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Alpha Centauri, la estrella más cercana

Posted in Estrellas with tags , on 9 julio, 2011 by bitacoradegalileo

Situado en la Constelación del Centauro, el sistema estelar de Alpha Centauri es el más cercano a nuestro Sistema Solar. Todas las demás estrellas están a mayor distancia. Esta particularidad, por sí sola, la hace muy interesante, pero además concurren otras circunstancias que la convierten en una de las más atrayentes del cielo nocturno. Resulta ser, en su conjunto, la tercera estrella más brillante de todas, y junto con Hadar (Beta Centauri), las dos en la imagen de la derecha, es una muy importante y útil referencia para la localización de la Cruz del Sur. Además, y como se trata de una estrella triple, Alpha Centauri A, la componente principal, se constituye en una buena candidata para la búsqueda de planetas del mismo tipo que la Tierra, capaces de albergar vida en la forma en que la conocemos en caso de que existan.

La Constelación del Centauro es una de las más extensas y conocidas del cielo. Con una declinación claramente meridional, que la hace pertenecer casi en exclusiva a los cielos australes, contiene destacados objetos de cielo profundo, entre los que hay que destacar el cúmulo globular Omega Centauri, que es el más notable de la Vía Láctea entre los de su clase, y la galaxia lenticular gigante Centauro A (en la fotografía de la izquierda), que es además una importante fuente de radiación. Sus dos principales estrellas son Alpha Centauri, llamada Tolimán, y Beta Centauri, también conocida como Hadar. No son visibles desde Europa, y sólo pueden admirarse desde latitudes más al sur del paralelo +30º, a pesar de lo cual Alpha Centauri es una de las estrellas más famosas del cielo, rivalizando con Sirio y la Estrella Polar.

Su posición es tan decididamente austral que incluso los residentes en Wellington, Camberra, Johannesburgo, Buenos Aires o Santiago de Chile también tienen que mirar hacia el sur para encontrarlas. Algo parecido a lo que ocurre con la Osa Mayor en el Hemisferio Norte.

Las dos estrellas, Alpha y Beta Centauri, son llamadas las apuntadoras de la Cruz del Sur, porque uniendo ambas con una imaginaria línea recta, y prolongándola hacia el oeste, llegaremos a la estrella Gamma de Crux, Rubídea. Es éste un recurso ampliamente utilizado no sólo para la localización de esta importante constelación, sino también para evitar confundirla con la llamada Falsa Cruz, que se encuentra más al oeste, entre las constelaciones de Vela y Carina.

Alpha Centauri recibe también otros nombres alternativos, como Rigel Centaurus o Rigil Kentaurus (el Pie del Centauro), y con menos frecuencia el de Toliman. Considerada desde la Antigüedad como una sola estrella, su magnitud conjunta de -0.27 la erige como la tercera más brillante del cielo nocturno, sólo superada por Sirio y Canopus. Hoy sabemos, sin embargo, que Arturo la supera, si consideramos el brillo de sus componentes individuales.

Es, claramente, la estrella más cercana al Sol, aunque su distancia esté en torno a los 40 billones (un 4 seguido por 13 ceros) de kilómetros, unos 4.35 años-luz. La tercera componente, no obstante, se encuentra algo más cercana, pues orbita a las otras dos y ahora se sitúa a unos 4.22 años-luz. Es llamada por eso Próxima Centauri. Ésta sí es, sin excepciones ni matices, la estrella que está más cerca de nuestro Sol.

El primero en avistar la duplicidad de Alpha Centauri fue el Padre Richaud de Pondichery quien, en el año 1.689 pudo observar a la segunda componente desde la India, cuando estudiaba la trayectoria de un cometa. La tercera componente, llamada Próxima Centauri, no fue descubiera hasta el año 1.915, cuando el astrónomo británico Robert Thornburn Innes la avistó desde Suráfrica.

Es interesante anotar la posición del Sol cuando se observa desde aquellos lares. Nuestra estrella aparece como una brillante componente de la Constelación de Casiopea, con magnitud visual de +0.5. En cambio, desde Próxima, sus compañeras A y B se proyectan sobre la Constelación de Hércules, muy cercanas a M13, el Gran Cúmulo de Hércules.

La componente principal del sistema, Alpha Centauri A (magnitud visual -0.01), es una enana amarilla de tipo espectral G2V, el mismo que el del Sol, y con un extraordinario parecido a nuestra estrella, no sólo en cuanto al color, sino también por su tamaño (radio = 1.23 veces el del Sol), su masa (un 10 % mayor) y su temperatura (entre 5.790 y 5.850 ºK, frente a los 5.780 del Sol). Tampoco su luminosidad es excesivamente mayor: sólo una vez y media más que la de nuestra estrella. Enseguida veremos la importancia que todo esto tiene.

Separada por sólo 23 Unidades Astronómicas de la anterior, un poco más de la distancia entre Urano y el Sol, Alpha Centauri B es una enana anaranjada (tipo espectral K1V) de magnitud visual +1.35, algo más pequeña, menos masiva y más fría (entre 5.260 y 5.320 ºK) que el Sol. Las dos estrellas, A y B, orbitan entre sí con un periodo de 80 años. Individualmente considerada, es la estrella número 21 en el orden de brillo entre todas las existentes. Tiene, en cambio, sólo un 50 % de la luminosidad solar.

Alpha Centauri C, más conocida como Próxima Centauri, o simplemente Próxima, está mucho más separada, y es la más tenue y fría de las tres. Ni siquiera es seguro que esté ligada a las otras dos gravitacionalmente. En el caso en que sí lo estuviera, su órbita habrá de tener una duración superior al medio millón de años, probablemente un millón. En estos momentos transita por un lugar más cercano al Sistema Solar que las otras dos. Es una enana roja, tipo espectral M5V, cuya masa es una octava parte la del Sol y su radio la séptima parte, lo que unido a su baja temperatura de 3.040 ºK la hacen brillar con undécima magnitud, y se necesitan potentes telescopios para avistarla, a pesar de ser la más cercana entre los millones y millones de estrellas de la Galaxia. Desde A y B, Próxima brilla con 5ª magnitud, apenas visible para el ojo humano.

La rara similitud entre el Sol y Alpha Centauri A, ya apuntada más arriba, ha disparado las especulaciones sobre la posibilidada de que esta estrella pudiera tener planetas tipo terrestre en su zona de habitabilidad, capaces por lo tanto de albergar algún tipo de vida, incluso inteligente. En efecto, las propiedades de la estrella parecen permitirlo, y por eso los investigadores se afanan en la búsqueda de algún astro de ese tipo, que habría de situarse a un máximo de 2 UA (Unidades Astronómicas, la distancia media Tierra-Sol), pues B llega a acercarse a 11 UA. Dentro de esos límites están, con respecto al Sol, cuatro planetas: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, cuya distancia al Sol es de sólo 1.5 UA.

El descubrimiento en el año 2.001 de que Alpha Centauri A sufre pulsaciones cada 7 minutos, no disminuye un ápice tal posibilidad, en orden a la estabilidad térmica de la estrella, pues el Sol también experimenta tales variaciones, y lo hace con sólo 5 minutos de periodo. La pequeña diferencia en cuanto a la temperatura, tampoco sería un inconveniente, si el planeta “candidato” se situara a unas 1.25 UA de la estrella. Además. Alpha Centauri A tiene una edad adecuada (es algo más vieja que el Sol), lo que le ha permitido contar en su composición química con la suficiente cantidad de elementos más pesados que el helio (que los astrónomos llaman metales), como para dar el sí a esta ilusionante posibilidad. Incluso Alpha Centauri B tiene alguna oportunidad, pero… ¡cuidado!, sólo es una posibilidad. Aún no sabemos si realmente desde allí nos está mirando alguien.

Mitología

Los centauros eran criaturas mitológicas, mitad hombre mitad caballo, con fama de huraños y violentos. Eran considerados inhóspitos e ignorantes, salvajes y nada amantes de las artes. Pero hay una excepción honrosa en la figura de Quirón, un centauro amable, sensible y de buen carácter, amante de la música y la poesía, que educó en éstas y en otras disciplinas a Aquiles, Heracles (Hércules), Jasón y Teseo, entre otros. La imagen de la derecha es una pintura del artista flamenco Pedro Pablo Rubens.

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La Constelación de Cygnus (el Cisne)

Posted in Constelaciones with tags , , , , , on 30 junio, 2011 by bitacoradegalileo

La espectacular Constelación del Cisne, llamada también en ocasiones La Cruz del Norte, es una de las más hermosas regiones de todo el cielo. Brillantes estrellas, entre las que hallamos la supergigante blanca Deneb, que es uno de los vértices del famoso Triángulo de Verano (junto con Vega en la Constelación de Lyra y Altair en la del Águila), y también la bellísima Albireo, a mi entender la estrella doble más bonita de todas cuantas podemos admirar.

Sorprendentes nebulosas, entre las que destacan la Nebulosa Norteamérica, la del Pelícano, la de la Mariposa y la del Velo (que es el resto de una antiquísima supernova), entre otras, ricos campos estelares con multitud de estrellas jóvenes, muy calientes, cúmulos abiertos pertenecientes al Catálogo Messier, como M29 y M39, o una intensa fuente de radiación, el llamado Cygnus X-1, completan un paisaje que merece no una, sino muchas noches de observación y deleite, en una zona del cielo surcada por el Brazo de Orión de la Vía Láctea, que es una región externa, en dirección contraria al centro galáctico, donde se encuentra Sagitario.

El nombre oficial de la constelación es Cygnus, y su genitivo Cygni, así es que las dos estrellas citadas se denotan como Alpha Cygni (Deneb) y Beta Cygni (Albireo); la abreviatura es Cyg, de forma que también puede escribirse α Cyg y β Cyg respectivamente. Ambas estrellas son la cola y el pico del ave, que se representa en vuelo, y no posada sobre un plácido lago, como yo erróneamente imaginaba cuando comencé a estudiar la cosa esta de las constelaciones. Curiosamente, la cola del cisne (Deneb) se corresponde con el cabecero de la cruz, y viceversa, Albireo está en la cabeza del ave, pero es el pie de la cruz. Otras tres estrellas, Gamma, Delta y Epsilon, completan el asterismo de la cruz, la primera en el crucero y las otras constituyen los extremos del travesaño, y también las alas del ave, que vuela en dirección sur. Las cinco estrellas tienen un brillo suficiente como para ser avistadas con relativa facilidad.

La abundancia de nebulosas y de campos estelares se debe a la presencia en la región de la Vía Láctea, que confiere un tono lechoso al “cuerpo” del ave, y que está dividida en dos a lo largo por una zona oscura, llamada Hendidura del Cisne, conocida también como Saco de Carbón Boreal, por analogía con la nebulosa oscura del mismo nombre en la constelación de la Cruz del Sur.

Aunque puede observarse desde mucho antes y hasta mucho después, Cygnus alcanza su tránsito en la medianoche entre los meses de julio y agosto, y se muestra muy alta en el Hemisferio Norte, pues está cruzada por el paralelo +40º. Desde la primavera y hasta bien entrado el otoño es posible verla desde latitudes septentrionales. En el Hemisferio Sur se podrá ver durante el invierno austral. Para su localización, sólo hay que buscar al Triángulo de Verano, un conjunto de tres brillantísimas estrellas, una de las cuales es Deneb, y las otras dos Vega, que es la quinta estrella más luminosa de todo el cielo nocturno, y Altair, la más brillante componente de la Constelación del Águila. Albireo, el pico del Cisne, se sitúa entre Vega y Altair, pero dentro de los límites del Triángulo, ocupando su baricentro.

En el Hemisferio Sur, aparece bastante baja sobre el horizonte norte, aunque todavía puede vislumbrarse. En la ciudad de Santiago de Chile (situada a 33º27′ de latitud sur), Deneb aún alcanza unos 11º sobre el suelo, y es posible disfrutar de toda la constelación, a pesar de su condición claramente septentrional. A finales del mes de agosto alcanzará su máxima altitud alrededor de las 22:30 hora local. Antes de esas fechas lo hará un poco después; en fechas posteriores, un poco antes.

Principales estrellas

La Constelación de Cygnus cuenta con más (bastante más) de un centenar de estrellas con magnitud inferior a +6.00, es decir, en el límite de la visibilidad a ojo desnudo cuando los cielos ofrecen una buena calidad de observación. Así pues, son muchas las que merecerían una detallada visita, pues el catálogo de estrellas interesantes es copioso. Estrellas dobles, triples y múltiples, así como variables de todo tipo tienen aquí una amplia representación.

En un artículo como éste, pues, no es posible rendir la atención adecuada a cada una de ellas, así es que me he limitado a presentarles las cinco más brillantes, que forman el asterismo de la constelación, y que permitirá, a posteriori, un estudio más detallado por parte del aficionado más interesado.

Deneb (Alpha Cygni) es la más brillante de toda la constelación, y una de las más notables del cielo nocturno, la decimonovena en el orden de brillo entre todas ellas, con una magnitud visual de +1.25. Para los residentes australes que no puedan alcanzar a verla debido a su latitud, la intensidad de su brillo es prácticamente igual a la de Mimosa, la estrella Beta de la Cruz del Sur, a pesar de que ésta se encuentra cuatro veces más cerca de nosotros. Deneb es un astro magnífico, una hipergigante blanca, de tipo espectral A2I unas 110 veces mayor que el Sol y 70.000 veces más luminosa. Baste decir que es una de las estrellas más notables, a pesar de hallarse a una colosal distancia que, aunque es incierta, todos aceptan cifrarla en un mínimo de 1.400 años-luz. Algunos amplían esta valoración hasta 3.200 años-luz.

Los observadores que dispongan de cielos oscuros y de buenas aperturas en sus telescopios harán bien en entretenerse un buen rato por la región de Deneb, pues en sus proximidades se toparán con fascinantes nebulosas y campos estelares. En la imagen superior aparecen a la izquierda de Deneb las nebulosas Norteamérica y del Pelícano. El nombre Deneb es un vocablo procedente del árabe que significa cola, y que también encontramos en otras estrellas como Deneb Algenib (Capricornio), Deneb Kaitos (Cetus), Deneb al Okab (el Águila) y Denébola (Leo).

Sadr es la segunda estrella más brillante de la constelación, a pesar de llevar la denominación de Bayer Gamma Cygni o γ Cyg, con magnitud visual de +2.20. Ocupa el centro del asterismo de la Cruz del Norte, o el pecho del Cisne, que es precisamente el significado del vocablo árabe del cual procede el nombre. Es una supergigante blanco-amarillenta, tipo espectral F8I, distante unos 1.500 años-luz, pero 65.000 veces más luminosa que el Sol, y unas 225 veces más grande.

Es engañosa la sensación de estar rodeada por la nebulosa que parece envolverla (IC 1318), pues ésta se encuentra mucho más alejada aunque en la misma línea visual. En sus proximidades encontraremos al cúmulo abierto NGC 6910 (arriba) y a la Nebulosa de la Mariposa (izquierda).

Gienah o Giennah (Epsilon Cygni o ε Cyg) es la tercera estrella más brillante del Cisne. Su nombre, que significa “ala” en árabe, designa también a la estrella gamma de la constelación de Corvus (El Cuervo), así es que en ocasiones se distingue entre Gienah Corvi y Gienah Cygni. Es una estrella doble, con magnitud conjunta de +2.46 distante unos 72 años-luz del Sistema Solar. La componente principal, Gienah A, es una gigante anaranjada de tipo espectral K0III, 12 veces mayor y 61 veces más luminosa que nuestro Sol. Gienah B, su acompañante, es una enana roja bastante más tenue, pues alcanza la duodécima magnitud, y aparece con una separación de 78 segundos de arco con respecto a Gienah A. Desde ésta, según Jim Kaler, su acompañante se ve con un brillo equivalente al que a nosotros nos ofrece Júpiter, y sin embargo desde Gienah B, su compañera brilla dos veces con más intensidad de lo que lo hace la Luna llena para nosotros. En sus proximidades se encuentra la Nebulosa del Velo.

Delta Cygni es la cuarta estrella, en el orden de brillo, de la Constelación del Cisne. A pesar de mostrar una magnitud visual de +2.87, no tiene nombre propio, y sólo es conocida por su designación de Bayer. Se trata de un sistema triple cuya componente principal tiene un tipo espectral B9.5IV, es decir, una subgigante casi igual que Vega en cuanto a su color, blanco. Tiene una compañera muy próxima de sexta magnitud y otra más alejada mucho más tenue, de duodécima magnitud. El sistema se sitúa a 171 años-luz de nosotros, y visualmente podemos encontrarlo ya muy cerca de M56, de la Constelación de Lyra, que aparece en la fotografía superior, a la derecha. Dentro de unos 9.000 años, Delta Cygni será una aceptable Estrella Polar.

Esto es Albireo. Que síii, que existe, que yo la he visto y no ha salido de la inspiración de ningún gran artista ni de ningún cuento maravilloso, sino que es real y puede verse en la cabeza del Cisne, o si lo prefieren, en la base de la Cruz del Norte. Muchos opinan que es la estrella doble más bonita de todo el cielo, pero yo afirmo que es la estrella más bonita, incluyendo a dobles, triples, múltiples y solitarias, pues no hay otra más sencilla, discreta y a la vez elegante visión en todo el firmamento. A continuación les pongo el enlace al artículo que dediqué a esta delicia:

Albireo, una binaria inolvidable

A pesar de su denominación de Bayer Beta Cygni, sólo es la quinta más brillante de la constelación, así es que es la última, de las que forman la Cruz, en mostrarse cuando nuestros ojos se van acostumbrando a la oscuridad y nos van apareciendo cada vez más estrellas. El par está compuesto por una estrella amarilla de magnitud +3.05 y su acompañante, separada por 35 segundos de arco, es azul y brilla con magnitud visual de +5.12. Se resuelven fácilmente con ayuda de unos binoculares. El conjunto se sitúa a 385 años-luz de distancia, pero les aseguro que es muy difícil separarse del ocular cuando en él está la hermosa Albireo.

Cielo Profundo

Toda la región está infestada de nebulosas y cúmulos estelares, aunque es deficiente en galaxias y cúmulos globulares, al situarse en el plano de la Vía Láctea. Caprichosas formas originan innumerables estructuras entre las que es necesario hacer una selección, pues de lo contrario se haría interminable.

Así, me limitaré a citar a las nebulosas llamadas Creciente y Tulipán. Sí nos detendremos en la Mariposa y en la del Velo, mientras que las denominadas Norteamérica y Pelícano (en la fotografía superior) ya fueron objeto de un artículo monográfico en estas mismas páginas. A continuación, el enlace al informe citado:

Las nebulosas Norteamérica y del Pelícano

Baste recordar aquí, respecto a estas nebulosas, que se trata de dos ingentes masas de polvo y gas hidrógeno, de 50 y 30 años-luz de diámetro, respectivamente, que albergan zonas de creación de estrellas jóvenes (guarderías estelares), y que se sitúan muy cerca al este de Deneb vistas desde la Tierra, aunque están mucho más alejadas que la estrella.

Otro tanto hay que apuntar sobre la infinidad de cúmulos estelares que se reparten por la costelación, profusos y bellos campos de estrellas, entre los que he seleccionado los dos objetos Messier presentes en la región: M29 y M39. Pero hay muchos más. Por último, haremos una breve referencia a Cygnus X-1.

IC 1318, conocida como Nebulosa de la Mariposa y también como Nebulosa de Gamma Cygni, es uno de los objetos de su tipo más grandes y masivos que se conocen. Perteneciente al complejo molecular nebuloso del Cisne, está atravesada por una zona oscura, que la divide en dos, y le confiere esa forma que recuerda a las alas de una mariposa. Está situada junto a Sadr, la estrella central en el asterismo de la Cruz del Norte, aunque la estrella se encuentra mucho más cerca de nosotros y no está ligada a la nebulosa.

La espectacular Nebulosa del Velo es una estructura de aspecto filamentoso, remanente de una supernova que estalló hace al menos 20.000 años, y que se sigue expandiendo aún en la actualidad. Es una intensa fuente de radio cuyas emisiones revelan la presencia de oxígeno, azufre e hidrógeno, de unos 70 años-luz de diámetro que se sitúa a 1.500 años-luz de distancia. No se deja ver fácilmente, a no ser en fotografías de larga exposición tomadas por telescopios de al menos 8 pulgadas de abertura y con ayuda de filtros nebulares del tipo OIII. Particularmente atractiva es la porción oeste de la nebulosa, que ha sido llamada La Escoba de bruja, por su evidente parecido con tal objeto.

El cúmulo abierto M29, o Messier 29, situado a 4.000 años-luz de distancia del Sistema Solar, se localiza a sólo 1.5º al sur de Sadr (Gamma Cygni). Está compuesto por unas 50 estrellas, 5 de ellas más brillantes de las que 4 forman un cuadrado característico, que facilita su identificación. Se podrán observar con ayuda de binoculares. Su magnitud visual es de +6.60 y ocupa en el cielo un arco de 7′ de grado de diámetro. El cúmulo se aproxima a nosotros a la velocidad de 28 km/seg. Otras denominaciones que ostenta son Cr 422 y NGC 6913.

Bastante más grande y brillante que el anterior, aunque menos poblado, M39 o Messier 39 se localiza a 800 años-luz de distancia de nuestra posición. Consta de unas 30 estrellas, media docena de ellas de séptima magnitud. Ocupa en el cielo un arco de 32′ de grado, equivalente al tamaño de la Luna llena, y que corresponde a un tamaño real de 7 años-luz de diámetro. Su magnitud visual es de +4.60.

Para su lozalización, puede partirse de Deneb (Alpha Cygni) y desplazarse primero 3.2º hacia el norte, para después ir hacia el este, y a 9º estará M39. Llamativo con prismáticos, su espectacularidad decrece de forma considerable en el ocular de un telescopio.

Por último, y como curiosidad, citaré el objeto Cygnus X-1. Se trata de una intensa fuente de emisión de rayos X, descubierta en el año 1.965, y que se sitúa a 10.000 años-luz de distancia. Las fluctuaciones de tales radiaciones, del orden de una milésima de segundo, hacen pensar que se trata de un objeto extraordinariamente compacto y muy masivo, y es el mejor candidato para ser considerado el primer agujero negro del que conocemos su ubicación. Se sitúa a sólo 23 minutos de arco al norte-noreste de Eta Cygni (η Cyg), que es una estrella que la podemos encontrar a medio camino entre Sadr (Gamma Cygni) y Albireo (Beta Cygni). La imagen superior muestra las radiaciones de Cygnus X-1 captadas por el Telescopio de Rayos X en órbita Chandra. La inferior es una concepción artística.

Mitología

Leda, reina de Esparta, se bañaba desnuda en las aguas del río Eurotas cuando el gran Zeus, conocido por su promiscuidad, y que regresaba de su aventura con Némesis, se prendó de la augusta dama. Para seducirla, cambió su figura y se transformó en cisne, y de esta manera pudo poseer a Leda. Ésta, habiendo quedado encinta, puso dos huevos (pues nadie me hubiera creído si les cuento que parió, habiendo yacido con un pato). De uno de los huevos nacieron gemelos, Cástor y Pólux, que dan nombre a las dos principales estrellas de la Constelación de Géminis, y del otro nació Helena, una joven que tras ser raptada por Paris, fue causante de que griegos y troyanos se liaran a guantazos en la famosa trifulca de la Guerra de Troya.

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Neptuno: Ciclones lejanos

Posted in Planetaria with tags , on 17 mayo, 2011 by bitacoradegalileo

Doce largos años a la increíble velocidad, para un ingenio creado por el hombre, de 14.8 kilómetros por segundo, necesitó la sonda espacial Voyager 2 para salvar los 4.500 millones de kilómetros que separan a la Tierra del lejano Neptuno, último de los planetas del Sistema Solar, convirtiéndose así en la primera y hasta el momento única nave que ha visitado el planeta. El Dios de los Mares, trasladado a los cielos, dista del Sol 30 veces más que la Tierra, es decir, 30 Unidades Astronómicas. Como la luz del Sol tarda en llegarnos 8 minutos a nosotros, resultará que a Neptuno la distancia es de

8 x 30 = 240 minutos

o, lo que es lo mismo, 4 horas-luz, y ése precisamente es el tiempo que tardaron en llegarnos los datos y las imágenes que nos transmitió la Voyager 2.

Con el descubrimiento de Plutón en 1.930, éste pasó a ser el último de los planetas, hasta que la Unión Astronómica Internacional privó a Plutón de la consideración de planeta en su Asamblea General celebrada en Praga en 2.006, y entonces Neptuno recuperó su condición de ser el más alejado de este tipo de astros en lo que a nuestro sistema planetario se refiere. Pero incluso en el periodo comprendido entre 1.979 y 1.999, Plutón irrumpió en la órbita de Neptuno, que en esa veintena de años, también fue el más distante.

Los ocho planetas del Sistema Solar se dividen en dos grupos, separados por el Cinturón de asteroides entre las órbitas de Marte y Júpiter. Los cuatro más cercanos al Sol, llamados planetas interiores, rocosos, telúricos o terrestres (en referencia a la Tierra), son Mercurio, Venus, la propia Tierra y Marte, y un segundo grupo, formado por los llamados planetas exteriores, gigantes gaseosos o jovianos (de Júpiter), entre los que se encuentra Neptuno, junto con el mismo Júpiter, que es el mayor de todos, Saturno y Urano.

Neptuno es el cuarto de mayor tamaño entre todos los planetas de nuestro Sistema Solar, superado por los otros tres grandes planetas gigantes gaseosos, pero con un diámetro casi 4 veces mayor que el de la Tierra, que es el planeta que, a distancia, le sigue en tamaño. Su diámetro ecuatorial es de 49.427 kilómetros (Tierra = 12.756 km).

Descubrimiento

El descubrimiento de Neptuno fue el primero basado en cálculos matemáticos. En cambio, antes de ser identificado como un planeta, ya había sido avistado en los mismos albores de la Astronomía moderna. En efecto, Galileo Galilei tuvo que verlo en sus observaciones de Júpiter durante los años 1.612 y 1.613, pues en esos momentos ambos planetas estaban en conjunción. El pisano, sin embargo, no se apercibió de la naturaleza del astro y lo anotó como una estrella, quizás por la limitación de sus instrumentos, o llevado por el entusiasmo que le provocaría el descubrimiento de los cuatro satélites galileanos, que él llamo planetas mediceos.

Fue el estudio de la órbita de Urano, que había sido descubierto por William Herschel en 1.781, lo que alertó a los astrónomos y matemáticos. El planeta no obedecía las previsiones de la Ley de Gravitación Universal de Isaac Newton, ni tampoco las Leyes de Kepler. Todas esas leyes físicas estaban equivocadas, o algo ocurría más allá. Así las cosas, el astrónomo frances Urbain Joseph Le Verrier y el matemático y astrónomo inglés John Couch Adams, trabajando de forma totalmente independiente, calcularon la posición de un supuesto planeta situado más allá, y que sería el responsable de las perturbaciones en la órbita de Urano, por su influjo gravitacional. Los trabajos de los dos investigadores fueron ignorados por la Astronomía oficial de sus respectivos países, así es que Le Verrier remitió sus resultados al astrónomo alemán Johann Gottfried Galle, quien desde el Observatorio de Berlín no tuvo mayor dificultad en encontrar al nuevo planeta el 23 de Septiembre de 1.846, justamente el primer día en el que se puso manos a la obra, a sólo 1º de distancia de la posición prevista por Le Verrier. Tritón, el mayor satélite del nuevo astro, fue descubierto solamente diecisiete días más tarde. Naturalmente, en la actualidad ambos países, Francia y Gran Bretaña, se disputan el mérito del descubrimiento de Neptuno para sus respectivos científicos. En mi opinión, no hay que olvidar a Le Verrier ni a Adams, como tampoco al alemán Galle a la hora de adjudicar la autoría de esta importante aportación.

Estructura y composición

El centro del planeta es un núcleo en estado sólido compuesto por hierro, níquel y silicatos, entre otros materiales rocosos, con un tamaño mayor que el de la Tierra (7.500 km de radio), a temperaturas superiores a la fotosfera solar (entre 6.500 y 7.000 ºK).

Esto hace que el astro irradie más energía de la que recibe del Sol. No están claras las causas que provocan este calor, y se especula con la posibilidad de que Neptuno aún esté contrayéndose, sin haber acabado el proceso de su formación, de donde procedería esta energía, e incluso con la desintegración de algunos de los materiales del núcleo. A éste lo rodea un manto compuesto por agua, amoníaco y hielo de metano, a una temperatura superior a los 2.000 ºK. A esta mezcla, los astrónomos la llaman hielo a pesar de estar a temperaturas tan elevadas y en estado líquido.

La atmósfera, compuesta mayoritariamente por hidrógeno, helio y gas metano, está a la misma temperatura que la de Urano, a pesar de encontrarse 1.500 millones de kilómetros más alejado del Sol. En las capas altas, las trazas de metano forman nubes, a la manera de los cirros de la Tierra, y son las responsables del característico color azul que presenta Neptuno.

Este excedente de energía parece ser el responsable de la formación en las capas altas de verdaderos ciclones, en forma de diversas manchas en la superficie, en cuyas proximidades se han medido vientos huracanados de hasta 2.000 kilómetros por hora, los más violentos de todo el Sistema Solar. La Gran Mancha Oscura, similar a la Gran Mancha Roja de Júpiter, tenía el tamaño de la Tierra, aunque desapareció en 1.994 y se han formado otras nuevas. En esta zona, el porcentaje de hidrógeno alcanza hasta el 80%.

Sistema de anillos

Desde el mismo descubrimiento de Neptuno, diversas observaciones habían informado de la existencia de un sistema de anillos, similar al de los otros tres grandes planetas gaseosos del Sistema Solar, aunque sin una confirmación definitiva. Estas pesquisas se basaron muchas veces en ocultaciones de estrellas, que dejaban de brillar mucho antes de alcanzar el limbo del planeta. El espaldarazo definitivo a la existencia de estas estructuras lo asestó la visita de la sonda Voyager 2, en 1989. Los anillos, hasta un total de cinco, son estrechos y tenues, y están compuestos por partículas de polvo provenientes de los satélites que pastorean la zona, que han sufrido el impacto de pequeños meteoritos, y así se ha desprendido ese material que ahora los forma. Tres de los anillos reciben el nombre de los descubridores del planeta, Adams, Le Verrier y Galle.

Satélites naturales

Hasta un total de trece satélites naturales de Neptuno conocemos hasta el momento, aunque la mayoría de ellos son pedruscos de formas irregulares con apenas unas pocas docenas de kilómetros de diámetro. De ellos, sólo dos, Tritón y Nereida (radio = 340 km), fueron descubiertos antes de la llegada de la sonda de la Agencia Espacial estadounidense Voyager 2. Ésta aportó el avistamiento de otros seis satélites, en 1.989, a los que se llamó Náyade (29 km), Thalassa (40 km), Despina (74 km), Galatea (79 km), Larisa (104 x 89 km) y Proteo (200 km).

Es Tritón, con sus 3.200 kilómetros de diámetro, el más notable y luminoso de todos ellos, aunque su brillo, de decimotercera magnitud (Mv = +13.6), sólo es accesible desde la Tierra para telescopios de cierta potencia. Con un tamaño casi equivalente al de nuestra Luna, fue descubierto por William Lassell sólo diecisiete días después de que Galle avistara a Neptuno, y su nombre es el de uno de los hijos del Dios del Mar. De ambos dioses, padre e hijo, hablaremos en su lugar. Tritón es un astro muy interesante, dada su singularidad, pues es el único satélite natural importante de todo nuestro Sistema planetario con un movimiento retrógrado, es decir, que gira en dirección contraria al de rotación de su planeta.

La otra razón por la que he afirmado su singularidad es que se trata del astro en el que se han registrado las temperaturas más frías de todo el Sistema Solar: 235 ºC bajo cero, así es que probablemente se componga de una buena parte de hielo, y el resto materiales rocosos. A pesar de ello, tiene una tenue atmósfera compuesta por nitrógeno y algo de metano, e incluso manifiesta una ligera neblina.

Hay en la superficie de Tritón una notable actividad de géiseres, que arrojan al exterior un material desconocido proveniente del subsuelo. Aparecen también surcos, grietas e incluso algunos cráteres, tanto volcánicos como de impacto.

Observación amateur

Neptuno tarda 164.8 años en dar una vuelta completa alrededor del Sol, así es que permanece algo más de 14 años en cada una de las constelaciones del Zodíaco, desplazándose sólo un par de grados por cada año terrestre; es decir, tardaría tres meses en atravesar en su totalidad el disco de la Luna si ésta estuviera fija en el cielo, como lo están, prácticamente, las estrellas. Es bueno saber, por tanto, que en estos momentos el planeta transita por Acuario, donde acaba de ingresar procedente de Capricornio, y allí es donde hemos de buscarlo en los próximos años.

Actualmente, el planeta presenta una magnitud visual de +7.9, y no llega a brillar mucho más, hasta alcanzar un máximo de +7.78, esto es, resulta imposible verlo a ojo desnudo. Sí es posible divisarlo con ayuda de binoculares, pero la tarea de distinguirlo de las estrellas que lo circunden será demasiado ardua, pues sólo lograremos ver un punto brillante que ocupará en el cielo un arco máximo de 2.4”. Por eso se necesitan cartas celestes para su localización, efemérides del planeta o la asistencia de algún programa informático. Stellarium y Cartes de Ciel son dos buenas herramientas, y me he servido de ambas para confeccionar las cartas que aquí les presento.

En la siguiente página figuran todos los datos que se necesitan para localizar a Neptuno con ayuda de círculos graduados:

http://www.surastronomico.com/neptuno

Para lograr ubicar al planeta, tendremos que utilizar bajos aumentos, o sea, oculares de distancia focal más larga, para obtener una mayor amplitud de campo. Una vez localizado, y aplicando entonces la mayor potencia de nuestro telescopio, llegaremos a divisar un pequeño disco de color azul verdoso, pero hemos de olvidarnos de poder ver al sistema de anillos ni a ninguno de los satélites, que resultan demasiado tenues, a excepción hecha de Tritón, que sí se podrá ver en telescopios a partir de 8 pulgadas (200 mm de abertura).

Mitología

Depuesto Saturno y confinado en el Tártaro, sus tres hijos, Júpiter, Neptuno y Plutón, se reparten el dominio del mundo, correspondiendo a Neptuno el gobierno de los mares, y el señorío sobre las tempestades y los terremotos. Se trata de un Dios Olímpico, que en la antigua Grecia equivale a Poseidón. Éste se enamoró de la ninfa Anfítrite, hija de Nereo, es decir, una de las cincuenta Nereidas. Anfítrite en principio rechazó la propuesta matrimonial de Poseidón, pero éste envió al Delfín, quien fue tan insistente que resultó persuasivo y consiguió el sí de la ninfa. En agradecimiento, Poseidón concedió al Delfín un lugar en los cielos (Constelación de Delphinus). Ambos, Poseidón y Anfítrite, engendraron a Tritón, que es el nombre que se dio al primer satélite que se descubrió en órbita del planeta Neptuno.

Poseidón se representa con un tridente, montado en un carro tirado por caballos o por hipocampos, y es un dios con mal genio al que no conviene enojar. Que le pregunten si no a Casiopea, esposa de Cepheo y madre de Andrómeda, que ofendió a las Nereidas al pretender ser más bella que las hijas del sabio Nereo. Anfítrite, que como ya he dicho era una de ellas, pidió a su esposo Poseidón su intervención, y éste envió a Cetus, la ballena, para provocar inundaciones en el reino de Casiopea y Cepheo.

Para terminar, una curiosa coincidencia: Próximamente (a mediados de julio) se cumplen 164.8 años desde el descubrimiento de Neptuno, un año neptuniano, así es que desde entonces el planeta sólo ha completado una vuelta alrededor del Sol, y está en el mismo lugar del cielo donde lo encontró Johann Gottfried Galle.

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Constelación de Coma Berenices (la Cabellera de Berenice)

Posted in Constelaciones with tags , , , , , on 2 mayo, 2011 by bitacoradegalileo

Tras un discreto atuendo, compuesto por el modesto vestuario de tres débiles estrellas apenas discernibles a simple vista, y como los tesoros más valiosos, que permanecen ocultos en la cripta inaccesible del anonimato, miles de galaxias distantes, a cientos de millones de años-luz, se apelotonan en la región de la Constelación de Coma Berenices, que esconde quizás la leyenda más conmovedora de todas las que pueblan los cielos. Una impresionante agrupación estelar de diez veces el tamaño de la Luna, coquetos cúmulos globulares y presumidas estrellas dobles con llamativos colores nos cautivarán de la misma forma que Berenice añoraba al Rey ausente.

El Cúmulo de Coma está compuesto por más de 3.000 galaxias

Estamos en el imperio de las galaxias, pero Coma Berenices no es una constelación brillante, pues a simple vista no se muestra ninguno de tales objetos. Tres estrellas de cuarta magnitud, en ángulo recto, bien acompañadas por la Agrupación Estelar de Coma, también conocida como Mel 111, servirán para localizar a una constelación de tamaño medio, 386 grados cuadrados, que se integra en casi toda su extensión dentro del Diamante de Virgo, es decir, el formado por las brillantes estrellas Arturo, de la constelación del Boyero, que está al este, Spica de Virgo, que se sitúa al sur, junto con Denebola, en Leo, al oeste, y Cor Caroli, en Canes Venatici, al norte.

Se deja ver en los cielos primaverales, desde marzo hasta agosto, del mismo modo que sus destacadas constelaciones vecinas, y su declinación de 20º Norte permite ser avistada desde casi cualquier punto de la Tierra, incluso desde Tierra de Fuego, aunque ya muy baja sobre el horizonte norte. Relativamente cercana a la eclíptica, en las limítrofes constelaciones de Leo y Virgo, ambas zodiacales, aparecen la Luna y los planetas con frecuencia. Sin embargo, se aleja tanto del plano de la Vía Láctea, que en esta constelación se sitúa el Polo Norte Galáctico, y por eso es tan pobre en estrellas, y sin embargo tan rica en galaxias lejanas.

Es necesario distinguir desde ya, los dos cúmulos donde se concentran la mayor parte de las galaxias, y diferenciarlo claramente de Mel 111. Es éste un cúmulo estelar en proceso de desintegración, situado en los aledaños de la estrella Gamma, que no pertenece al cúmulo. Más al este y más al sur, respectivamente, se sitúan los dos cúmulos de galaxias, uno llamado Cúmulo de Coma, donde predominan las galaxias elípticas, y el Cúmulo de Virgo, que se reparte entre Virgo y Coma Berenices, con mayoría de galaxias espirales.

Estrellas principales

Sólo las tres estrellas que forman el asterismo poseen designación de Bayer, es decir letra griega que las identifique, y, entre ellas, sólo Alpha tiene nombre propio: Diadem. Veremos además dos interesantes estrellas dobles, con número de Flamsteed 17 y 24, que he marcado en la carta celeste anterior.

Diadem (Alpha Com) es una estrella amarilla de cuarta magnitud, aunque se trata de un sistema triple. Las dos componentes principales, que se pueden resolver con instrumentos a partir de 10 pulgadas (unos 250 mm de apertura), tienen magnitud individual +5.1, aunque conjuntamente brillan con la magnitud visual de +4.3. El sistema se sitúa a unos 60 años-luz de distancia y visualmente aparece muy cerca del cúmulo globular M53, aunque éste se encuentra mil veces más lejos. En la fotografía de la derecha, Diadem es la estrella más brillante, debajo, y M53 ocupa el centro de la imagen. El otro cúmulo más tenue, que aparece más arriba, es NGC 5053.

Beta Com es la más brillante de la constelación, con una magnitud visual de +4.26. De tipo espectral G0V, es una estrella amarilla de la secuencia principal, muy parecida a nuestro Sol, aunque ligeramente más caliente, masiva y luminosa, que se sitúa a unos 30 años-luz.

Gamma Com es una gigante anaranjada, la tercera estrella más brillante, muy próxima en la línea visual a la Agrupación Estelar de Coma, pero que no parece pertenecer a él, puesto que probablemente se encuentra mucho más cerca, a unos 170 años-luz, mientras el cúmulo está a 250 años-luz. Parece ser el mismo caso de Aldebarán y las Hyades. Su magnitud es de +4.4.

17 Comae Berenices es una estrella triple, cuyas dos componentes principales tienen la separación suficiente como para resolverla con ayuda de unos binoculares, pues el ángulo entre ellas es de 145” de arco. Son dos estrellas blancas, la más brillante de las cuales tiene una magnitud visual de +5.4 y su acompañante +6.7. Hay una tercera componente del sistema, 17 Comae Berenices C, pero que es muy tenue, de decimocuarta magnitud, y está además a sólo 1”8 de la segunda componente. El conjunto dista unos 250 años-luz de nosotros y forma parte de Mel 111 (Agrupación Estelar de Coma).

24 Comae Berenices es la más bonita de todas, para mi gusto. Tanto, que hace recordar a la mismísima Albireo (Beta Cygni). Sus dos estrellas, de magnitudes respectivas +5.2 y +6.7 están separadas por un arco de 20”3. La más brillante es de color anaranjado, y azul la más tenue. Una delicia, que se puede resolver con prismáticos, y no hace falta que sean demasiado potentes. Su distancia a la Tierra se estima en 614 años-luz.

Cielo Profundo

En los objetos de cielo profundo es donde reside el mayor interés de esta constelación, particularmente rica en galaxias, aunque también nos detendremos en un cúmulo estelar y otro globular. Hasta ocho objetos del Catálogo Messier aparecen en esta región del cielo.

Conocido también como Agrupación Estelar de Coma Berenices, el cúmulo abierto Mel 111 es uno de los más notables del cielo nocturno. Ignorado por Messier en su catálogo y también por el NGC, fue sin embargo recogido por la recopilación de 245 objetos de este tipo que realizó en 1.915 el astrónomo británico de ascendencia belga Philibert Jacques Melotte. Es un cúmulo amplio, de entre 275′ y 5º de diámetro, aunque débil, pues sus estrellas más notables son de cuarta magnitud. Ofrece, sin embargo, una magnitud conjunta de +1.8, lo que le permite ser divisado a ojo desnudo. Situada a 260 años-luz de distancia, es una de las asociaciones más próximas a nosotros, tras las Hyades y la Asociación Estelar de la Osa Mayor. Cuenta con unas 80 estrellas y parece estar descomponiéndose, diluyéndose poco a poco.

M53 es el cúmulo globular más notable de Coma. Este objeto está muy próximo a Diadem (Alpha Com), a menos de un minuto de arco en dirección nordeste. A pesar de estar a 60.000 años-luz de distancia, su gran compacidad lo hace brillar con una magnitud superficial de +7.7, así es que puede verse con telescopios no demasiado grandes. Ocupa en el cielo un diámetro aproximado de 14′ de arco, lo que se traduce en un tamaño real de 250 años-luz de un extremo a otro del cúmulo.

Compuesto por miles de galaxias, entre las que predominan las de tipo elíptico, y conteniendo cada una de ellas miles de millones de estrellas, el Cúmulo de Coma es una formidable agrupación de galaxias situado a unos 320 millones de años-luz de distancia. Son objetos tenues, de undécima magnitud los más brillantes, que necesitan telescopios de al menos 8 pulgadas (unos 200 mm de abertura) para ser observados. Los aficionados a este tipo de astros harán bien en dedicar todo el tiempo necesario a la observación de esta increíble zona del cielo, ayudándose para ello de las cartas celestes y los catálogos adecuados. No hay que confundir este cúmulo con la Agrupación estelar de Coma, Mel 111, que vimos con anterioridad, ni con la región del Cúmulo de Virgo que se adentra en la constelación de Coma Berenices, que también visitaremos detenidamente.

M64 es también conocida como la Galaxia del Ojo Negro, por la región oscura que exhibe, probablemente debida a algún cataclismo en su seno. Con unas dimensiones de 10′ x 5′ de arco, y un brillo superficial de +8.5, es visible con pequeños telescopios, e incluso con binoculares si los cielos son suficientemente oscuros y ofrecen buena calidad para la observación. Está a una distancia de 20 millones de años-luz y es la galaxia más brillante de Coma Berenices. Algunos la han llamado con nombres de dudoso gusto, como el Ojo Morado, e incluso la Galaxia del Ojo Maligno.

La otra gran concentración de galaxias es el llamado Cúmulo de Virgo, que se reparte entre las constelaciones de Virgo y Coma Berenices y en el que, a diferencia del anterior, predominan las de tipo espiral. Encontramos aquí a varios astros catalogados por Messier, y a la espectacular NGC 4651, también conocida como El Paraguas:

La Galaxia del Paraguas es en realidad una galaxia caníbal, devorando a su presa, que es la porción que le da esa curiosa forma. Sabemos hoy que en realidad es la corriente de estrellas de una galaxia compañera, cuya trayectoria vemos en la ilustración de la derecha. Está situada a 35 millones de años-luz de distancia, y su tamaño, aunque de sólo 50 años-luz en su disco principal, se extiendo 50.000 años-luz más allá, por las corrientes de marea provocadas por las estrellas despojadas del núcleo de la galaxia a la que pertenecieron, y que ha sido merendada por su voraz compañera.

M85 es una galaxia lenticular, de dimensiones 7′ x 5′, y con magnitud superficial de +9.10 Situada a 60 millones de años-luz, como todas las que siguen, pertenece al cúmulo de Virgo, y sin embargo a la Constelación de Coma Berenices, también como las siguientes. Es una galaxia con masa y dimensiones similares a la nuestra. Recientes estudios han creído adivinar una estructura elíptica, e incluso puede que brazos espirales.

M88 es una galaxia espiral del tipo Sb, también del cúmulo de Virgo, y a la misma distancia de 60 millones de años-luz. Sus dimensiones son 6.8′ x 3.5′ y su magnitud superficial de +9.6.

M91 es una espectacular galaxia espiral barrada. La vemos de frente, y a pesar de ser un objeto algo más tenue que los anteriores, la barra central brilla con fuerza, y se distinguen perfectamente dos brazos espirales que se originan en sus extremos. También es algo más pequeña, con dimensiones de 5.5′ x 4.5′, y su magnitud superficial es de +10.1. Messier la anotó en su catálogo con coordenadas equivocadas.

M98 es otra espiral, de magnitud superficial +10.1, pero que se presenta casi de canto, aunque bien iluminada. A la misma distancia que las anteriores, es muy difícil verla con telescopios pequeños. Sus dimensiones aparecen alargadas en nuestros cielos, debido a la perspectiva: 9.4′ x 2.3′.

M99 aparece algo deformada, probablemente por los efectos de un pasado encuentro con otra galaxia de los miles de objetos similares que pueblan el cúmulo. Exhibe, sin embargo, un núcleo prominente y muy luminoso, y brazos espirales bien diferenciados. Sus dimensiones son de 5.3′ x 4.6′ y su magnitud superficial de +9.9. Hasta 3 supernovas se han detectado aquí en los últimos años.

M100, por fin, es también ligeramente asimétrica, resultado de pasadas interacciones con otras galaxias del cúmulo. La vemos prácticamente de frente, y presenta brazos muy bien definidos. Es un objeto muy apropiado para su observación por los aficionados cuando los cielos sean bien oscuros, aunque para distinguir muchos de sus incontables detalles se necesita un telescopio potente. Mide 6.8′ x 5.8′ y tiene una magnitud de +9.4. En 1.979 explotó en esta galaxia una supernova, según muestra la siguiente fotografía del Telescopio Espacial de rayos-X Chandra:

La Leyenda

Durante el siglo III antes de Cristo, Berenice II reinaba en Egipto junto a su esposo, Ptolomeo III llamado Evergetes (El Benefactor). Habiendo marchado a la guerra su esposo, la Reina, que lucía una larga y brillante cabellera rubia, languidecía en su ausencia y se entristecía al pensar en los peligros con los que se enfrentaba su amado. Así las cosas, resolvió ofrecer a la diosa Afrodita el hermoso cabello que era la admiración de todos, si recuperaba a su esposo sano y salvo. Así ocurrió, y Berenice cumplió su promesa, cortando su melena y depositándola en el altar de la diosa. Peeeero… al día siguiente, la cabellera había desaparecido. Ptolomeo enfureció, y la tristeza regresó a los ojos de la Reina, así es que fueron requeridos los servicios del famoso astrónomo Conon de Samos, que era muy respetado por su ciencia, y que además mantenía una amistad personal con Arquímedes. Conon señaló en el cielo una formación de estrellas, que nunca nadie había advertido antes, y declaró a los esposos que se trataba de la Cabellera de Berenice, que la diosa había trasladado a los cielos para que todos pudieran admirarla. Seguidamente, dibujó el cabello de la Reina en el globo celeste del museo de Alejandría, empleando para ello una sucesión de brillantes estrellas.

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El Cinturón de asteroides

Posted in Planetaria with tags , on 23 marzo, 2011 by bitacoradegalileo

Ocupando el enorme espacio entre las órbitas de Marte y de Júpiter, una multitud de objetos rocosos de diferentes formas, tamaños y colores orbita alrededor del Sol a grandes velocidades, constituyendo el llamado Cinturón de asteroides. Cuerpos de sólo unas decenas de metros junto a otros de varios centenares de kilómetros de diámetro ocupa una franja que se sitúa a distancias entre 2 y 4 UA* del Sol, esto es, 300 y 600 millones de kilómetros

* 1 UA o Unidad Astronómica es la distancia media entre el Sol y la Tierra, y es igual a 149.597.871 km; es la unidad que se emplea para medir distancias en el Sistema Solar, aunque también sirve para cuantificar el diámetro de algunas estrellas supergigantes, y la separación entre las dos componentes de algunas estrellas dobles.

Es necesario aclarar enseguida que el llamado Cinturón de asteroides no es el único lugar del Sistema Solar donde pueden encontrarse estos cuerpos, pues al menos otras dos regiones albergan astros similares: El Cinturón de Kuiper (entre 35 y 100 UA del Sol) y la Nube de Oort (entre 20.000 y 150.000 UA), donde tienen su origen la mayoría de los cometas que periódicamente nos visitan. Además, también son asteroides otras familias de astros entre los que se encuentran los objetos más cercanos a la Tierra, divididos en tres grupos: Atens, Apolos y Amores.

El Cinturón de asteroides ejerce de frontera natural entre los planetas interiores, rocosos o telúricos, y los gigantes gaseosos exteriores, aunque no de una forma absoluta, pues en la misma órbita de Júpiter, y compartiendo la misma trayectoria que el gigante joviano, se sitúan los asteroides llamados troyanos, 60 grados por delante y por detrás del mismo Júpiter, en los lugares llamados Puntos de Lagrange. Algunos llaman griegos a los situados por delante, reservando el nombre de troyanos para los que se sitúan después del planeta. Por otro lado, los dos satélites de Marte, Fobos y Deimos, que tienen un tamaño similar a la isla de Manhattan, parecen ser en realidad dos antiguos asteroides que, procedentes del Cinturón, fueron capturados por la fuerza gravitatoria del planeta.

La mayoría de los asteroides, como los cometas, presenta formas caprichosas, pues su reducido tamaño y su poca masa hacen que las fuerzas de cohesión de la materia sean superiores a su escasa gravedad. Esta circunstancia origina que adopten la apariencia de un cacahuete, un hueso o una patata, por poner algunos ejemplos. La imagen de la izquierda muestra a Eros, y es una animación. Pulse con el ratón sobre la fotografía. Cuatro de ellos (Ceres, Vesta, Palas e Higia) suman más de la mitad de la masa total de todo el Cinturón. Algunos orbitan en parejas, formando sistemas dobles, y otros ostentan orgullosos algún pequeñísimo satélite (en la imagen de la derecha, el asteroide Ida y su luna Dactyl, fotografiados por la sonda Galileo). En cuanto a su composición, se distinguen tres tipos: Carbonáceos (tipo C), de un marcado tono negruzco, de silicatos (tipo S) y metálicos (tipo M), compuestos por níquel y hierro. Los carbonáceos constituyen el 75 % del total.

Un poco de historia: La Ley de Titius-Bode

El astrónomo alemán Johann Daniel Titius, trabajando de forma experimental, descubrió en 1.766 una pretendida relación matemática entre las diferentes distancias a las que se encontraban los planetas del Sistema Solar, ley que debería servir para predecir la existencia de futuros astros. En aquel entonces sólo se conocían Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. Los resultados fueron publicados por Johann Bode, silenciando el nombre de su autor, razón por la cual hoy se le conoce como Ley de Titius-Bode. Titius construyó una sucesión de números que empezaba por 0, continuaba por 3, y seguían doblando cada vez la cantidad anterior:

0 … 3 … 6 … 12 … 24 … 48 … 96 … …

Prosiguió sumando cuatro a cada número, y dividiendo cada resultado entre 10, para calcular los valores en Unidades Astronómicas (Tierra = 1) del semieje mayor de las órbitas, obteniendo resultados muy aproximados:

Titius Planeta Real Aprox.
0,4 Mercurio 0,39 97,5 %
0,7 Venus 0,72 97,2 %
1 Tierra 1 100 %
1,6 Marte 1,52 95,0 %
2,8 ?
5,2 Júpiter 5,2 100 %
10 Saturno 9,54 95,4 %

Todas las cifras así calculadas eran sorprendentemente parecidas a la realidad, con un error máximo del 5 % (Marte). Pero se obtuvo un valor intermedio, en quinto lugar, que no se correspondía con ninguno de los planetas conocidos. Titius se preguntaba: “¿Podría el Creador haber dejado ese lugar vacío?”, y se respondía a sí mismo: “De ninguna manera, no, en absoluto.”

Cuando, en 1.781, William Herschel descubrió Urano, la Ley de Titius-Bode recibió un espaldarazo casi definitivo: El nuevo planeta se encontraba a 19.2 UA de distancia, frente a las 19.6 previstas en la ley: ¡Sólo un 2 % de error!.

La Policía Celeste

En pocos años, un grupo de 24 astrónomos, a propuesta de Franz Xaver von Zach, se organizaron para la búsqueda del supuesto planeta, y dividieron la región zodiacal del cielo en 24 zonas de 15º, una para cada uno. Entre ellos se encontraban el propio Bode, Herschel, Messier y Olbers. A este grupo se le llamó La Policía Celeste. Pero fue el astrónomo siciliano Giuseppe Piazzi, a la sazón director del Observatorio de Palermo (Sicilia), que había sido invitado a unirse al grupo pero que aún no había recibido la misiva, quien el día de año nuevo de 1.801, mientras comprobaba en la Constelación de Tauro las estrellas que figuraban en su catálogo, descubrió el nuevo astro: Un punto cambiaba de posición, y así pudo avistarse a Ceres, que recibió el nombre de la diosa romana de la Agricultura, y protectora de Sicilia. En principio, Piazzi pensó que se trataba de un cometa, pero la ausencia de nubosidad a su alrededor y su movimiento lento y regular le hizo convencerse de que era un planeta, que resultó hallarse a 2,77 UA, casi exactamente la misma posición que había predicho Titius de 2.8 UA (98.9 % de acierto, coincidencia o como quiera llamarse).

Olbers, sin embargo, no quedó satisfecho con el hallazgo, pues consideraba a Ceres demasiado poco masivo como para dar por cerrado el modelo planetario. Y efectivamente, sus investigaciones le condujeron al descubrimiento de Palas, el 28 de marzo del año siguiente. Los astrónomos de la época quedaron desconcertados, pues la ley de Titius- Bode no admitía dos cuerpos distintos para la misma posición, así es que supusieron que Ceres y Palas eran fragmentos de un originario planeta, que habría estallado por el impacto de algún cometa, fracturándose en cuerpos más pequeños. En los años siguientes fueron descubiertos Juno, Vesta y Astreia, y mientras tanto Herschel propuso la denominación de “asteroides” para estos cuerpos, con el fin de diferenciarlos de estrellas, planetas, satélites y cometas.

Con el descubrimiento de Neptuno en 1.846, que no cumplía con las previsiones de Titius, la ley comenzó a perder fuerza. Posteriormente, tampoco Plutón respondería a la distancia prevista.

Con el perfeccionamiento de los telescopios, el número de asteroides conocidos fue en aumento, y en 1868 ya se había descubierto un centenar, número que ascendió enormemente con la llegada de la astrofotografía en 1.891. En 1.921 ya eran más de 1.000, y actualmente se acercan a 500.000, aunque se estima que el número total ha de rondar el millón.

Colisiones con otros astros

Algunos de estos astros cruzan las órbitas de otros cuerpos mayores, como Eros, Apolo o Ícaro que se interponen en el camino de Venus, la Tierra y Marte. Ícaro llega a sólo 0.2 UA del Sol, más cerca que Mercurio. Otros, debido a sus velocidades orbitales distintas, pueden colisionar, y de hecho lo hacen, fracturándose en grandes trozos de rocas que pueden tomar diversas direcciones, incluida la Tierra. De tal manera, que no son extrañas las colisiones de asteroides con nuestro planeta, aunque la protección de nuestra atmósfera hace que la inmensa mayoría se quemen en el aire. Sin embargo, uno de ellos fue el causante de la desaparición de los dinosaurios. El impacto se produjo en Chicxulub (México), y era un asteroide de 10 km de diámetro, que liberó la energía equivalente a cien veces la de la bomba nuclear más potente que se ha probado. El impacto provocó además un enrarecimiento de la atmósfera hasta hacerla irrespirable. Los animales de mayor tamaño, que necesitaban un mayor aporte de oxígeno, no pudieron sobrevivir. Es tranquilizador saber, en cambio, que un astro de ese tipo nos visita sólo una vez cada cien millones de años. No, cada cien años no, cada cien millones.

Origen

En cuanto a su origen, dos son las teorías que intentan explicar su formación, aunque con suerte dispar en cuanto a su aceptación generalizada. Según la primera de ellas, ya sugerida por Heinrich Olbers a Herschel, un gran cometa hizo estallar a un planeta, que era el quinto del Sistema Solar, y que ocupaba su posición correcta obedeciendo a la Ley de Titius-Bode. Esta teoría no es fácil sustentarla, considerando que la masa total de todos los asteroides del Cinturón sólo supone un 4 % de la masa de la Luna. Además, choca contra esta teoría la diferente composición química de los distintos tipos de asteroides, que hacen difícil pensar que procedan de un mismo astro. No es una alternativa con muchos defensores.

Sí tiene más adeptos la teoría de que se trata de condensaciones de la nebulosa primitiva que originó el Sistema Solar, y a las que el fuerte influjo gravitatorio de Júpiter perturbó acelerándolos e inclinando su órbita, lo que devino en colisiones que las fragmentaron aún más. Muchos de estos asteroides fueron expulsados por los violentos choques y las fuerzas gravitatorias, quedando el actual Cinturón como el remanente de los planetesimales, los pequeños objetos sólidos de los discos protoplanetarios que sí formaron los actuales planetas.

Observación

Sólo Ceres, en muy raras ocasiones, y Vesta, en condiciones óptimas de observación, pueden distinguirse a simple vista, pues ambos se sitúan en el límite de las capacidades del ojo humano. Todos parecen estrellas, y para distinguir a un asteroide hay que dibujar la región del cielo donde se observe, y la posición de todos los puntos brillantes. Al cabo de unos días, la misma región mostrará cuál es el punto que se ha desplazado: Ése es el asteroide.

Nomenclatura

Para designar a un asteroide se le antepone, entre paréntesis, un número que indica el orden en que fue descubierto, seguido por su nombre propio, o por un número de serie. El nombre propio puede ser de muy diversa naturaleza, y son frecuentes los de origen mitológico o legendario, como (1) Ceres, (2) Palas o (4) Vesta, pero también los nombres de astrónomos y astronautas: (1772) Gagarin o (6469) Armstrong, así como físicos, matemáticos y científicos en general, pero también personajes reales del mundo de la música: (2620) Carlos Santana, (2644) Víctor Jara, (4147) Lennon o (17959) Elvis, o del cine: (7032) Hitchcock, (9341) Gracekelly y (9342) Carygrant. Aparecen también personajes de ficción y de dibujos animados: (2598) Merlin, (3552) Don Quixote y (29410) Asterix. Como se ve, una relación de lo más variopinto, y éstos son sólo unos pocos ejemplos.

Los más notables

El mayor cuerpo del Cinturón de asteroides es Ceres, un astro que técnicamente no es un asteroide, según la redefinición del concepto de planeta que hizo la IAU en su asamblea de agosto de 2.006. En ella, Ceres fue catalogado como planeta enano, junto a Plutón y otros cuerpos. Hasta entonces había sido considerado el mayor asteroide. Su tamaño es de 959.2 km x 932.6 km, prácticamente esférico, debido a que su masa (un tercio del total del Cinturón) sí es suficiente para ejercer una gravedad sobre sus componentes que supera a las fuerzas de cohesión de la materia. Fue el primer asteroide que se descubrió, el 1 de enero de 1.801 (Giuseppe Piazzi) y a pesar de ser un cuerpo muy oscuro, su magnitud absoluta es la mayor del Cinturón de asteroides. Está compuesto por un núcleo de silicatos (tipo S) recubierto por un manto de agua helada y una delgada corteza. Orbita a una distancia del Sol que oscila entre 2.5 y 3 UA.

(4) Vesta es el cuarto asteroide en ser descubierto, el tercero más grande, el segundo más masivo y el primero en cuanto a brillo. Efectivamente, su albedo, del 42 %, es superior incluso al de la Tierra, y se deja ver a ojo desnudo en determinadas condiciones. Descubierto por Olbers el 29 de marzo de 1.807, tiene unas dimensiones de 578 x 560 x 458 km, y aunque su núcleo es de hierro y níquel, tiene una capa basáltica muy poco frecuente. Un enorme impacto de otro asteroide le produjo un cráter en el polo sur de 469 km de diámetro y 13 km de profundidad, y despidió gran cantidad de otros pequeños cuerpos al espacio. Los astrónomos estiman que el 5% de los meteoritos encontrados en la Tierra tienen su origen en esta colisión. El tamaño de su órbita es similar a la de Ceres.

(2) Palas fue descubierto, como el anterior, por Olbers, éste en 1.802, mientras trataba de calcular la órbita de Ceres, que había sido avistado un año antes por Piazzi. Es el segundo asteroide más grande, con 526 km de diámetro medio, aunque es menos masivo que Vesta. Es un asteroide carbonáceo, tipo C, muy oscuro. Tiene una órbita muy inclinada (34.8º) y muy excéntrica, pues su perihelio es de 2.14 UA y su afelio 3.41 UA. Recibió también un impacto sobre su superficie, que originó un grupo de asteroides menores llamada familia Palas. El elemento químico paladio se llama así por este asteroide.

Mitología

Ceres es la diosa romana de la naturaleza, heredera de la griega Deméter, así como su hija Proserpina deriva de Perséfone. Ceres engendró a Proserpina por su relación con Júpiter, su hermano, quien se prendó de su belleza, su pelo rubio y su tez colorada. Esta diosa enseñó a los hombres a cuidar de los árboles y a cultivar la tierra, y por eso es considerada la Diosa de la Agricultura. El vocablo cereales deriva de su nombre. Su hija, Proserpina, fue raptada por Plutón estando en las faldas del Etna, en Sicilia, lugar del que Ceres es patrona y protectora.

Vesta es la diosa romana del hogar, cuidadora del fuego del lugar más recóndito de la casa donde se rinde culto a los dioses, y es considerada como la más caritativa, amable y gentil de todos los moradores del Olimpo. Los romanos tenían sumo cuidado de que el fuego de su templo, situado en el Foro, nunca se apagara. De ello se encargaban las vestales, seis sacerdotisas de extrema belleza, vírgenes y de ascendencia reconocida.

Palas se refiere a Palas Atenea, la diosa griega de la sabiduría, las artes, la literatura y la filosofía, que en Roma equivale a Minerva. Es sin embargo una diosa guerrera, protectora de Hércules, Ulises y Aquiles, y dio muerte al gigante Encélado. Por eso se la representa con lanza, escudo y égida, aunque su animal favorito es la lechuza, símbolo de la razón, y su planta el olivo.

Aproximación de la sonda Galileo a (243) Ida

Epílogo

Por último, sería imperdonable por mi parte terminar sin una breve y sin embargo emocionada referencia a un asteroide inolvidable: B 612, el hogar de El principito, el enternecedor protagonista de la obra cumbre de Antoine de Saint-Exupéry:

“Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”

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La Constelación de Lepus (la Liebre)

Posted in Constelaciones with tags , , , , , , on 9 marzo, 2011 by bitacoradegalileo

Orión pisa sus talones, y sus perros, Canis Major y Canis Minor, tratan de apresarla, pero ella consigue noche tras noche alcanzar el ocaso del oeste, tras surcar todo el firmamento brincando desde oriente en constante peligro: Es la pequeña Liebre, la Constelación de Lepus, que entre las brillantes y amenazadoras Rígel, Saiph y Sirio logra salvar a sus más discretas pero hermosas estrellas, sus cúmulos, nebulosas y galaxias de las predadoras fauces de sus perseguidores. Arneb, Nihal, la Estrella Carmesí de Hind, el cúmulo globular M79, la Nebulosa planetaria del Espirógrafo, el delicioso cúmulo estelar NGC 2017 y sus demás componentes lograrán así salvar el pellejo refugiándose bajo el horizonte, al menos hasta la noche siguiente; el gigante cazador tendrá que conformarse con cenar un yogur, aunque sea caducado. Todas estas constelaciones se representan mirando hacia el oeste, pues es ésa la dirección que aparenta el movimiento del cielo al transcurrir de las horas, aunque sabemos que la causa real es la rotación de la Tierra hacia el este.

Situada entre 10 y 27 grados por debajo del ecuador celeste, Lepus se localiza muy fácilmente al sur de las dos estrellas que representan los pies de Orión, Rígel y Saiph, y al oeste de las brillantes estrellas Sirio y Mirzam, de Canis Major. Se puede observar, por tanto, desde toda la Tierra, a excepción de latitudes más al norte del paralelo +63º, en los últimos y primeros meses del año, hasta abril.

A pesar de la nitidez de sus estrellas más notables, que alcanzan la segunda magnitud, queda ensombrecida por el extraordinario brillo de sus más que importantes constelaciones vecinas. No obstante, La Liebre ya era conocida desde antiguo, y Ptolomeo la incluyó en su listado de 48 constelaciones clásicas, ya en el siglo II de nuestra era.

Actualmente, forma parte del listado oficial de 88 constelaciones de la IAU (Unión Astronómica Internacional), con el nombre oficial de Lepus, siendo su genitivo Leporis y su abreviatura Lep. Ocupa en el cielo una extensión de 290 grados cuadrados, la número 51ª en este aspecto. Hay que evitar confundirla con la más austral constelación de Lupus (el Lobo), que está situada entre Escorpio y Centauro.

Además de Orión al norte y Canis Major al este, la Constelación de Lepus es vecina de Monoceros (el Unicornio), también al norte, la Constelación del río Erídano al oeste, y las de Columba (la Paloma) y Caelum (el Cincel) al sur.

El primero que llamó a esta constelación la Liebre fue Eudoxus de Cnido, en el siglo IV antes de Cristo. Entre los árabes ha sido conocida como El Trono de Orión, por el cuadrilátero formado por las estrellas Arneb (Alpha), Nihal (Beta), Gamma y Delta Leporis. y también ha sido conocida como al-Nihal (Los Camellos sacian su sed), seguramente motivado por la cercanía de la Constelación del río Erídano, hasta que por fin adoptaron la interpretación de la Grecia antigua, y la denominaron al-Arnab (la liebre), de donde deriva el nombre de su principal estrella. Entre los egipcios, fue llamada La Barca de Osiris (representado por Orión), debido también a la proximidad del Erídano, que simbolizaba al río Nilo.

Varias estrellas y algunos objetos de cielo profundo de esta constelación, merecen una visita detallada. Entre las primeras, he seleccionado a las dos que tienen nombre propio, y que resultan ser las más brillantes, Arneb y Nihal, a Gamma como la doble más destacada, y a dos preciosas variables T Leporis y la estrella carmesí de Hind.

Principales estrellas

Arneb (Alpha Leporis o α Lep) es la estrella más importante de la constelación. Su nombre es el mismo que el de la constelación en lengua árabe: al-Arnab, y significa Liebre. Su luminosidad intrínseca es 13.000 veces más intensa que la del Sol, pero la distancia a la que se encuentra, unos 1.280 años-luz, hace que desde la Tierra la apreciemos con una magnitud visual de +2.58. No obstante, es la más brillante de Lepus. Se trata de una supergigante blanco-amarillenta, de tipo espectral K0I, cuya temperatura superficial es de 7.000 ºK. Es 75 veces más grande que nuestro Sol.

Nihal o Nibal (Beta Leporis o β Lep), de magnitud visual +2.84, es la segunda estrella más brillante de Lepus. Es una gigante amarilla, de tipo espectral G5II, y está a una temperatura superficial similar a la del Sol: 5.225 ºK, pero es 165 veces más luminosa, debido a que es 16 veces mayor. Su distancia a la Tierra es de unos 160 años-luz. Su nombre proviene de la antigua denominación árabe para esta constelación, y hace referencia a cuatro camellos que se encaminan a beber en el río Erídano.

Gamma Leporis o γ Lep es la tercera estrella de la Liebre, con magnitud visual +3.60. Es una doble muy fácil de observar incluso con binoculares, cuya componente principal es una enana amarilla separada por más de un minuto de arco de una anaranjada (catalogada como HD38392) de magnitud +6.28. El sistema está situado relativamente cerca de nosotros, a unos 27 años-luz, y Gamma A es muy parecida al Sol, sólo un 20 % más grande y un poco más caliente, 6.300 ºK, lo que le confiere una luminosidad 2.6 veces más intensa que la de nuestra estrella.

Carta de localización de R Leporis, la estrella carmesí de Hind

R Leporis es una estrella variable. Descubierta en 1.845 por el astrónomo inglés John Russell Hind, va oscilando desde la magnitud 5.5 hasta 11.7, en periodos constantes de 427.07 días, o sea, unos 14 meses. Se trata de una estrella de carbono, tipo espectral C6II, de un marcado color rojo conocida como la estrella carmesí de Hind, en honor a su descubridor, quien al observarla desde el ocular de su telescopio, la comparó a una gota de sangre. A medida que va perdiendo luminosidad, aumenta su tono rojizo, y se hace complicado encontrar otra luminaria más roja. Quizás, la estrella granate de Herschel, en la constelación de Cepheo, pueda ser comparada a R Leporis. La estrella carmesí es, en mi opinión, una de las más bellas del cielo. Catalogada como HD31996, está a la distancia de 1.100 años-luz, y su tamaño, también variable, equivale a unas 500 veces el del Sol.

Vale la pena, por último, rendir una breve visita a otra bellísima variable: La supergigante roja T Leporis, una estrella situada a sólo medio grado de ε Leporis y cuyo brillo oscila entre las magnitudes visuales de +7.4 y +14.3. Su temperatura superficial es extraordinariamente baja, en torno a los 2.800 ºK, y una de las estrellas más frías que pueden verse. Cada pulsación de T Leporis no resulta gratuita, pues le cuesta la masa equivalente a la de la Tierra, y consecuencia de ello es la enorme capa de polvo que la rodea, y que ha podido ser captada por el interferómetro instalado en el Very Large Telescope del ESO en La Silla (Chile). La estrella está situada a unos 500 años-luz de nosotros y su tamaño es 100 veces mayor que el del Sol.

Objetos de cielo profundo

La constelación de Lepus está situada relativamente lejos del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, unos 20 grados al sur del plano galáctico, así es que en esa dirección podremos encontramos objetos tenues y lejanos como galaxias, entre las que visitaremos brevemente a la espiral barrada NGC 1964, y un sólo cúmulo globular, M79, mucho más frecuentes en otras épocas del año, y esto explica también la ausencia de concentraciones de gas y polvo y de nebulosas, a excepción de la nebulosa planetaria del Espirógrafo, ni tampoco abundan los cúmulos galácticos, aunque sí mostraré al lector una excepción cuya contemplación resulta exquisita: NGC 2017.

Carta de localización del cúmulo globular M79

M79 (NGC 1904) es el único objeto perteneciente al Catálogo Messier de la constelación. Es una rara avis en esta región del cielo, pues la mayoría de los cúmulos globulares se concentran justamente en la dirección opuesta, en torno a la constelación de Sagitario y su vecindad. Así es que podemos decir que está en la trastienda del kiosco. Su distancia al centro galáctico es de más de 60.000 años-luz, y a nosotros de unos 42.000 años-luz. La línea imaginaria que une Arneb con Nihal apunta directamente a M79, así es que será muy útil utilizar a estas dos estrellas para encontrar al cúmulo, unos 4 grados al sur de la segunda. Su magnitud superficial es de +8.4 y ocupa en el cielo un tamaño aparente de unos 8 minutos de arco, que corresponden a un diámetro real de 118 años-luz. Es un cúmulo compacto cuyas estrellas más notables brillan en torno a la novena magnitud.

IC 418 es una nebulosa planetaria, llamada del Espirógrafo, situada 2 grados al noreste de Lambda Leporis. Este tipo de objetos consiste en una nube de gas expulsado por una gigante roja que agoniza en su interior, y el adjetivo planetaria sólo se debe a que cuando se descubrieron, a mediados del siglo XVIII, se creyó que albergaban a un planeta en su centro; tal suposición resultó errónea, pero persistió el nombre. En el caso que nos ocupa, la estrella central es de undécima magnitud, y el gas que expulsa se expande a una velocidad de 22 kilómetros por segundo. Sí, por segundo. Ocupa en el cielo un tamaño aparente de 14’x11′ de arco.

NGC 1964 es la galaxia más brillante de la constelación de Lepus. No obstante, se necesitan telescopios medianos para comenzar a observar un núcleo borroso, pues sus estrellas brillan a partir de la duodécima magnitud. Se trata de una galaxia espiral barrada que ofrece una magnitud conjunta de +10.8 de un tamaño angular de 5.6’x2.1′ de arco. NGC 1964 se aleja de nosotros a 1.663 kilómetros por segundo. No es un error mecanográfico.

Por fin, llegamos a NGC 2017, la guinda del pastel, de esta preciosa y sorprendente Liebre que enamora desde el principio. Este objeto, de sólo siete miembros, está considerado por algunos como una estrella múltiple, y no como un cúmulo, dado lo reducido del número de sus estrellas. Su magnitud visual de +6.4 permite que ya con binoculares puedan resolverse hasta cinco de ellas entre la 6ª y la 10ª magnitud. Con un telescopio de al menos 6 pulgadas (unos 150 mm), dos de las estrellas se observan como sistemas dobles, resultando por consiguiente un total de siete componentes para el cúmulo. La disposición de los miembros de NGC 2017 recuerda a una versión en miniatura de la constelación de Cáncer (véase el artículo sobre M44, el cúmulo del Pesebre).

Mitología

Eratóstenes, astrónomo que rigió los destinos de la fabulosa Biblioteca de Alejandría hacia el año 250 a.C., nos cuenta que Lepus es la liebre de Hermes, el dios mensajero provisto de alas en sus pies, representado por el planeta Mercurio; la Liebre fue colocada en el cielo por el dios como símbolo por su velocidad escurridiza, atributo común a ambos.

Higinio, ya en el siglo II de nuestra era, escribió que un joven arribó a la isla griega de Leros provisto de una liebre preñada. El animal no existía en el lugar, y sus moradores, al ver la facilidad con la que se reproducía, se aprestaron a domesticarla para su cría y explotación. Pero la excesiva proliferación del roedor hizo que pronto acabaran con las cosechas provocando una horrible hambruna. Hermes entonces colocó al animal en el cielo como advertencia de que todas las cosas, aún las más beneficiosas, son dañinas cuando exceden de lo razonable.

Pero la historia más conocida es la referida por Arato, en el siglo III a.C., mucho antes que la de Higinio, según la cual Lepus protagoniza una incesante carrera para evitar al Can Mayor que, con el cazador Orión y su otro perro, el Can Menor, tratan de cazarla. Pero yo confío en que la pequeña y veloz liebre burle de nuevo a sus ilustres perseguidores y siga deleitándome cada noche de los fríos inviernos boreales.

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Eta Carinae (NGC 3372)

Posted in Cielo Profundo, Estrellas with tags , , on 24 febrero, 2011 by bitacoradegalileo

Allí donde la Vía Láctea, en su extremo más meridional, cruza la Constelación de Carina encontramos una de las regiones más brillantes del cielo, sin parangón en ningún lugar del Hemisferio Norte…

…un monstruo todavía más brillante y extenso que la mismísima Nebulosa de Orión, a pesar de situarse seis veces más lejos que ésta, y en cuyo interior se localiza una criatura todavía más monstruosa…

…una estrella que brilla con una luminosidad cinco millones de veces más potente que el Sol y 150 veces más masiva, un astro colosal con brutales variaciones en su brillo a lo largo de la historia, con eyecciones de su materia equivalente a la de tres soles de una sola vez…

…una estrella descomunal, imprevisible, que lejos de mostrarse como una más entre trillones ha merecido el comentario del experto profesor Kris Davidson, de la Universidad de Minesota: Eta Carinae no es sólo una estrella variable… ¡Eta Carinae está loca!.

Carina (La Quilla) es una vasta región del cielo austral que, junto con Puppis (La Popa), Vela y Pyxis (La Brújula) constituyeron la antigua Constelación del Gran Navío Argos (hablaremos de él al final del artículo, en la sección de mitología), antes de que Nicolas Louis de Lacaille las separara en entidades independientes con el objeto de su mejor estudio, pues el total de la zona sumaba unas 300 estrellas.

La presencia de la Vía Láctea hace de Carina una de las constelaciones más notables de todo el cielo, y en ella encontramos a la segunda estrella más brillante, tras Sirio (Alpha Canis Majoris). Se trata de Canopus (Alpha Carinae), una supergigante blanco-amarillenta de -0.7 de magnitud. Esta estrella no llega a alcanzar en Cádiz los dos grados de altitud sobre el horizonte y hay que ir hasta las costas del norte de África para divisarla con garantías. Otras notables e interesantes estrellas son Miaplacidus (Beta Carinae) y Avior (Epsilon Carinae). También, entre innumerables cúmulos, en esta constelación se sitúa IC 2602, un precioso cúmulo estelar conocido como Las Pléyades del Sur, visible a ojo desnudo, pues contiene una estrella de tercera magnitud, Theta Carinae (θ Car) . Como su homónima boreal, ofrece hasta media docena de estrellas a simple vista, y con binoculares o telescopios pequeños el número de éstas se dispara ocupando un área del cielo de un grado de diámetro. Pero, como se ve en la siguiente composición, la zona es inagotable en cuanto a objetos de cielo profundo y hay donde entretenerse durante muchas sesiones de observación. No se vuelvan locos, en esta imagen el sur está arriba y el este a la derecha:

Para los observadores acostumbrados a la contemplación de los cielos australes, la localización de NGC 3372, o Nebulosa Eta Carinae, llamada también Nebulosa de la Quilla, no ofrece dificultad alguna.

Dirigiendo la mirada hacia el conocidísimo asterismo de la Cruz del Sur, se encontrarán rápidamente, a la izquierda de ésta (al este) las dos estrellas apuntadoras, Alpha Centauri y Hadar, y justo al lado contrario de Crux, al oeste, una mancha en el cielo perfectamente visible a ojo desnudo, si los cielos son suficientemente oscuros.

Situada entre tres cruces (Crux al este, la Falsa Cruz al oeste y la Cruz del Diamante al sur), es la más grande nebulosa de emisión en todo el firmamento. Si M42, en Orión, ocupa una superficie aparente de un grado, Eta Carinae se extiende por un área de 2 x 2 grados, esto es, por cuatro grados cuadrados, que corresponde a 260 años-luz de diámetro real (M42 tiene unos 24 años-luz). Y todo ello a pesar de distar del Sistema Solar 7.500 años-luz, seis veces más allá que la Nebulosa de Orión, que “sólo” está a 1.270 años-luz.

Debido a su situación, a partir de 60º S de declinación, su observación no es posible más al norte del paralelo 30º N, e incluso resulta dificultosa a partir de 20º N, pues se encuentra muy baja sobre el horizonte y las perturbaciones atmosféricas distorsionan la visión. Esto excluye a México, el Caribe, Cádiz y todas las ciudades de Europa y Estados Unidos y a la mayor parte de las asiáticas, lugares desde donde no es posible su contemplación. Por el contrario, en latitudes como Bahía Blanca en Argentina o Valdivia en Chile ya es circumpolar.

Compuesta en su mayor parte por hidrógeno y una cuarta parte de helio, con presencia testimonial de elementos metálicos, la nebulosa presenta zonas oscuras que la dividen en tres lóbulos el más brillante de los cuales tiene la forma de un triángulo en cuyo vértice más céntrico se ubica la estrella Eta Carinae, junto a la Nebulosa de la Cerradura.

El interior de la Nebulosa Eta Carinae es todo un mundo de sucesos. Potentes vientos estelares, que acabarán con ella al correr de los tiempos, cúmulos estelares por doquier, poderosas emisiones de rayos X que aún nadie sabe explicar, regiones de formación de estrellas, nebulosas más oscuras con caprichosas formas que se mezclan con estructuras mucho más brillantes, se ofrecen al observador, sobre todo al ocular de los potentes telescopios orbitales que nos revelan multitud de procesos en su seno.

Las imágenes obtenidas por observatorios espaciales como el Spitzer en infrarrojo, o el Chandra en rayos X, además de las del Telescopio Espacial Hubble, nos permiten conocer cada vez mejor esta fascinante nebulosa.

Cerca de la región donde está Eta Carinae se encuentra una mancha oscura que tiene la forma del agujero de una cerradura antigua, y que por eso se llama Nebulosa de la Cerradura. Esta mancha es sólo un hueco, un vacío en el espacio, y no materia oscura que se interponga en el camino como ocurre en otras nebulosas, aunque esta opinión no es unánime, y muchos piensan que se trata de nubes de gases y polvo a muy bajas temperaturas. Muy cerca de ella, otra nebulosa oscura, mucho más pequeña, dibuja la forma de un dedo en gesto obsceno, que ha recibido el nombre de “El Gesto de Dios”, aunque el dedo conocido con el mismo nombre, en la figura que representa a Dios en el fresco de Miguel Ángel , en la Capilla Sixtina, no tiene la misma actitud.

La Nebulosa de la Cerradura aparece escoltada por la estrella Eta Carinae, un astro monstruoso, descomunal, que llegaría hasta la órbita de Júpiter en el lugar que ocupa el Sol, y que con la masa equivalente a la de 150 veces nuestra estrella, ha sido considerada la más masiva hasta el reciente descubrimiento de R136a1, en la constelación del Dorado, en la Nube Grande de Magallanes.

Fue Edmundo Halley quien, en 1.677, la catalogó por vez primera, anotándola como una estrella de cuarta magnitud, pero los observadores notaron continuos cambios en su brillo, llegando a alcanzar la segunda magnitud hacia 1.730. Después de diversos retrocesos y aumentos en su luminosidad, a finales de 1.830 comenzó una falsa conversión en supernova, hasta que en el mes de abril de 1.843 alcanzó la magnitud de -0.8, y en ese momento se erigió en la segunda estrella más brillante del cielo, sólo superada por Sirio, pero ésta se encuentra a poco más de 8 años-luz. Eta Carinae está a 7.500. Erupciones procedentes del núcleo de la estrella provocan este tipo de procesos que hacen calificarla como “supernova impostora”.

Durante esta erupción, a mediados del siglo XIX, Eta Carinae expulsó al espacio circundante una cantidad de materia que equivale a casi 10 soles y superó en brillo a su vecina Canopus. En 1.858, de repente, la estrella volvió a apagarse, y desapareció para el ojo desnudo.

En 1.950, el gran astrónomo argentino Enrique Gaviola (Mendoza, 1.900-1.988) descubrió que Eta Carinae está rodeada por una pequeña nubosidad (de un tamaño equivalente a todo el Sistema Solar) en forma de “8”, a la que él mismo llamó “El Homúnculo”. La Nebulosa del Homúnculo es la impresionante consecuencia de la violenta erupción de 1.843, una estructura bipolar, con dos lóbulos, y un extenso aunque débil disco ecuatorial, que muy bien pudiera ser consecuencia de alguna explosión posterior, probablemente de finales del XIX. Todo este material se aleja de la estrella a la velocidad de 2.4 millones de km/h.

En la actualidad, la nubosidad que envuelve a Eta Carinae parece estar diluyéndose, devolviéndole a la estrella gran parte de su notoriedad, y se intuye que en muy poco tiempo (una década) podría recuperar el brillo de la época de Edmundo Halley, o sea, la cuarta magnitud.

Pero Eta Carinae tiene sus días contados. Una estrella tan supermasiva sólo puede desembocar en una próxima explosión en hipernova, esta vez verdadera, que será el acontecimiento celeste más impresionante jamás observado. Habrá vivido así, solamente, unos 2 ó 3 millones de años, Un suspiro, a escala cósmica, comparado con los 10.000 millones de años que vivirá nuestro Sol.

Mitología

Jasón es el héroe mitológico griego, hijo de un rey destronado, que parte en busca del vellocino de oro para recuperar el reino de su padre. El vellocino es la piel de un carnero oculta en un árbol, en la Cólquida, y custodiada por dos toros que escupían fuego por la boca y que tenían pezuñas de bronce, y por una serpiente gigante que no dormía nunca. Jasón se hace a la mar a bordo de Argos, el barco tripulado por medio centenar de héroes que recibirán el nombre de Argonautas, y entre los que se encontraban Cástor, Cefeo, Heracles, Orfeo, Polifemo y Teseo. Después de su estancia en la isla de Lemnos y de deshacerse de las Harpías, los Argonautas llegan a su destino y logran su objetivo con la ayuda de Medea, que era hechicera y se había enamorado de Jasón. Otras aventuras jalonarán el viaje de regreso, entre las que hay que destacar el asedio de las Sirenas.

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