Archive for the Generalidades Category

La bitácora se muda

Posted in Generalidades on 19 julio, 2011 by bitacoradegalileo

La bitácora sigue sus andanzas en el nuevo servidor.

Todos los artículos, comentarios, páginas y demás han sido trasladados también a la nueva bitácora, que será el sitio en el que se publiquen las nuevas entradas.

Os esperamos aquí:

La bitácora de Galileo

15 de junio: Las fotos del eclipse

Posted in Generalidades, Luna on 16 junio, 2011 by bitacoradegalileo

No aparecía por ningún sitio. A la hora convenida, la Luna parecía haber faltado a su palabra, y no ofrecía su faz enrojecida. Parecíase como si, realmente azorada, no se atreviera a mostrar su lado más íntimo, y se ocultara tras las brumas que, a esas horas, invadieron el horizonte del este.

No sólo Lucía y Helena (sí, con hache), las dos pequeñas que nos acompañaban, empezaban a mostrar su decepción, sino que también los mayores se asomaban insistentemente a la azotea del edificio (gracias, Anita y Antonio), en busca de algún rastro de la imagen prometida. Por fin, entre la bruma, pudimos divisar al satélite, totalmente eclipsado, y muy bajo en el horizonte. Sabíamos que estaba, y no podíamos verlo, y fue esto lo único que falló en un anochecer que habíamos previsto al minuto y al milímetro.

Menos mal que nuestro amigo Umbriel ha acudido al rescate, y nos envía esta estupenda fotografía, la primera de todas que encabeza este informe de urgencia, muy poquitos minutos después de que la Luna hiciera su aparición sobre el horizonte de levante.

Todos habían colaborado en la preparación del equipo. Las maniobras de nivelado, orientación, montaje y equilibrado fueron esta vez una tarea colectiva y entusiasta, en la que reinaba la ilusión; Pepi y Natalia se afanaban en ello, aunque con la aportación de todos los demás. Así, el pequeño Vincenzo, un Meade de 70 mm con montura altazimutal, pronto fue dominado por los que venían por vez primera. Los más veteranos enseñaban las curiosidades que el cielo nos iba mostrando, conforme el crepúsculo avanzaba. Loli, Miguel y Bienvenido, los nuevos fichajes, observaban entusiasmados.

Yo, por mi parte, me encargué del refractor de 6 pulgadas, cuya montura ecuatorial no es adecuada para el manejo de los principiantes, y también del equipo fotográfico. Fue difícil encontrar el foco adecuado, y no siempre lo conseguí. En mi descargo, he de alegar que la bruma insistía en impedírmelo. Mientras tanto Chica, la perrita, dormitaba tranquila después de haberse agotado jugando tras la pelota.

Una vez divisada, la Luna ya no nos abandonó. Diríase que perdió su temor, y permaneció entre nosotros hasta el final de la sesión. Nos agasajó con todos los colores y luminosidades que habíamos previsto, y resultó un espectáculo único que nos dejó a todos alegría en el espíritu y sonrisa en los labios.

Cuando por fin volvió a iluminarse, comenzamos el desmontaje y la despedida. Cari se notaba satisfecha, Natalia entusiasmada, Pepi contenta y Anita feliz aunque cansada. Aún tuve tiempo de guiñar un ojo al Escorpión, disimuladamente, sin que nadie nos viera, pues sólo él y yo sabemos que muy pronto volveremos a vernos.

“No es que la Luna tenga luz de plata
como nos dicen algunos poetas,
es que de noche se baña en las aguas
de nuestra típica y bella Caleta”

Paco Alba

Anexo

En su comentario, Iridum pregunta por el reflejo que aparece en la parte inferior derecha de esta última fotografía, que resulta ser un paraselene. A continuación incluyo otra imagen, tomada el mismo día, donde se aprecia mucho mejor:

En la respuesta a dicho comentario, he redactado una pequeña explicación sobre este fenómeno.

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15 de Junio de 2011: Eclipse Total de Luna

Posted in Generalidades, Luna on 9 junio, 2011 by bitacoradegalileo

En pleno corazón de la Vía Láctea, entre Ophiuco y Sagitario, muy cerca del Escorpión y brillando en su máximo esplendor, de pronto… se apagará. La Reina de la noche, por una vez, cede su testigo a la oscuridad, con la salvedad extraña del rojo resplandor que le prestan los reflejos de la atmósfera terrestre, que le priva, sin embargo, de la luz solar.

Esto es lo que ocurrirá el próximo día 15 de este mes de junio de 2.011; la Tierra se interpondrá entre el Sol y la Luna, interceptando los rayos que deberían iluminar al satélite, quien por el contrario se verá inmerso en el haz de sombras que nuestro planeta arrojará en forma de cono, e impidiendo con ello que Selene brille como lo hace normalmente. Es un Eclipse Total de Luna. Desde España no se podrá ver la totalidad del evento, y cuando la Luna aparezca sobre el horizonte, lo hará ya eclipsada. Además, como veremos, no alcanzará demasiada altitud sobre el horizonte.

Publiqué, en esta misma bitácora, un extenso informe sobre la naturaleza y características de los eclipses con ocasión del de Luna que tuvo lugar el pasado 21 de diciembre, y remito a los lectores a dicho artículo para ahondar en este interesante fenómeno:

Cuando la Luna se apaga: Eclipses

En este trabajo, y con ocasión del que se producirá el próximo miércoles día 15, me limitaré a recordar algunos aspectos fundamentales, y a relatar cómo, cuándo y en qué circunstancias se producirá la efeméride que se avecina.

Un eclipse lunar se produce, como ya se ha expuesto, cuando el satélite se sumerge en el cono de sombra que la Tierra proyecta en dirección contraria a la que se encuentra el Sol. Pero hay una zona en la que los rayos del Sol sólo son bloqueados parcialmente, y no en su totalidad, porque la estrella es mucho más grande que nuestro planeta. Es el mismo fenómeno que se puede observar en la fotografía de la derecha, en la que la sombra de la mano (y la del antebrazo) tiene dos zonas claramente definidas: Una más oscura, que es la umbra, y otra periférica en la que la luminosidad del foco no ha sido anulada totalmente. Es una parte que aparece algo más clara, y a esa zona es a lo que se llama penumbra.

La Luna, forzosamente, habrá de pasar por la penumbra antes de ingresar en la umbra, la región más oscura. Hablaremos pues de un eclipse penumbral, y otro umbral. Éste último podrá ser también parcial, cuando la Luna no se sumerge totalmente en el cono de sombra, y total, cuando ocurre lo contrario.

La órbita de la Luna tiene una inclinación de unos 5º con respecto al plano de la eclíptica, que es el que determina la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Ambas trayectorias se cruzan en dos puntos, llamados nodos, uno ascendente y otro descendente, según la dirección en la que la Luna se esté moviendo en ese momento.

En los nodos, naturalmente, es mucho más fácil la alineación de los tres astros en línea recta, y esto es lo que provocará el eclipse; de otro modo, la Luna podría pasar por encima o por debajo de la sombra.

Pero en esta ocasión, la Luna estará en el nodo ascendente, por lo que el satélite cruzará por el mismo centro de la sombra producida por la Tierra. Concretamente, la desviación del centro de la Luna con respecto al eje de la sombra apenas será de 5.3 minutos de arco, sólo una sexta parte del diámetro de la Luna. Por eso la fase de totalidad (el eclipse total) durará 100 minutos, un tiempo inusual por su extensión. Esta ligera desviación será favorable al norte selenita, así es que en las regiones boreales del satélite debería producirse una mayor luminosidad.

La lógica nos dicta que en esta fase de totalidad, el satélite debería volverse invisible, pero esto no es así, pues la refracción de los rayos solares en la atmósfera de nuestro propio planeta se ve reflejada en la superficie de la Luna, apareciendo de un color rojizo, que puede tornarse grisáceo dependiendo de las condiciones en las que se encuentre nuestra atmósfera. En este caso, las erupciones de los últimos volcanes, en Islandia, México y Chile, deberían provocar que el astro se presente ligeramente oscurecido, probablemente con tonos parduzcos.

Un observador situado en ese momento sobre la superficie de la Luna, tendría la impresión de que la Tierra está envuelta en llamas, pues estaría asistiendo a un eclipse de Sol causado por nuestro planeta.

Es importante detenerse en la declinación que presentará la Luna en ese momento. Es ésta una magnitud similar a la latitud terrestre, y nos da una idea de la altitud que tendrá con respecto al horizonte. En este caso, el satélite se situará a unos -23º, que equivale, aproximadamente, a la altitud que presenta la Constelación de Escorpio, es decir, estará bastante baja para los observadores boreales, y en todo lo alto para los australes. Para los residentes en la isla de Madagascar, se situará prácticamente sobre sus cabezas (en el cénit).

A continuación he incluido el horario, en tiempo universal, en que comenzará cada una de las fases del eclipse. Usted deberá adaptarlos a su hora local. Por ejemplo, los residentes en Cádiz (y en toda la España peninsular), tienen que sumar dos horas (UTC+2).

Contactos UT
Inicio del eclipse penumbral 17:25
Inicio del eclipse parcial 18:23
Inicio del eclipse total 19:22
Medio del eclipse total 20:13
Final del eclipse total 21:03
Final del eclipse parcial 22:02
Final del eclipse 23:01

Duración del eclipse penumbral: 5 h 36 m 12 s
Duración del eclipse umbral…..: 3 h 39 m 19 s
Duración del eclipse total……..: 1 h 40 m 13 s

Éste es el comienzo del eclipse, en su fase penumbral (17:25 UT). La Luna disminuirá su brillo de forma casi imperceptible, pues comenzará a sumergirse en la penumbra. Desde la Península Ibérica no podrá observarse, pues el satélite aún estará bajo el horizonte y todavía será pleno día. Repare en la posición austral de la Luna, que hará que aparezca bastante baja sobre el horizonte del Hemisferio Norte.

Se inicia el eclipse parcial (18:23 UT). En este momento es cuando la mayoría de los observadores podrán notar los primeros efectos del eclipse, pues ya el satélite comienza a oscurecerse del todo por su limbo occidental. En España y en la totalidad del continente americano aún es de día y la Luna sigue sin aparecer por el este. En pocos minutos (18:31 UT) la sombra de la Tierra sobre la Luna alcanzará al cráter Aristarco, oscureciéndolo totalmente. A las 18:40 alcanzará a Copérnico, y 10 minutos después a Tycho y Platón.

Ahora, la Luna ya está totalmente oscurecida y comienza el eclipse total (19:22 UT). En estos momentos, nuestro satélite, ya eclipsado, aparece sobre el horizonte en la costa más oriental de la Península Ibérica (región de Barcelona). En Japón y en el este de Asia está amaneciendo, y la Luna se marcha por el oeste; para ellos ha terminado la función. En América, es de día.

A las 20:13 UT, la Luna alcanza el punto medio del eclipse, al llegar justo al centro del cono de sombra que proyecta la Tierra. Ahora sí, en toda la Península Ibérica podrá verse, pues ya habrá efectuado su orto por el este, aunque muy baja, y para observarla tendremos que buscar paisajes desprovistos de obstáculos visuales hacia el sureste. La Luna está en el cénit de los habitantes de la Isla Reunión y de la Isla Mauricio, todavía en el Océano Índico. En Londres y en las costas más orientales de Brasil está anocheciendo, y también comienza a vislumbrarse el satélite. Por el contrario en Nueva Zelanda se hace de día, y también dejan de ver el fenómeno.

21:03 UT: Se ha terminado el eclipse total, y la Luna empieza a aparecer parcialmente iluminada otra vez, poco a poco, cada vez más. Aristarco reaparecerá a las 21:08, Copérnico a las 21:20 y Tycho y Platón a las 21:29 UT. Ya ha anochecido en toda la costa atlántica del cono sur americano, y por el contrario en el norte de Escocia y de la Península Escandinava aún es de día, y se han perdido la fase de totalidad. Amanece en el oriente de Australia.

Ahora la Luna ya está otra vez iluminada por completo, aunque con su brillo ligeramente disminuido, de forma imperceptible. Son las 22:02 UT, y ha terminado el eclipse parcial, aunque la Luna aún sigue en la penumbra, es decir, está en un eclipse penumbral. En la mayor parte del continente americano aún es de día y en España, a pesar de haber sobrepasado la medianoche (00:02 del día 16, hora local), la Luna aún no ha alcanzado su tránsito por el sur.

Por fin, ésta será la situación al final del eclipse (23:01 UT). La Luna habrá abandonado la sombra y recuperará todo su esplendor, pues no olvidemos que está en fase de Luna llena. Los observadores del continente africano, Oriente Medio y Asia Central son los que en esta ocasión han tenido más suerte. Al contrario, los residentes en Centro y Norteamérica, y parte de Sudamérica, han sido los menos afortunados. A partir de ahora, el astro entrará en cuarto menguante, hasta que el día 1 de julio, ya en fase de Luna nueva, eclipse al Sol parcialmente.

Antes y después del eclipse, la Luna llena brillará hasta el punto de deslumbrarnos e impedirnos la visión de las estrellas de la región por la que transita. Pero una vez eclipsada, podremos comprobar que se encuentra en la mejor de las ubicaciones por cuanto se separa muy poquitos grados del centro galáctico, y está en plena Vía Láctea, a los pies de Ophiuco, entre las constelaciones de Sagitario y Escorpio. A sólo 15º de distancia, en dirección oeste, encontraremos a Antares, la supergigante roja del Escorpión. Shaula estará a 14º, hacia el sur, y a sólo 8º al sureste, podremos encontrar las brillantes nebulosas de Sagitario, como la Trífida y la de la Laguna. Altair estará a 46º hacia el nordeste.

Hay que anotar, por último, que la observación de un eclipse de Luna no reviste ningún tipo de peligro. Podemos disfrutar de él a nuestro antojo, a simple vista, con prismáticos o con telescopios, sin temor alguno. No ocurre así con el eclipse de Sol, con el que hay que extremar las precauciones, para no dañar seriamente y de forma irreversible a nuestros ojos.

¡Que disfruten de cielos despejados y de una feliz observación!

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El Cielo de la primavera

Posted in Generalidades on 29 marzo, 2011 by bitacoradegalileo

Arturo (izda.) y Spica (centro) son las dos estrellas principales de la primavera boreal

Oscurece. La noche se acorta y en el crepúsculo vespertino Sirio aparece cada día más baja en el suroeste, pues el cielo del invierno toca a su fin anunciando el imperio de la primavera tras el equinoccio. El Cangrejo se instala en el Sur, ejerciendo de frontera entre las estrellas que se van y las que vienen.

De izquierda a derecha: Sirio, la constelación de Orión, Aldebarán y el cúmulo abierto de Las Pléyades (M45)

Entre las primeras, que satisfechas quieren esconderse bajo el horizonte de poniente, Orión y Tauro, el Auriga y Canis Major y Minor, junto con los Gemelos, parecen decir adiós prometiendo un nuevo encuentro cuando se reanuden las nieves. Rígel y Betelgeuse, la propia Sirio y Procyon, Cástor y Pólux, Aldebarán y las Pléyades se conjuran para el próximo año reanudar la fiesta del invierno boreal. ¡Cuántas emociones han sembrado a su paso!.

Mientras tanto, el cielo del este asiste al nacimiento de las nuevas constelaciones que nos acompañarán durante la primavera: El Zodíaco no descansa, y es el turno de El León, y de La Virgen, pero también de El Boyero, que nos trae a la gigantesca Arturo, la estrella más brillante de todo el Hemisferio Norte, que sólo es superada por el brillo de tres luminarias australes: Sirio, Canopus y Alpha Centauri. También merecerán atención Cor Caroli, la estrella más brillante de Los Perros de Caza y la tenue Cabellera de la Reina Berenice, que alberga a la famosa concentración de galaxias conocida como el Cúmulo de Coma.

Es en esta época, además, cuando la Osa Mayor alcanza su mayor altitud sobre el horizonte del norte. El conocidísimo asterismo de El Carro será una muy útil referencia para la localización de diferentes estrellas, que nos conducirán a la identificación del conjunto de las constelaciones de la estación. Este recurso se verá complementado por otros asterismos que mostraré, y que facilitarán la identificación de las más importantes estrellas de cada constelación.

La estrella más notable de la primavera es Arturo, o Alpha Bootis (en el centro de la imagen; a la derecha está la Osa Mayor). Desde Europa, sólo es superada en brillo por Sirio, ya que ni Canopus ni Alpha Centauri son visibles en estas latitudes. Esta última, incluso, es más tenue que Arturo individualmente considerada, pero la supera en su brillo conjunto al ser una estrella múltiple.

Para la identificación de Arturo, localice en primer lugar a la Osa Mayor (El Carro, la Sartén, el Cazo, el Arado, …), en el norte, y prolongue la imaginaria línea curva que une a las tres estrellas de la cola (Alioth, Mizar y Alkaid), hasta encontrar al punto más brillante del cielo en esa región, pues Sirio ya estará muy alejada y con poca altitud en el suroeste, si es que no ha desaparecido ya bajo el horizonte.

Arturo es un astro magnífico. Su tremenda luminosidad hizo pensar que estaba mucho más cerca de lo que está, pero al saberse que su distancia a nosotros es de 36.7 años-luz (relativamente cercana, pero 8.5 veces más distante que Alpha Centauri y 4 veces más alejada que Sirio) se supo también que tan intenso brillo se debe a razones intrínsecas, pues se trata de una estrella gigante, de color anaranjado, 24.5 veces mayor que el Sol. Es visible hasta latitudes de 50º al sur del ecuador y su magnitud visual es de -0.04. Su nombre deriva del griego Αρκτοῦρος (Arcturus), que significa “el guardián del Oso”, en referencia a su proximidad a la Osa Mayor. Las siete estrellas principales de la Osa eran conocidas como los siete bueyes (septem triones), de donde se deriva septentrión para significar al viento procedente del norte, y la constelación de Boötes es también conocida por su significado en castellano, El Boyero.

Una vez localizada Arturo, prosigamos con más estrellas. Tenga en cuenta que la rotación de la Tierra hará variar la izquierda y derecha según nuestros conceptos, que no son válidos en Astronomía. Así las cosas, continúe en la dirección en que encontró Arturo, para topar con una preciosa estrella: Spica, la más brillante de la Constelación de Virgo.

Spica es Alpha Virginis y su nombre significa la Espiga, siendo también conocida bajo esta denominación. Se trata de una gigante blanco-azulada tipo espectral B1 de magnitud variable, debido a la presencia de una tenue compañera, que hace que su brillo oscile entre +0.95 y +1.06. Se clasifica como la decimoquinta más brillante entre todas las estrellas y se encuentra a una distancia de unos 260 años-luz de nosotros, lo que significa que cuando la luz que ahora llega hasta nosotros salió de la estrella, Charles Messier rondaba los 20 años y moría Juan Sebastián Bach.

Como miembro que es de una constelación zodiacal, se encuentra muy cerca de la eclíptica, por lo que es ocultada frecuentemente por la Luna y los planetas. En la imagen, una bonita conjunción entre la Luna, Venus y Marte forma un triángulo, en el centro. El punto brillante arriba a la derecha del trío es Spica.

Una tercera estrella, Regulus (Alpha Leonis), que es la principal integrante de la Constelación de Leo, completará la cabecera del reparto sobre el escenario celeste de la primavera. Como se indica en el esquema de la izquierda, también se puede localizar partiendo de la constelación de la Osa Mayor. La siguiente imagen muestra a Regulus con Regulus B cerca de ella, a la derecha de su brillante compañera. En la esquina inferior derecha, aparece la galaxia enana Leo I, distante unos 800.000 años-luz de nosotros.

Regulus, el pequeño rey o Régulo, llamada Cor Leonis por Copérnico, es un sistema estelar cuádruple cuya componente principal, Regulus A, es una estrella blanco-azulada, de tipo espectral B7, que se encuentra, como nuestro Sol, en la secuencia principal, lo que significa que aún está en la fase de fusión nuclear de hidrógeno en helio, de donde proviene su energía, pero cuya temperatura superficial es mucho más elevada, unos 12.000 ºK, lo que le hace ser 140 veces más luminosa. Tiene una magnitud visual de +1.35 y está a una distancia de 77 años-luz del Sistema Solar. Su diámetro es cuatro veces superior al del Sol. Tiene una compañera anaranjada, Regulus B, una K1 con magnitud 8.12, que está separada cerca de tres minutos de arco de la estrella principal.

Veamos a estas tres estrellas, Arturo, Spica y Regulus, juntas en una sola carta celeste:

Ahora según se observa desde Buenos Aires, en el Hemisferio Sur:

Obsérvese como en estos días (escribo en la primavera de 2.011), Saturno se integra en el paisaje, pero teniéndolo en cuenta no habrá lugar a confusión. Como Arturo, Spica y Regulus son las tres estrellas más brillantes de esta estación, suele definirse un triángulo cuyos vértices son ellas mismas, llamado Triángulo de Primavera:

Veámoslo ahora en una fotografía real, sobre la estela de la nave Soyuz TMA-17, en la plataforma de lanzamiento del cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán, tomada en diciembre de 2.009:

Ahora Saturno está aún más cerca de Spica. He reproducido a la derecha la misma imagen, pero etiquetada con las tres estrellas del Triángulo de Primavera. También he señalado a Saturno. A medio camino entre Arturo y Regulus, hay una importante estrella, Denébola (Beta Leonis):

Denébola (Beta Leonis) está situada en la cola del León, lo que justifica su nombre (del árabe Dhanab, cola, como ocurre con Deneb en el Cisne, o Deneb Algenib en Capricornio). Es una estrella blanca de tipo A3, distante 36 años-luz de la Tierra y con una magnitud de +2.14. Posee también una compañera anaranjada, aunque muy tenue, de magnitud +15.7. Denébola nos va a servir para construir un triángulo alternativo, que resultará prácticamente equilátero y por tanto todavía más fácil de localizar:

Espero que con estas indicaciones usted pueda orientarse e identificar estas estrellas, y con ello a sus respectivas constelaciones, y le sirva para iniciar un estudio más profundo del cielo, o simplemente conformarse con lo que hemos visto. Recapitulemos: Comenzamos localizando el famoso asterismo del Carro, en la Osa Mayor, dirigiendo nuestra mirada hacia el norte; partiendo de la curva que dibujan, de manera imaginaria, las tres estrellas de la cola de la Osa, llegamos a la brillante Arturo, en la constelación del Boyero; continuamos el mismo camino, hasta Spica, en Virgo. Por último, construimos los dos triángulos, con Regulus el mayor, y con Denébola el triángulo equilátero, ambas en la constelación de Leo. Pero… todavía hay más: Una estrella solitaria que queda ahí en el centro, hasta ahora ignorada, rotulada como Cor Caroli, nos va a permitir construir un nuevo asterismo, conocido como El Diamante de Virgo. Atractivo nombre, ¿verdad?; pero conozcamos primero a la estrella:

Si pulsa sobre la imagen, podrá aumentarla hasta que distinga perfectamente dos estrellas. Efectivamente, Cor Caroli es una estrella doble. Recibió su nombre, que significa “El corazón de Carlos”, de Edmundo Halley, en honor del rey Carlos II de Inglaterra, bajo cuyo reinado se fundó el Observatorio de Greemwich. Se trata de la principal componente de la constelación de Canes Venatici, los Perros de Caza, o los Lebreles. Por eso recibe la denominación de Bayer de Alpha Canum Venaticorum, o α CVn. La forma de localizarla, también a partir de la Osa Mayor, se indica en el esquema de la derecha. La componente principal, a la que se denomina α2 Canum Venaticorum, es una estrella blanca de magnitud visual +2.9, situada a 110 años-luz de distancia. A una separación angular de 19” de arco, suficiente para ser resuelta con facilidad, se sitúa una compañera blanco-amarillenta de quinta magnitud que recibe el nombre de α1 Canum Venaticorum. Pues bien, si añadimos Cor Caroli al triángulo formado por Arturo, Spica y Denébola, obtenemos el Diamante de Virgo:

Mi recomendación es que busquen a todas estas estrellas a ojo desnudo, pues ya tendrán tiempo de estudiar con más detalle objetos más tenues, como son las nebulosas, cúmulos y sobre todo galaxias que alberga la región, particularmente los cúmulos de galaxias de Virgo y de Coma Berenices. Pero también el cúmulo globular M3 en el Boyero, y el abierto de El Pesebre (M44) en Cáncer, sin olvidar las galaxias de Leo y muchas otras maravillas.

Y nada más. Hasta la próxima entrega, disfruten de cielos despejados y de felices observaciones.

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Hoy cumplimos un año

Posted in Generalidades on 4 febrero, 2011 by bitacoradegalileo

Ya es 4 de febrero en el limpio pero frío cielo de la noche gaditana, a orillas del Atlántico, que nos trae los aires americanos, donde tantos amigos tenemos. Hace un año, tal día como hoy, La bitácora de Galileo iniciaba su singladura, con más ilusión y ganas que otra cosa, pues yo no tenía la más remota idea de cómo se hace la cosa esta de escribir un blog. Con unas rápidas instrucciones de Álvaro, mi hijo, y los ánimos del resto de los componentes de la familia, colgué mi primer artículo, que sería la antesala de otros muchos. Entonces, lógicamente, sólo nos conocían unos pocos amigos, y cuando registrábamos dos docenas de visitas en un día, era todo un éxito. En el día que acaba de finalizar, han venido a visitarnos más de medio millar de personas, y ya son más de 64.000 las veces que los lectores nos han honrado con su presencia. Un año hemos tardado en llegar hasta aquí, y me siento satisfecho. A tales resultados han contribuido muchas personas, y quiero en primer lugar anotar a Carmen, Ana, Cari y Namobu, que desde Cádiz nos enriquecieron con sus comentarios, así como Umbriel, que lo hizo desde Asturias. Las intervenciones de Linda, Ángel y Edgar desde el hermoso y querido México nos llevaron también hasta donde estamos, así como las aportaciones de Arlequín, desde las tierras orientales del Uruguay, y las de Hedin desde su amado Perú. Otras personas, aunque con menos asiduidad, también ayudaron a llevar la bitácora hacia adelante y escribieron comentarios desde tierras argentinas hasta los Estados Unidos de América, pasando por muchísimos otros estados latinoamericanos.

Algunas otras personas, me consta, visitan asiduamente la bitácora, aunque nunca escribieron, pero son tan responsables del éxito obtenido como los anteriormente citados, pues son los lectores la sal y la salsa de esta página.

A todos ellos, a los que contribuyeron a la difusión de la bitácora por facebook, twitter y herramientas similares, y también a los que sólo vinieron una vez, y nunca más volvieron, gracias. Muchas gracias. Porque todos son La bitácora de Galileo.

Así es que hoy toca celebrarlo. Y para ello, he preparado un índice del Catálogo Messier. Es una lista de objetos astronómicos que Messier elaboró, comenzando por la Nebulosa del Cangrejo, a la que catalogó como M1, y que consta de 110 cúmulos abiertos y globulares, nebulosas y galaxias, que le molestaban en la búsqueda de cometas, que era su ocupación. Precisamente, la Nebulosa del Cangrejo le despistó varias noches consecutivas mientras esperaba la llegada del famoso Cometa Halley. Anotó su posición, y con ello inauguró el catálogo más famoso de cuantos existen.

La lista completa figurará a partir de hoy, y ya pueden pulsar con su ratón, en la columna de la derecha, en lo más alto, con el título de Catálogo Messier. Encontrarán también en el listado enlaces al lugar de la bitácora donde hemos tratado el objeto concreto, y en su caso iré añadiendo los que en el futuro sean estudiados.

Y nada más, sólo reiterarles mi sincero agradecimiento, y darles una noticia: ¡Seguimos navegando!. Saludos cordiales.

Los números de 2010 (remitido por WordPress)

Posted in Generalidades on 6 enero, 2011 by bitacoradegalileo

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: Wow.

Números crujientes

Imagen destacada

Alrededor de 3 millones de personas visitan el Taj Mahal cada año. Este blog fue visto cerca de 51,000 veces en 2010. Si el blog fuera el Taj Mahal, se necesitarían alrededor de 6 días para visitarlo.

In 2010, there were 59 new posts, not bad for the first year!

The busiest day of the year was 21 de diciembre with 605 views. The most popular post that day was Cuando la Luna se apaga: Eclipses.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran mail.live.com, google.es, facebook.com, search.conduit.com y meneame.net.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por osa mayor, tycho brahe, urano, platon y bitacora de galileo.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

Cuando la Luna se apaga: Eclipses diciembre, 2010
18 comentários y 1 “Me gusta” en WordPress.com,

2

Las diez estrellas más brillantes del Cielo nocturno febrero, 2010
25 comentários

3

La Osa Mayor febrero, 2010
6 comentários

4

Orión, la Catedral del Cielo febrero, 2010
15 comentários

5

La Galaxia de Andrómeda julio, 2010
10 comentários

Cuando la Luna se apaga: Eclipses

Posted in Generalidades on 13 diciembre, 2010 by bitacoradegalileo

Un eclipse es un evento astronómico durante el cual un astro se interpone entre otros dos, impidiendo que la luz de uno de ellos pueda llegar al tercero. Se produce, por lo general, cuando un planeta o un satélite natural oculta al observador una fuente de luz, como una estrella u otro astro iluminado, de forma temporal. En general, hablamos de eclipse refiriéndonos a las ocultaciones del Sol que tienen lugar en el sistema TierraLuna, aunque el término no es exclusivo de estos casos. Recuérdense los sistemas estelares llamados binarias eclipsantes (animación de arriba, a la derecha), tipo Algol, por ejemplo.

Pero no siempre que tres astros se alinean hablamos de eclipses. Cuando el objeto que se interpone es demasiado pequeño para obstruir la fuente de luz, preferimos hablar de un tránsito, como los que protagonizan los planetas Venus y Mercurio a través del disco solar, o los de los satélites galileanos sobre la superficie de Júpiter (arriba, Io y su sombra, sobre Júpiter, fotografiados por el Telescopio Espacial Hubble). En el caso contrario, cuando el astro que se interpone es mucho mayor, entonces nos referimos a una ocultación, como las que tienen lugar entre la Luna y algún planeta (a la derecha, Venus y la Luna, que eclipsa al Sol, fotografiados por la sonda Clementine), o muchas estrellas que se sitúan cercanas a la eclíptica (la línea que describen la Tierra y todos los planetas en su órbita alrededor del Sol).

La palabra eclipse tiene su origen en el griego Έκλειψις (Ekleipsis), desaparición, abandono y también dejar atrás.

Casi siempre que hablamos de eclipses nos referimos a la alineación de la Tierra con la Luna y el Sol, ocasionándose mutuas obstrucciones de la luz solar, que de esa manera ve interrumpido su trayecto normal. Ocurre esto porque tanto la Tierra como la Luna originan sendos conos de sombra en dirección opuesta a la situación del Sol y si uno de los dos astros, como ocurre con frecuencia, irrumpe en esa zona de sombra, de inmediato será eclipsado. Si es la Luna la que se interpone (esquema superior), su cono de sombra oscurecerá una parte de la Tierra, que verá llegar la noche en pleno día (en el caso de que el eclipse sea total). Cuando sea la Tierra la que se sitúe en medio del Sol y la Luna (segundo esquema), será el satélite quien se verá oscurecido, y nosotros lo observaremos eclipsado. Nótese que un astronauta situado en la superficie de la Luna observaría un eclipse de Sol.

La sombra de la Luna sobre Chipre y Turquía durante el eclipse total de Sol de marzo de 2.006, según se vio desde la Estación Espacial Internacional

En los eclipses de Sol, un importante aspecto a considerar será la distancia que en ese momento separe a la Tierra de la Luna, pues la órbita de ésta respecto a aquélla es excéntrica, y el satélite sufre un mayor acercamiento al planeta (perigeo), y una distancia máxima (apogeo), lo cual redunda en que ocupará en el cielo un tamaño aparente variable (menor en el apogeo, mayor en el perigeo). Todo ello va a determinar si el satélite tendrá un tamaño suficiente para tapar a todo el Sol, o si por el contrario “sobrará” Sol por los bordes. En el primer caso, tendremos un eclipse total, y en el segundo un eclipse anular, pues la porción del Sol que sobresale se asemeja a un anillo (de oro, como es natural). Si la Luna no cruzara por el centro mismo de la estrella, el eclipse sería parcial, produciendo en la Tierra sólo una disminución de la luminosidad del día, pero no un oscurecimiento tan ostensible. Los eclipses de Sol suelen durar unos minutos, y se localizan sobre una estrecha franja de la superficie terrestre. Son dos notables diferencias con respecto a los eclipses de Luna, como veremos a continuación. Otra diferencia fundamental es que para que se produzca un eclipse de Sol, el satélite debe estar en fase de Luna nueva, esto es, en conjunción con la estrella.

MUY IMPORTANTE: Nunca mire al Sol directamente. Sufrirá graves daños en sus ojos que afectarán a su visión y serán irreversibles.

Cuando sea la Tierra la que se interponga entre la Luna y el Sol, será el cono de sombra de nuestro planeta el que se proyecte hacia la Luna, oscureciéndola, como ya se dijo. Son los eclipses de Luna, con los cuales no hay que tener precaución alguna, al contrario de lo que ocurre con los eclipses de Sol. No tomen a broma la advertencia anterior, que figura sobre fondo amarillo.

Los eclipses de Luna sólo pueden ocurrir con Luna llena, pues se necesita que el satélite se encuentre en oposición, esto es, en una posición totalmente opuesta a la que ocupe el Sol. Como el radio ecuatorial de la Tierra es unas cien veces inferior al del Sol, la luz proyectada por éste provoca un cono de sombra convergente, donde los rayos del Sol son bloqueados por la propia Tierra, y otro de penumbra divergente a la que sólo llega una parte de los rayos. Ambas zonas van a definir los diferentes tipos de eclipse lunar. Así, pueden darse eclipses de Luna totales, parciales y penumbrales, según la Luna invada el cono de sombra en su totalidad, en parte, o sólo pase por la zona de penumbra. Los eclipses penumbrales, en los que el satélite no llega a invadir el cono de sombra, sólo se manifiestan en una ligera disminución de la luminosidad de la Luna, pues un observador situado en la superficie selenita, lo que vería sería un eclipse de Sol parcial.

En un eclipse parcial, la Luna no se adentrará por completo en el cono de sombra, sino sólo en una parte, que es la que se verá oscurecida.

Por fin, los eclipses de Luna totales son los más interesantes y espectaculares. Para que se dé (además de alinearse con el Sol y la Tierra en fase de plenilunio), antes la Luna debe pasar por la penumbra, en un eclipse penumbral, y luego penetrar poco a poco en el cono de sombra (eclipse parcial) hasta que se encuentre dentro de ella en su totalidad (eclipse total). Luego volverá a la fase parcial, y saldrá de nuevo por la penumbra. En total, ¡5 eclipses por el precio de uno!.

En la fase de eclipse total, un astronauta situado en la superficie lunar, en su cara más cercana, estaría viendo a la Tierra tapando al Sol completamente, en un eclipse solar y, lógicamente, la Luna debería hacerse invisible para nosotros y desaparecer ante nuestros propios ojos. Pero no ocurre así, pues la luz refractada por nuestra propia atmósfera hará que la veamos con un tono marcadamente anaranjado, que puede tornarse rojizo, marrón y hasta grisáceo, dependiente de las condiciones particulares en que se encuentre nuestra capa gaseosa en ese momento. Es el mismo efecto por el que vemos el cielo enrojecido durante muchos atardeceres. En concreto, el brillo de la Luna durante un eclipse total es muy sensible a la presencia de polvo volcánico reciente en nuestra propia atmósfera. La duración de un eclipse total de Luna puede ser de hasta 100 minutos.

21 de diciembre de 2010: Eclipse total de Luna

El próximo día 21 (escribo en la primera mitad del mes de diciembre del año 2010), tendrá lugar uno de estos acontecimientos: Un eclipse total de Luna. El evento podrá verse en toda Norteamérica y América Central, Groenlandia e Islandia, aunque en la vertiente del Pacífico norteamericana, Alaska y Hawai el eclipse comenzará el día 20. El sector oeste de Europa será testigo sólo de las fases iniciales, y lo mismo ocurrirá con la mayor parte del subcontinente sudamericano. La vertiente oriental asiática podrá asistir a las últimas fases de la efeméride, a la salida de la Luna en la puesta de Sol.

La zona de sombra (cono umbral) tendrá un diámetro equivalente a unas tres veces el de la Luna, y el cono de penumbra cinco veces mayor que el satélite, y los tiempos para cada fase pueden verse en el siguiente diagrama, bien entendido que el horario está expresado en Tiempo Universal:

Es decir, el primer contacto con la sombra será a las 6:33 UT, momento en el que comenzará a oscurecerse el disco lunar. En Cádiz ya serán las 7:33 am, pero en Ciudad de México… uf, creo que será mejor ponerlo todo en una tabla:

Contactos UT Cádiz México
Penumbra 05:29 06:29 23:19*
Sombra 06:33 07:33 00:33
Inicio E.Total 07:41 08:41 01:41
Medio E.Total 08:17 09:17 02:17
Final E.Total 08:53 09:53 02:53
Fin Sombra 10:01 11:01 04:01
Final 11:05 12:05 05:05

Duración del eclipse penumbral: 5 h 35 m 14 s
Duración del eclipse umbral…..: 3 h 28 m 43 s
Duración del eclipse total……..: 1 h 12 m 21 s

* En México el primer contacto se producirá cuando todavía no haya llegado la medianoche, o sea, aún será el día 20.
En Cádiz, la Luna se pondrá a las 7:37 UT, y a partir de ese momento estará bajo el horizonte del oeste, así es que habrá que esperar una ocasión mejor, y contentarse con lo que nos cuenten nuestros amigos mexicanos.

Es de resaltar que este eclipse probablemente sea más oscuro que otros anteriores, pues en la atmósfera aún perduran los efectos de la reciente erupción del volcán del Monte Merapi, en Indonesia. Eso enrojecerá aún más el aspecto de la Luna eclipsada, y puede que incluso adopte tonos marrones. No creo que llegue más allá.

La página Javascript Eclipse Lunar Explorer le permitirá calcular las condiciones de visualización de éste y de todos los eclipses, más allá de los que pueda necesitar, en su ciudad, o en alguna importante ciudad cercana.

Por último, y de forma totalmente egoísta, deseamos a los residentes del otro lado del Atlántico que tengan excelentes condiciones de visualización, porque así nosotros nos beneficiaremos de su relato.

¡Cielos despejados y feliz observación!

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