunca. Jasón se hace a la mar a bordo de Argos, el barco tripulado por medio centenar de héroes que recibirán el nombre de Argonautas, y entre los que se encontraban Cástor, Cefeo, Heracles, Orfeo, Polifemo y Teseo. Después de su estancia en la isla de Lemnos y de deshacerse de las Harpías, los Argonautas llegan a su destino y logran su objetivo con la ayuda de Medea, que era hechicera y se había enamorado de Jasón. Otras aventuras jalonarán el viaje de regreso, entre las que hay que destacar el asedio de las Sirenas.

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El Cinturón de Orión o Las Tres Marías

Posted in Cielo Profundo, Estrellas with tags , , , on 9 febrero, 2011 by bitacoradegalileo

Soy un ferviente admirador de la cultura popular, el saber secular que la tradición se encargó de transmitir de forma oral a través de las generaciones. Nuestros mayores, hace sólo unas décadas, fueron herederos de enormes caudales del conocimiento humanístico que, en todos los órdenes del saber, fueron enriquecidos paulatinamente por la propia experiencia del vivir cotidiano de las gentes del pueblo. Ellos, los abuelos, llegaron a conocer por vía de la tradición oral diversas realidades que la ciencia trataba de descubrir, con evidente desventaja.

Así, todo el mundo había oído hablar (en el Hemisferio Norte) del Carro, aunque muy pocos supieran que su nombre oficial era la Osa Mayor, y en todos los lugares las personas podían localizar sin dificultad a Las Siete Hermanas, o Las Siete Cabritillas, que eran los nombres que les daban a Las Pléyades. Otro asterismo era identificado por la inmensa mayoría de la población: Las Tres Marías. Llamadas en otros lugares Los Tres Reyes Magos, aún hoy podemos preguntar a los más ancianos del lugar (y en muchos sitios a personas de menos edad), y de inmediato nos señalarán hacia las tres estrellas del… ¡Cinturón de Orión!.

Muchas de estas personas no sabían leer ni escribir, ya que ni siquiera habían pisado la escuela en toda su existencia, pero conocían y sabían localizar en los cielos a todos estos astros y otros, de toda condición y naturaleza (piénsese en las Lágrimas de San Lorenzo para designar a las Perseidas o en el Lucero del Alba para Venus), aunque les dieran otros nombres. Pero esta cuestión era lo de menos.

El Cinturón de Orión (o Las Tres Marías, o Los Tres Reyes Magos) es un destacado asterismo formado por tres estrellas de primera y segunda magnitud, perfectamente visibles desde cualquier lugar del planeta. Es parte de la Constelación de Orión, que también constituye una de las más conocidas, junto con la Osa Mayor en el Hemisferio Norte y la Cruz del Sur en latitudes australes. Situada sobre el ecuador celeste, el brillo de sus estrellas más destacadas la hace fácilmente localizable en los meses del invierno boreal, el verano austral.

Rígel y Betelgeuse son estrellas situadas entre las diez más brillantes del cielo nocturno; Bellatrix y Saiph completan con las dos anteriores un “cuadrilátero mágico” representando las cuatro extremidades del gigante cazador. Hatysa (Iota Orionis, ι Ori)) en la Espada, Tabit (Pi3 Orionis, π 3 Ori) en el escudo y Meissa (Lambda Orionis, λ Ori) en la cabeza son las otras luminarias con nombre propio en Orión, junto a las tres del Cinturón, aunque hay que destacar a otras estrellas con denominación de Bayer, como Sigma (σ Ori), Eta (η Ori) y Tau Orionis (τ Ori).

La bitácora de Galileo se ha ocupado en diversas ocasiones de esta constelación, tanto en su totalidad, como en artículos relacionados con alguno de sus componentes más destacados. Éstos son los enlaces a tales informes:

Orión, la Catedral del Cielo

M42, la Gran Nebulosa de Orión

Betelgeuse, el Rubí de Orión

También, la Constelación de Orión fue destacada protagonista en el trabajo que presenté sobre El Cielo del Invierno.

Pero aún no había dedicado ningún monográfico al asterismo que es, quizás, el rey en la Astronomía tradicional en el acervo cultural de las gentes sencillas del norte y del sur: Las Tres Marías, o sea, El Cinturón de Orión, pues el popular Carro no se ve desde todo el planeta, y lo mismo ocurre con la Cruz del Sur.

En la siguiente imagen nos haremos una idea del tipo de astros que visitaremos. Se trata de estrellas enormes, en comparación con nuestro Sol, y muy calientes, también con relación a nuestra estrella.

Alnitak, Alnilam y Mintaka, pues así se llaman las tres estrellas que forman el Cinturón, son tres gigantes azules con un brillo tan intenso que son fácilmente visibles incluso desde los cielos razonablemente contaminados del extrarradio de la ciudad. De primera y segunda magnitud, se sitúan en el ecuador celeste, siendo Mintaka la más próxima a esta imaginaria línea divisoria entre ambos hemisferios; se alinean en dirección sureste, apuntando directamente a Sirio (α CMa) en ese sentido, y a Aldebarán (α Tau) en dirección contraria, hacia el noroeste, así es que constituye la mejor referencia para la orientación en el cielo nocturno en las frías noches del invierno boreal, o en las veladas calurosas australes cuando enero (y febrero) funde su calor sobre el Paraná.

Además de las tres estrellas, formadas a partir del material de la nube interestelar que las rodea, y que seguidamente estudiaremos, encontramos en la región al cúmulo Collinder 70, o Cr 70, un rico campo estrellado alrededor de la zona central del Cinturón, en torno a Alnilam, y a las interesantísimas nebulosas de la Cabeza de Caballo y de la Flama, en las proximidades de Alnitak y de Sigma Orionis. Rendiremos visita a estos objetos. Situadas un poco más al sur, la Gran Nebulosa de Orión (M42), también originada a partir de la misma nube molecular, y la brillante Hatysa, en la Espada, completarán un vecindario verdaderamente exclusivo.

Aunque la mayoría de los estudios sobre el Cinturón de Orión se desarrollan a partir de Alnitak, de izquierda a derecha según el punto de vista boreal, hoy yo preferiré hacerlo justamente al contrario, pues es esa estrella, Alnitak, la que aglutina a su alrededor las dos nebulosas que veremos, de manera que tratarla en último lugar servirá de nexo de unión entre estrellas y cielo profundo en nuestro artículo. Éste es el punto de vista austral, con Mintaka, que trataremos en primer lugar, a la izquierda…

…y ésta la carta celeste, también como la fotografía anterior de Sur Astronómico, de la misma región del cielo, según la ven los observadores situados al sur del ecuador:

Mintaka (Delta Orionis o δ Ori), del árabe منطقة manţaqah, el Cinturón, es la más occidental y también la más tenue de las tres estrellas. Es sin embargo perfectamente visible, a sólo 0.3 grados (18 minutos) al sur del ecuador celeste pues presenta una magnitud visual de +2.21, aunque hay que anotar que se trata de un sistema estelar múltiple, bastante complejo. La componente principal es una gigante azul de tipo espectral O9.5II, y 30.000 ºK de temperatura superficial. Tiene una compañera de séptima magnitud, a casi un minuto de arco de distancia, lo que se traduce en una separación real aproximada de un cuarto de año-luz. Todavía, Mintaka A posee una acompañante de 14ª magnitud, y cada una de estas dos es 90.000 veces más luminosa que el Sol, y 20 veces más masiva. El sistema parece situarse a unos 915 años-luz del Sistema Solar, casi la misma distancia que Alnitak, en el otro extremo del Cinturón, y bastante más cercana que Alnilam, la estrella que ocupa el centro.

Alnilam (Epsilon Orionis o ε Ori), de ‏النظام‎, an-Niżām, también árabe, el Hilo de Perlas, a pesar de ser la más distante, es la más brillante de las tres. Se sitúa en el centro del Cinturón, a una distancia de 2 grados escasos entre las otras dos, Mintaka al noroeste y Alnitak al sudeste, y sólo un grado por debajo del ecuador celeste. Veremos que para los guaraníes era la madre de las dos. Se trata de una supergigante azul, de tipo espectral B0I y magnitud visual +1.70 que dista de la Tierra 1.359 años-luz. Es un astro magnífico, 26 veces más grande que el Sol y mucho más caliente, pues posee una temperatura superficial de 25.000 ºK. La enorme cantidad de energía que irradia le confiere una luminosidad 375.000 veces más intensa que la de nuestra estrella. Es extraordinariamente masiva, unas 20 veces la masa del Sol, lo que le abocará indefectiblemente a convertirse en una supergigante roja y luego explotar en supernova, como todas las estrellas que superan en más de 10 veces la masa de nuestro Sol. Esto le hace expulsar una gran cantidad de materia, con vientos estelares que superan los 2.000 kilómetros por segundo. No, 2.000 kilómetros por hora no, por segundo. Es muy joven, pues se calcula que se formó hace sólo 4 millones de años, pero no vivirá mucho más, otro millón de años, o quizás menos, aunque tras explotar en supernova, el material que resulte podrá ser el origen de nuevos sistemas planetarios que se formen mucho después.

Alrededor de Alnilam, y extendiéndose por todo el Cinturón, se sitúa el cúmulo estelar Collinder 70, o Cr 70, compuesto por unas 125 estrellas. Dada su extensión, la mejor forma de observarlo es con binoculares a 7 aumentos, a 10 como máximo, que es cuando obtendremos un campo visual más amplio.

Alnitak (Zeta Orionis o ζ Ori), asimismo procedente del árabe النطاق an-niṭāq, y que también significa El Cinturón, es por fin la más oriental de las tres estrellas que componen este asterismo, y también la más meridional, aunque sólo se sitúa unos 2 grados al sur del ecuador celeste. Es un sistema triple cuya componente principal es una supergigante de color azul y tipo espectral O9.7I que presenta magnitud visual conjunta de +1.89, muy caliente, pues su temperatura superficial es de unos 31.000 ºK. Situada a 826 años-luz de nosotros, su luminosidad equivale a 100.000 veces la del Sol, si se incluye la radiación ultravioleta, y es 20 veces más masiva. El calor que irradia es tal que, situada en el lugar de nuestra estrella, derritiría a todos los planetas. Un astro como la Tierra tendría que situarse 300 veces más lejos de lo que está, para tener condiciones de habitabilidad. Los vientos estelares, consecuencia de la intensa emisión de rayos X, alcanzan velocidades similares a las de Alnilam, unos 2.000 kilómetros por segundo, excitando la nube de gas y polvo que la circunda, y donde se encuentran las nebulosas de la Flama y de la Cabeza de Caballo. Es también una joven estrella, pues hace sólo 6 millones de años que se formó, y también morirá pronto, consecuencia de su transformación de supergigante roja y su posterior explosión en supernova.

La intensa radiación de Alnitak, como ya apuntamos, provoca la ionización del hidrógeno contenido en la cercana Nebulosa de la Flama, o de la Llama, pues el color rojo que se origina en tales procesos dan a la zona el aspecto de estar ardiendo. Consiste este proceso en que el hidrógeno es despojado de sus electrones por los fuertes vientos de la estrella y la energía que se desprende al recombinarse los iones de hidrógeno con los electrones produce esa radiación de color rojo, pero la zona no está en llamas, en absoluto. Sin embargo, Alnitak no es la unica responsable de la actividad iónica del hidrógeno presente en la zona, sino que existe un cúmulo de estrellas, que se oculta tras la franja oscura del centro de la imagen, que ha sido visto en el infrarrojo, y que parece contener a la verdadera estrella excitatriz de la región. La nebulosa de la Flama tiene el número NGC 2024.

Un poco más al sur, entre Alnitak y Sigma Orionis, encontramos a la magnífica y celebérrima Nebulosa Cabeza de Caballo. Es una fría nube oscura de gas y polvo situada a la distancia de 1.500 años-luz de nosotros, y que resalta sobre el fondo rojo incandescente de IC434, una nebulosa de emisión que se encuentra detrás. La Cabeza de Caballo mide unos 6 años-luz de un extremo a otro y se cataloga como Barnard 33, o más brevemente, B33. Fue descubierta en 1.888 por fotógrafos del Observatorio del Harvard College. La forma de la nebulosa, que claramente explica el nombre que se le dio, es casual, naturalmente, y los movimientos internos en su seno harán que en unos millones de año sea totalmente distinta.

Leyendas y mitos

Como Las Tres Marías son suficientemente brillantes, y están situadas prácticamente en el ecuador celeste pudiéndose observar desde cualquier lugar del orbe, han sido conocidas por todos los pueblos y culturas de la Tierra. Los mayas, por ejemplo, las llamaban Las Tres Piedras del Fogón, la llama del Hogar que nunca se apaga y donde se cocinan los alimentos; además, Alnitak forma, junto con Rígel y Saiph, las Tres Piedras del Corazón. Los indios guaraníes las denominaban Las Tres Viudas; para este pueblo, Alnilam, la estrella central, es la madre de las otras dos, y las tres están viudas a causa de la guerra. En la Astronomía árabe eran conocidas como El Collar de Perlas, y es curiosa la Teoría conocida como de la Correlación de Orión, según la cual las tres famosas pirámides de Guiza, en el Valle de los Reyes de Egipto, fueron construidas, supuestamente, siguiendo el modelo de las tres estrellas del Cinturón de Orión, ensalzando de esa manera los conocimientos astronómicos que poseían los antiguos habitantes de aquel enigmático imperio, del que aún desconocemos tantas cosas.

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Betelgeuse, el Rubí de Orión

Posted in Estrellas with tags on 16 enero, 2011 by bitacoradegalileo

Tomando como referencia el Cinturón de Orión, conocido como Las Tres Marías, y también como Los Tres Reyes Magos, unos 10 grados al nordeste encontraremos a Betelgeuse, la supergigante de color rojo más notable de todo el cielo. Este hermoso astro constituye junto con Rígel una de las dos principales estrellas de la conocida Constelación de Orión, el gigante cazador de la mitología clásica helenística. Betelgeuse se destaca por su color entre las otras estrellas del asterismo, azules en su mayoría, y ocupa el lugar que corresponde al hombro derecho de la figura, el izquierdo según lo vemos nosotros. Ostenta la denominación de Bayer Alpha Orionis, a pesar de que Rígel (β Ori) es más brillante, pero hace un tiempo no era así.

Es Orión una de las constelaciones más conspicuas de todas, si no la que más, entre las 88 que forman el catálogo de la Unión Astronómica Internacional. Su famosa Gran Nebulosa (M42), la Cabeza de Caballo, la Nebulosa de la Llama, el no menos célebre Cinturón, ya citado, y numerosas estrellas muy notables, la hacen ser la favorita de no pocos aficionados, entre los que me encuentro. Rígel, Bellatrix, Hatysa, Saiph, Meissa, Alnilam y, al fin, Betelgeuse, convierten a esta región del cielo en un irrenunciable espectáculo para todo el que alce la vista hacia el cielo durante las frías noches de enero.

El interés de la estrella radica en diversos aspectos: A sus colosales dimensiones hay que sumar su condición de variable pulsante semirregular, su próxima explosión en supernova a pesar de su extrema juventud, y la enigmática pérdida de tamaño en los últimos años, independiente de su carácter variable. Fue la primera estrella de la que se pudo medir su diámetro, excepción hecha del Sol, y también se han detectado manchas en su superficie análogas a las solares, además de la innegable belleza de su visión en el cielo del invierno boreal.

El origen de la palabra Betelgeuse es una corrupción. Desde ya, hay que rechazar la pronunciación, muy extendida, según la película estadounidense de 1.988, que suena más o menos como Bitelchús: propínenle un cariñoso cosqui virtual a todo el que se empecine en esta tremenda aberración, dado el innegable origen árabe del vocablo. La Constelación de Orión fue llamada por los árabes al-Jauza, palabra de etimología discutida, pues se ha interpretado como “la de en medio” y también “el gigante”, entre otras. Así, Ras-al-Jauza es la cabeza del gigante (Raselgeuse = Meissa) y Yad-al-Jauza es el brazo. Pero en los siglos XII-XIII, los traductores cristianos transcribieron por error bad en lugar de yad, y escribieron Betelgeuse. Hay que anotar que en árabe clásico no existe el sonido “e” (tengo un amigo árabe que me llama Pipi en lugar de Pepe), pero lo más correcto es pronunciar el nombre de esta estrella tal y como se escribe.

Betelgeuse (Alpha Orionis o α Ori) es una supergigante roja de tipo espectral M1.5I, que es una variable pulsante semirregular, con un periodo aproximado de 2.300 días (6 años y 4 meses). El promedio de +0.58 de magnitud visual la sitúa en el décimo lugar entre las estrellas más brillantes del cielo nocturno. Es una de las estrellas más grandes que se conocen, y si estuviera en el lugar del Sol, alcanzaría casi hasta la órbita de Júpiter, aunque en los últimos años ha disminuido un tanto su tamaño, como veremos. Junto con Sirio y Procyon forma el asterismo del Triángulo de Invierno, que es una importante referencia para la orientación en el cielo durante los últimos y los primeros meses del año. Su distancia a nosotros se ha estimado en unos 640 años-luz y su temperatura superficial en 3.500 ºK, relativamente fría en comparación con el Sol, que está a 5.500 ºK. Su posición, cercana al ecuador celeste, hace que pueda ser observada prácticamente desde cualquier lugar de la Tierra, exceptuando las cercanías del Polo Sur, ya sobre la Antártida.

La estrella, naturalmente, es conocida desde muy antiguo. Informes del siglo I de nuestra era, descubiertos por arqueólogos en 1.982 en China, describen a Betelgeuse como una estrella de color blanco-amarillento, pero sólo un siglo después Ptolomeo ya la cataloga como gigante roja junto a otras estrellas del mismo tipo. A pesar de la extrema juventud de la estrella (unos 10 millones de años; el Sol tiene 4.500 millones), no se entiende muy bien este rápido cambio, pues la evolución estelar tiene lugar a un ritmo muchísimo más lento, a no ser que el color observado en China sólo se debiera a una expulsión ocasional de polvo y gas por parte de la estrella, que ocultara el verdadero color del astro.

Fue John Herschel (hijo de William, el descubridor de Urano) quien estudia y descubre la variabilidad de la estrella, analizando el brillo que ésta ofrecía entre los años 1.836 y 1.840. Betelgeuse alcanzó un pico de luminosidad en 1.852, momento en el que Herschel afirma: “Actually the largest star in the northern hemisphere.” (Actualmente, la estrella más brillante del Hemisferio Norte), lo que permite deducir que entonces Betelgeuse superaba en luminosidad a Capella, y también probablemente a Arturo e incluso a Alpha Centauri, y también explica la razón por la que la estrella ostenta la letra Alpha como denominación de Bayer, a pesar de que actualmente Rígel (Beta) brille con mayor fuerza.

Ya en el siglo XX, y utilizando el interferómetro de Michelson, se pudo medir el tamaño de la estrella. Fue la primera en que esto fue posible, excepción hecha del Sol. Combinando el tamaño angular con el paralaje conocido, resultó para Betelgeuse un radio de 384 millones de kilómetros (Sol = 0.7 millones). Distintas estimaciones situaron este tamaño entre 4.1 y 4.6 Unidades Astronómica (1 UA es igual a la distancia media entre la Tierra y el Sol), esto es, más allá de la órbita de Marte, aunque estos cálculos se quedaron cortos. Los estudios de interferometría también han permitido descubrir en Betelgeuse, por primera vez fuera del Sol manchas en la superficie de una estrella, análogas a las manchas solares.

En los últimos años los astrónomos han registrado la progresiva pérdida de tamaño de la estrella, que desde 1.993 hasta 2.009 ha disminuido su radio desde más allá de la órbita de Júpiter hasta un 15 % menos, es decir, que ha perdido el equivalente a la distancia entre Venus y el Sol. Actualmente, podemos cifrar el tamaño de Betelgeuse en unas 4.8 Unidades Astronómicas. Este cambio en el radio del astro es independiente de su variabilidad, y constituye un misterio sobre el que trabajan los investigadores. Bien es verdad que Betelgeuse pierde masa progresivamente, y cada vez su densidad es menor. En realidad, el vacío en el interior de la estrella es mucho mayor que el que se pueda conseguir en nuestros laboratorios.

Betelgeuse está experimentando una existencia vertiginosa. Una estrella tremendamente joven está a punto de morir. Los astrónomos calculan que de aquí a unos 100.000 años (un suspiro a escala cosmológica), y quizás mucho antes, la estrella explotará como una brillantísima supernova, encaminándose así a su propia destrucción. Cuando eso ocurra, la estrella adquirirá un brillo equivalente al de la Luna llena, será visible en pleno día al menos durante varios meses y de noche provocará sombras en el suelo. Después de un tiempo, se irá apagando progresivamente, hasta que al cabo de un año, quizás dos, ya no sea visible a ojo desnudo. Se habrá convertido en un pulsar, que será una poderosa fuente de rayos X, o en una estrella de neutrones, de un tamaño no mayor que el de Cádiz, y por supuesto con muchos menos bares.

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Mizar y Alcor: La prueba del arquero

Posted in Estrellas with tags , , on 6 diciembre, 2010 by bitacoradegalileo

Una estrella binaria, también llamada estrella doble, es una pareja de estrellas que se mantienen unidas por la fuerza gravitatoria y giran en torno a su centro común. A veces el sistema está compuesto por más estrellas, convirtiéndose entonces en una estrella múltiple, como es el caso del Cúmulo del Trapecio (imagen de la derecha) en la Constelación de Orión.

Las estrellas dobles son muy comunes en el Universo, estimándose que más de la mitad de ellas tienen esta condición. Ejemplos de dobles son Albireo, en la constelación del Cisne (fotografía de abajo a la izquierda), Cástor en la constelación de Géminis, e Izar en el Boyero, también llamada Pulcherrima por su extrema belleza, además de Mizar y Alcor que estudiamos aquí.

Las llamadas binarias ópticas, sin embargo, aunque parecen estar muy cerca una de la otra vistas desde la Tierra, en realidad se hallan separadas por una gran distancia en el espacio, y no se encuentran gravitacionalmente unidas entre sí. Simplemente, están en la misma línea visual. Se llaman también por eso falsas binarias. Es el caso de Altair, en la constelación del Águila (bajo estas líneas), cuya falsa compañera es muy débil, o de Sidus Ludoviciana, una estrella de octava magnitud que se interpone entre Mizar y Alcor, como veremos.

El de las estrellas dobles es uno de los temas más atrayentes de la Astronomía para aficionados. Resolverlas consiste en ser capaz de observar por separado a cada una de las componentes del par. Esto no es siempre posible, pues la separación angular entre las dos estrellas varía enormemente de unos casos a otros, resultando a veces imperceptible incluso para los aparatos más sofisticados. Sólo las líneas del espectrógrafo, o artilugios llamados coronógrafos, son capaces de detectar la presencia de la estrella acompañante; son las llamadas binarias espectroscópicas (A la derecha, Algol). Pero en otros muchos casos, los telescopios de los aficionados pueden ofrecer sin demasiados aumentos una imagen separada de cada una, y a esto es a lo que los astrónomos llaman resolver una estrella doble. Es una alternativa a la que recurren frecuentemente muchos aficionados de la ciudad, que no disponen de cielos oscuros para observar objetos de cielo profundo, “gracias” a la bestial contaminación lumínica que disfrutamos, sobre todo los residentes boreales.

Muchos casos son observables incluso con unos simples prismáticos, pues el ángulo de separación y el brillo de ambas estrellas es suficientemente grande para no precisar mejores medios.

Pero existe un par para el que, si se dispone de la suficiente agudeza visual, ni siquiera son necesarios los binoculares, pues fueron observadas por separado desde muy antiguo, y aún hoy se utiliza como prueba para demostrar una buena visión. Son Mizar y Alcor, en la Constelación de la Osa Mayor.

La Osa Mayor es una constelación circumpolar norte, que por tanto puede ser vista por los residentes boreales durante todo el año, pues nunca desaparece bajo el horizonte a partir de determinadas latitudes. No es visible en gran parte del Hemisferio Sur, pues los argentinos deben desplazarse hasta cerca de la frontera con Bolivia para poder divisarla. En La Paz, Mizar no llega a alcanzar 20º de altitud sobre el horizonte en su culminación.

Sus siete estrellas principales forman el conocido asterismo de El Carro, identificado en otras culturas como un arado, una sartén o un gran cazo. Pero la figura mitológica que le corresponde es la de una osa que fue asida por Júpiter de su cola y lanzada a los cielos. Aunque los osos sólo disponen de una cola rudimentaria, la descomunal fuerza con la que fue lanzada hizo que creciera conforme ascendía, hasta tomar la figura que nos ofrece la Osa Mayor. Los detalles de este episodio mitológico pueden leerse en el artículo La Osa Mayor, de esta misma bitácora.

Precisamente, las tres estrellas que forman esa cola (o el mango del arado, la sartén o el cazo) son las que merecerán nuestra atención, en este caso, pues es ahí donde localizaremos a Mizar (ζ UMa), como la estrella central entre las tres. A la izquierda de Mizar se sitúa Alkaid (η UMa), llamada también Benetnash, y a su derecha encontramos a Alioth (ε UMa), que es la estrella más brillante de toda la constelación de la Osa Mayor.


El par Mizar-Alcor, visto a través de unos binoculares

Si usted disfruta de una vista moderadamente buena, inmediatamente llamará su atención una pequeña y cercana acompañante de Mizar, llamada Alcor, que ha supuesto tradicionalmente un test para examinar la visión en culturas diferentes. En algunas culturas amerindias, poder distinguir estas dos estrellas era requisito para ser nombrado responsable de la guardia personal del jefe de la tribu. En los tiempos en que los ejércitos árabes dominaban una gran parte del mundo por entonces conocido, era importante una selección adecuada de sus arqueros, pues el código de honor de la batalla exigía ser cuidadoso con los caballos enemigos, y se hacía necesario afinar el tiro para acertar con el jinete, y no con el noble bruto. Una consideración hacia los animales que frecuentemente extrañamos más de mil años después. Los aspirantes eran sometidos a la prueba de poder distinguir entre Mizar y Alcor y es por eso que eran conocidas como el caballo y el jinete. La costumbre se extendió a los tiempos en que Carlos V creó el cuerpo de Arqueros de la cuchilla, precedente de los Guardias de Corps. Me temo que Van Gogh no hubiera sido admitido por el indio, ni por el árabe, ni tampoco por el cristiano.

Mizar es la cuarta estrella más brillante de la Osa Mayor, tras Alioth, Dubhe y Alkaid. Es una estrella blanca de la secuencia principal, situada a unos 78.1 años-luz de distancia y +2.23 de magnitud visual. Alcor es también una enana blanca, aunque menos luminosa, de magnitud visual +3.99, situada a unos 81.1 años-luz.

La separación angular entre Mizar y Alcor es de 11’48”, y aún no sabemos con seguridad si son compañeras físicas, pues su distancia real podría aproximarse a la que separa al Sol de Alpha Centauri, que es de unos 4.3 años-luz. Efectivamente, se han medido para Mizar unos 78.1, y para Alcor 81.1 años-luz, y esa distancia sería excesiva como para pensar en que interactuaran gravitacionalmente. Pero la tolerancia en el error podría llevarnos a que Mizar esté incluso más lejos que su compañera. Si ambas estuvieran a la misma distancia, su separación real sería de sólo 0.27 años-luz, y este dato ya permitiría pensar en que orbitarían una alrededor de la otra, aunque con un largo período de unos 750.000 años.

Esta distancia incluso podría verse reducida si alguna de las dos estrellas fuera a su vez un sistema doble o múltiple, pues la rotación alrededor del centro de gravedad de ambas produciría un acercamiento periódico que aumentaría el influjo gravitacional de una sobre la otra. Y efectivamente, Mizar es a su vez una estrella doble, y esto ya lo conocemos desde que el jesuíta Giovanni Battista Riccioli, astrónomo y geógrafo boloñés, lo descubriera en 1.650, siendo la primera doble en ser resuelta telescópicamente, aunque debemos anotar que Benedetto Castelli, alumno de Galileo, ya había escrito a su maestro en 1.616, pidiéndole que analizara a la estrella.

Mizar es una estrella doble muy fácil de resolver con un pequeño telescopio, y es un objetivo muy apropiado para las personas que se acercan por primera vez a la observación astronómica, pues su separación angular es de 14 segundos de arco y su periodo orbital de más de 5000 años evitará que se alineen en las próximas fechas. Mizar A es una blanca de la secuencia principal, de tipo espectral A2V, y +2.27 de magnitud visual, mientras que Mizar B, asímismo blanca, tipo espectral A5-7, brilla con una magnitud de +3.95. Pero ahí no queda resuelta del todo la cuestión, pues en 1.889 Pickering descubrió que tanto una como otra son a su vez binarias, aunque no se pueden resolver por métodos ópticos. Es decir, son dos binarias espectroscópicas. Así Mizar, además de ser la primera estrella doble conocida, se convierte en la primera binaria de este tipo. En resumen Mizar es un sistema múltiple compuesto por cuatro estrellas, una doble-doble.

Pero Alcor no ha querido ser menos, y en marzo del pasado año, 2009, astrofísicos del Proyecto 1640, usando técnicas de paralaje y el coronógrafo instalado en el Telescopio Hale del Observatorio de Monte Palomar, observando en el infrarrojo, detectaron un débil punto de luz muy próximo a la estrella, que ha resultado ser una compañera, bautizada como Alcor B. Es una enana roja de tipo espectral M3, y una masa que supone la cuarta parte de la del Sol.

En resumidas cuentas, si se demostrara que Mizar y Alcor orbitan una alrededor de la otra, no estaríamos hablando de un sistema binario, sino… ¡séxtuple!.

Peeeeero… Sí, lo siento, pero hay más: Una séptima estrella se ha situado insistentemente entre nuestras dos protagonistas, sin ser invitada. Se trata de una estrellita de octava magnitud que hasta tiene nombre propio. El origen de este nombre merece ser recordado, para lección de aduladores, pues L.G. Liebknecht, de la Universidad de Giesen, quiso descubrir en ella cierto movimiento relativo, de forma que pensó que había descubierto un nuevo planeta, y se apresuró a bautizarlo con el nombre de su rey, Ludwig V de Hassen-Darmstadt, nombrándolo Sidus Ludoviciana (la estrella de Luis). El fiasco provocó las críticas y chanzas de todos su colegas. Galileo y Herschel habían hecho lo mismo, de acuerdo, pero tuvieron más suerte que el pobre Liebknecht. Su “planeta” se sitúa cinco veces más allá que el par MizarAlcor.

Mitos y Leyendas

Cuenta la leyenda que cuando aún la Tierra era joven, un indio americano mandó que sus hijos fueran al bosque para aprender el significado de los sonidos del viento. Los siete jóvenes, pues éste era su número, caminaron en silencio, tratando de escuchar al viento. Anocheció, y se durmieron bajo un cielo muy estrellado.

Un extraño sonido despertó repentinamente al mayor de los hermanos. El viento cantaba, pero él no entendía la canción; entonces notó que las Pléyades brillaban siguiendo el ritmo de la melodía. Despertó a los demás, para que le ayudaran a interpretar lo que ocurría. Se cogieron de la mano, y comenzaron a bailar al son de la música. Cuando la canción aumentó su volumen, ascendieron hacia el cielo, en busca de la más brillante de las Pléyades, de la que Mizar, el menor de los hermanos, se había enamorado.

Desde aquel día, Mizar y su enamorada pueden verse juntos, en el hogar de los siete hermanos.

Entre los árabes se dice que las cuatro estrellas que forman el cuerpo de la Osa en realidad son un féretro, que contiene el cadáver de Al Na’ash, asesinado por Al Jadi, que es la Estrella Polar. El ataúd es seguido por los tres hijos de Al Na’ash, y el segundo de los dolientes es Mizar, quien lleva a un niño en los brazos (Alcor). Todo el cortejo gira sin cesar en torno al asesino en busca de venganza.

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Aldebarán y las Hyades

Posted in Cielo Profundo, Estrellas with tags , , on 2 noviembre, 2010 by bitacoradegalileo

Cuando se acercan las últimas semanas del año, los aficionados a esta Ciencia única y fascinante, nos ponemos inevitablemente un poco nerviosos. La hermosura de los cielos, siempre sorprendentes y agradecidos con quienes le dedican una mirada, aumenta cada día vistiéndose de gala para las largas noches del frío invierno boreal, o las cálidas veladas del incipiente verano de los mares y tierras del Sur. Las estrellas del otoño poco a poco dejan paso a las nuevas constelaciones, de las que ya en estas fechas podemos admirar sus primeras muestras. Un año más, regresan Las Palomas de las Pléyades (M45) y las Lluviosas Hyades se hacen acompañar por la gigante Aldebarán, ante la sorprendida mirada de un Cangrejo (M1): Llega al firmamento Tauro, el Toro, y el astrófilo se siente feliz.

Tauro es una de las constelaciones más interesantes. Es la segunda del Zodíaco, y el Sol la atraviesa desde mediados del mes de mayo hasta los días de junio previos al solsticio de verano. Poco a poco, va separándose del Sol, y ya a primeros de noviembre podemos admirarla siguiendo a las estrellas de Aries, y anunciando la llegada, tras de sí, del cielo más brillante y espectacular, pues será seguida por la Constelación de Géminis y por la de Orión, mientras la escoltan un séquito de lujo, un vecindario exclusivo compuesto por el Auriga, con quien incluso comparte una estrella (Al Nath) y por Perseo.

Son varios y notables (por no decir ilustres) los objetos que guarda la región, además de la gigante Aldebarán y el cúmulo de las Hyades, que dan título al artículo. A la conocida Nebulosa del Cangrejo, que son los restos de la supernova de 1.054, hay que añadir el no menos célebre cúmulo abierto de Las Pléyades (en la imagen, con Aldebarán y las Hyades a la izquierda), eternas fugitivas del gigante Orión, que con los números 1 y 45, respectivamente, forman parte del Catalógo Messier. Completa tan atractivo reparto, sin desmerecerlo, la brillantísima Al Nath (Beta Tauri), una gigante de color azul y primera magnitud (Mv=+1.68) que por su antigua pertenencia a la constelación vecina del Auriga también es llamada Gamma Aurigae.

Aldebarán es una de las estrellas más bonitas del Cielo y también de las más brillantes. Vestida de un atractivo color naranja, escolta a las Pléyades del brazo de sus hermanas las Hyades, inaugurando la temporada de invierno en los cielos boreales, y dejando una fresca sensación en las tórridas noches del Sur.

Su nombre proviene del árabe الدبران, al-dabarān, que viene a significar “la que sigue”, en alusión a que parece seguir el rastro de las Pléyades en su desplazamiento a través del cielo nocturno. En los pueblos indígenas árabes fue identificada como el gran camello, el macho de la manada, que transita en compañía de las Hyades, que son las hembras, más pequeñas. Sin embargo, en latín recibe el nombre de Oculum Tauri (el Ojo del Toro), y efectivamente ocupa ese lugar en la mayoría de las representaciones de la constelación de Tauro.

Es la estrella más brillante de Tauro, y por eso recibe la letra Alpha como denominación de Bayer (Alpha Tauri o α Tau). Su magnitud visual de +0.85 la sitúa en el decimotercer lugar entre las estrellas más brillantes, aunque sufre una ligera variación (variable pulsante) de su brillo de tan sólo 0.2 magnitudes, imperceptible para el ojo humano. Su luminosidad real es, en cambio, 425 veces superior a la de nuestra estrella, que situada en el lugar en la que está Aldebarán, sería invisible a simple vista. Esto es, una persona situada en las inmediaciones de Aldebarán no vería nada si mirara en dirección a donde se encuentra el Sistema Solar.

Como está situada cerca de la eclíptica, es ocultada periódicamente por la Luna, y esto ha permitido medir su tamaño angular: 0.01996 segundos de arco (según Jim Kaler, el tamaño aparente de una moneda de USA visto a una distancia de 50 kilómetros). Este dato, combinado con su distancia a nosotros, que es de unos 65 años-luz, arroja un tamaño 44 veces superior al del Sol. Situada en el lugar de éste, alcanzaría en el cielo un diámetro de 20º (la mano abierta con el brazo extendido) y llegaría a ocupar hasta la mitad de la órbita de Mercurio. Este tamaño, ciertamente gigantesco, es sin embargo inferior a los centenares de soles de las supergigantes rojas Antares o Betelgeuse.

Aldebarán es una estrella relativamente fría. Su temperatura superficial de 4.010 ºK (inferior a la del Sol, que está a 5.780) le confiere un color anaranjado bastante parecido al de Marte, que se le aproxima con frecuencia, como ocurre con el resto de los planetas, la Luna y el Sol. Es del tipo espectral K5III y no hace mucho que abandonó la secuencia principal y comenzó a fusionar el helio de su núcleo, por lo que en unos pocos de millones de años alcanzará 800 veces la luminosidad del Sol.

Aldebarán tiene una compañera de decimotercera magnitud, y se sospechó de la existencia de un planeta que lo orbitaba, pero este último extremo no ha podido ser confirmado. Veamos a continuación, a modo de resumen, algunas de sus principales características.

Aldebarán
Constelación Tauro
Tipo espectral K5III
Clase Gigante
Color Anaranjada
Magnitud Visual +0.85
Distancia 65 años-luz
Radio 44 soles

La sonda Pioneer 10 llegará a Aldebarán dentro de 1.690.000 años, pero ya en la actualidad sus señales han dejado de llegarnos, debido al debilitamiento de sus fuentes de energía.

Las Hyades (Ὑάδες, Yades, “las lluviosas” en griego) son un brillante y conocido cúmulo abierto visible a ojo desnudo en el invierno boreal, situado 15º por encima del ecuador celeste, en la constelación de Tauro. Representa la cabeza del Toro y forma una V alrededor de Aldebarán, que no forma parte de él, pues ésta se encuentra mucho más cerca, a medio camino, pero se interpone en la misma línea visual. El cúmulo se sitúa a unos 151 años-luz de la Tierra, y es el cúmulo abierto más cercano al Sistema Solar. Aldebarán, sin embargo, está a menos de la mitad.

En un cielo despejado, en ausencia de Luna y alejado de la ciudad, un observador con suficiente agudeza visual podrá distinguir hasta 15 componentes sin ayuda óptica. Con ayuda de binoculares o de un pequeño telescopio, este número se elevará hasta 130, muchas de ellas dobles o sistemas múltiples.

El grupo es conocido desde la Prehistoria, como demuestran incluso algunas pinturas rupestres (arriba, Cueva de Lascaux, en Montignac, Francia), y en la antigua Grecia es mencionada en textos de alrededor de 1.000 años antes de Cristo. Se citan en las obras de Homero y Hesíodo, y en Roma eran llamadas Sidus Hyantis, los portadores de la lluvia. Actualmente recibe diversas denominaciones, pues se incluye en varios catálogos. Así, es llamado Mel20 (Catálogo Melotte), Cr50 (Catálogo Collinder) y C41 (Catálogo Caldwell).

Como se trata de un cúmulo muy extenso, pues tiene un diámetro de unos 330 minutos, un aparato potente no permitirá observarlo en su totalidad, y sólo podrá usarse para estudiar detalles (fotografía de arriba). El instrumento más adecuado será por lo tanto, y como se dijo, unos binoculares, que permiten resolver por completo el grupo.

El cúmulo aparenta que está bastante más disperso que las Pléyades, pero esto se debe sólo a que está tres veces más cerca, y la perspectiva nos da esa falsa impresión. También es bastante más viejo que M45, pues presenta gigantes rojas y estrellas amarillas que denotan bastante más edad que las azules de las Pléyades. Su edad se ha estimado en unos 625 millones de años y tiene un tamaño real aproximado de 75 años-luz de diámetro.

Ya se anotó el hecho de que la región donde se encuentra el cúmulo, la Constelación de Tauro, como todas las del Zodíaco, se sitúa sobre la eclíptica, la línea que sigue la órbita del Sol, la Luna y todos los planetas del Sistema Solar. Por eso, no es de extrañar tampoco aquí, en las cercanías de Las Hyades, la presencia de uno o varios de esos astros, protagonizando bonitos espectáculos que suelen ser objeto de atención para todos los aficionados a la Astronomía en general, y a la astrofotografía de manera muy especial. A continuación, veamos resumidos algunos datos sobre este bonito cúmulo:

Las Hyades (Mel 25, Cr 50, C 41)
Constelación Tauro
Tipo Cúmulo abierto
Tamaño aparente 330 minutos de arco
Radio 50 años-luz
Magnitud Superficial +0.5
Distancia 151 años-luz
Edad estimada 625 millones de años

Mitología

Las Hyades o Híades (también Híadas) eran las doce ninfas hijas de Atlas (Titán condenado a llevar eternamente el mundo sobre sus hombros) y Etra, quienes también tuvieron un hijo varón, llamado Hyas. Atlas también engendró junto a Pleione a Las Pléyades, así es que todas eran hermanas. Un día, cuando Hyas estaba de cacería, fue atacado por un león y murió. El llanto de sus hermanas, las Hyades, fue oído por los dioses, y fueron transformadas en estrellas y colocadas fuera del alcance del león (la constelación de Leo), pues se asoman por el horizonte 6 horas después que Leo. En el cielo continúan, llorando, y con ello provocan las lluvias.

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