Archivo para Nebulosas

La Constelación de Cygnus (el Cisne)

Posted in Constelaciones with tags , , , , , on 30 junio, 2011 by bitacoradegalileo

La espectacular Constelación del Cisne, llamada también en ocasiones La Cruz del Norte, es una de las más hermosas regiones de todo el cielo. Brillantes estrellas, entre las que hallamos la supergigante blanca Deneb, que es uno de los vértices del famoso Triángulo de Verano (junto con Vega en la Constelación de Lyra y Altair en la del Águila), y también la bellísima Albireo, a mi entender la estrella doble más bonita de todas cuantas podemos admirar.

Sorprendentes nebulosas, entre las que destacan la Nebulosa Norteamérica, la del Pelícano, la de la Mariposa y la del Velo (que es el resto de una antiquísima supernova), entre otras, ricos campos estelares con multitud de estrellas jóvenes, muy calientes, cúmulos abiertos pertenecientes al Catálogo Messier, como M29 y M39, o una intensa fuente de radiación, el llamado Cygnus X-1, completan un paisaje que merece no una, sino muchas noches de observación y deleite, en una zona del cielo surcada por el Brazo de Orión de la Vía Láctea, que es una región externa, en dirección contraria al centro galáctico, donde se encuentra Sagitario.

El nombre oficial de la constelación es Cygnus, y su genitivo Cygni, así es que las dos estrellas citadas se denotan como Alpha Cygni (Deneb) y Beta Cygni (Albireo); la abreviatura es Cyg, de forma que también puede escribirse α Cyg y β Cyg respectivamente. Ambas estrellas son la cola y el pico del ave, que se representa en vuelo, y no posada sobre un plácido lago, como yo erróneamente imaginaba cuando comencé a estudiar la cosa esta de las constelaciones. Curiosamente, la cola del cisne (Deneb) se corresponde con el cabecero de la cruz, y viceversa, Albireo está en la cabeza del ave, pero es el pie de la cruz. Otras tres estrellas, Gamma, Delta y Epsilon, completan el asterismo de la cruz, la primera en el crucero y las otras constituyen los extremos del travesaño, y también las alas del ave, que vuela en dirección sur. Las cinco estrellas tienen un brillo suficiente como para ser avistadas con relativa facilidad.

La abundancia de nebulosas y de campos estelares se debe a la presencia en la región de la Vía Láctea, que confiere un tono lechoso al “cuerpo” del ave, y que está dividida en dos a lo largo por una zona oscura, llamada Hendidura del Cisne, conocida también como Saco de Carbón Boreal, por analogía con la nebulosa oscura del mismo nombre en la constelación de la Cruz del Sur.

Aunque puede observarse desde mucho antes y hasta mucho después, Cygnus alcanza su tránsito en la medianoche entre los meses de julio y agosto, y se muestra muy alta en el Hemisferio Norte, pues está cruzada por el paralelo +40º. Desde la primavera y hasta bien entrado el otoño es posible verla desde latitudes septentrionales. En el Hemisferio Sur se podrá ver durante el invierno austral. Para su localización, sólo hay que buscar al Triángulo de Verano, un conjunto de tres brillantísimas estrellas, una de las cuales es Deneb, y las otras dos Vega, que es la quinta estrella más luminosa de todo el cielo nocturno, y Altair, la más brillante componente de la Constelación del Águila. Albireo, el pico del Cisne, se sitúa entre Vega y Altair, pero dentro de los límites del Triángulo, ocupando su baricentro.

En el Hemisferio Sur, aparece bastante baja sobre el horizonte norte, aunque todavía puede vislumbrarse. En la ciudad de Santiago de Chile (situada a 33º27′ de latitud sur), Deneb aún alcanza unos 11º sobre el suelo, y es posible disfrutar de toda la constelación, a pesar de su condición claramente septentrional. A finales del mes de agosto alcanzará su máxima altitud alrededor de las 22:30 hora local. Antes de esas fechas lo hará un poco después; en fechas posteriores, un poco antes.

Principales estrellas

La Constelación de Cygnus cuenta con más (bastante más) de un centenar de estrellas con magnitud inferior a +6.00, es decir, en el límite de la visibilidad a ojo desnudo cuando los cielos ofrecen una buena calidad de observación. Así pues, son muchas las que merecerían una detallada visita, pues el catálogo de estrellas interesantes es copioso. Estrellas dobles, triples y múltiples, así como variables de todo tipo tienen aquí una amplia representación.

En un artículo como éste, pues, no es posible rendir la atención adecuada a cada una de ellas, así es que me he limitado a presentarles las cinco más brillantes, que forman el asterismo de la constelación, y que permitirá, a posteriori, un estudio más detallado por parte del aficionado más interesado.

Deneb (Alpha Cygni) es la más brillante de toda la constelación, y una de las más notables del cielo nocturno, la decimonovena en el orden de brillo entre todas ellas, con una magnitud visual de +1.25. Para los residentes australes que no puedan alcanzar a verla debido a su latitud, la intensidad de su brillo es prácticamente igual a la de Mimosa, la estrella Beta de la Cruz del Sur, a pesar de que ésta se encuentra cuatro veces más cerca de nosotros. Deneb es un astro magnífico, una hipergigante blanca, de tipo espectral A2I unas 110 veces mayor que el Sol y 70.000 veces más luminosa. Baste decir que es una de las estrellas más notables, a pesar de hallarse a una colosal distancia que, aunque es incierta, todos aceptan cifrarla en un mínimo de 1.400 años-luz. Algunos amplían esta valoración hasta 3.200 años-luz.

Los observadores que dispongan de cielos oscuros y de buenas aperturas en sus telescopios harán bien en entretenerse un buen rato por la región de Deneb, pues en sus proximidades se toparán con fascinantes nebulosas y campos estelares. En la imagen superior aparecen a la izquierda de Deneb las nebulosas Norteamérica y del Pelícano. El nombre Deneb es un vocablo procedente del árabe que significa cola, y que también encontramos en otras estrellas como Deneb Algenib (Capricornio), Deneb Kaitos (Cetus), Deneb al Okab (el Águila) y Denébola (Leo).

Sadr es la segunda estrella más brillante de la constelación, a pesar de llevar la denominación de Bayer Gamma Cygni o γ Cyg, con magnitud visual de +2.20. Ocupa el centro del asterismo de la Cruz del Norte, o el pecho del Cisne, que es precisamente el significado del vocablo árabe del cual procede el nombre. Es una supergigante blanco-amarillenta, tipo espectral F8I, distante unos 1.500 años-luz, pero 65.000 veces más luminosa que el Sol, y unas 225 veces más grande.

Es engañosa la sensación de estar rodeada por la nebulosa que parece envolverla (IC 1318), pues ésta se encuentra mucho más alejada aunque en la misma línea visual. En sus proximidades encontraremos al cúmulo abierto NGC 6910 (arriba) y a la Nebulosa de la Mariposa (izquierda).

Gienah o Giennah (Epsilon Cygni o ε Cyg) es la tercera estrella más brillante del Cisne. Su nombre, que significa “ala” en árabe, designa también a la estrella gamma de la constelación de Corvus (El Cuervo), así es que en ocasiones se distingue entre Gienah Corvi y Gienah Cygni. Es una estrella doble, con magnitud conjunta de +2.46 distante unos 72 años-luz del Sistema Solar. La componente principal, Gienah A, es una gigante anaranjada de tipo espectral K0III, 12 veces mayor y 61 veces más luminosa que nuestro Sol. Gienah B, su acompañante, es una enana roja bastante más tenue, pues alcanza la duodécima magnitud, y aparece con una separación de 78 segundos de arco con respecto a Gienah A. Desde ésta, según Jim Kaler, su acompañante se ve con un brillo equivalente al que a nosotros nos ofrece Júpiter, y sin embargo desde Gienah B, su compañera brilla dos veces con más intensidad de lo que lo hace la Luna llena para nosotros. En sus proximidades se encuentra la Nebulosa del Velo.

Delta Cygni es la cuarta estrella, en el orden de brillo, de la Constelación del Cisne. A pesar de mostrar una magnitud visual de +2.87, no tiene nombre propio, y sólo es conocida por su designación de Bayer. Se trata de un sistema triple cuya componente principal tiene un tipo espectral B9.5IV, es decir, una subgigante casi igual que Vega en cuanto a su color, blanco. Tiene una compañera muy próxima de sexta magnitud y otra más alejada mucho más tenue, de duodécima magnitud. El sistema se sitúa a 171 años-luz de nosotros, y visualmente podemos encontrarlo ya muy cerca de M56, de la Constelación de Lyra, que aparece en la fotografía superior, a la derecha. Dentro de unos 9.000 años, Delta Cygni será una aceptable Estrella Polar.

Esto es Albireo. Que síii, que existe, que yo la he visto y no ha salido de la inspiración de ningún gran artista ni de ningún cuento maravilloso, sino que es real y puede verse en la cabeza del Cisne, o si lo prefieren, en la base de la Cruz del Norte. Muchos opinan que es la estrella doble más bonita de todo el cielo, pero yo afirmo que es la estrella más bonita, incluyendo a dobles, triples, múltiples y solitarias, pues no hay otra más sencilla, discreta y a la vez elegante visión en todo el firmamento. A continuación les pongo el enlace al artículo que dediqué a esta delicia:

Albireo, una binaria inolvidable

A pesar de su denominación de Bayer Beta Cygni, sólo es la quinta más brillante de la constelación, así es que es la última, de las que forman la Cruz, en mostrarse cuando nuestros ojos se van acostumbrando a la oscuridad y nos van apareciendo cada vez más estrellas. El par está compuesto por una estrella amarilla de magnitud +3.05 y su acompañante, separada por 35 segundos de arco, es azul y brilla con magnitud visual de +5.12. Se resuelven fácilmente con ayuda de unos binoculares. El conjunto se sitúa a 385 años-luz de distancia, pero les aseguro que es muy difícil separarse del ocular cuando en él está la hermosa Albireo.

Cielo Profundo

Toda la región está infestada de nebulosas y cúmulos estelares, aunque es deficiente en galaxias y cúmulos globulares, al situarse en el plano de la Vía Láctea. Caprichosas formas originan innumerables estructuras entre las que es necesario hacer una selección, pues de lo contrario se haría interminable.

Así, me limitaré a citar a las nebulosas llamadas Creciente y Tulipán. Sí nos detendremos en la Mariposa y en la del Velo, mientras que las denominadas Norteamérica y Pelícano (en la fotografía superior) ya fueron objeto de un artículo monográfico en estas mismas páginas. A continuación, el enlace al informe citado:

Las nebulosas Norteamérica y del Pelícano

Baste recordar aquí, respecto a estas nebulosas, que se trata de dos ingentes masas de polvo y gas hidrógeno, de 50 y 30 años-luz de diámetro, respectivamente, que albergan zonas de creación de estrellas jóvenes (guarderías estelares), y que se sitúan muy cerca al este de Deneb vistas desde la Tierra, aunque están mucho más alejadas que la estrella.

Otro tanto hay que apuntar sobre la infinidad de cúmulos estelares que se reparten por la costelación, profusos y bellos campos de estrellas, entre los que he seleccionado los dos objetos Messier presentes en la región: M29 y M39. Pero hay muchos más. Por último, haremos una breve referencia a Cygnus X-1.

IC 1318, conocida como Nebulosa de la Mariposa y también como Nebulosa de Gamma Cygni, es uno de los objetos de su tipo más grandes y masivos que se conocen. Perteneciente al complejo molecular nebuloso del Cisne, está atravesada por una zona oscura, que la divide en dos, y le confiere esa forma que recuerda a las alas de una mariposa. Está situada junto a Sadr, la estrella central en el asterismo de la Cruz del Norte, aunque la estrella se encuentra mucho más cerca de nosotros y no está ligada a la nebulosa.

La espectacular Nebulosa del Velo es una estructura de aspecto filamentoso, remanente de una supernova que estalló hace al menos 20.000 años, y que se sigue expandiendo aún en la actualidad. Es una intensa fuente de radio cuyas emisiones revelan la presencia de oxígeno, azufre e hidrógeno, de unos 70 años-luz de diámetro que se sitúa a 1.500 años-luz de distancia. No se deja ver fácilmente, a no ser en fotografías de larga exposición tomadas por telescopios de al menos 8 pulgadas de abertura y con ayuda de filtros nebulares del tipo OIII. Particularmente atractiva es la porción oeste de la nebulosa, que ha sido llamada La Escoba de bruja, por su evidente parecido con tal objeto.

El cúmulo abierto M29, o Messier 29, situado a 4.000 años-luz de distancia del Sistema Solar, se localiza a sólo 1.5º al sur de Sadr (Gamma Cygni). Está compuesto por unas 50 estrellas, 5 de ellas más brillantes de las que 4 forman un cuadrado característico, que facilita su identificación. Se podrán observar con ayuda de binoculares. Su magnitud visual es de +6.60 y ocupa en el cielo un arco de 7′ de grado de diámetro. El cúmulo se aproxima a nosotros a la velocidad de 28 km/seg. Otras denominaciones que ostenta son Cr 422 y NGC 6913.

Bastante más grande y brillante que el anterior, aunque menos poblado, M39 o Messier 39 se localiza a 800 años-luz de distancia de nuestra posición. Consta de unas 30 estrellas, media docena de ellas de séptima magnitud. Ocupa en el cielo un arco de 32′ de grado, equivalente al tamaño de la Luna llena, y que corresponde a un tamaño real de 7 años-luz de diámetro. Su magnitud visual es de +4.60.

Para su lozalización, puede partirse de Deneb (Alpha Cygni) y desplazarse primero 3.2º hacia el norte, para después ir hacia el este, y a 9º estará M39. Llamativo con prismáticos, su espectacularidad decrece de forma considerable en el ocular de un telescopio.

Por último, y como curiosidad, citaré el objeto Cygnus X-1. Se trata de una intensa fuente de emisión de rayos X, descubierta en el año 1.965, y que se sitúa a 10.000 años-luz de distancia. Las fluctuaciones de tales radiaciones, del orden de una milésima de segundo, hacen pensar que se trata de un objeto extraordinariamente compacto y muy masivo, y es el mejor candidato para ser considerado el primer agujero negro del que conocemos su ubicación. Se sitúa a sólo 23 minutos de arco al norte-noreste de Eta Cygni (η Cyg), que es una estrella que la podemos encontrar a medio camino entre Sadr (Gamma Cygni) y Albireo (Beta Cygni). La imagen superior muestra las radiaciones de Cygnus X-1 captadas por el Telescopio de Rayos X en órbita Chandra. La inferior es una concepción artística.

Mitología

Leda, reina de Esparta, se bañaba desnuda en las aguas del río Eurotas cuando el gran Zeus, conocido por su promiscuidad, y que regresaba de su aventura con Némesis, se prendó de la augusta dama. Para seducirla, cambió su figura y se transformó en cisne, y de esta manera pudo poseer a Leda. Ésta, habiendo quedado encinta, puso dos huevos (pues nadie me hubiera creído si les cuento que parió, habiendo yacido con un pato). De uno de los huevos nacieron gemelos, Cástor y Pólux, que dan nombre a las dos principales estrellas de la Constelación de Géminis, y del otro nació Helena, una joven que tras ser raptada por Paris, fue causante de que griegos y troyanos se liaran a guantazos en la famosa trifulca de la Guerra de Troya.

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La Nube Grande de Magallanes

Posted in Cielo Profundo with tags , , , on 25 mayo, 2011 by bitacoradegalileo

Cuando Fernando de Magallanes zarpaba del puerto de Sevilla, el 10 de agosto de 1.519, no sólo iniciaba la que habría de ser primera vuelta a nuestro planeta, demostrando así de forma práctica y fehaciente la esfericidad de la Tierra, sino que también partía hacia cielos desconocidos para los 234 marineros que componían la tripulación de sus cinco naves, él incluido. Por eso a Alpha Crucis, la estrella más brillante de la Constelación de la Cruz del Sur, se le conoce en lengua portuguesa como Estrella de Magallanes.

Desde siempre, los navegantes se han servido del cielo nocturno para orientarse, y la Estrella Polar no sólo les ha marcado el norte, sino que midiendo su altitud sobre el horizonte, han podido saber exactamente la latitud a la que se encontraban. No es de extrañar, pues, que los expertos miembros de la expedición magallánica fueran anotando la posición de las estrellas más notables que iban descubriendo conforme avanzaban hacia latitudes australes.

No es difícil imaginarse, pues, al buen marino lusitano, admirando los brillantes cielos al sur del ecuador, y descubriendo más bien antes que después la extensa mancha blanquecina en el cielo que, junto a otra de menor tamaño, en principio debió tomar por nubes, pero que al transcurrir de las noches permanecían en el mismo sitio, aunque un poco más altas conforme avanzaban hacia el Sur. No tardaría demasiado el navegante en darse cuenta de que se trataba de objetos situados mucho más allá de nuestra atmósfera, y pertenecientes por lo tanto al Universo exterior, a pesar de lo cual la llamó La Gran Nube, en contraposición a su aparente compañera, mucho más reducida. que recibió el nombre de la Pequeña Nube. Fue así como las civilizaciones europeas de la época tuvieron la primera noticia de la existencia de estos objetos.

Aunque ambas galaxias, pues esto es lo que son, eran conocidas desde la Antigüedad por los pueblos que habitaban el Hemisferio Sur, dado su destacado brillo, fue sin embargo el genial astrónomo persa Abd Al Rahmann Al-Sufí quien, viajando al sur del Yemen, tomó nota de la Gran Nube en el año 964 de nuestra era, en su Libro de las Estrellas Fijas. Desde Bagdad, ambas Nubes resultaban inaccesibles por su fuerte latitud austral, así es que buscó tierras yemeníes, situadas a 13 ºN de latitud, donde las pudo observar a unos 6º de altitud sobre el horizonte. Fueron conocidas como Nubes del Cabo por los marineros portugueses, holandeses y daneses que doblaron el Cabo de Buena Esperanza navegando hacia la India. Parece ser que también Américo Vespuccio pudo observarlas, pues en la crónica de su tercer viaje (1.503-1.504) nos habla de tres objetos, dos brillantes y uno oscuro. Los dos primeros son las Nubes de Magallanes y el tercero es la Nebulosa Saco de Carbón, en la Constelación de la Cruz del Sur, en plena Vía Láctea.

Las etiquetas que figuran en la imagen ayudarán a la orientación de muchas personas, y servirán para la identificación de esos objetos, sobre todo a los residentes boreales que no tienen (no tenemos) la posibilidad de admirar esos cielos, sobre el incomparable marco de las Cataratas del Iguazú. Sí, sí, ya sé que tantas letras estropean la excelente fotografía del genial Babak Tafreshi. Ahí se la repito, totalmente virgen e impoluta:

La Nube Grande de Magallanes (conocida internacionalmente como LMC, del inglés Large Magellanic Cloud) es una galaxia vecina a la nuestra, satélite de la Vía Láctea, que fue considerada la más cercana a nosotros hasta el descubrimiento en 1.994 de la galaxia elíptica enana de Sagitario. Cuando en 2.003 se descubrió también la galaxia elíptica enana del Can Mayor, ésta resultó la más cercana, pasando La Gran Nube a ser la tercera, aunque a sólo 157.000 años-luz, que a escala cósmica es bastante poco. Es una galaxia enana, diez veces más pequeña que la nuestra, que en principio fue calificada como irregular, pero que ha mostrado atisbos de brazos espirales en fotografías de larga exposición:

Su número de estrellas es también diez veces menor, y se le estima una masa equivalente a 10 mil millones de veces la del Sol. Aún siendo una galaxia enana, es la cuarta más grande entre la treintena que forman el Grupo Local, sólo superada por la Galaxia de Andrómeda (M31), la Vía Láctea y la Galaxia del Triángulo (M33). Su diámetro es de 7.000 años-luz.

Recientemente se ha propuesto que tanto la Gran Nube como su aparente compañera, la Pequeña Nube, podrían haber sido robadas por la Vía Láctea a la Galaxia de Andrómeda, tras una pasada colisión de ésta última con algún otro objeto del mismo tipo. También se ha especulado con la posibilidad de que fueran sendas porciones de la Vía Láctea, que rompieron su unidad y adoptaron formas irregulares, alterando su fisonomía espiral.

Actualmente, según la base de datos extragaláctica de la NASA, y siguiendo la clasificación de Edwin Hubble, se considera una galaxia espiral tipo SB (s) m. Las letras SB se refieren a que se trata de una espiral barrada, la minúscula s entre paréntesis quiere significar que no tiene estructura de anillo, y la m denota que carece de bulbo.

La Nube Grande de Magallanes es tremendamente rica en gas y polvo, así es que presenta una gran profusión de nebulosas y zonas de formación estelar, así como innumerables cúmulos abiertos y globulares. Se producen fenómenos de todo tipo, y se han hallado más de 400 nebulosas planetarias, casi 60 cúmulos globulares y más de 700 cúmulos abiertos, amén de centenares de miles de estrellas gigantes y supergigantes. Muchos astrónomos han dedicado toda su carrera al estudio de esta región, que es lo mismo que entregarle toda su vida.

Grandes complejos de nebulosidad difusa que adopta un aspecto granular con formas de capullo rodean a la galaxia por dentro y por fuera. La luz de las grandes estrellas confiere la tonalidad azul al conjunto, pero en el infrarrojo aparece el gas excitado de intensa actividad iónica. El gas frío interestelar calentado por las estrellas circundantes se manifiesta en tonalidades verdosas.

Las imágenes se deben a la acción combinada del conjunto de cámaras infrarrojas (IRAC) junto con el Fotómetro de imágenes multibanda (MIPS) instalados a bordo del Telescopio Espacial de infrarrojos Spitzer.

Entre todos los objetos que podemos encontrar en la Gran Nube de Magallanes, merece ocupar un destacado lugar la llamada Nebulosa de la Tarántula, también conocida como 30 Doradus y como NGC 2070. Situada en la región noreste de la galaxia, se trata del mayor vivero de formación de estrellas de todo el Grupo Local, poseyendo tal luminosidad que, si se encontrara a la distancia a la que está la Nebulosa de Orión (M42), su luz produciría sombras en el suelo. De este extraordinario brillo son responsables, principalmente, dos cúmulos estelares que se encuentran en el interior de la nebulosa y que visitamos a continuación.

RMC 136 (o R136a) es un cúmulo tan compacto que en principio se creyó que se trataba de una sola estrella. El cúmulo ha despojado a la vecindad del gas que contenía, y se muestra ahora envuelta por el vacío, pues los gases que allí estaban son los que han colapsado para formar estrellas muy masivas. Una de sus integrantes, R136a1 parece que tenía la masa equivalente a la de 300 soles, lo que la convertiría en la más masiva que se conoce.

Hodge 301 es el otro cúmulo que citamos. Es una agrupación estelar mucho más vieja, y en él se encuentran estrellas de distintas generaciones. Varias supergigantes rojas se están aproximando a su violento final como supernova.

En el cortorno de la Nebulosa encontramos a SN 1987A, la supernova que explotó en 1.987, la más cercana y brillante de la Astronomía moderna, la primera que pudo ser observada a simple vista en 383 años, desde la explosión de SN 1604, conocida como Supernova de Kepler, todavía en la época pre-telescópica. Como remanente, ahora muestra un objeto central que está rodeado por unos curiosos anillos, que muy bien podrían ser el resultado de la acción combinada de los vientos producidos por dos o más estrellas cercanas.

La Gran Nube de Magallanes alberga estos y otros muchos interesantes objetos (en la fotografía de arriba, la Nebulosa Cabeza de Fantasma), lo cual justifica la fascinación que causa en todo aquél que dirige el tubo de su telescopio, o simplemente su mirada, hacia ese lugar.

Con respecto a la observación por los aficionados, la Nube Grande de Magallanes ofrece una magnitud visual de +0.9, perfectamente visible sin ningún tipo de ayuda óptica. Puede localizarse fácilmente en la frontera entre las constelaciones de Dorado y Mensa, a unos 20º al sur-sureste de la brillante Canopus, la segunda estrella más notable de todo el cielo nocturno. Resulta inaccesible, sin embargo, para los observadores situados más arriba del paralelo 20ºN, dada su fuerte declinación austral, cercana a los 70ºS. Desde Sidney en Australia, Ciudad del Cabo en Sudáfrica o Río de Janeiro en Brasil es, en cambio, circumpolar, y permanece visible sobre el horizonte en cualquier época del año, en cuanto el cielo se oscurece. Su tamaño real de 7.000 años-luz se traduce en unas dimensiones aparentes de 645 x 550 minutos de grado. La Luna llena ocupa unos 30 minutos de diámetro.

Para distinguir detalles en la Nebulosa de la Tarántula se necesita un telescopio con al menos 8 pulgadas de abertura (200 milímetros).

Por último, asusta un poco pensar en la visión que de la Vía Láctea tendría un hipotético habitante de aquel lugar. Vería a nuestra galaxia diez veces más grande de lo que nosotros vemos a la suya.

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M16 y la Nebulosa del Águila

Posted in Cielo Profundo with tags , , on 24 abril, 2011 by bitacoradegalileo

Situada en la Constelación de Serpens (la Serpiente), a poco más de una docena de grados del ecuador celeste, M16 es un cúmulo abierto compuesto por cientos de estrellas, asociado a la Nebulosa del Águila, donde se ha originado, y de la que continuamente siguen naciendo nuevas estrellas. Es lo que los astrónomos conocen como una región HII. Las formas de la nebulosa parecen dibujar un águila en picado.

Serpens es la única constelación dividida en dos partes de todo el catálogo de la Unión Astronómica Internacional. Por esa razón, algunas personas consideran 89 constelaciones, en vez de las 88 que componen el listado oficial. Así, la Constelación de Ophiuco (el portador de la serpiente) se interpone entre las dos, y la mitad oeste se denomina Serpens Caput (la Cabeza de la Serpiente), conteniendo la estrella más brillante del conjunto, llamada Unukalhai (Alpha Serpentis), una gigante anaranjada de magnitud visual +2.63. Nuestro objeto, en cambio, se localiza en la porción oriental , que recibe el nombre de Serpens Cauda (la Cola de la Serpiente).

La Nebulosa del Águila puede localizarse al norte de Sagitario (la Tetera), cerca de M17, la Nebulosa Omega, sólo 2.5º al norte de ésta última; la proximidad entre ambas nebulosas no es sólo aparente, sino que incluso mantienen fuertes interacciones entre ambas, consistentes en fuertes vientos estelares e influjos gravitacionales. La región está infestada de objetos de cielo profundo y, particularmente, de astros pertenecientes al Catálogo de Charles Messier, pues la Vía Láctea encuentra aquí su zona central, en concreto en la cercana constelación de Sagitario. M16 se localiza en el Brazo de Sagitario-Carina, que es el más próximo al que nos encontramos nosotros, el Brazo de Orión, en dirección al centro galáctico. Se trata de una colosal nube de gas de hidrógeno y polvo interestelar sometida a continuos cambios en su estructura y composición.


La Nebulosa del Águila debe su nombre a que se asemeja, según el parecer de muchas personas, a un águila volando en picado. Mi hija Araceli dice que no se parece; yo, que sí.

Por efecto de la gravedad, las partículas de polvo y el gas se contraen y colapsan sobre sí mismas, produciendo un aumento de la temperatura y mayores concentraciones de masa, que devienen en una presión ascendente con el consiguiente aumento de la temperatura, hasta provocar la ignición y originar una nueva estrella. Así se formaron las estrellas del cúmulo M16 en el seno de la Nebulosa del Águila, y así siguen formándose nuevas estrellas.

Ahora, los fuertes vientos causados por las nuevas estrellas excitan a la nebulosa que las creó, y la hace brillar por la emisión de esa energía que reciben, en forma de luz, convirtiéndose de esa manera en uno de los más hermosos objetos de su clase, una nebulosa difusa brillante. Las estrellas del cúmulo son jovencísimas gigantes azules, muy luminosas.

Las espectaculares imágenes tomadas por el Telescopio Espacial Hubble, publicadas en 1.995, han contribuido a una mucho mejor comprensión de los procesos que se llevan a cabo en el interior de la nebulosa. Estas imágenes, de la impresionante región de Los Pilares de la Creación, se hicieron muy populares gracias a su difusión en películas tales como Contact, de 1.997, series de ciencia ficción como Babylon 5, videojuegos o juegos para ordenador.

El cúmulo (no así la nebulosa), catalogado como M16 (el objeto con ese número en el Catálogo Messier) y también como NGC6611, fue descubierto por Jean-Philippe de Cheseaux en 1.746. El astrofísico suizo (nacido en Lausana) sólo observó la zona central, y cita un cúmulo de estrellas entre las constelaciones de la Serpiente, Sagitario y Antínoo. Es ésta una antigua constelación que se situaba al sur de la constelación del Águila. Cheseaux, en cambio, no parece haber observado la nebulosa, pues no nos informa sobre ella.

Charles Messier sí distinguió la nebulosa, en su redescubrimiento del 3 de junio de 1.764, según anotó en la primera edición de su famoso catálogo que reproduzco a continuación:

“Amas de petites étoiles, mêlé d’une foible lùmiere, près de la queue du Serpent, à peu de distance du parallèle de ζ de cette constellation; avec une foible lunette ces amas paroît sous la forme d’une nébuleuse.” “Cúmulo de estrellas pequeñas, mezcladas con una tenue luz cerca de la cola de la Serpiente, a poca distancia del paralelo de ζ de esta constelación; con un telescopio pequeño este cúmulo aparece bajo la forma de una nebulosa.”

Como hemos leído, Charles Messier pudo identificar por vez primera a la nebulosidad asociada al cúmulo M16. Anotó también (a la izquierda de su diario) las coordenadas en Ascensión Recta y Declinación del objeto, así como su tamaño aparente, estimándolo en 8 minutos de arco.

Curiosamente, la nebulosa no fue advertida por William y Carolina Herschel al observar el cúmulo, a pesar de que el músico de Hannover es autor del descubrimiento de más de 2.500 objetos de cielo profundo, además del planeta Urano. Esto hizo que la nebulosa no figure en el catálogo NGC. Sí se refiere a ella su hijo, John Herschel, que habla de una nebulosa que contiene a un centenar de estrellas. Finalmente, la Nebulosa del Águila fue catalogada en el IC II de 1.908 como IC4703.

La distancia a la que se encuentra no es una discusión cerrada. Aunque la mayoría de las fuentes coinciden en aceptar 7.000 años-luz, hay opiniones contrarias que cifran nuestra separación de la nebulosa en menos de 6.000 años-luz. El diámetro angular del cúmulo, de 7 minutos de arco, corresponde a un diámetro real de 15 años-luz. La nebulosa se extiende mucho más, hasta medio grado (equivalente a la Luna llena), que se traduce en unas dimensiones de unos 70 años-luz de diámetro.

Como la declinación de M16 es de -13.5º, es observable prácticamente desde toda la Tierra, exceptuando latitudes árticas donde no vive casi nadie. Los mejores meses para su observación son los centrales del año, pero ya desde marzo aparece en la madrugada. La magnitud visual del objeto es de +6.4. No se puede ver, por tanto, sin ayuda óptica. Sea cual sea el instrumento empleado, se necesita una apertura mínima de 2 pulgadas (50 mm) para poder observar algo. En prismáticos, con 10×50 se advierte un pequeño grupo de estrellas, no sin dificultades. Los telescopios entre 120 y 150 mm pueden ya advertir una ligera nubosidad que envuelve al cúmulo. Para obtener detalles suficientes de los Pilares de la Creación, son necesarios instrumentos de al menos 12 pulgadas (300 mm de apertura). La astrofotografía revelará siempre detalles mucho más precisos.

La evolución de la fotografía astronómica y la actividad de los observatorios en órbita, particularmente de las imágenes tomadas por el Hubble en 1.995, y las obtenidas con posterioridad, nos han permitido ver a la Nebulosa del Águila como una ventana abierta, mostrándonos asombrosas estructuras en su interior.

Entre estas notables formaciones destacan, además del cúmulo M16, las columnas oscuras llamadas Pilares de la Creación, y la Espira o Columna V. La siguiente fotografía muestra la posición de cada una de ellas dentro de la nebulosa.

En la que sigue, pueden compararse el aspecto que ofrecen en la luz visible del Hubble, y en el infrarrojo de otro observatorio en órbita: El Telescopio Espacial Spitzer:

Una de las fotografías tomadas por el Hubble, con la firma de Jeff Hester y Paul Scowen, dio la vuelta al mundo, y se convirtió en la imagen del cielo más difundida entre la población:

Muestra una extensa zona, en forma de columnas, donde están formándose estrellas. Ello justifica su nombre de Los Pilares de la Creación. La concentración de gas hidrógeno y polvo en la región ha funcionado como una incubadora de nuevas estrellas, al amparo de la energía que les proporciona su propia fuerza de atracción gravitatoria.

La combinación de esta imagen con las ofrecidas por el Telescopio Espacial de Rayos-X Chandra, en cambio, muestra que las fuentes de emisión de rayos X no coincide con la situación de las columnas, sino con otros puntos de la región, distribuidos al azar. Este hecho sugiere que la formación estelar ha terminado. Pero otros puntos de los Pilares de la Creación muestran Glóbulos Gaseosos de Evaporación (EGGs por sus siglas en inglés), donde dentro de algún tiempo volverá a evidenciarse la producción de nuevas estrellas. Consisten estas eyecciones en elementos químicos menos pesados expulsados violentamente por la intensa radiación del lugar. En la zona, se han encontrado 73 EGGs, y al menos 11 de ellos contienen objetos estelares en formación.

El pilar más largo mide unos 7 años-luz, distancia comparable a la que nos separa de Sirio (Alpha Canis Majoris), que es de unos 8.6 años-luz, y mucho mayor de la que hay entre nosotros y Alpha Centauri (4.3 años-luz, aproximadamente) y en el extremo de todos ellos se producen concentraciones de masa que aumentan la presión y forman las protoestrellas.

En cambio, las últimas noticias no son nada tranquilizadoras. Datos proporcionados por el Telescopio Spitzer hacen sospechar que la explosión de una supernova acabó con los Pilares de la Creación hace unos 6.000 años. Pero en el peor de los casos, aún nos quedarán otros mil años para disfrutar de tan hermosa visión, y en su lugar dejará un magnífico cúmulo estelar de estrellas jóvenes, brillantes, muy masivas, y muy azules.

Al sureste de los Pilares de la Creación, aparece otra columna de material oscuro, muy alargada, conocida como La Espira, y también como Columna V. En el extremo superior, esta estructura presenta un ensanchamiento en forma de capullo donde se localiza una importante fuente de emisión radiactiva, altamente ionizada. Muy cerca, un objeto estelar hace pensar que el conjunto forma también una región HII de formación de estrellas. Como se ve, toda la Nebulosa del Águila es un espectacular ejemplo de evolución en el Universo, contrariamente a la inmutabilidad que se le atribuyó en tiempos pasados.

M16 es el cúmulo asociado a la nebulosa. Contiene unas 460 estrellas, todas ellas extremadamente jóvenes, pues se ha estimado la edad del conjunto en unos 4 millones de años, menos de la milésima parte de la edad de nuestro Sol, e incluso algunas estimaciones reducen esta cifra a la mitad. Las estrellas se formaron en la nebulosa, consecuencia de la ferviente actividad que hemos tenido ocasión de estudiar a lo largo del artículo, y ahora son ellas las que con sus fuertes vientos ionizan el material circundante, haciendo brillar a la nebulosa. Las más brillantes son gigantes azules, de tipo espectral O y B, muy masivas, hasta 80 veces más que el Sol, y llegan a alcanzar la octava magnitud, por lo que pueden ser vistas con binoculares en buenas condiciones de observación. La estrella más brillante tiene magnitud visual de +8.24. La mayoría de sus componentes, en cambio, son estrellas de la secuencia principal, con poco más del doble de la masa de nuestro Sol. Existen también, como puede deducirse fácilmente, muchas estrellas que todavía están formándose, como evidencia la imagen de rayos X del Telescopio Espacial Chandra.

En fin, esto es todo. Aunque he intentado traerles lo más notable de esta fabulosa región del cielo, soy consciente de que me he dejado muchas cosas en el tintero. Es inevitable, pues hablar de M16, el Águila y los Pilares, es empezar y no acabar. Muchas gracias por su atención, y les deseo cielos despejados y una feliz observación.

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La Constelación de Lepus (la Liebre)

Posted in Constelaciones with tags , , , , , , on 9 marzo, 2011 by bitacoradegalileo

Orión pisa sus talones, y sus perros, Canis Major y Canis Minor, tratan de apresarla, pero ella consigue noche tras noche alcanzar el ocaso del oeste, tras surcar todo el firmamento brincando desde oriente en constante peligro: Es la pequeña Liebre, la Constelación de Lepus, que entre las brillantes y amenazadoras Rígel, Saiph y Sirio logra salvar a sus más discretas pero hermosas estrellas, sus cúmulos, nebulosas y galaxias de las predadoras fauces de sus perseguidores. Arneb, Nihal, la Estrella Carmesí de Hind, el cúmulo globular M79, la Nebulosa planetaria del Espirógrafo, el delicioso cúmulo estelar NGC 2017 y sus demás componentes lograrán así salvar el pellejo refugiándose bajo el horizonte, al menos hasta la noche siguiente; el gigante cazador tendrá que conformarse con cenar un yogur, aunque sea caducado. Todas estas constelaciones se representan mirando hacia el oeste, pues es ésa la dirección que aparenta el movimiento del cielo al transcurrir de las horas, aunque sabemos que la causa real es la rotación de la Tierra hacia el este.

Situada entre 10 y 27 grados por debajo del ecuador celeste, Lepus se localiza muy fácilmente al sur de las dos estrellas que representan los pies de Orión, Rígel y Saiph, y al oeste de las brillantes estrellas Sirio y Mirzam, de Canis Major. Se puede observar, por tanto, desde toda la Tierra, a excepción de latitudes más al norte del paralelo +63º, en los últimos y primeros meses del año, hasta abril.

A pesar de la nitidez de sus estrellas más notables, que alcanzan la segunda magnitud, queda ensombrecida por el extraordinario brillo de sus más que importantes constelaciones vecinas. No obstante, La Liebre ya era conocida desde antiguo, y Ptolomeo la incluyó en su listado de 48 constelaciones clásicas, ya en el siglo II de nuestra era.

Actualmente, forma parte del listado oficial de 88 constelaciones de la IAU (Unión Astronómica Internacional), con el nombre oficial de Lepus, siendo su genitivo Leporis y su abreviatura Lep. Ocupa en el cielo una extensión de 290 grados cuadrados, la número 51ª en este aspecto. Hay que evitar confundirla con la más austral constelación de Lupus (el Lobo), que está situada entre Escorpio y Centauro.

Además de Orión al norte y Canis Major al este, la Constelación de Lepus es vecina de Monoceros (el Unicornio), también al norte, la Constelación del río Erídano al oeste, y las de Columba (la Paloma) y Caelum (el Cincel) al sur.

El primero que llamó a esta constelación la Liebre fue Eudoxus de Cnido, en el siglo IV antes de Cristo. Entre los árabes ha sido conocida como El Trono de Orión, por el cuadrilátero formado por las estrellas Arneb (Alpha), Nihal (Beta), Gamma y Delta Leporis. y también ha sido conocida como al-Nihal (Los Camellos sacian su sed), seguramente motivado por la cercanía de la Constelación del río Erídano, hasta que por fin adoptaron la interpretación de la Grecia antigua, y la denominaron al-Arnab (la liebre), de donde deriva el nombre de su principal estrella. Entre los egipcios, fue llamada La Barca de Osiris (representado por Orión), debido también a la proximidad del Erídano, que simbolizaba al río Nilo.

Varias estrellas y algunos objetos de cielo profundo de esta constelación, merecen una visita detallada. Entre las primeras, he seleccionado a las dos que tienen nombre propio, y que resultan ser las más brillantes, Arneb y Nihal, a Gamma como la doble más destacada, y a dos preciosas variables T Leporis y la estrella carmesí de Hind.

Principales estrellas

Arneb (Alpha Leporis o α Lep) es la estrella más importante de la constelación. Su nombre es el mismo que el de la constelación en lengua árabe: al-Arnab, y significa Liebre. Su luminosidad intrínseca es 13.000 veces más intensa que la del Sol, pero la distancia a la que se encuentra, unos 1.280 años-luz, hace que desde la Tierra la apreciemos con una magnitud visual de +2.58. No obstante, es la más brillante de Lepus. Se trata de una supergigante blanco-amarillenta, de tipo espectral K0I, cuya temperatura superficial es de 7.000 ºK. Es 75 veces más grande que nuestro Sol.

Nihal o Nibal (Beta Leporis o β Lep), de magnitud visual +2.84, es la segunda estrella más brillante de Lepus. Es una gigante amarilla, de tipo espectral G5II, y está a una temperatura superficial similar a la del Sol: 5.225 ºK, pero es 165 veces más luminosa, debido a que es 16 veces mayor. Su distancia a la Tierra es de unos 160 años-luz. Su nombre proviene de la antigua denominación árabe para esta constelación, y hace referencia a cuatro camellos que se encaminan a beber en el río Erídano.

Gamma Leporis o γ Lep es la tercera estrella de la Liebre, con magnitud visual +3.60. Es una doble muy fácil de observar incluso con binoculares, cuya componente principal es una enana amarilla separada por más de un minuto de arco de una anaranjada (catalogada como HD38392) de magnitud +6.28. El sistema está situado relativamente cerca de nosotros, a unos 27 años-luz, y Gamma A es muy parecida al Sol, sólo un 20 % más grande y un poco más caliente, 6.300 ºK, lo que le confiere una luminosidad 2.6 veces más intensa que la de nuestra estrella.

Carta de localización de R Leporis, la estrella carmesí de Hind

R Leporis es una estrella variable. Descubierta en 1.845 por el astrónomo inglés John Russell Hind, va oscilando desde la magnitud 5.5 hasta 11.7, en periodos constantes de 427.07 días, o sea, unos 14 meses. Se trata de una estrella de carbono, tipo espectral C6II, de un marcado color rojo conocida como la estrella carmesí de Hind, en honor a su descubridor, quien al observarla desde el ocular de su telescopio, la comparó a una gota de sangre. A medida que va perdiendo luminosidad, aumenta su tono rojizo, y se hace complicado encontrar otra luminaria más roja. Quizás, la estrella granate de Herschel, en la constelación de Cepheo, pueda ser comparada a R Leporis. La estrella carmesí es, en mi opinión, una de las más bellas del cielo. Catalogada como HD31996, está a la distancia de 1.100 años-luz, y su tamaño, también variable, equivale a unas 500 veces el del Sol.

Vale la pena, por último, rendir una breve visita a otra bellísima variable: La supergigante roja T Leporis, una estrella situada a sólo medio grado de ε Leporis y cuyo brillo oscila entre las magnitudes visuales de +7.4 y +14.3. Su temperatura superficial es extraordinariamente baja, en torno a los 2.800 ºK, y una de las estrellas más frías que pueden verse. Cada pulsación de T Leporis no resulta gratuita, pues le cuesta la masa equivalente a la de la Tierra, y consecuencia de ello es la enorme capa de polvo que la rodea, y que ha podido ser captada por el interferómetro instalado en el Very Large Telescope del ESO en La Silla (Chile). La estrella está situada a unos 500 años-luz de nosotros y su tamaño es 100 veces mayor que el del Sol.

Objetos de cielo profundo

La constelación de Lepus está situada relativamente lejos del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, unos 20 grados al sur del plano galáctico, así es que en esa dirección podremos encontramos objetos tenues y lejanos como galaxias, entre las que visitaremos brevemente a la espiral barrada NGC 1964, y un sólo cúmulo globular, M79, mucho más frecuentes en otras épocas del año, y esto explica también la ausencia de concentraciones de gas y polvo y de nebulosas, a excepción de la nebulosa planetaria del Espirógrafo, ni tampoco abundan los cúmulos galácticos, aunque sí mostraré al lector una excepción cuya contemplación resulta exquisita: NGC 2017.

Carta de localización del cúmulo globular M79

M79 (NGC 1904) es el único objeto perteneciente al Catálogo Messier de la constelación. Es una rara avis en esta región del cielo, pues la mayoría de los cúmulos globulares se concentran justamente en la dirección opuesta, en torno a la constelación de Sagitario y su vecindad. Así es que podemos decir que está en la trastienda del kiosco. Su distancia al centro galáctico es de más de 60.000 años-luz, y a nosotros de unos 42.000 años-luz. La línea imaginaria que une Arneb con Nihal apunta directamente a M79, así es que será muy útil utilizar a estas dos estrellas para encontrar al cúmulo, unos 4 grados al sur de la segunda. Su magnitud superficial es de +8.4 y ocupa en el cielo un tamaño aparente de unos 8 minutos de arco, que corresponden a un diámetro real de 118 años-luz. Es un cúmulo compacto cuyas estrellas más notables brillan en torno a la novena magnitud.

IC 418 es una nebulosa planetaria, llamada del Espirógrafo, situada 2 grados al noreste de Lambda Leporis. Este tipo de objetos consiste en una nube de gas expulsado por una gigante roja que agoniza en su interior, y el adjetivo planetaria sólo se debe a que cuando se descubrieron, a mediados del siglo XVIII, se creyó que albergaban a un planeta en su centro; tal suposición resultó errónea, pero persistió el nombre. En el caso que nos ocupa, la estrella central es de undécima magnitud, y el gas que expulsa se expande a una velocidad de 22 kilómetros por segundo. Sí, por segundo. Ocupa en el cielo un tamaño aparente de 14’x11′ de arco.

NGC 1964 es la galaxia más brillante de la constelación de Lepus. No obstante, se necesitan telescopios medianos para comenzar a observar un núcleo borroso, pues sus estrellas brillan a partir de la duodécima magnitud. Se trata de una galaxia espiral barrada que ofrece una magnitud conjunta de +10.8 de un tamaño angular de 5.6’x2.1′ de arco. NGC 1964 se aleja de nosotros a 1.663 kilómetros por segundo. No es un error mecanográfico.

Por fin, llegamos a NGC 2017, la guinda del pastel, de esta preciosa y sorprendente Liebre que enamora desde el principio. Este objeto, de sólo siete miembros, está considerado por algunos como una estrella múltiple, y no como un cúmulo, dado lo reducido del número de sus estrellas. Su magnitud visual de +6.4 permite que ya con binoculares puedan resolverse hasta cinco de ellas entre la 6ª y la 10ª magnitud. Con un telescopio de al menos 6 pulgadas (unos 150 mm), dos de las estrellas se observan como sistemas dobles, resultando por consiguiente un total de siete componentes para el cúmulo. La disposición de los miembros de NGC 2017 recuerda a una versión en miniatura de la constelación de Cáncer (véase el artículo sobre M44, el cúmulo del Pesebre).

Mitología

Eratóstenes, astrónomo que rigió los destinos de la fabulosa Biblioteca de Alejandría hacia el año 250 a.C., nos cuenta que Lepus es la liebre de Hermes, el dios mensajero provisto de alas en sus pies, representado por el planeta Mercurio; la Liebre fue colocada en el cielo por el dios como símbolo por su velocidad escurridiza, atributo común a ambos.

Higinio, ya en el siglo II de nuestra era, escribió que un joven arribó a la isla griega de Leros provisto de una liebre preñada. El animal no existía en el lugar, y sus moradores, al ver la facilidad con la que se reproducía, se aprestaron a domesticarla para su cría y explotación. Pero la excesiva proliferación del roedor hizo que pronto acabaran con las cosechas provocando una horrible hambruna. Hermes entonces colocó al animal en el cielo como advertencia de que todas las cosas, aún las más beneficiosas, son dañinas cuando exceden de lo razonable.

Pero la historia más conocida es la referida por Arato, en el siglo III a.C., mucho antes que la de Higinio, según la cual Lepus protagoniza una incesante carrera para evitar al Can Mayor que, con el cazador Orión y su otro perro, el Can Menor, tratan de cazarla. Pero yo confío en que la pequeña y veloz liebre burle de nuevo a sus ilustres perseguidores y siga deleitándome cada noche de los fríos inviernos boreales.

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Eta Carinae (NGC 3372)

Posted in Cielo Profundo, Estrellas with tags , , on 24 febrero, 2011 by bitacoradegalileo

Allí donde la Vía Láctea, en su extremo más meridional, cruza la Constelación de Carina encontramos una de las regiones más brillantes del cielo, sin parangón en ningún lugar del Hemisferio Norte…

…un monstruo todavía más brillante y extenso que la mismísima Nebulosa de Orión, a pesar de situarse seis veces más lejos que ésta, y en cuyo interior se localiza una criatura todavía más monstruosa…

…una estrella que brilla con una luminosidad cinco millones de veces más potente que el Sol y 150 veces más masiva, un astro colosal con brutales variaciones en su brillo a lo largo de la historia, con eyecciones de su materia equivalente a la de tres soles de una sola vez…

…una estrella descomunal, imprevisible, que lejos de mostrarse como una más entre trillones ha merecido el comentario del experto profesor Kris Davidson, de la Universidad de Minesota: Eta Carinae no es sólo una estrella variable… ¡Eta Carinae está loca!.

Carina (La Quilla) es una vasta región del cielo austral que, junto con Puppis (La Popa), Vela y Pyxis (La Brújula) constituyeron la antigua Constelación del Gran Navío Argos (hablaremos de él al final del artículo, en la sección de mitología), antes de que Nicolas Louis de Lacaille las separara en entidades independientes con el objeto de su mejor estudio, pues el total de la zona sumaba unas 300 estrellas.

La presencia de la Vía Láctea hace de Carina una de las constelaciones más notables de todo el cielo, y en ella encontramos a la segunda estrella más brillante, tras Sirio (Alpha Canis Majoris). Se trata de Canopus (Alpha Carinae), una supergigante blanco-amarillenta de -0.7 de magnitud. Esta estrella no llega a alcanzar en Cádiz los dos grados de altitud sobre el horizonte y hay que ir hasta las costas del norte de África para divisarla con garantías. Otras notables e interesantes estrellas son Miaplacidus (Beta Carinae) y Avior (Epsilon Carinae). También, entre innumerables cúmulos, en esta constelación se sitúa IC 2602, un precioso cúmulo estelar conocido como Las Pléyades del Sur, visible a ojo desnudo, pues contiene una estrella de tercera magnitud, Theta Carinae (θ Car) . Como su homónima boreal, ofrece hasta media docena de estrellas a simple vista, y con binoculares o telescopios pequeños el número de éstas se dispara ocupando un área del cielo de un grado de diámetro. Pero, como se ve en la siguiente composición, la zona es inagotable en cuanto a objetos de cielo profundo y hay donde entretenerse durante muchas sesiones de observación. No se vuelvan locos, en esta imagen el sur está arriba y el este a la derecha:

Para los observadores acostumbrados a la contemplación de los cielos australes, la localización de NGC 3372, o Nebulosa Eta Carinae, llamada también Nebulosa de la Quilla, no ofrece dificultad alguna.

Dirigiendo la mirada hacia el conocidísimo asterismo de la Cruz del Sur, se encontrarán rápidamente, a la izquierda de ésta (al este) las dos estrellas apuntadoras, Alpha Centauri y Hadar, y justo al lado contrario de Crux, al oeste, una mancha en el cielo perfectamente visible a ojo desnudo, si los cielos son suficientemente oscuros.

Situada entre tres cruces (Crux al este, la Falsa Cruz al oeste y la Cruz del Diamante al sur), es la más grande nebulosa de emisión en todo el firmamento. Si M42, en Orión, ocupa una superficie aparente de un grado, Eta Carinae se extiende por un área de 2 x 2 grados, esto es, por cuatro grados cuadrados, que corresponde a 260 años-luz de diámetro real (M42 tiene unos 24 años-luz). Y todo ello a pesar de distar del Sistema Solar 7.500 años-luz, seis veces más allá que la Nebulosa de Orión, que “sólo” está a 1.270 años-luz.

Debido a su situación, a partir de 60º S de declinación, su observación no es posible más al norte del paralelo 30º N, e incluso resulta dificultosa a partir de 20º N, pues se encuentra muy baja sobre el horizonte y las perturbaciones atmosféricas distorsionan la visión. Esto excluye a México, el Caribe, Cádiz y todas las ciudades de Europa y Estados Unidos y a la mayor parte de las asiáticas, lugares desde donde no es posible su contemplación. Por el contrario, en latitudes como Bahía Blanca en Argentina o Valdivia en Chile ya es circumpolar.

Compuesta en su mayor parte por hidrógeno y una cuarta parte de helio, con presencia testimonial de elementos metálicos, la nebulosa presenta zonas oscuras que la dividen en tres lóbulos el más brillante de los cuales tiene la forma de un triángulo en cuyo vértice más céntrico se ubica la estrella Eta Carinae, junto a la Nebulosa de la Cerradura.

El interior de la Nebulosa Eta Carinae es todo un mundo de sucesos. Potentes vientos estelares, que acabarán con ella al correr de los tiempos, cúmulos estelares por doquier, poderosas emisiones de rayos X que aún nadie sabe explicar, regiones de formación de estrellas, nebulosas más oscuras con caprichosas formas que se mezclan con estructuras mucho más brillantes, se ofrecen al observador, sobre todo al ocular de los potentes telescopios orbitales que nos revelan multitud de procesos en su seno.

Las imágenes obtenidas por observatorios espaciales como el Spitzer en infrarrojo, o el Chandra en rayos X, además de las del Telescopio Espacial Hubble, nos permiten conocer cada vez mejor esta fascinante nebulosa.

Cerca de la región donde está Eta Carinae se encuentra una mancha oscura que tiene la forma del agujero de una cerradura antigua, y que por eso se llama Nebulosa de la Cerradura. Esta mancha es sólo un hueco, un vacío en el espacio, y no materia oscura que se interponga en el camino como ocurre en otras nebulosas, aunque esta opinión no es unánime, y muchos piensan que se trata de nubes de gases y polvo a muy bajas temperaturas. Muy cerca de ella, otra nebulosa oscura, mucho más pequeña, dibuja la forma de un dedo en gesto obsceno, que ha recibido el nombre de “El Gesto de Dios”, aunque el dedo conocido con el mismo nombre, en la figura que representa a Dios en el fresco de Miguel Ángel , en la Capilla Sixtina, no tiene la misma actitud.

La Nebulosa de la Cerradura aparece escoltada por la estrella Eta Carinae, un astro monstruoso, descomunal, que llegaría hasta la órbita de Júpiter en el lugar que ocupa el Sol, y que con la masa equivalente a la de 150 veces nuestra estrella, ha sido considerada la más masiva hasta el reciente descubrimiento de R136a1, en la constelación del Dorado, en la Nube Grande de Magallanes.

Fue Edmundo Halley quien, en 1.677, la catalogó por vez primera, anotándola como una estrella de cuarta magnitud, pero los observadores notaron continuos cambios en su brillo, llegando a alcanzar la segunda magnitud hacia 1.730. Después de diversos retrocesos y aumentos en su luminosidad, a finales de 1.830 comenzó una falsa conversión en supernova, hasta que en el mes de abril de 1.843 alcanzó la magnitud de -0.8, y en ese momento se erigió en la segunda estrella más brillante del cielo, sólo superada por Sirio, pero ésta se encuentra a poco más de 8 años-luz. Eta Carinae está a 7.500. Erupciones procedentes del núcleo de la estrella provocan este tipo de procesos que hacen calificarla como “supernova impostora”.

Durante esta erupción, a mediados del siglo XIX, Eta Carinae expulsó al espacio circundante una cantidad de materia que equivale a casi 10 soles y superó en brillo a su vecina Canopus. En 1.858, de repente, la estrella volvió a apagarse, y desapareció para el ojo desnudo.

En 1.950, el gran astrónomo argentino Enrique Gaviola (Mendoza, 1.900-1.988) descubrió que Eta Carinae está rodeada por una pequeña nubosidad (de un tamaño equivalente a todo el Sistema Solar) en forma de “8”, a la que él mismo llamó “El Homúnculo”. La Nebulosa del Homúnculo es la impresionante consecuencia de la violenta erupción de 1.843, una estructura bipolar, con dos lóbulos, y un extenso aunque débil disco ecuatorial, que muy bien pudiera ser consecuencia de alguna explosión posterior, probablemente de finales del XIX. Todo este material se aleja de la estrella a la velocidad de 2.4 millones de km/h.

En la actualidad, la nubosidad que envuelve a Eta Carinae parece estar diluyéndose, devolviéndole a la estrella gran parte de su notoriedad, y se intuye que en muy poco tiempo (una década) podría recuperar el brillo de la época de Edmundo Halley, o sea, la cuarta magnitud.

Pero Eta Carinae tiene sus días contados. Una estrella tan supermasiva sólo puede desembocar en una próxima explosión en hipernova, esta vez verdadera, que será el acontecimiento celeste más impresionante jamás observado. Habrá vivido así, solamente, unos 2 ó 3 millones de años, Un suspiro, a escala cósmica, comparado con los 10.000 millones de años que vivirá nuestro Sol.

Mitología

Jasón es el héroe mitológico griego, hijo de un rey destronado, que parte en busca del vellocino de oro para recuperar el reino de su padre. El vellocino es la piel de un carnero oculta en un árbol, en la Cólquida, y custodiada por dos toros que escupían fuego por la boca y que tenían pezuñas de bronce, y por una serpiente gigante que no dormía nunca. Jasón se hace a la mar a bordo de Argos, el barco tripulado por medio centenar de héroes que recibirán el nombre de Argonautas, y entre los que se encontraban Cástor, Cefeo, Heracles, Orfeo, Polifemo y Teseo. Después de su estancia en la isla de Lemnos y de deshacerse de las Harpías, los Argonautas llegan a su destino y logran su objetivo con la ayuda de Medea, que era hechicera y se había enamorado de Jasón. Otras aventuras jalonarán el viaje de regreso, entre las que hay que destacar el asedio de las Sirenas.

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El Cinturón de Orión o Las Tres Marías

Posted in Cielo Profundo, Estrellas with tags , , , on 9 febrero, 2011 by bitacoradegalileo

Soy un ferviente admirador de la cultura popular, el saber secular que la tradición se encargó de transmitir de forma oral a través de las generaciones. Nuestros mayores, hace sólo unas décadas, fueron herederos de enormes caudales del conocimiento humanístico que, en todos los órdenes del saber, fueron enriquecidos paulatinamente por la propia experiencia del vivir cotidiano de las gentes del pueblo. Ellos, los abuelos, llegaron a conocer por vía de la tradición oral diversas realidades que la ciencia trataba de descubrir, con evidente desventaja.

Así, todo el mundo había oído hablar (en el Hemisferio Norte) del Carro, aunque muy pocos supieran que su nombre oficial era la Osa Mayor, y en todos los lugares las personas podían localizar sin dificultad a Las Siete Hermanas, o Las Siete Cabritillas, que eran los nombres que les daban a Las Pléyades. Otro asterismo era identificado por la inmensa mayoría de la población: Las Tres Marías. Llamadas en otros lugares Los Tres Reyes Magos, aún hoy podemos preguntar a los más ancianos del lugar (y en muchos sitios a personas de menos edad), y de inmediato nos señalarán hacia las tres estrellas del… ¡Cinturón de Orión!.

Muchas de estas personas no sabían leer ni escribir, ya que ni siquiera habían pisado la escuela en toda su existencia, pero conocían y sabían localizar en los cielos a todos estos astros y otros, de toda condición y naturaleza (piénsese en las Lágrimas de San Lorenzo para designar a las Perseidas o en el Lucero del Alba para Venus), aunque les dieran otros nombres. Pero esta cuestión era lo de menos.

El Cinturón de Orión (o Las Tres Marías, o Los Tres Reyes Magos) es un destacado asterismo formado por tres estrellas de primera y segunda magnitud, perfectamente visibles desde cualquier lugar del planeta. Es parte de la Constelación de Orión, que también constituye una de las más conocidas, junto con la Osa Mayor en el Hemisferio Norte y la Cruz del Sur en latitudes australes. Situada sobre el ecuador celeste, el brillo de sus estrellas más destacadas la hace fácilmente localizable en los meses del invierno boreal, el verano austral.

Rígel y Betelgeuse son estrellas situadas entre las diez más brillantes del cielo nocturno; Bellatrix y Saiph completan con las dos anteriores un “cuadrilátero mágico” representando las cuatro extremidades del gigante cazador. Hatysa (Iota Orionis, ι Ori)) en la Espada, Tabit (Pi3 Orionis, π 3 Ori) en el escudo y Meissa (Lambda Orionis, λ Ori) en la cabeza son las otras luminarias con nombre propio en Orión, junto a las tres del Cinturón, aunque hay que destacar a otras estrellas con denominación de Bayer, como Sigma (σ Ori), Eta (η Ori) y Tau Orionis (τ Ori).

La bitácora de Galileo se ha ocupado en diversas ocasiones de esta constelación, tanto en su totalidad, como en artículos relacionados con alguno de sus componentes más destacados. Éstos son los enlaces a tales informes:

Orión, la Catedral del Cielo

M42, la Gran Nebulosa de Orión

Betelgeuse, el Rubí de Orión

También, la Constelación de Orión fue destacada protagonista en el trabajo que presenté sobre El Cielo del Invierno.

Pero aún no había dedicado ningún monográfico al asterismo que es, quizás, el rey en la Astronomía tradicional en el acervo cultural de las gentes sencillas del norte y del sur: Las Tres Marías, o sea, El Cinturón de Orión, pues el popular Carro no se ve desde todo el planeta, y lo mismo ocurre con la Cruz del Sur.

En la siguiente imagen nos haremos una idea del tipo de astros que visitaremos. Se trata de estrellas enormes, en comparación con nuestro Sol, y muy calientes, también con relación a nuestra estrella.

Alnitak, Alnilam y Mintaka, pues así se llaman las tres estrellas que forman el Cinturón, son tres gigantes azules con un brillo tan intenso que son fácilmente visibles incluso desde los cielos razonablemente contaminados del extrarradio de la ciudad. De primera y segunda magnitud, se sitúan en el ecuador celeste, siendo Mintaka la más próxima a esta imaginaria línea divisoria entre ambos hemisferios; se alinean en dirección sureste, apuntando directamente a Sirio (α CMa) en ese sentido, y a Aldebarán (α Tau) en dirección contraria, hacia el noroeste, así es que constituye la mejor referencia para la orientación en el cielo nocturno en las frías noches del invierno boreal, o en las veladas calurosas australes cuando enero (y febrero) funde su calor sobre el Paraná.

Además de las tres estrellas, formadas a partir del material de la nube interestelar que las rodea, y que seguidamente estudiaremos, encontramos en la región al cúmulo Collinder 70, o Cr 70, un rico campo estrellado alrededor de la zona central del Cinturón, en torno a Alnilam, y a las interesantísimas nebulosas de la Cabeza de Caballo y de la Flama, en las proximidades de Alnitak y de Sigma Orionis. Rendiremos visita a estos objetos. Situadas un poco más al sur, la Gran Nebulosa de Orión (M42), también originada a partir de la misma nube molecular, y la brillante Hatysa, en la Espada, completarán un vecindario verdaderamente exclusivo.

Aunque la mayoría de los estudios sobre el Cinturón de Orión se desarrollan a partir de Alnitak, de izquierda a derecha según el punto de vista boreal, hoy yo preferiré hacerlo justamente al contrario, pues es esa estrella, Alnitak, la que aglutina a su alrededor las dos nebulosas que veremos, de manera que tratarla en último lugar servirá de nexo de unión entre estrellas y cielo profundo en nuestro artículo. Éste es el punto de vista austral, con Mintaka, que trataremos en primer lugar, a la izquierda…

…y ésta la carta celeste, también como la fotografía anterior de Sur Astronómico, de la misma región del cielo, según la ven los observadores situados al sur del ecuador:

Mintaka (Delta Orionis o δ Ori), del árabe منطقة manţaqah, el Cinturón, es la más occidental y también la más tenue de las tres estrellas. Es sin embargo perfectamente visible, a sólo 0.3 grados (18 minutos) al sur del ecuador celeste pues presenta una magnitud visual de +2.21, aunque hay que anotar que se trata de un sistema estelar múltiple, bastante complejo. La componente principal es una gigante azul de tipo espectral O9.5II, y 30.000 ºK de temperatura superficial. Tiene una compañera de séptima magnitud, a casi un minuto de arco de distancia, lo que se traduce en una separación real aproximada de un cuarto de año-luz. Todavía, Mintaka A posee una acompañante de 14ª magnitud, y cada una de estas dos es 90.000 veces más luminosa que el Sol, y 20 veces más masiva. El sistema parece situarse a unos 915 años-luz del Sistema Solar, casi la misma distancia que Alnitak, en el otro extremo del Cinturón, y bastante más cercana que Alnilam, la estrella que ocupa el centro.

Alnilam (Epsilon Orionis o ε Ori), de ‏النظام‎, an-Niżām, también árabe, el Hilo de Perlas, a pesar de ser la más distante, es la más brillante de las tres. Se sitúa en el centro del Cinturón, a una distancia de 2 grados escasos entre las otras dos, Mintaka al noroeste y Alnitak al sudeste, y sólo un grado por debajo del ecuador celeste. Veremos que para los guaraníes era la madre de las dos. Se trata de una supergigante azul, de tipo espectral B0I y magnitud visual +1.70 que dista de la Tierra 1.359 años-luz. Es un astro magnífico, 26 veces más grande que el Sol y mucho más caliente, pues posee una temperatura superficial de 25.000 ºK. La enorme cantidad de energía que irradia le confiere una luminosidad 375.000 veces más intensa que la de nuestra estrella. Es extraordinariamente masiva, unas 20 veces la masa del Sol, lo que le abocará indefectiblemente a convertirse en una supergigante roja y luego explotar en supernova, como todas las estrellas que superan en más de 10 veces la masa de nuestro Sol. Esto le hace expulsar una gran cantidad de materia, con vientos estelares que superan los 2.000 kilómetros por segundo. No, 2.000 kilómetros por hora no, por segundo. Es muy joven, pues se calcula que se formó hace sólo 4 millones de años, pero no vivirá mucho más, otro millón de años, o quizás menos, aunque tras explotar en supernova, el material que resulte podrá ser el origen de nuevos sistemas planetarios que se formen mucho después.

Alrededor de Alnilam, y extendiéndose por todo el Cinturón, se sitúa el cúmulo estelar Collinder 70, o Cr 70, compuesto por unas 125 estrellas. Dada su extensión, la mejor forma de observarlo es con binoculares a 7 aumentos, a 10 como máximo, que es cuando obtendremos un campo visual más amplio.

Alnitak (Zeta Orionis o ζ Ori), asimismo procedente del árabe النطاق an-niṭāq, y que también significa El Cinturón, es por fin la más oriental de las tres estrellas que componen este asterismo, y también la más meridional, aunque sólo se sitúa unos 2 grados al sur del ecuador celeste. Es un sistema triple cuya componente principal es una supergigante de color azul y tipo espectral O9.7I que presenta magnitud visual conjunta de +1.89, muy caliente, pues su temperatura superficial es de unos 31.000 ºK. Situada a 826 años-luz de nosotros, su luminosidad equivale a 100.000 veces la del Sol, si se incluye la radiación ultravioleta, y es 20 veces más masiva. El calor que irradia es tal que, situada en el lugar de nuestra estrella, derritiría a todos los planetas. Un astro como la Tierra tendría que situarse 300 veces más lejos de lo que está, para tener condiciones de habitabilidad. Los vientos estelares, consecuencia de la intensa emisión de rayos X, alcanzan velocidades similares a las de Alnilam, unos 2.000 kilómetros por segundo, excitando la nube de gas y polvo que la circunda, y donde se encuentran las nebulosas de la Flama y de la Cabeza de Caballo. Es también una joven estrella, pues hace sólo 6 millones de años que se formó, y también morirá pronto, consecuencia de su transformación de supergigante roja y su posterior explosión en supernova.

La intensa radiación de Alnitak, como ya apuntamos, provoca la ionización del hidrógeno contenido en la cercana Nebulosa de la Flama, o de la Llama, pues el color rojo que se origina en tales procesos dan a la zona el aspecto de estar ardiendo. Consiste este proceso en que el hidrógeno es despojado de sus electrones por los fuertes vientos de la estrella y la energía que se desprende al recombinarse los iones de hidrógeno con los electrones produce esa radiación de color rojo, pero la zona no está en llamas, en absoluto. Sin embargo, Alnitak no es la unica responsable de la actividad iónica del hidrógeno presente en la zona, sino que existe un cúmulo de estrellas, que se oculta tras la franja oscura del centro de la imagen, que ha sido visto en el infrarrojo, y que parece contener a la verdadera estrella excitatriz de la región. La nebulosa de la Flama tiene el número NGC 2024.

Un poco más al sur, entre Alnitak y Sigma Orionis, encontramos a la magnífica y celebérrima Nebulosa Cabeza de Caballo. Es una fría nube oscura de gas y polvo situada a la distancia de 1.500 años-luz de nosotros, y que resalta sobre el fondo rojo incandescente de IC434, una nebulosa de emisión que se encuentra detrás. La Cabeza de Caballo mide unos 6 años-luz de un extremo a otro y se cataloga como Barnard 33, o más brevemente, B33. Fue descubierta en 1.888 por fotógrafos del Observatorio del Harvard College. La forma de la nebulosa, que claramente explica el nombre que se le dio, es casual, naturalmente, y los movimientos internos en su seno harán que en unos millones de año sea totalmente distinta.

Leyendas y mitos

Como Las Tres Marías son suficientemente brillantes, y están situadas prácticamente en el ecuador celeste pudiéndose observar desde cualquier lugar del orbe, han sido conocidas por todos los pueblos y culturas de la Tierra. Los mayas, por ejemplo, las llamaban Las Tres Piedras del Fogón, la llama del Hogar que nunca se apaga y donde se cocinan los alimentos; además, Alnitak forma, junto con Rígel y Saiph, las Tres Piedras del Corazón. Los indios guaraníes las denominaban Las Tres Viudas; para este pueblo, Alnilam, la estrella central, es la madre de las otras dos, y las tres están viudas a causa de la guerra. En la Astronomía árabe eran conocidas como El Collar de Perlas, y es curiosa la Teoría conocida como de la Correlación de Orión, según la cual las tres famosas pirámides de Guiza, en el Valle de los Reyes de Egipto, fueron construidas, supuestamente, siguiendo el modelo de las tres estrellas del Cinturón de Orión, ensalzando de esa manera los conocimientos astronómicos que poseían los antiguos habitantes de aquel enigmático imperio, del que aún desconocemos tantas cosas.

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Monoceros: La Constelación del Unicornio

Posted in Constelaciones with tags , , , , on 31 enero, 2011 by bitacoradegalileo

Monoceros (del griego Μονόκερως, el Unicornio) es una tenue constelación invernal (para los residentes boreales), situada justo en el ecuador celeste, que la cruza de este a oeste, y que resulta totalmente invisible para los cielos contaminados de la ciudad, dada la débil luminosidad que presentan sus principales estrellas, que rondan la cuarta magnitud. Pero como la Vía Láctea la cruza de norte a sur, resulta ser una interesante zona del cielo, repleta de objetos de cielo profundo que merecerán una visita detallada. Una gran profusión de estrellas dobles, cúmulos estelares y conocidas nebulosas como Roseta, la nebulosa Variable de Hubble o la Nebulosa del Cono, junto al cúmulo del Árbol de Navidad, justificarán un estudio detallado de esta zona, frecuentemente olvidada.

A pesar de la debilidad de sus estrellas, su localización no puede ser más fácil, pues se inserta, en la mayor parte de sus 482 grados cuadrados, dentro de los límites del conocido Triángulo de Invierno, constituido por las notabilísimas estrellas Sirio (Alpha Canis Majoris), Procyon (Alpha Canis Minoris) y Betelgeuse (Alpha Orionis). Orión la escolta por el oeste y la Hydra por el este, mientras Géminis y Canis Minor se erigen en su límite norte, y Canis Major la acompaña por el sur. Notables constelaciones, como se ve, por todos sus flancos. Puppis (la Popa) y Lepus (la Liebre) también limitan con El Unicornio.

Su estrella Delta se sitúa sólo medio grado por debajo del ecuador celeste, lo que redunda en que la constelación sea visible desde toda la Tierra, aunque desde los Polos se verá justo en la línea del horizonte, sólo la mitad de la constelación correspondiente a ese hemisferio:

Así se observa desde la Antártida, a 88 grados sur de declinación, durante las horas centrales del día en el mes de julio, noche en la región.

Y así en estos días, a 88 grados de latitud norte, en las inmediaciones del Polo Norte, hacia las 22:30 horas (la mancha rojiza es la Nebulosa Rosetta).

El Unicornio, o Monoceros como es su nombre oficial, es una constelación moderna. No se menciona en el Almagesto de Ptolomeo (siglo II) ni en el Libro de las Estrellas Fijas de Abd Al-Rahman Al-Sufi (siglo X). Su nombre hay que anotarlo en el haber de Petrus Plancius, astrónomo holandés que lo aportó en 1.613, aunque fue registrado por Jakob Bartsch, un hijo adoptivo de Kepler, en 1.624. Sin embargo, hay referencias a un “segundo caballo al sur de los Gemelos y del Cangrejo” en escritos de 1.564, y Joseph Scaliger, el inventor de la fecha juliana, afirma haberla encontrado en una esfera celeste de la antigua Persia.

Ninguna de las estrellas de Monoceros tiene nombre propio, y tendremos que contentarnos con su letra de Bayer y su número de Flamsteed, en el mejor de los casos. Todas se van más allá de la cuarta magnitud, exceptuando Alpha y Gamma, que no la alcanzan por muy poco.

Alpha Monocerotis es la más brillante. Es una gigante anaranjada con magnitud visual +3.93 situada a una incierta distancia entre 144 y 180 años-luz. Se localiza en el sector sureste de la constelación, muy cerca de la frontera con Puppis.

Beta Monocerotis la sigue en brillo, y es la estrella más interesante de la constelación y, probablemente, la triple más hermosa de todo el firmamento. Esta triple, sorprendentemente maravillosa, fue descubierta en 1.781 por William Herschel, que también descubrió Urano, entre otras muchas aportaciones. Herschel dijo de ella: “One of the most beautiful sights in the heavens” (una de las vistas más bonitas de los cielos). Susceptible de ser resuelta por pequeños telescopios, las tres estrellas forman un elegante triángulo que podemos considerar fijo, pues sufre muy pequeñas variaciones con el tiempo. Las tres componentes son blanco-azuladas, con magnitudes de +4.6, +5.2 y ++5.6. A y B están separadas 7” de arco, y C se sitúa a 2.9” de C. Consideradas en magnitud conjunta, sería la estrella más brillante del Unicornio, con +3.76. El sistema está a una distancia de 690 años-luz.

V838 es la última estrella que trataremos en El Unicornio. Esta estrella, hasta el 2.002, era totalmente desconocida. Pero, en febrero de aquel año…

La estrella, situada en los confines de la Vía Láctea, a 20.000 años-luz de distancia (más allá incluso que algunos cúmulos globulares), y que hasta entonces tenía una magnitud visual de decimoquinto orden, sufrió una violenta explosión, cuyo resplandor pudo captar el Telescopio Espacial Hubble. A partir de entonces, los astrónomos le hicieron un atento seguimiento, y convinieron en principio que se trataba de la explosión típica de una supernova. Pero el comportamiento posterior de la estrella desmintió esta hipótesis, pues en marzo y en abril V838 volvió a experimentar nuevos picos de luminosidad, llegando a alcanzar la magnitud visual de +6.75, y adquirió una luminosidad real equivalente a un millón de veces la de nuestro Sol. La estrella, cuyo tipo espectral es de B3V, y que es por tanto blanco-azulada, adquirió pronto un fuerte tono rojizo, consecuencia del enfriamiento ocasionado por la rápida expansión producto del enorme cataclismo. Siendo una estrella de la secuencia principal, el suceso provocó que alcanzara entre 1.200 y 1.800 veces el tamaño del Sol, convirtiéndose en una estrella supergigante roja en muy poco tiempo. Aunque la nebulosa en expansión parece tener dimensiones colosales, en realidad el fenómeno consiste en lo que se ha llamado ecos de luz, por los que la luz emitida por el suceso se refleja en las distintas capas de materia interestelar que ya rodeaba a la estrella previamente. Probablemente, en la actualidad la expansión de V838 ya se haya detenido, y estemos ante una regresión de un fenómeno para el que todavía no tenemos explicación satisfactoria, lo que convierte a nuestra protagonista en uno de los mayores enigmas del Universo. Ahora, V838 Monocerotis vuelve a tener la magnitud visual de +15.74 que tenía antes de la explosión. A continuación podemos observar el aspecto que presentaba en el mes de septiembre del año 2.006, cuatro años después del espectáculo que ofreció, según una fotografía del Telescopio Espacial Hubble:

Objetos de Cielo Profundo

Como la Vía Láctea cruza por la zona, desde el norte por la Constelación de Géminis, saliendo por el sur por Puppis, la profusión de cúmulos y nebulosas es muy notable.

Entre todos ellos he seleccionado dos cúmulos galácticos, M50 y el Cúmulo del Árbol de Navidad, y a una nebulosa: La del Cono, y además recordaremos la Nebulosa Roseta, que ya fue objeto de un informe monográfico en estas mismas páginas.

M50 es, de forma sorprendente, el único objeto de la constelación presente en el Catálogo de Objetos Molestos de Charles Messier. Se trata de un notable cúmulo abierto, que aunque esté dentro de los límites de Monoceros, pertenece al extenso grupo de objetos de este tipo que se extienden por sus vecinas del sur, las constelaciones de Puppis y Canis Major. Cuenta con más de un centenar de estrellas, entre las que se destacan varias gigantes rojas, y está bastante lejos, especulándose con distancias que llegan hasta los 3.000 años-luz del Sistema Solar.

Con una magnitud visual de +6.4, M50 es un objeto ideal para pequeños telescopios, e incluso servirán unos binoculares si la noche es oscura, y se extiende por un área que mide aproximadamente 8′ x 6′ de arco, localizándose sin demasiada dificultad a medio camino entre Alpha y Beta Monocerotis. También se puede encontrar trazando una línea entre Sirio y Procyon, a un tercio de distancia de la primera.

El Cúmulo del Árbol de Navidad y la Nebulosa del Cono son dos objetos que se agrupan en una sola denominación en el New General Catalogue: NGC 2264. Es un maravilloso grupo de estrellas, que asemeja a un abeto iluminado por navidades, cuyos vientos estelares provocan una nebulosa oscura en forma de cono, y eso justifica ambos nombres, tanto el del cúmulo como el de la nebulosa. En la base del cúmulo hay una brillante estrella de 4ª magnitud y todo el conjunto está rodeado por una nube de polvo y gas, cuyo hidrógeno, al ser ionizado por las estrellas del cúmulo, ofrecen un marcado color rojizo en las fotografías de larga exposición, resultando una visión realmente maravillosa. En la siguiente toma, el sur está arriba, y podemos observar al cúmulo estelar culminado por la nebulosa:

El conjunto fue descubierto por William Herschel en 1.795 (otra valiosa aportación del músico de Hannover) y parece situarse a la distancia de 2.400 años-luz de nosotros. En conjunto, ofrece una magnitud visual de +3.9 y es bastante joven, pues se formó hace sólo 20 millones de años.

La Nebulosa Roseta (NGC 2237) es una delicia. Dan ganas de alargar la mano, asirla con suavidad, y colocarla en el pelo de aquella joven. Sin embargo, es una colosal nube de hidrógeno, oxígeno y sulfuro, cuya zona central ha colapsado formando el notable cúmulo asociado catalogado como NGC 2244. Es una nebulosa extraordinariamente masiva, pues el material que contiene es suficiente para la formación de más de 10.000 soles. Y probablemente, con el tiempo, acabe por hacerlo. Paciencia.

Mitología

No existen referencias en la mitología clásica asociadas a la Constelación de Monoceros, dado que se trata de un concepto moderno, que no mereció la consideración de los antiguos. Sí existió el mito del Unicornio, una criatura con cabeza de caballo, aunque con barba de chivo, patas de antílope y cola de león, rematado por un largo cuerno, recto y espiral, a la manera de las columnas salomónicas. Modernamente, se representa como un caballo blanco, eso sí, con su cuerno en la frente. En cambio, es muy difícil reconocer un Unicornio entre las estrellas de Monoceros. Al menos para mí.

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