Archivos para Estrellas dobles

Alpha Centauri, la estrella más cercana

Posted in Estrellas with tags , on 9 julio, 2011 by bitacoradegalileo

Situado en la Constelación del Centauro, el sistema estelar de Alpha Centauri es el más cercano a nuestro Sistema Solar. Todas las demás estrellas están a mayor distancia. Esta particularidad, por sí sola, la hace muy interesante, pero además concurren otras circunstancias que la convierten en una de las más atrayentes del cielo nocturno. Resulta ser, en su conjunto, la tercera estrella más brillante de todas, y junto con Hadar (Beta Centauri), las dos en la imagen de la derecha, es una muy importante y útil referencia para la localización de la Cruz del Sur. Además, y como se trata de una estrella triple, Alpha Centauri A, la componente principal, se constituye en una buena candidata para la búsqueda de planetas del mismo tipo que la Tierra, capaces de albergar vida en la forma en que la conocemos en caso de que existan.

La Constelación del Centauro es una de las más extensas y conocidas del cielo. Con una declinación claramente meridional, que la hace pertenecer casi en exclusiva a los cielos australes, contiene destacados objetos de cielo profundo, entre los que hay que destacar el cúmulo globular Omega Centauri, que es el más notable de la Vía Láctea entre los de su clase, y la galaxia lenticular gigante Centauro A (en la fotografía de la izquierda), que es además una importante fuente de radiación. Sus dos principales estrellas son Alpha Centauri, llamada Tolimán, y Beta Centauri, también conocida como Hadar. No son visibles desde Europa, y sólo pueden admirarse desde latitudes más al sur del paralelo +30º, a pesar de lo cual Alpha Centauri es una de las estrellas más famosas del cielo, rivalizando con Sirio y la Estrella Polar.

Su posición es tan decididamente austral que incluso los residentes en Wellington, Camberra, Johannesburgo, Buenos Aires o Santiago de Chile también tienen que mirar hacia el sur para encontrarlas. Algo parecido a lo que ocurre con la Osa Mayor en el Hemisferio Norte.

Las dos estrellas, Alpha y Beta Centauri, son llamadas las apuntadoras de la Cruz del Sur, porque uniendo ambas con una imaginaria línea recta, y prolongándola hacia el oeste, llegaremos a la estrella Gamma de Crux, Rubídea. Es éste un recurso ampliamente utilizado no sólo para la localización de esta importante constelación, sino también para evitar confundirla con la llamada Falsa Cruz, que se encuentra más al oeste, entre las constelaciones de Vela y Carina.

Alpha Centauri recibe también otros nombres alternativos, como Rigel Centaurus o Rigil Kentaurus (el Pie del Centauro), y con menos frecuencia el de Toliman. Considerada desde la Antigüedad como una sola estrella, su magnitud conjunta de -0.27 la erige como la tercera más brillante del cielo nocturno, sólo superada por Sirio y Canopus. Hoy sabemos, sin embargo, que Arturo la supera, si consideramos el brillo de sus componentes individuales.

Es, claramente, la estrella más cercana al Sol, aunque su distancia esté en torno a los 40 billones (un 4 seguido por 13 ceros) de kilómetros, unos 4.35 años-luz. La tercera componente, no obstante, se encuentra algo más cercana, pues orbita a las otras dos y ahora se sitúa a unos 4.22 años-luz. Es llamada por eso Próxima Centauri. Ésta sí es, sin excepciones ni matices, la estrella que está más cerca de nuestro Sol.

El primero en avistar la duplicidad de Alpha Centauri fue el Padre Richaud de Pondichery quien, en el año 1.689 pudo observar a la segunda componente desde la India, cuando estudiaba la trayectoria de un cometa. La tercera componente, llamada Próxima Centauri, no fue descubiera hasta el año 1.915, cuando el astrónomo británico Robert Thornburn Innes la avistó desde Suráfrica.

Es interesante anotar la posición del Sol cuando se observa desde aquellos lares. Nuestra estrella aparece como una brillante componente de la Constelación de Casiopea, con magnitud visual de +0.5. En cambio, desde Próxima, sus compañeras A y B se proyectan sobre la Constelación de Hércules, muy cercanas a M13, el Gran Cúmulo de Hércules.

La componente principal del sistema, Alpha Centauri A (magnitud visual -0.01), es una enana amarilla de tipo espectral G2V, el mismo que el del Sol, y con un extraordinario parecido a nuestra estrella, no sólo en cuanto al color, sino también por su tamaño (radio = 1.23 veces el del Sol), su masa (un 10 % mayor) y su temperatura (entre 5.790 y 5.850 ºK, frente a los 5.780 del Sol). Tampoco su luminosidad es excesivamente mayor: sólo una vez y media más que la de nuestra estrella. Enseguida veremos la importancia que todo esto tiene.

Separada por sólo 23 Unidades Astronómicas de la anterior, un poco más de la distancia entre Urano y el Sol, Alpha Centauri B es una enana anaranjada (tipo espectral K1V) de magnitud visual +1.35, algo más pequeña, menos masiva y más fría (entre 5.260 y 5.320 ºK) que el Sol. Las dos estrellas, A y B, orbitan entre sí con un periodo de 80 años. Individualmente considerada, es la estrella número 21 en el orden de brillo entre todas las existentes. Tiene, en cambio, sólo un 50 % de la luminosidad solar.

Alpha Centauri C, más conocida como Próxima Centauri, o simplemente Próxima, está mucho más separada, y es la más tenue y fría de las tres. Ni siquiera es seguro que esté ligada a las otras dos gravitacionalmente. En el caso en que sí lo estuviera, su órbita habrá de tener una duración superior al medio millón de años, probablemente un millón. En estos momentos transita por un lugar más cercano al Sistema Solar que las otras dos. Es una enana roja, tipo espectral M5V, cuya masa es una octava parte la del Sol y su radio la séptima parte, lo que unido a su baja temperatura de 3.040 ºK la hacen brillar con undécima magnitud, y se necesitan potentes telescopios para avistarla, a pesar de ser la más cercana entre los millones y millones de estrellas de la Galaxia. Desde A y B, Próxima brilla con 5ª magnitud, apenas visible para el ojo humano.

La rara similitud entre el Sol y Alpha Centauri A, ya apuntada más arriba, ha disparado las especulaciones sobre la posibilidada de que esta estrella pudiera tener planetas tipo terrestre en su zona de habitabilidad, capaces por lo tanto de albergar algún tipo de vida, incluso inteligente. En efecto, las propiedades de la estrella parecen permitirlo, y por eso los investigadores se afanan en la búsqueda de algún astro de ese tipo, que habría de situarse a un máximo de 2 UA (Unidades Astronómicas, la distancia media Tierra-Sol), pues B llega a acercarse a 11 UA. Dentro de esos límites están, con respecto al Sol, cuatro planetas: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, cuya distancia al Sol es de sólo 1.5 UA.

El descubrimiento en el año 2.001 de que Alpha Centauri A sufre pulsaciones cada 7 minutos, no disminuye un ápice tal posibilidad, en orden a la estabilidad térmica de la estrella, pues el Sol también experimenta tales variaciones, y lo hace con sólo 5 minutos de periodo. La pequeña diferencia en cuanto a la temperatura, tampoco sería un inconveniente, si el planeta “candidato” se situara a unas 1.25 UA de la estrella. Además. Alpha Centauri A tiene una edad adecuada (es algo más vieja que el Sol), lo que le ha permitido contar en su composición química con la suficiente cantidad de elementos más pesados que el helio (que los astrónomos llaman metales), como para dar el sí a esta ilusionante posibilidad. Incluso Alpha Centauri B tiene alguna oportunidad, pero… ¡cuidado!, sólo es una posibilidad. Aún no sabemos si realmente desde allí nos está mirando alguien.

Mitología

Los centauros eran criaturas mitológicas, mitad hombre mitad caballo, con fama de huraños y violentos. Eran considerados inhóspitos e ignorantes, salvajes y nada amantes de las artes. Pero hay una excepción honrosa en la figura de Quirón, un centauro amable, sensible y de buen carácter, amante de la música y la poesía, que educó en éstas y en otras disciplinas a Aquiles, Heracles (Hércules), Jasón y Teseo, entre otros. La imagen de la derecha es una pintura del artista flamenco Pedro Pablo Rubens.

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La Constelación de Cygnus (el Cisne)

Posted in Constelaciones with tags , , , , , on 30 junio, 2011 by bitacoradegalileo

La espectacular Constelación del Cisne, llamada también en ocasiones La Cruz del Norte, es una de las más hermosas regiones de todo el cielo. Brillantes estrellas, entre las que hallamos la supergigante blanca Deneb, que es uno de los vértices del famoso Triángulo de Verano (junto con Vega en la Constelación de Lyra y Altair en la del Águila), y también la bellísima Albireo, a mi entender la estrella doble más bonita de todas cuantas podemos admirar.

Sorprendentes nebulosas, entre las que destacan la Nebulosa Norteamérica, la del Pelícano, la de la Mariposa y la del Velo (que es el resto de una antiquísima supernova), entre otras, ricos campos estelares con multitud de estrellas jóvenes, muy calientes, cúmulos abiertos pertenecientes al Catálogo Messier, como M29 y M39, o una intensa fuente de radiación, el llamado Cygnus X-1, completan un paisaje que merece no una, sino muchas noches de observación y deleite, en una zona del cielo surcada por el Brazo de Orión de la Vía Láctea, que es una región externa, en dirección contraria al centro galáctico, donde se encuentra Sagitario.

El nombre oficial de la constelación es Cygnus, y su genitivo Cygni, así es que las dos estrellas citadas se denotan como Alpha Cygni (Deneb) y Beta Cygni (Albireo); la abreviatura es Cyg, de forma que también puede escribirse α Cyg y β Cyg respectivamente. Ambas estrellas son la cola y el pico del ave, que se representa en vuelo, y no posada sobre un plácido lago, como yo erróneamente imaginaba cuando comencé a estudiar la cosa esta de las constelaciones. Curiosamente, la cola del cisne (Deneb) se corresponde con el cabecero de la cruz, y viceversa, Albireo está en la cabeza del ave, pero es el pie de la cruz. Otras tres estrellas, Gamma, Delta y Epsilon, completan el asterismo de la cruz, la primera en el crucero y las otras constituyen los extremos del travesaño, y también las alas del ave, que vuela en dirección sur. Las cinco estrellas tienen un brillo suficiente como para ser avistadas con relativa facilidad.

La abundancia de nebulosas y de campos estelares se debe a la presencia en la región de la Vía Láctea, que confiere un tono lechoso al “cuerpo” del ave, y que está dividida en dos a lo largo por una zona oscura, llamada Hendidura del Cisne, conocida también como Saco de Carbón Boreal, por analogía con la nebulosa oscura del mismo nombre en la constelación de la Cruz del Sur.

Aunque puede observarse desde mucho antes y hasta mucho después, Cygnus alcanza su tránsito en la medianoche entre los meses de julio y agosto, y se muestra muy alta en el Hemisferio Norte, pues está cruzada por el paralelo +40º. Desde la primavera y hasta bien entrado el otoño es posible verla desde latitudes septentrionales. En el Hemisferio Sur se podrá ver durante el invierno austral. Para su localización, sólo hay que buscar al Triángulo de Verano, un conjunto de tres brillantísimas estrellas, una de las cuales es Deneb, y las otras dos Vega, que es la quinta estrella más luminosa de todo el cielo nocturno, y Altair, la más brillante componente de la Constelación del Águila. Albireo, el pico del Cisne, se sitúa entre Vega y Altair, pero dentro de los límites del Triángulo, ocupando su baricentro.

En el Hemisferio Sur, aparece bastante baja sobre el horizonte norte, aunque todavía puede vislumbrarse. En la ciudad de Santiago de Chile (situada a 33º27′ de latitud sur), Deneb aún alcanza unos 11º sobre el suelo, y es posible disfrutar de toda la constelación, a pesar de su condición claramente septentrional. A finales del mes de agosto alcanzará su máxima altitud alrededor de las 22:30 hora local. Antes de esas fechas lo hará un poco después; en fechas posteriores, un poco antes.

Principales estrellas

La Constelación de Cygnus cuenta con más (bastante más) de un centenar de estrellas con magnitud inferior a +6.00, es decir, en el límite de la visibilidad a ojo desnudo cuando los cielos ofrecen una buena calidad de observación. Así pues, son muchas las que merecerían una detallada visita, pues el catálogo de estrellas interesantes es copioso. Estrellas dobles, triples y múltiples, así como variables de todo tipo tienen aquí una amplia representación.

En un artículo como éste, pues, no es posible rendir la atención adecuada a cada una de ellas, así es que me he limitado a presentarles las cinco más brillantes, que forman el asterismo de la constelación, y que permitirá, a posteriori, un estudio más detallado por parte del aficionado más interesado.

Deneb (Alpha Cygni) es la más brillante de toda la constelación, y una de las más notables del cielo nocturno, la decimonovena en el orden de brillo entre todas ellas, con una magnitud visual de +1.25. Para los residentes australes que no puedan alcanzar a verla debido a su latitud, la intensidad de su brillo es prácticamente igual a la de Mimosa, la estrella Beta de la Cruz del Sur, a pesar de que ésta se encuentra cuatro veces más cerca de nosotros. Deneb es un astro magnífico, una hipergigante blanca, de tipo espectral A2I unas 110 veces mayor que el Sol y 70.000 veces más luminosa. Baste decir que es una de las estrellas más notables, a pesar de hallarse a una colosal distancia que, aunque es incierta, todos aceptan cifrarla en un mínimo de 1.400 años-luz. Algunos amplían esta valoración hasta 3.200 años-luz.

Los observadores que dispongan de cielos oscuros y de buenas aperturas en sus telescopios harán bien en entretenerse un buen rato por la región de Deneb, pues en sus proximidades se toparán con fascinantes nebulosas y campos estelares. En la imagen superior aparecen a la izquierda de Deneb las nebulosas Norteamérica y del Pelícano. El nombre Deneb es un vocablo procedente del árabe que significa cola, y que también encontramos en otras estrellas como Deneb Algenib (Capricornio), Deneb Kaitos (Cetus), Deneb al Okab (el Águila) y Denébola (Leo).

Sadr es la segunda estrella más brillante de la constelación, a pesar de llevar la denominación de Bayer Gamma Cygni o γ Cyg, con magnitud visual de +2.20. Ocupa el centro del asterismo de la Cruz del Norte, o el pecho del Cisne, que es precisamente el significado del vocablo árabe del cual procede el nombre. Es una supergigante blanco-amarillenta, tipo espectral F8I, distante unos 1.500 años-luz, pero 65.000 veces más luminosa que el Sol, y unas 225 veces más grande.

Es engañosa la sensación de estar rodeada por la nebulosa que parece envolverla (IC 1318), pues ésta se encuentra mucho más alejada aunque en la misma línea visual. En sus proximidades encontraremos al cúmulo abierto NGC 6910 (arriba) y a la Nebulosa de la Mariposa (izquierda).

Gienah o Giennah (Epsilon Cygni o ε Cyg) es la tercera estrella más brillante del Cisne. Su nombre, que significa “ala” en árabe, designa también a la estrella gamma de la constelación de Corvus (El Cuervo), así es que en ocasiones se distingue entre Gienah Corvi y Gienah Cygni. Es una estrella doble, con magnitud conjunta de +2.46 distante unos 72 años-luz del Sistema Solar. La componente principal, Gienah A, es una gigante anaranjada de tipo espectral K0III, 12 veces mayor y 61 veces más luminosa que nuestro Sol. Gienah B, su acompañante, es una enana roja bastante más tenue, pues alcanza la duodécima magnitud, y aparece con una separación de 78 segundos de arco con respecto a Gienah A. Desde ésta, según Jim Kaler, su acompañante se ve con un brillo equivalente al que a nosotros nos ofrece Júpiter, y sin embargo desde Gienah B, su compañera brilla dos veces con más intensidad de lo que lo hace la Luna llena para nosotros. En sus proximidades se encuentra la Nebulosa del Velo.

Delta Cygni es la cuarta estrella, en el orden de brillo, de la Constelación del Cisne. A pesar de mostrar una magnitud visual de +2.87, no tiene nombre propio, y sólo es conocida por su designación de Bayer. Se trata de un sistema triple cuya componente principal tiene un tipo espectral B9.5IV, es decir, una subgigante casi igual que Vega en cuanto a su color, blanco. Tiene una compañera muy próxima de sexta magnitud y otra más alejada mucho más tenue, de duodécima magnitud. El sistema se sitúa a 171 años-luz de nosotros, y visualmente podemos encontrarlo ya muy cerca de M56, de la Constelación de Lyra, que aparece en la fotografía superior, a la derecha. Dentro de unos 9.000 años, Delta Cygni será una aceptable Estrella Polar.

Esto es Albireo. Que síii, que existe, que yo la he visto y no ha salido de la inspiración de ningún gran artista ni de ningún cuento maravilloso, sino que es real y puede verse en la cabeza del Cisne, o si lo prefieren, en la base de la Cruz del Norte. Muchos opinan que es la estrella doble más bonita de todo el cielo, pero yo afirmo que es la estrella más bonita, incluyendo a dobles, triples, múltiples y solitarias, pues no hay otra más sencilla, discreta y a la vez elegante visión en todo el firmamento. A continuación les pongo el enlace al artículo que dediqué a esta delicia:

Albireo, una binaria inolvidable

A pesar de su denominación de Bayer Beta Cygni, sólo es la quinta más brillante de la constelación, así es que es la última, de las que forman la Cruz, en mostrarse cuando nuestros ojos se van acostumbrando a la oscuridad y nos van apareciendo cada vez más estrellas. El par está compuesto por una estrella amarilla de magnitud +3.05 y su acompañante, separada por 35 segundos de arco, es azul y brilla con magnitud visual de +5.12. Se resuelven fácilmente con ayuda de unos binoculares. El conjunto se sitúa a 385 años-luz de distancia, pero les aseguro que es muy difícil separarse del ocular cuando en él está la hermosa Albireo.

Cielo Profundo

Toda la región está infestada de nebulosas y cúmulos estelares, aunque es deficiente en galaxias y cúmulos globulares, al situarse en el plano de la Vía Láctea. Caprichosas formas originan innumerables estructuras entre las que es necesario hacer una selección, pues de lo contrario se haría interminable.

Así, me limitaré a citar a las nebulosas llamadas Creciente y Tulipán. Sí nos detendremos en la Mariposa y en la del Velo, mientras que las denominadas Norteamérica y Pelícano (en la fotografía superior) ya fueron objeto de un artículo monográfico en estas mismas páginas. A continuación, el enlace al informe citado:

Las nebulosas Norteamérica y del Pelícano

Baste recordar aquí, respecto a estas nebulosas, que se trata de dos ingentes masas de polvo y gas hidrógeno, de 50 y 30 años-luz de diámetro, respectivamente, que albergan zonas de creación de estrellas jóvenes (guarderías estelares), y que se sitúan muy cerca al este de Deneb vistas desde la Tierra, aunque están mucho más alejadas que la estrella.

Otro tanto hay que apuntar sobre la infinidad de cúmulos estelares que se reparten por la costelación, profusos y bellos campos de estrellas, entre los que he seleccionado los dos objetos Messier presentes en la región: M29 y M39. Pero hay muchos más. Por último, haremos una breve referencia a Cygnus X-1.

IC 1318, conocida como Nebulosa de la Mariposa y también como Nebulosa de Gamma Cygni, es uno de los objetos de su tipo más grandes y masivos que se conocen. Perteneciente al complejo molecular nebuloso del Cisne, está atravesada por una zona oscura, que la divide en dos, y le confiere esa forma que recuerda a las alas de una mariposa. Está situada junto a Sadr, la estrella central en el asterismo de la Cruz del Norte, aunque la estrella se encuentra mucho más cerca de nosotros y no está ligada a la nebulosa.

La espectacular Nebulosa del Velo es una estructura de aspecto filamentoso, remanente de una supernova que estalló hace al menos 20.000 años, y que se sigue expandiendo aún en la actualidad. Es una intensa fuente de radio cuyas emisiones revelan la presencia de oxígeno, azufre e hidrógeno, de unos 70 años-luz de diámetro que se sitúa a 1.500 años-luz de distancia. No se deja ver fácilmente, a no ser en fotografías de larga exposición tomadas por telescopios de al menos 8 pulgadas de abertura y con ayuda de filtros nebulares del tipo OIII. Particularmente atractiva es la porción oeste de la nebulosa, que ha sido llamada La Escoba de bruja, por su evidente parecido con tal objeto.

El cúmulo abierto M29, o Messier 29, situado a 4.000 años-luz de distancia del Sistema Solar, se localiza a sólo 1.5º al sur de Sadr (Gamma Cygni). Está compuesto por unas 50 estrellas, 5 de ellas más brillantes de las que 4 forman un cuadrado característico, que facilita su identificación. Se podrán observar con ayuda de binoculares. Su magnitud visual es de +6.60 y ocupa en el cielo un arco de 7′ de grado de diámetro. El cúmulo se aproxima a nosotros a la velocidad de 28 km/seg. Otras denominaciones que ostenta son Cr 422 y NGC 6913.

Bastante más grande y brillante que el anterior, aunque menos poblado, M39 o Messier 39 se localiza a 800 años-luz de distancia de nuestra posición. Consta de unas 30 estrellas, media docena de ellas de séptima magnitud. Ocupa en el cielo un arco de 32′ de grado, equivalente al tamaño de la Luna llena, y que corresponde a un tamaño real de 7 años-luz de diámetro. Su magnitud visual es de +4.60.

Para su lozalización, puede partirse de Deneb (Alpha Cygni) y desplazarse primero 3.2º hacia el norte, para después ir hacia el este, y a 9º estará M39. Llamativo con prismáticos, su espectacularidad decrece de forma considerable en el ocular de un telescopio.

Por último, y como curiosidad, citaré el objeto Cygnus X-1. Se trata de una intensa fuente de emisión de rayos X, descubierta en el año 1.965, y que se sitúa a 10.000 años-luz de distancia. Las fluctuaciones de tales radiaciones, del orden de una milésima de segundo, hacen pensar que se trata de un objeto extraordinariamente compacto y muy masivo, y es el mejor candidato para ser considerado el primer agujero negro del que conocemos su ubicación. Se sitúa a sólo 23 minutos de arco al norte-noreste de Eta Cygni (η Cyg), que es una estrella que la podemos encontrar a medio camino entre Sadr (Gamma Cygni) y Albireo (Beta Cygni). La imagen superior muestra las radiaciones de Cygnus X-1 captadas por el Telescopio de Rayos X en órbita Chandra. La inferior es una concepción artística.

Mitología

Leda, reina de Esparta, se bañaba desnuda en las aguas del río Eurotas cuando el gran Zeus, conocido por su promiscuidad, y que regresaba de su aventura con Némesis, se prendó de la augusta dama. Para seducirla, cambió su figura y se transformó en cisne, y de esta manera pudo poseer a Leda. Ésta, habiendo quedado encinta, puso dos huevos (pues nadie me hubiera creído si les cuento que parió, habiendo yacido con un pato). De uno de los huevos nacieron gemelos, Cástor y Pólux, que dan nombre a las dos principales estrellas de la Constelación de Géminis, y del otro nació Helena, una joven que tras ser raptada por Paris, fue causante de que griegos y troyanos se liaran a guantazos en la famosa trifulca de la Guerra de Troya.

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Constelación de Coma Berenices (la Cabellera de Berenice)

Posted in Constelaciones with tags , , , , , on 2 mayo, 2011 by bitacoradegalileo

Tras un discreto atuendo, compuesto por el modesto vestuario de tres débiles estrellas apenas discernibles a simple vista, y como los tesoros más valiosos, que permanecen ocultos en la cripta inaccesible del anonimato, miles de galaxias distantes, a cientos de millones de años-luz, se apelotonan en la región de la Constelación de Coma Berenices, que esconde quizás la leyenda más conmovedora de todas las que pueblan los cielos. Una impresionante agrupación estelar de diez veces el tamaño de la Luna, coquetos cúmulos globulares y presumidas estrellas dobles con llamativos colores nos cautivarán de la misma forma que Berenice añoraba al Rey ausente.

El Cúmulo de Coma está compuesto por más de 3.000 galaxias

Estamos en el imperio de las galaxias, pero Coma Berenices no es una constelación brillante, pues a simple vista no se muestra ninguno de tales objetos. Tres estrellas de cuarta magnitud, en ángulo recto, bien acompañadas por la Agrupación Estelar de Coma, también conocida como Mel 111, servirán para localizar a una constelación de tamaño medio, 386 grados cuadrados, que se integra en casi toda su extensión dentro del Diamante de Virgo, es decir, el formado por las brillantes estrellas Arturo, de la constelación del Boyero, que está al este, Spica de Virgo, que se sitúa al sur, junto con Denebola, en Leo, al oeste, y Cor Caroli, en Canes Venatici, al norte.

Se deja ver en los cielos primaverales, desde marzo hasta agosto, del mismo modo que sus destacadas constelaciones vecinas, y su declinación de 20º Norte permite ser avistada desde casi cualquier punto de la Tierra, incluso desde Tierra de Fuego, aunque ya muy baja sobre el horizonte norte. Relativamente cercana a la eclíptica, en las limítrofes constelaciones de Leo y Virgo, ambas zodiacales, aparecen la Luna y los planetas con frecuencia. Sin embargo, se aleja tanto del plano de la Vía Láctea, que en esta constelación se sitúa el Polo Norte Galáctico, y por eso es tan pobre en estrellas, y sin embargo tan rica en galaxias lejanas.

Es necesario distinguir desde ya, los dos cúmulos donde se concentran la mayor parte de las galaxias, y diferenciarlo claramente de Mel 111. Es éste un cúmulo estelar en proceso de desintegración, situado en los aledaños de la estrella Gamma, que no pertenece al cúmulo. Más al este y más al sur, respectivamente, se sitúan los dos cúmulos de galaxias, uno llamado Cúmulo de Coma, donde predominan las galaxias elípticas, y el Cúmulo de Virgo, que se reparte entre Virgo y Coma Berenices, con mayoría de galaxias espirales.

Estrellas principales

Sólo las tres estrellas que forman el asterismo poseen designación de Bayer, es decir letra griega que las identifique, y, entre ellas, sólo Alpha tiene nombre propio: Diadem. Veremos además dos interesantes estrellas dobles, con número de Flamsteed 17 y 24, que he marcado en la carta celeste anterior.

Diadem (Alpha Com) es una estrella amarilla de cuarta magnitud, aunque se trata de un sistema triple. Las dos componentes principales, que se pueden resolver con instrumentos a partir de 10 pulgadas (unos 250 mm de apertura), tienen magnitud individual +5.1, aunque conjuntamente brillan con la magnitud visual de +4.3. El sistema se sitúa a unos 60 años-luz de distancia y visualmente aparece muy cerca del cúmulo globular M53, aunque éste se encuentra mil veces más lejos. En la fotografía de la derecha, Diadem es la estrella más brillante, debajo, y M53 ocupa el centro de la imagen. El otro cúmulo más tenue, que aparece más arriba, es NGC 5053.

Beta Com es la más brillante de la constelación, con una magnitud visual de +4.26. De tipo espectral G0V, es una estrella amarilla de la secuencia principal, muy parecida a nuestro Sol, aunque ligeramente más caliente, masiva y luminosa, que se sitúa a unos 30 años-luz.

Gamma Com es una gigante anaranjada, la tercera estrella más brillante, muy próxima en la línea visual a la Agrupación Estelar de Coma, pero que no parece pertenecer a él, puesto que probablemente se encuentra mucho más cerca, a unos 170 años-luz, mientras el cúmulo está a 250 años-luz. Parece ser el mismo caso de Aldebarán y las Hyades. Su magnitud es de +4.4.

17 Comae Berenices es una estrella triple, cuyas dos componentes principales tienen la separación suficiente como para resolverla con ayuda de unos binoculares, pues el ángulo entre ellas es de 145” de arco. Son dos estrellas blancas, la más brillante de las cuales tiene una magnitud visual de +5.4 y su acompañante +6.7. Hay una tercera componente del sistema, 17 Comae Berenices C, pero que es muy tenue, de decimocuarta magnitud, y está además a sólo 1”8 de la segunda componente. El conjunto dista unos 250 años-luz de nosotros y forma parte de Mel 111 (Agrupación Estelar de Coma).

24 Comae Berenices es la más bonita de todas, para mi gusto. Tanto, que hace recordar a la mismísima Albireo (Beta Cygni). Sus dos estrellas, de magnitudes respectivas +5.2 y +6.7 están separadas por un arco de 20”3. La más brillante es de color anaranjado, y azul la más tenue. Una delicia, que se puede resolver con prismáticos, y no hace falta que sean demasiado potentes. Su distancia a la Tierra se estima en 614 años-luz.

Cielo Profundo

En los objetos de cielo profundo es donde reside el mayor interés de esta constelación, particularmente rica en galaxias, aunque también nos detendremos en un cúmulo estelar y otro globular. Hasta ocho objetos del Catálogo Messier aparecen en esta región del cielo.

Conocido también como Agrupación Estelar de Coma Berenices, el cúmulo abierto Mel 111 es uno de los más notables del cielo nocturno. Ignorado por Messier en su catálogo y también por el NGC, fue sin embargo recogido por la recopilación de 245 objetos de este tipo que realizó en 1.915 el astrónomo británico de ascendencia belga Philibert Jacques Melotte. Es un cúmulo amplio, de entre 275′ y 5º de diámetro, aunque débil, pues sus estrellas más notables son de cuarta magnitud. Ofrece, sin embargo, una magnitud conjunta de +1.8, lo que le permite ser divisado a ojo desnudo. Situada a 260 años-luz de distancia, es una de las asociaciones más próximas a nosotros, tras las Hyades y la Asociación Estelar de la Osa Mayor. Cuenta con unas 80 estrellas y parece estar descomponiéndose, diluyéndose poco a poco.

M53 es el cúmulo globular más notable de Coma. Este objeto está muy próximo a Diadem (Alpha Com), a menos de un minuto de arco en dirección nordeste. A pesar de estar a 60.000 años-luz de distancia, su gran compacidad lo hace brillar con una magnitud superficial de +7.7, así es que puede verse con telescopios no demasiado grandes. Ocupa en el cielo un diámetro aproximado de 14′ de arco, lo que se traduce en un tamaño real de 250 años-luz de un extremo a otro del cúmulo.

Compuesto por miles de galaxias, entre las que predominan las de tipo elíptico, y conteniendo cada una de ellas miles de millones de estrellas, el Cúmulo de Coma es una formidable agrupación de galaxias situado a unos 320 millones de años-luz de distancia. Son objetos tenues, de undécima magnitud los más brillantes, que necesitan telescopios de al menos 8 pulgadas (unos 200 mm de abertura) para ser observados. Los aficionados a este tipo de astros harán bien en dedicar todo el tiempo necesario a la observación de esta increíble zona del cielo, ayudándose para ello de las cartas celestes y los catálogos adecuados. No hay que confundir este cúmulo con la Agrupación estelar de Coma, Mel 111, que vimos con anterioridad, ni con la región del Cúmulo de Virgo que se adentra en la constelación de Coma Berenices, que también visitaremos detenidamente.

M64 es también conocida como la Galaxia del Ojo Negro, por la región oscura que exhibe, probablemente debida a algún cataclismo en su seno. Con unas dimensiones de 10′ x 5′ de arco, y un brillo superficial de +8.5, es visible con pequeños telescopios, e incluso con binoculares si los cielos son suficientemente oscuros y ofrecen buena calidad para la observación. Está a una distancia de 20 millones de años-luz y es la galaxia más brillante de Coma Berenices. Algunos la han llamado con nombres de dudoso gusto, como el Ojo Morado, e incluso la Galaxia del Ojo Maligno.

La otra gran concentración de galaxias es el llamado Cúmulo de Virgo, que se reparte entre las constelaciones de Virgo y Coma Berenices y en el que, a diferencia del anterior, predominan las de tipo espiral. Encontramos aquí a varios astros catalogados por Messier, y a la espectacular NGC 4651, también conocida como El Paraguas:

La Galaxia del Paraguas es en realidad una galaxia caníbal, devorando a su presa, que es la porción que le da esa curiosa forma. Sabemos hoy que en realidad es la corriente de estrellas de una galaxia compañera, cuya trayectoria vemos en la ilustración de la derecha. Está situada a 35 millones de años-luz de distancia, y su tamaño, aunque de sólo 50 años-luz en su disco principal, se extiendo 50.000 años-luz más allá, por las corrientes de marea provocadas por las estrellas despojadas del núcleo de la galaxia a la que pertenecieron, y que ha sido merendada por su voraz compañera.

M85 es una galaxia lenticular, de dimensiones 7′ x 5′, y con magnitud superficial de +9.10 Situada a 60 millones de años-luz, como todas las que siguen, pertenece al cúmulo de Virgo, y sin embargo a la Constelación de Coma Berenices, también como las siguientes. Es una galaxia con masa y dimensiones similares a la nuestra. Recientes estudios han creído adivinar una estructura elíptica, e incluso puede que brazos espirales.

M88 es una galaxia espiral del tipo Sb, también del cúmulo de Virgo, y a la misma distancia de 60 millones de años-luz. Sus dimensiones son 6.8′ x 3.5′ y su magnitud superficial de +9.6.

M91 es una espectacular galaxia espiral barrada. La vemos de frente, y a pesar de ser un objeto algo más tenue que los anteriores, la barra central brilla con fuerza, y se distinguen perfectamente dos brazos espirales que se originan en sus extremos. También es algo más pequeña, con dimensiones de 5.5′ x 4.5′, y su magnitud superficial es de +10.1. Messier la anotó en su catálogo con coordenadas equivocadas.

M98 es otra espiral, de magnitud superficial +10.1, pero que se presenta casi de canto, aunque bien iluminada. A la misma distancia que las anteriores, es muy difícil verla con telescopios pequeños. Sus dimensiones aparecen alargadas en nuestros cielos, debido a la perspectiva: 9.4′ x 2.3′.

M99 aparece algo deformada, probablemente por los efectos de un pasado encuentro con otra galaxia de los miles de objetos similares que pueblan el cúmulo. Exhibe, sin embargo, un núcleo prominente y muy luminoso, y brazos espirales bien diferenciados. Sus dimensiones son de 5.3′ x 4.6′ y su magnitud superficial de +9.9. Hasta 3 supernovas se han detectado aquí en los últimos años.

M100, por fin, es también ligeramente asimétrica, resultado de pasadas interacciones con otras galaxias del cúmulo. La vemos prácticamente de frente, y presenta brazos muy bien definidos. Es un objeto muy apropiado para su observación por los aficionados cuando los cielos sean bien oscuros, aunque para distinguir muchos de sus incontables detalles se necesita un telescopio potente. Mide 6.8′ x 5.8′ y tiene una magnitud de +9.4. En 1.979 explotó en esta galaxia una supernova, según muestra la siguiente fotografía del Telescopio Espacial de rayos-X Chandra:

La Leyenda

Durante el siglo III antes de Cristo, Berenice II reinaba en Egipto junto a su esposo, Ptolomeo III llamado Evergetes (El Benefactor). Habiendo marchado a la guerra su esposo, la Reina, que lucía una larga y brillante cabellera rubia, languidecía en su ausencia y se entristecía al pensar en los peligros con los que se enfrentaba su amado. Así las cosas, resolvió ofrecer a la diosa Afrodita el hermoso cabello que era la admiración de todos, si recuperaba a su esposo sano y salvo. Así ocurrió, y Berenice cumplió su promesa, cortando su melena y depositándola en el altar de la diosa. Peeeero… al día siguiente, la cabellera había desaparecido. Ptolomeo enfureció, y la tristeza regresó a los ojos de la Reina, así es que fueron requeridos los servicios del famoso astrónomo Conon de Samos, que era muy respetado por su ciencia, y que además mantenía una amistad personal con Arquímedes. Conon señaló en el cielo una formación de estrellas, que nunca nadie había advertido antes, y declaró a los esposos que se trataba de la Cabellera de Berenice, que la diosa había trasladado a los cielos para que todos pudieran admirarla. Seguidamente, dibujó el cabello de la Reina en el globo celeste del museo de Alejandría, empleando para ello una sucesión de brillantes estrellas.

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La Constelación de Lepus (la Liebre)

Posted in Constelaciones with tags , , , , , , on 9 marzo, 2011 by bitacoradegalileo

Orión pisa sus talones, y sus perros, Canis Major y Canis Minor, tratan de apresarla, pero ella consigue noche tras noche alcanzar el ocaso del oeste, tras surcar todo el firmamento brincando desde oriente en constante peligro: Es la pequeña Liebre, la Constelación de Lepus, que entre las brillantes y amenazadoras Rígel, Saiph y Sirio logra salvar a sus más discretas pero hermosas estrellas, sus cúmulos, nebulosas y galaxias de las predadoras fauces de sus perseguidores. Arneb, Nihal, la Estrella Carmesí de Hind, el cúmulo globular M79, la Nebulosa planetaria del Espirógrafo, el delicioso cúmulo estelar NGC 2017 y sus demás componentes lograrán así salvar el pellejo refugiándose bajo el horizonte, al menos hasta la noche siguiente; el gigante cazador tendrá que conformarse con cenar un yogur, aunque sea caducado. Todas estas constelaciones se representan mirando hacia el oeste, pues es ésa la dirección que aparenta el movimiento del cielo al transcurrir de las horas, aunque sabemos que la causa real es la rotación de la Tierra hacia el este.

Situada entre 10 y 27 grados por debajo del ecuador celeste, Lepus se localiza muy fácilmente al sur de las dos estrellas que representan los pies de Orión, Rígel y Saiph, y al oeste de las brillantes estrellas Sirio y Mirzam, de Canis Major. Se puede observar, por tanto, desde toda la Tierra, a excepción de latitudes más al norte del paralelo +63º, en los últimos y primeros meses del año, hasta abril.

A pesar de la nitidez de sus estrellas más notables, que alcanzan la segunda magnitud, queda ensombrecida por el extraordinario brillo de sus más que importantes constelaciones vecinas. No obstante, La Liebre ya era conocida desde antiguo, y Ptolomeo la incluyó en su listado de 48 constelaciones clásicas, ya en el siglo II de nuestra era.

Actualmente, forma parte del listado oficial de 88 constelaciones de la IAU (Unión Astronómica Internacional), con el nombre oficial de Lepus, siendo su genitivo Leporis y su abreviatura Lep. Ocupa en el cielo una extensión de 290 grados cuadrados, la número 51ª en este aspecto. Hay que evitar confundirla con la más austral constelación de Lupus (el Lobo), que está situada entre Escorpio y Centauro.

Además de Orión al norte y Canis Major al este, la Constelación de Lepus es vecina de Monoceros (el Unicornio), también al norte, la Constelación del río Erídano al oeste, y las de Columba (la Paloma) y Caelum (el Cincel) al sur.

El primero que llamó a esta constelación la Liebre fue Eudoxus de Cnido, en el siglo IV antes de Cristo. Entre los árabes ha sido conocida como El Trono de Orión, por el cuadrilátero formado por las estrellas Arneb (Alpha), Nihal (Beta), Gamma y Delta Leporis. y también ha sido conocida como al-Nihal (Los Camellos sacian su sed), seguramente motivado por la cercanía de la Constelación del río Erídano, hasta que por fin adoptaron la interpretación de la Grecia antigua, y la denominaron al-Arnab (la liebre), de donde deriva el nombre de su principal estrella. Entre los egipcios, fue llamada La Barca de Osiris (representado por Orión), debido también a la proximidad del Erídano, que simbolizaba al río Nilo.

Varias estrellas y algunos objetos de cielo profundo de esta constelación, merecen una visita detallada. Entre las primeras, he seleccionado a las dos que tienen nombre propio, y que resultan ser las más brillantes, Arneb y Nihal, a Gamma como la doble más destacada, y a dos preciosas variables T Leporis y la estrella carmesí de Hind.

Principales estrellas

Arneb (Alpha Leporis o α Lep) es la estrella más importante de la constelación. Su nombre es el mismo que el de la constelación en lengua árabe: al-Arnab, y significa Liebre. Su luminosidad intrínseca es 13.000 veces más intensa que la del Sol, pero la distancia a la que se encuentra, unos 1.280 años-luz, hace que desde la Tierra la apreciemos con una magnitud visual de +2.58. No obstante, es la más brillante de Lepus. Se trata de una supergigante blanco-amarillenta, de tipo espectral K0I, cuya temperatura superficial es de 7.000 ºK. Es 75 veces más grande que nuestro Sol.

Nihal o Nibal (Beta Leporis o β Lep), de magnitud visual +2.84, es la segunda estrella más brillante de Lepus. Es una gigante amarilla, de tipo espectral G5II, y está a una temperatura superficial similar a la del Sol: 5.225 ºK, pero es 165 veces más luminosa, debido a que es 16 veces mayor. Su distancia a la Tierra es de unos 160 años-luz. Su nombre proviene de la antigua denominación árabe para esta constelación, y hace referencia a cuatro camellos que se encaminan a beber en el río Erídano.

Gamma Leporis o γ Lep es la tercera estrella de la Liebre, con magnitud visual +3.60. Es una doble muy fácil de observar incluso con binoculares, cuya componente principal es una enana amarilla separada por más de un minuto de arco de una anaranjada (catalogada como HD38392) de magnitud +6.28. El sistema está situado relativamente cerca de nosotros, a unos 27 años-luz, y Gamma A es muy parecida al Sol, sólo un 20 % más grande y un poco más caliente, 6.300 ºK, lo que le confiere una luminosidad 2.6 veces más intensa que la de nuestra estrella.

Carta de localización de R Leporis, la estrella carmesí de Hind

R Leporis es una estrella variable. Descubierta en 1.845 por el astrónomo inglés John Russell Hind, va oscilando desde la magnitud 5.5 hasta 11.7, en periodos constantes de 427.07 días, o sea, unos 14 meses. Se trata de una estrella de carbono, tipo espectral C6II, de un marcado color rojo conocida como la estrella carmesí de Hind, en honor a su descubridor, quien al observarla desde el ocular de su telescopio, la comparó a una gota de sangre. A medida que va perdiendo luminosidad, aumenta su tono rojizo, y se hace complicado encontrar otra luminaria más roja. Quizás, la estrella granate de Herschel, en la constelación de Cepheo, pueda ser comparada a R Leporis. La estrella carmesí es, en mi opinión, una de las más bellas del cielo. Catalogada como HD31996, está a la distancia de 1.100 años-luz, y su tamaño, también variable, equivale a unas 500 veces el del Sol.

Vale la pena, por último, rendir una breve visita a otra bellísima variable: La supergigante roja T Leporis, una estrella situada a sólo medio grado de ε Leporis y cuyo brillo oscila entre las magnitudes visuales de +7.4 y +14.3. Su temperatura superficial es extraordinariamente baja, en torno a los 2.800 ºK, y una de las estrellas más frías que pueden verse. Cada pulsación de T Leporis no resulta gratuita, pues le cuesta la masa equivalente a la de la Tierra, y consecuencia de ello es la enorme capa de polvo que la rodea, y que ha podido ser captada por el interferómetro instalado en el Very Large Telescope del ESO en La Silla (Chile). La estrella está situada a unos 500 años-luz de nosotros y su tamaño es 100 veces mayor que el del Sol.

Objetos de cielo profundo

La constelación de Lepus está situada relativamente lejos del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, unos 20 grados al sur del plano galáctico, así es que en esa dirección podremos encontramos objetos tenues y lejanos como galaxias, entre las que visitaremos brevemente a la espiral barrada NGC 1964, y un sólo cúmulo globular, M79, mucho más frecuentes en otras épocas del año, y esto explica también la ausencia de concentraciones de gas y polvo y de nebulosas, a excepción de la nebulosa planetaria del Espirógrafo, ni tampoco abundan los cúmulos galácticos, aunque sí mostraré al lector una excepción cuya contemplación resulta exquisita: NGC 2017.

Carta de localización del cúmulo globular M79

M79 (NGC 1904) es el único objeto perteneciente al Catálogo Messier de la constelación. Es una rara avis en esta región del cielo, pues la mayoría de los cúmulos globulares se concentran justamente en la dirección opuesta, en torno a la constelación de Sagitario y su vecindad. Así es que podemos decir que está en la trastienda del kiosco. Su distancia al centro galáctico es de más de 60.000 años-luz, y a nosotros de unos 42.000 años-luz. La línea imaginaria que une Arneb con Nihal apunta directamente a M79, así es que será muy útil utilizar a estas dos estrellas para encontrar al cúmulo, unos 4 grados al sur de la segunda. Su magnitud superficial es de +8.4 y ocupa en el cielo un tamaño aparente de unos 8 minutos de arco, que corresponden a un diámetro real de 118 años-luz. Es un cúmulo compacto cuyas estrellas más notables brillan en torno a la novena magnitud.

IC 418 es una nebulosa planetaria, llamada del Espirógrafo, situada 2 grados al noreste de Lambda Leporis. Este tipo de objetos consiste en una nube de gas expulsado por una gigante roja que agoniza en su interior, y el adjetivo planetaria sólo se debe a que cuando se descubrieron, a mediados del siglo XVIII, se creyó que albergaban a un planeta en su centro; tal suposición resultó errónea, pero persistió el nombre. En el caso que nos ocupa, la estrella central es de undécima magnitud, y el gas que expulsa se expande a una velocidad de 22 kilómetros por segundo. Sí, por segundo. Ocupa en el cielo un tamaño aparente de 14’x11′ de arco.

NGC 1964 es la galaxia más brillante de la constelación de Lepus. No obstante, se necesitan telescopios medianos para comenzar a observar un núcleo borroso, pues sus estrellas brillan a partir de la duodécima magnitud. Se trata de una galaxia espiral barrada que ofrece una magnitud conjunta de +10.8 de un tamaño angular de 5.6’x2.1′ de arco. NGC 1964 se aleja de nosotros a 1.663 kilómetros por segundo. No es un error mecanográfico.

Por fin, llegamos a NGC 2017, la guinda del pastel, de esta preciosa y sorprendente Liebre que enamora desde el principio. Este objeto, de sólo siete miembros, está considerado por algunos como una estrella múltiple, y no como un cúmulo, dado lo reducido del número de sus estrellas. Su magnitud visual de +6.4 permite que ya con binoculares puedan resolverse hasta cinco de ellas entre la 6ª y la 10ª magnitud. Con un telescopio de al menos 6 pulgadas (unos 150 mm), dos de las estrellas se observan como sistemas dobles, resultando por consiguiente un total de siete componentes para el cúmulo. La disposición de los miembros de NGC 2017 recuerda a una versión en miniatura de la constelación de Cáncer (véase el artículo sobre M44, el cúmulo del Pesebre).

Mitología

Eratóstenes, astrónomo que rigió los destinos de la fabulosa Biblioteca de Alejandría hacia el año 250 a.C., nos cuenta que Lepus es la liebre de Hermes, el dios mensajero provisto de alas en sus pies, representado por el planeta Mercurio; la Liebre fue colocada en el cielo por el dios como símbolo por su velocidad escurridiza, atributo común a ambos.

Higinio, ya en el siglo II de nuestra era, escribió que un joven arribó a la isla griega de Leros provisto de una liebre preñada. El animal no existía en el lugar, y sus moradores, al ver la facilidad con la que se reproducía, se aprestaron a domesticarla para su cría y explotación. Pero la excesiva proliferación del roedor hizo que pronto acabaran con las cosechas provocando una horrible hambruna. Hermes entonces colocó al animal en el cielo como advertencia de que todas las cosas, aún las más beneficiosas, son dañinas cuando exceden de lo razonable.

Pero la historia más conocida es la referida por Arato, en el siglo III a.C., mucho antes que la de Higinio, según la cual Lepus protagoniza una incesante carrera para evitar al Can Mayor que, con el cazador Orión y su otro perro, el Can Menor, tratan de cazarla. Pero yo confío en que la pequeña y veloz liebre burle de nuevo a sus ilustres perseguidores y siga deleitándome cada noche de los fríos inviernos boreales.

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El Cinturón de Orión o Las Tres Marías

Posted in Cielo Profundo, Estrellas with tags , , , on 9 febrero, 2011 by bitacoradegalileo

Soy un ferviente admirador de la cultura popular, el saber secular que la tradición se encargó de transmitir de forma oral a través de las generaciones. Nuestros mayores, hace sólo unas décadas, fueron herederos de enormes caudales del conocimiento humanístico que, en todos los órdenes del saber, fueron enriquecidos paulatinamente por la propia experiencia del vivir cotidiano de las gentes del pueblo. Ellos, los abuelos, llegaron a conocer por vía de la tradición oral diversas realidades que la ciencia trataba de descubrir, con evidente desventaja.

Así, todo el mundo había oído hablar (en el Hemisferio Norte) del Carro, aunque muy pocos supieran que su nombre oficial era la Osa Mayor, y en todos los lugares las personas podían localizar sin dificultad a Las Siete Hermanas, o Las Siete Cabritillas, que eran los nombres que les daban a Las Pléyades. Otro asterismo era identificado por la inmensa mayoría de la población: Las Tres Marías. Llamadas en otros lugares Los Tres Reyes Magos, aún hoy podemos preguntar a los más ancianos del lugar (y en muchos sitios a personas de menos edad), y de inmediato nos señalarán hacia las tres estrellas del… ¡Cinturón de Orión!.

Muchas de estas personas no sabían leer ni escribir, ya que ni siquiera habían pisado la escuela en toda su existencia, pero conocían y sabían localizar en los cielos a todos estos astros y otros, de toda condición y naturaleza (piénsese en las Lágrimas de San Lorenzo para designar a las Perseidas o en el Lucero del Alba para Venus), aunque les dieran otros nombres. Pero esta cuestión era lo de menos.

El Cinturón de Orión (o Las Tres Marías, o Los Tres Reyes Magos) es un destacado asterismo formado por tres estrellas de primera y segunda magnitud, perfectamente visibles desde cualquier lugar del planeta. Es parte de la Constelación de Orión, que también constituye una de las más conocidas, junto con la Osa Mayor en el Hemisferio Norte y la Cruz del Sur en latitudes australes. Situada sobre el ecuador celeste, el brillo de sus estrellas más destacadas la hace fácilmente localizable en los meses del invierno boreal, el verano austral.

Rígel y Betelgeuse son estrellas situadas entre las diez más brillantes del cielo nocturno; Bellatrix y Saiph completan con las dos anteriores un “cuadrilátero mágico” representando las cuatro extremidades del gigante cazador. Hatysa (Iota Orionis, ι Ori)) en la Espada, Tabit (Pi3 Orionis, π 3 Ori) en el escudo y Meissa (Lambda Orionis, λ Ori) en la cabeza son las otras luminarias con nombre propio en Orión, junto a las tres del Cinturón, aunque hay que destacar a otras estrellas con denominación de Bayer, como Sigma (σ Ori), Eta (η Ori) y Tau Orionis (τ Ori).

La bitácora de Galileo se ha ocupado en diversas ocasiones de esta constelación, tanto en su totalidad, como en artículos relacionados con alguno de sus componentes más destacados. Éstos son los enlaces a tales informes:

Orión, la Catedral del Cielo

M42, la Gran Nebulosa de Orión

Betelgeuse, el Rubí de Orión

También, la Constelación de Orión fue destacada protagonista en el trabajo que presenté sobre El Cielo del Invierno.

Pero aún no había dedicado ningún monográfico al asterismo que es, quizás, el rey en la Astronomía tradicional en el acervo cultural de las gentes sencillas del norte y del sur: Las Tres Marías, o sea, El Cinturón de Orión, pues el popular Carro no se ve desde todo el planeta, y lo mismo ocurre con la Cruz del Sur.

En la siguiente imagen nos haremos una idea del tipo de astros que visitaremos. Se trata de estrellas enormes, en comparación con nuestro Sol, y muy calientes, también con relación a nuestra estrella.

Alnitak, Alnilam y Mintaka, pues así se llaman las tres estrellas que forman el Cinturón, son tres gigantes azules con un brillo tan intenso que son fácilmente visibles incluso desde los cielos razonablemente contaminados del extrarradio de la ciudad. De primera y segunda magnitud, se sitúan en el ecuador celeste, siendo Mintaka la más próxima a esta imaginaria línea divisoria entre ambos hemisferios; se alinean en dirección sureste, apuntando directamente a Sirio (α CMa) en ese sentido, y a Aldebarán (α Tau) en dirección contraria, hacia el noroeste, así es que constituye la mejor referencia para la orientación en el cielo nocturno en las frías noches del invierno boreal, o en las veladas calurosas australes cuando enero (y febrero) funde su calor sobre el Paraná.

Además de las tres estrellas, formadas a partir del material de la nube interestelar que las rodea, y que seguidamente estudiaremos, encontramos en la región al cúmulo Collinder 70, o Cr 70, un rico campo estrellado alrededor de la zona central del Cinturón, en torno a Alnilam, y a las interesantísimas nebulosas de la Cabeza de Caballo y de la Flama, en las proximidades de Alnitak y de Sigma Orionis. Rendiremos visita a estos objetos. Situadas un poco más al sur, la Gran Nebulosa de Orión (M42), también originada a partir de la misma nube molecular, y la brillante Hatysa, en la Espada, completarán un vecindario verdaderamente exclusivo.

Aunque la mayoría de los estudios sobre el Cinturón de Orión se desarrollan a partir de Alnitak, de izquierda a derecha según el punto de vista boreal, hoy yo preferiré hacerlo justamente al contrario, pues es esa estrella, Alnitak, la que aglutina a su alrededor las dos nebulosas que veremos, de manera que tratarla en último lugar servirá de nexo de unión entre estrellas y cielo profundo en nuestro artículo. Éste es el punto de vista austral, con Mintaka, que trataremos en primer lugar, a la izquierda…

…y ésta la carta celeste, también como la fotografía anterior de Sur Astronómico, de la misma región del cielo, según la ven los observadores situados al sur del ecuador:

Mintaka (Delta Orionis o δ Ori), del árabe منطقة manţaqah, el Cinturón, es la más occidental y también la más tenue de las tres estrellas. Es sin embargo perfectamente visible, a sólo 0.3 grados (18 minutos) al sur del ecuador celeste pues presenta una magnitud visual de +2.21, aunque hay que anotar que se trata de un sistema estelar múltiple, bastante complejo. La componente principal es una gigante azul de tipo espectral O9.5II, y 30.000 ºK de temperatura superficial. Tiene una compañera de séptima magnitud, a casi un minuto de arco de distancia, lo que se traduce en una separación real aproximada de un cuarto de año-luz. Todavía, Mintaka A posee una acompañante de 14ª magnitud, y cada una de estas dos es 90.000 veces más luminosa que el Sol, y 20 veces más masiva. El sistema parece situarse a unos 915 años-luz del Sistema Solar, casi la misma distancia que Alnitak, en el otro extremo del Cinturón, y bastante más cercana que Alnilam, la estrella que ocupa el centro.

Alnilam (Epsilon Orionis o ε Ori), de ‏النظام‎, an-Niżām, también árabe, el Hilo de Perlas, a pesar de ser la más distante, es la más brillante de las tres. Se sitúa en el centro del Cinturón, a una distancia de 2 grados escasos entre las otras dos, Mintaka al noroeste y Alnitak al sudeste, y sólo un grado por debajo del ecuador celeste. Veremos que para los guaraníes era la madre de las dos. Se trata de una supergigante azul, de tipo espectral B0I y magnitud visual +1.70 que dista de la Tierra 1.359 años-luz. Es un astro magnífico, 26 veces más grande que el Sol y mucho más caliente, pues posee una temperatura superficial de 25.000 ºK. La enorme cantidad de energía que irradia le confiere una luminosidad 375.000 veces más intensa que la de nuestra estrella. Es extraordinariamente masiva, unas 20 veces la masa del Sol, lo que le abocará indefectiblemente a convertirse en una supergigante roja y luego explotar en supernova, como todas las estrellas que superan en más de 10 veces la masa de nuestro Sol. Esto le hace expulsar una gran cantidad de materia, con vientos estelares que superan los 2.000 kilómetros por segundo. No, 2.000 kilómetros por hora no, por segundo. Es muy joven, pues se calcula que se formó hace sólo 4 millones de años, pero no vivirá mucho más, otro millón de años, o quizás menos, aunque tras explotar en supernova, el material que resulte podrá ser el origen de nuevos sistemas planetarios que se formen mucho después.

Alrededor de Alnilam, y extendiéndose por todo el Cinturón, se sitúa el cúmulo estelar Collinder 70, o Cr 70, compuesto por unas 125 estrellas. Dada su extensión, la mejor forma de observarlo es con binoculares a 7 aumentos, a 10 como máximo, que es cuando obtendremos un campo visual más amplio.

Alnitak (Zeta Orionis o ζ Ori), asimismo procedente del árabe النطاق an-niṭāq, y que también significa El Cinturón, es por fin la más oriental de las tres estrellas que componen este asterismo, y también la más meridional, aunque sólo se sitúa unos 2 grados al sur del ecuador celeste. Es un sistema triple cuya componente principal es una supergigante de color azul y tipo espectral O9.7I que presenta magnitud visual conjunta de +1.89, muy caliente, pues su temperatura superficial es de unos 31.000 ºK. Situada a 826 años-luz de nosotros, su luminosidad equivale a 100.000 veces la del Sol, si se incluye la radiación ultravioleta, y es 20 veces más masiva. El calor que irradia es tal que, situada en el lugar de nuestra estrella, derritiría a todos los planetas. Un astro como la Tierra tendría que situarse 300 veces más lejos de lo que está, para tener condiciones de habitabilidad. Los vientos estelares, consecuencia de la intensa emisión de rayos X, alcanzan velocidades similares a las de Alnilam, unos 2.000 kilómetros por segundo, excitando la nube de gas y polvo que la circunda, y donde se encuentran las nebulosas de la Flama y de la Cabeza de Caballo. Es también una joven estrella, pues hace sólo 6 millones de años que se formó, y también morirá pronto, consecuencia de su transformación de supergigante roja y su posterior explosión en supernova.

La intensa radiación de Alnitak, como ya apuntamos, provoca la ionización del hidrógeno contenido en la cercana Nebulosa de la Flama, o de la Llama, pues el color rojo que se origina en tales procesos dan a la zona el aspecto de estar ardiendo. Consiste este proceso en que el hidrógeno es despojado de sus electrones por los fuertes vientos de la estrella y la energía que se desprende al recombinarse los iones de hidrógeno con los electrones produce esa radiación de color rojo, pero la zona no está en llamas, en absoluto. Sin embargo, Alnitak no es la unica responsable de la actividad iónica del hidrógeno presente en la zona, sino que existe un cúmulo de estrellas, que se oculta tras la franja oscura del centro de la imagen, que ha sido visto en el infrarrojo, y que parece contener a la verdadera estrella excitatriz de la región. La nebulosa de la Flama tiene el número NGC 2024.

Un poco más al sur, entre Alnitak y Sigma Orionis, encontramos a la magnífica y celebérrima Nebulosa Cabeza de Caballo. Es una fría nube oscura de gas y polvo situada a la distancia de 1.500 años-luz de nosotros, y que resalta sobre el fondo rojo incandescente de IC434, una nebulosa de emisión que se encuentra detrás. La Cabeza de Caballo mide unos 6 años-luz de un extremo a otro y se cataloga como Barnard 33, o más brevemente, B33. Fue descubierta en 1.888 por fotógrafos del Observatorio del Harvard College. La forma de la nebulosa, que claramente explica el nombre que se le dio, es casual, naturalmente, y los movimientos internos en su seno harán que en unos millones de año sea totalmente distinta.

Leyendas y mitos

Como Las Tres Marías son suficientemente brillantes, y están situadas prácticamente en el ecuador celeste pudiéndose observar desde cualquier lugar del orbe, han sido conocidas por todos los pueblos y culturas de la Tierra. Los mayas, por ejemplo, las llamaban Las Tres Piedras del Fogón, la llama del Hogar que nunca se apaga y donde se cocinan los alimentos; además, Alnitak forma, junto con Rígel y Saiph, las Tres Piedras del Corazón. Los indios guaraníes las denominaban Las Tres Viudas; para este pueblo, Alnilam, la estrella central, es la madre de las otras dos, y las tres están viudas a causa de la guerra. En la Astronomía árabe eran conocidas como El Collar de Perlas, y es curiosa la Teoría conocida como de la Correlación de Orión, según la cual las tres famosas pirámides de Guiza, en el Valle de los Reyes de Egipto, fueron construidas, supuestamente, siguiendo el modelo de las tres estrellas del Cinturón de Orión, ensalzando de esa manera los conocimientos astronómicos que poseían los antiguos habitantes de aquel enigmático imperio, del que aún desconocemos tantas cosas.

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Monoceros: La Constelación del Unicornio

Posted in Constelaciones with tags , , , , on 31 enero, 2011 by bitacoradegalileo

Monoceros (del griego Μονόκερως, el Unicornio) es una tenue constelación invernal (para los residentes boreales), situada justo en el ecuador celeste, que la cruza de este a oeste, y que resulta totalmente invisible para los cielos contaminados de la ciudad, dada la débil luminosidad que presentan sus principales estrellas, que rondan la cuarta magnitud. Pero como la Vía Láctea la cruza de norte a sur, resulta ser una interesante zona del cielo, repleta de objetos de cielo profundo que merecerán una visita detallada. Una gran profusión de estrellas dobles, cúmulos estelares y conocidas nebulosas como Roseta, la nebulosa Variable de Hubble o la Nebulosa del Cono, junto al cúmulo del Árbol de Navidad, justificarán un estudio detallado de esta zona, frecuentemente olvidada.

A pesar de la debilidad de sus estrellas, su localización no puede ser más fácil, pues se inserta, en la mayor parte de sus 482 grados cuadrados, dentro de los límites del conocido Triángulo de Invierno, constituido por las notabilísimas estrellas Sirio (Alpha Canis Majoris), Procyon (Alpha Canis Minoris) y Betelgeuse (Alpha Orionis). Orión la escolta por el oeste y la Hydra por el este, mientras Géminis y Canis Minor se erigen en su límite norte, y Canis Major la acompaña por el sur. Notables constelaciones, como se ve, por todos sus flancos. Puppis (la Popa) y Lepus (la Liebre) también limitan con El Unicornio.

Su estrella Delta se sitúa sólo medio grado por debajo del ecuador celeste, lo que redunda en que la constelación sea visible desde toda la Tierra, aunque desde los Polos se verá justo en la línea del horizonte, sólo la mitad de la constelación correspondiente a ese hemisferio:

Así se observa desde la Antártida, a 88 grados sur de declinación, durante las horas centrales del día en el mes de julio, noche en la región.

Y así en estos días, a 88 grados de latitud norte, en las inmediaciones del Polo Norte, hacia las 22:30 horas (la mancha rojiza es la Nebulosa Rosetta).

El Unicornio, o Monoceros como es su nombre oficial, es una constelación moderna. No se menciona en el Almagesto de Ptolomeo (siglo II) ni en el Libro de las Estrellas Fijas de Abd Al-Rahman Al-Sufi (siglo X). Su nombre hay que anotarlo en el haber de Petrus Plancius, astrónomo holandés que lo aportó en 1.613, aunque fue registrado por Jakob Bartsch, un hijo adoptivo de Kepler, en 1.624. Sin embargo, hay referencias a un “segundo caballo al sur de los Gemelos y del Cangrejo” en escritos de 1.564, y Joseph Scaliger, el inventor de la fecha juliana, afirma haberla encontrado en una esfera celeste de la antigua Persia.

Ninguna de las estrellas de Monoceros tiene nombre propio, y tendremos que contentarnos con su letra de Bayer y su número de Flamsteed, en el mejor de los casos. Todas se van más allá de la cuarta magnitud, exceptuando Alpha y Gamma, que no la alcanzan por muy poco.

Alpha Monocerotis es la más brillante. Es una gigante anaranjada con magnitud visual +3.93 situada a una incierta distancia entre 144 y 180 años-luz. Se localiza en el sector sureste de la constelación, muy cerca de la frontera con Puppis.

Beta Monocerotis la sigue en brillo, y es la estrella más interesante de la constelación y, probablemente, la triple más hermosa de todo el firmamento. Esta triple, sorprendentemente maravillosa, fue descubierta en 1.781 por William Herschel, que también descubrió Urano, entre otras muchas aportaciones. Herschel dijo de ella: “One of the most beautiful sights in the heavens” (una de las vistas más bonitas de los cielos). Susceptible de ser resuelta por pequeños telescopios, las tres estrellas forman un elegante triángulo que podemos considerar fijo, pues sufre muy pequeñas variaciones con el tiempo. Las tres componentes son blanco-azuladas, con magnitudes de +4.6, +5.2 y ++5.6. A y B están separadas 7” de arco, y C se sitúa a 2.9” de C. Consideradas en magnitud conjunta, sería la estrella más brillante del Unicornio, con +3.76. El sistema está a una distancia de 690 años-luz.

V838 es la última estrella que trataremos en El Unicornio. Esta estrella, hasta el 2.002, era totalmente desconocida. Pero, en febrero de aquel año…

La estrella, situada en los confines de la Vía Láctea, a 20.000 años-luz de distancia (más allá incluso que algunos cúmulos globulares), y que hasta entonces tenía una magnitud visual de decimoquinto orden, sufrió una violenta explosión, cuyo resplandor pudo captar el Telescopio Espacial Hubble. A partir de entonces, los astrónomos le hicieron un atento seguimiento, y convinieron en principio que se trataba de la explosión típica de una supernova. Pero el comportamiento posterior de la estrella desmintió esta hipótesis, pues en marzo y en abril V838 volvió a experimentar nuevos picos de luminosidad, llegando a alcanzar la magnitud visual de +6.75, y adquirió una luminosidad real equivalente a un millón de veces la de nuestro Sol. La estrella, cuyo tipo espectral es de B3V, y que es por tanto blanco-azulada, adquirió pronto un fuerte tono rojizo, consecuencia del enfriamiento ocasionado por la rápida expansión producto del enorme cataclismo. Siendo una estrella de la secuencia principal, el suceso provocó que alcanzara entre 1.200 y 1.800 veces el tamaño del Sol, convirtiéndose en una estrella supergigante roja en muy poco tiempo. Aunque la nebulosa en expansión parece tener dimensiones colosales, en realidad el fenómeno consiste en lo que se ha llamado ecos de luz, por los que la luz emitida por el suceso se refleja en las distintas capas de materia interestelar que ya rodeaba a la estrella previamente. Probablemente, en la actualidad la expansión de V838 ya se haya detenido, y estemos ante una regresión de un fenómeno para el que todavía no tenemos explicación satisfactoria, lo que convierte a nuestra protagonista en uno de los mayores enigmas del Universo. Ahora, V838 Monocerotis vuelve a tener la magnitud visual de +15.74 que tenía antes de la explosión. A continuación podemos observar el aspecto que presentaba en el mes de septiembre del año 2.006, cuatro años después del espectáculo que ofreció, según una fotografía del Telescopio Espacial Hubble:

Objetos de Cielo Profundo

Como la Vía Láctea cruza por la zona, desde el norte por la Constelación de Géminis, saliendo por el sur por Puppis, la profusión de cúmulos y nebulosas es muy notable.

Entre todos ellos he seleccionado dos cúmulos galácticos, M50 y el Cúmulo del Árbol de Navidad, y a una nebulosa: La del Cono, y además recordaremos la Nebulosa Roseta, que ya fue objeto de un informe monográfico en estas mismas páginas.

M50 es, de forma sorprendente, el único objeto de la constelación presente en el Catálogo de Objetos Molestos de Charles Messier. Se trata de un notable cúmulo abierto, que aunque esté dentro de los límites de Monoceros, pertenece al extenso grupo de objetos de este tipo que se extienden por sus vecinas del sur, las constelaciones de Puppis y Canis Major. Cuenta con más de un centenar de estrellas, entre las que se destacan varias gigantes rojas, y está bastante lejos, especulándose con distancias que llegan hasta los 3.000 años-luz del Sistema Solar.

Con una magnitud visual de +6.4, M50 es un objeto ideal para pequeños telescopios, e incluso servirán unos binoculares si la noche es oscura, y se extiende por un área que mide aproximadamente 8′ x 6′ de arco, localizándose sin demasiada dificultad a medio camino entre Alpha y Beta Monocerotis. También se puede encontrar trazando una línea entre Sirio y Procyon, a un tercio de distancia de la primera.

El Cúmulo del Árbol de Navidad y la Nebulosa del Cono son dos objetos que se agrupan en una sola denominación en el New General Catalogue: NGC 2264. Es un maravilloso grupo de estrellas, que asemeja a un abeto iluminado por navidades, cuyos vientos estelares provocan una nebulosa oscura en forma de cono, y eso justifica ambos nombres, tanto el del cúmulo como el de la nebulosa. En la base del cúmulo hay una brillante estrella de 4ª magnitud y todo el conjunto está rodeado por una nube de polvo y gas, cuyo hidrógeno, al ser ionizado por las estrellas del cúmulo, ofrecen un marcado color rojizo en las fotografías de larga exposición, resultando una visión realmente maravillosa. En la siguiente toma, el sur está arriba, y podemos observar al cúmulo estelar culminado por la nebulosa:

El conjunto fue descubierto por William Herschel en 1.795 (otra valiosa aportación del músico de Hannover) y parece situarse a la distancia de 2.400 años-luz de nosotros. En conjunto, ofrece una magnitud visual de +3.9 y es bastante joven, pues se formó hace sólo 20 millones de años.

La Nebulosa Roseta (NGC 2237) es una delicia. Dan ganas de alargar la mano, asirla con suavidad, y colocarla en el pelo de aquella joven. Sin embargo, es una colosal nube de hidrógeno, oxígeno y sulfuro, cuya zona central ha colapsado formando el notable cúmulo asociado catalogado como NGC 2244. Es una nebulosa extraordinariamente masiva, pues el material que contiene es suficiente para la formación de más de 10.000 soles. Y probablemente, con el tiempo, acabe por hacerlo. Paciencia.

Mitología

No existen referencias en la mitología clásica asociadas a la Constelación de Monoceros, dado que se trata de un concepto moderno, que no mereció la consideración de los antiguos. Sí existió el mito del Unicornio, una criatura con cabeza de caballo, aunque con barba de chivo, patas de antílope y cola de león, rematado por un largo cuerno, recto y espiral, a la manera de las columnas salomónicas. Modernamente, se representa como un caballo blanco, eso sí, con su cuerno en la frente. En cambio, es muy difícil reconocer un Unicornio entre las estrellas de Monoceros. Al menos para mí.

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La Constelación de Canis Major

Posted in Constelaciones with tags , , , , , on 30 diciembre, 2010 by bitacoradegalileo

Por diversas y poderosas razones, Canis Major ocupa un lugar preferente entre las 88 constelaciones catalogadas por la IAU (Unión Astronómica Internacional). Figuraba ya en la lista de las 48 constelaciones clásicas de Ptolomeo, y representa a uno de los perros (el otro es Canis Minor) que siguen al gran cazador, el Gigante Orión. Cuando se contempla en el cielo de enero, ahí arriba, dan ganas de alargar la mano y acariciar tanta inmensidad, tanta belleza, como si fuera una cariñosa mascota de ojos luminosos, y aliviar con su tacto el frío del invierno boreal. Para empezar, bastaría con decir que contiene a la estrella más brillante desde nuestra posición (Sirio), que incluso rivaliza en brillantez con los planetas más notorios, y a la mayor estrella que se conoce (VY Canis Majoris), que comparada con nuestro Sol resulta ser de un tamaño inconcebible, por no hablar de las 88 estrellas de magnitud inferior a +6, y que están por tanto en el límite de la visibilidad sin aparatos, bajo buenas condiciones del cielo, una cantidad de estrellas inusual en una porción del cielo tan reducida. Un precioso cúmulo estelar (M41), cuya visión resulta tan delicada que muy bien pudiera servir como el más hermoso adorno para el día de navidad (escribo a media tarde del 25 de diciembre de 2010), junto a otros brillantes cúmulos galácticos, e interesantes nebulosas con formas que hacen volar nuestra imaginación, como la de la Gaviota y la del Pato (ambas en la imagen de la izquierda), también conocida como el Casco de Thor, son ejemplos del innegable interés de esta apasionante región del cielo y revelan la cercanía de la Vía Láctea, que cruza la constelación por el nordeste. Además, contiene a la Galaxia enana Canis Major, que alberga a mil millones de estrellas y es la más cercana a nuestra Vía Láctea, por quien parece estar siendo deglutida, en una sorprendente escena de canibalismo galáctico.

De tamaño más bien pequeño (es la número 43 en extensión, con 380 grados cuadrados), se sitúa en el Hemisferio Sur, aunque su declinación de -20º, cerca del ecuador celeste, permite ser avistada hasta regiones de latitud +60º, siendo visible, como es natural, en la totalidad del Hemisferio Austral. Desde el mes de noviembre, y hasta marzo, puede contemplarse en el Hemisferio Norte, y desde Octubre a mayo en el Sur.

Situada al sur de Monoceros (el Unicornio), limita al oeste con Lepus (la Liebre), a la que parece perseguir, y con Columba (la Paloma), que también se sitúa al suroeste. Puppis (la Popa) la rodea por el sureste y el este. La relativa tenuidad de las estrellas de estas constelaciones con respecto a Canis Major, contribuye aún más a la notoriedad de esta ya de por sí fascinante constelación.

De izquierda a derecha, Canis Major con Sirio, Orión, Aldebarán con las Hyades, y Venus junto a las Pléyades

Como Sirio, la principal estrella de Canis Major, es también la más brillante de todo el cielo nocturno, su localización no ofrece mayores dificultades. Sólo hay un problema, que puede afectar al observador menos avezado, y es la posibilidad de confundirla con algún planeta, en particular con Júpiter o Venus, pues éstos suelen alcanzar un brillo muy notable, superior incluso al de Sirio. Para evitarlo, sólo fíjese en la forma en que el astro brilla (pulse sobre la imagen), y recuerde que los planetas lo hacen de una forma constante, mientras las estrellas titilan, brillan de forma parpadeante.

Pero disponemos de más recursos para llevar a buen término su correcta identificación. Sólo con localizar el Cinturón de la cercana Constelación de Orión, popularmente conocido como Las Tres Marías, y prolongando hacia el sureste la línea imaginaria que une a las tres estrellas, llegaremos a Sirio sin ningún problema.

También se puede localizar a Sirio con ayuda de otras estrellas (véase El Cielo del Invierno), en particular del conocido Triángulo de Invierno, que Sirio conforma junto a Betelgeuse (la supergigante roja de Orión) y Procyon (la principal estrella de Canis Minor).

Los lectores que residan en el Hemisferio Sur deben tener en cuenta que su visión diferirá de la boreal en cuanto a su orientación, pues la esfericidad de la Tierra hace que observen el asterismo invertido, como se aprecia en la fotografía superior, del VLT (Very Large Telescope) de la Agencia Espacial Europea, en el desierto chileno de Atacama.

En el siguiente cuadro indico la hora en que Sirio efectúa el tránsito por el punto más alto (en el sur para el Hemisferio Norte, en el norte para el Austral), durante cada uno de los cinco domingos de este próximo mes de enero, para las ciudades de Cádiz, Buenos Aires y México, en sus respectivos horarios locales:

Día Cádiz Buenos Aires México D.F.
2 01:24 00:54 00:37
9 00:57 00:27 00:09
16 00:29 23:59 23:42
23 00:02 23:31 23:14
30 23:34 23:04 22:47

Una vez que se ha localizado a Sirio, la identificación del resto de las estrellas de la constelación resultará tarea fácil, e incluso al sur de Sirio podrán localizarse numerosos campos de estrellas, debido a la presencia de la Vía Láctea. Si la oscuridad es suficiente, podrán distinguirse a simple vista.

Estrellas principales

Sirio (Alpha Canis Majoris o α CMa) es la principal estrella de la constelación, y la más brillante de todo el cielo nocturno. Su visión en el cielo del invierno boreal resulta espectacular, a pesar de no ser un cuerpo extraordinario, pues su radio sólo es 1.5 el del Sol, y su masa 3.5 veces mayor que la de nuestra estrella. Pero su relativa proximidad al Sistema Solar, de tan sólo 8.6 años-luz, la quinta estrella más cercana a la nuestra, le confiere un brillo muy superior al de las demás estrellas nocturnas. En una ocasión, quise comprobar hasta dónde el brillo de la estrella aguantaba la luminosidad de la mañana, y tuve que rendirme cuando el reloj marcaba las 9:20 de la mañana, ya con el Sol sobre el horizonte desde hacía un buen rato, y Sirio seguía en el centro de mi ocular.

Su magnitud visual de -1.46 le permite rivalizar con Júpiter y a veces incluso con Venus, siendo de muy fácil localización al sureste del Cinturón de Orión, siguiendo la línea marcada por éste, como ya se apuntó más arriba. Es una estrella blanca, con ligero matiz azulado, de tipo espectral A1V, una estrella enana de la secuencia principal que tiene una temperatura superficial del orden de los 10.000 ºK.

No quiero extenderme demasiado en el análisis de esta estrella, pues mi intención es dedicarle un monográfico. Pero es de resaltar su naturaleza binaria. Efectivamente, en 1.844 Friedrich Bessel estudió detenidamente las alteraciones en el movimiento propio de la estrella, y dedujo la presencia de una compañera física, que A.G. Clark descubrió en 1.862 con su telescopio refractor de 18”. Sirio B, que así se llama, y que en la fotografía del Hubble aparece abajo a la izquierda de Sirio A, es una débil estrella de +8.5 de magnitud visual, que hubiera sido visible fácilmente a no ser por el deslumbrante brillo de su acompañante. Sirio A es conocida como la Estrella Perro, y Sirio B como El Cachorro. Veamos las principales características de Sirio A:

Sirio
Constelación Canis Major
Tipo espectral A1V
Clase Secuencia principal
Color Blanca
Magnitud Visual -1.46
Distancia 8.6 años-luz
Radio 1.5 soles

Adhara (Epsilon Canis Majoris o ε CMa), con una magnitud visual de +1.51 es la segunda estrella más brillante de la constelación y es también un sistema doble. Se trata de una supergigante azul, de espectro B2I, 15.000 veces más luminosa que el Sol, pero que está situada a 405 años-luz. Sin embargo, si estuviera en el lugar de Sirio, brillaría con una magnitud de -7, equivalente a la Luna en su tercer día, cuando el terminador se sitúa en la orilla occidental de Mare Crisium. Siete veces más brillante que Venus. En tiempos muy remotos (hace casi 5 millones de años) estaba mucho más cerca, a unos 37 años-luz, y brillaba con magnitud -4. Su acompañante es una estrella de la secuencia principal de +7.4 de magnitud visual. Resumamos a continuación algunos datos relevantes sobre Adhara:

Adhara
Constelación Canis Major
Tipo espectral B2I
Clase Supergigante
Color Azul
Magnitud Visual +1.51
Distancia 405 años-luz
Radio 10.4 soles

La tercera estrella más brillante de Canis Major es Wezen (Delta Canis Majoris o δ CMa), de magnitud +1.83. Es una jovencísima estrella, de sólo unos 10 millones de años situada a una incierta distancia de 1.790 años-luz. De color blanco-amarillento, es un astro muy masivo, equivalente a 17 soles, lo que hace que agote su combustible muy rápidamente, y en sólo unos centenares de miles de años explotará como supernova. Con un diámetro de 200 veces el de nuestra estrella, tiene una luminosidad equivalente a la de 50.000 soles. Un resumen:

Wezen
Constelación Canis Major
Tipo espectral F8I
Clase Supergigante
Color Blanco-amarillenta
Magnitud Visual +1.83
Distancia 1.790 años-luz
Radio 200 soles

Murzim o Mirzam (Beta Canis Majoris o β CMa) es la cuarta estrella más brillante de la constelación, con magnitud variable entre +1.95 y +2.00. Su nombre significa “El Heraldo”, y es una alusión a la próxima aparición de Sirio tras de ella, unos 18 minutos después. Está a una temperatura superficial de 26.000 ºK y es 34.000 veces más luminosa que el Sol. Algunos de sus datos:

Murzim / Mirzam
Constelación Canis Major
Tipo espectral B1II
Clase Gigante
Color Azul
Magnitud Visual +1.95/+2.00 var.
Distancia 500 años-luz
Radio 12 soles

En este esquema comparativo, a la izquierda de VY Canis Majoris está representado el Sol. Sí, sí que está, pulse sobre la imagen y cuando se abra vuelva a pulsar.

VY Canis Majoris es la estrella más grande que se conoce. Situada a unos 5.000 años-luz de distancia, la estrella se estima que tiene entre 1.700 y 2.100 veces el diámetro del Sol. Situada en el lugar de éste, alcanzaría la órbita de Saturno y contendría en su interior las de Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, el cinturón de asteroides y Júpiter. Si pudiéramos reducir la Tierra hasta el tamaño de un centímetro, VY Canis Majoris resultaría tener 2.3 kilómetros de diámetro. Recibe también la denominación HIP 3693, que es su numeración en el Catálogo Hiparcos.

Una densa nebulosa la rodea y esta circunstancia puede ser la responsable de las variaciones que muestra en su brillo, desde +7.6 a +9.0, y dependiendo de éste, podrá ser visible con binoculares, o necesitarse telescopios para su observación. Esta nube que rodea a la estrella está compuesta por polvo y otros materiales expulsados por ella misma.

VY Canis Majoris
Constelación Canis Major
Tipo espectral M3-5V
Clase Hipergigante
Color Roja
Magnitud Visual +7.6/+9.0 var.
Distancia 5.000 años-luz
Radio 1.700/2.100 soles (incierto)

Objetos de Cielo Profundo

Como la Constelación de Canis Major está surcada por el Brazo de Orión de la Vía Láctea, sobre todo en su sector oriental, encontramos numerosos campos ricos en estrellas. Uno de ellos, M41, el único objeto de la región que Messier anotó en su catálogo, es un precioso cúmulo estelar:

Descubierto por Giovanni Battista Hodierna en 1.654, redescubierto por Le Gentil en 1749 de forma independiente, e incluido por Messier en el catálogo de objetos molestos el 16 de enero de 1.765, M41 ya fue probablemente avistado por Aristóteles el 325 a.C., pues el cúmulo se deja ver sin ayuda óptica en buenas condiciones de cielos oscuros y ausencia de contaminación, tanto ambiental como lumínica, muy cerca de la brillante Sirio, como veremos enseguida. Es por tanto el objeto más débil entre los registrados en la Antigüedad. Ofrece una magnitud visual conjunta de +4.5 y es un objeto bastante joven, pues su edad se ha estimado entre 190 y 240 millones de años.

M41 es bastante amplio, pues su diámetro real es de unos 25 años-luz, pero situado a 2.350 años-luz del Sistema Solar, hace que lo veamos con un tamaño aparente de 38 minutos de arco, algo mayor que la Luna llena. Contiene unos 100 miembros, entre los que destaca una gigante anaranjada muy cerca del centro, de tipo espectral K3 y magnitud +6.9, unas 700 veces más luminosa que el Sol. Otras estrellas azules, blancas, amarillas, anaranjadas y rojas completan una deliciosa visión. La gigante azul que aparece en la esquina inferior izquierda de la imagen de arriba es 12 CMa, y no pertenece al cúmulo, pues está mucho más cerca.

Es muy fácil localizar a M41. Basta con enfocar a Sirio, y desplazarse sólo 4º hacia el sur, y allí lo encontrará prácticamente en el centro de su ocular. Sin embargo unos binoculares de 10×50 ya serán suficientes para resolver algunas de las estrellas del cúmulo.

La Nebulosa de la Gaviota es una de las más bonitas del cielo. Está formada por dos objetos bien diferenciados: NGC 2327 forma la cabeza del ave, mientras IC 2177 constituye el resto del cuerpo y las alas del animal, y su tamaño es inmenso: mide unos 250 años-luz. Se localiza a 7.5 grados al noreste de Sirio, en dirección a M50, justo en el límite entre las constelaciones de Canis Major y Monoceros (el Unicornio), a 3.800 años-luz del Sistema Solar. Es una gran nube de gas y polvo que ocupa en el cielo un espacio de 4 x 3 grados.

El Casco de Thor (NGC 2359) es una espectacular nebulosa de emisión, muy cercana en la línea visual a la nebulosa de la Gaviota, pero que está cuatro veces más alejada del Sistema Solar, a unos 15.000 años-luz. También conocida como Nebulosa del Pato, tiene una característica forma de Q, con una burbuja originada por una estrella de Wolf-Rayet central, esto es, una estrella muy masiva, caliente y evolucionada, que despide fortísimos vientos estelares que hacen que la materia circundante tome esa forma. La estrella tiene magnitud visual de +11.4 y la nebulosa, en su conjunto, +9.0. El material expulsado más allá le confiere el aspecto de un casco vikingo. Ocupa en el cielo un ángulo de 8′ de diámetro, aunque la nebulosa en realidad mide unos 50 años-luz de un extremo a otro.

(Pulse sobre la imagen)

NGC 2207 e IC 2163 se encuentran a 3.5º de Mirzam, en dirección suroeste. Son dos galaxias espirales en una temprana fase de colisión. Tienen magnitud visual +11.0, y se sitúan a 110 millones de años-luz de la Tierra. Ahí al lado.

Un equipo internacional de astrónomos, por último, halló en el año 2.003 a la Galaxia Enana del Can Mayor, que resulta ser la más cercana a la Vía Láctea. Tan es así, que está siendo devorada por esta última y ya se encuentra bastante degradada. El influjo de nuestra galaxia ha hecho formar filamentos de estrellas que nos rodean. Situada a sólo 42.000 años-luz del centro galáctico y a 25.000 años-luz de nosotros, su existencia fue ignorada hasta hace bien poco, pues se encuentra camuflada tras el plano de la Vía Láctea.

Mitología

Mitológicamente, y como no podía ser de otra forma, Canis Major está íntimamente relacionado con Sirio, su estrella principal y la más notable de todo el cielo. Para la civilización egipcia, la primera aparición en la madrugada tras seis meses de ausencia en los cielos (orto helíaco) coincidía con la crecida del Nilo, y la consiguiente fertilización de las tierras de cultivo, constituyéndose de esa forma en fuente de riqueza para los egipcios. Así, Sirio fue venerado primero como Anubis, el dios con cabeza de chacal, y más tarde como Isis. Ha sido identificado con el can Cerbero, guardián de los infiernos, lo que resulta coherente con la adoración de Anubis, pues éste era el dios de la necrópolis, directamente relacionado con Osiris.

Sirio fue también asociado con los días de mayor calor, la Canícula, pues se pensaba que al desaparecer en los meses centrales del año sumaba su calor al del Sol para así originar los días más crudos del verano.

Canis Major se identifica asimismo con uno de los dos perros del gigante cazador Orión, junto con Canis Minor. Orión pidió a Zeus que pusiera a sus perros junto a él, y por eso siempre lo siguen en su desplazamiento por el cielo, tratando de cazar a Lepus (la Liebre).

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